Novia del Señor Millonario - Capítulo 84
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84: Chapter 84 Capítulo 84 La traición de Miranda 84: Chapter 84 Capítulo 84 La traición de Miranda Bella
Ni Herbert ni yo dijimos nada durante el camino a casa.
El ambiente dentro del auto era muy deprimente.
Cuando por fin llegamos, me di cuenta que, desde hoy, esta ya no sería mi casa.
Solo sería la casa de Herbert.
Entré con la cabeza gacha y caminé hacia la habitación.
De hecho, para no tener que pasar más tiempo en esta casa que ya no me pertenecía, había dejado todas mis cosas empacadas la noche anterior.
Pensé que podría irme con mis cosas apenas cogiera mi maleta, pero no me esperaba que alguien quisiera confirmar si me estaba llevando algo que no me pertenecía.
Miré alrededor de la habitación, donde había vivido durante todo este tiempo, y me sentí un poco triste.
Sin embargo, ya no podía hacer nada al respecto, Herbert y yo ya habíamos firmado los papeles del divorcio, así que respiré hondo, cogí mi maleta y salí.
Cuando llegué a la sala de estar, Miranda corrió hasta donde yo estaba.
“Señora, ¿en serio se va a ir?” Preguntó.
Se veía afligida.
No podía soportar separarme de ella después de vivir juntas durante todos estos meses.
A fin de cuentas, ella me había cuidado muy bien y siempre se había preocupado por mí.
Me había tratado como si fuera su hija.
Gracias a ella mi cuerpo se había recuperado muy rápido tras la pérdida del bebé.
“Miranda, ya no me llames señora, llámame Bella”, le dije, cogiendo su mano y dándole palmaditas.
“Cuando nos volvamos a ver, quiero que me llames por mi nombre”.
Herbert estaba sentado en el sofá en ese momento.
Puse su tarjeta de banco y la caja de terciopelo azul, con el collar de diamantes, sobre la mesa y le dije: “Esta es la tarjeta de crédito que me diste y este es el collar de diamantes que compré, y esto…”
Me quedé mirando el anillo de diamantes en mi dedo anular y, después de suspirar, me lo quité y lo puse junto con las otras cosas, sobre la mesa.
“¿En serio tienes que dejarme las cosas tan claras antes de irte?” Herbert preguntó.
Tenía las manos entrelazadas.
“Como ya estamos separados, no puede quedar nada incierto entre nosotros”, dije con voz temblorosa.
“Ya no tenemos ninguna conexión”.
Levanté la vista y me encontré con sus ojos, fríos y hermosos.
Nos quedamos un rato así, mirándonos sin decir nada.
A partir de hoy ya no seríamos marido y mujer.
Al darme cuenta de esto, mi corazón me empezó a doler de nuevo.
Era como un agujero negro en mi pecho.
Quería despedirme de él y agradecerle por todo de manera educada antes de irme, pero antes de que pudiera decir algo, sonó el timbre.
Miranda fue a abrir la puerta y, después de unos segundos, se escuchó el sonido de unos tacones altos acercarse a la sala.
Me voltée y vi a Caroline entrando en la casa.
Vestía un abrigo rojo.
Al parecer, Herbert estaba muy impaciente por verla y no pudo esperar ni un minuto tras el divorcio para pedirle que viniera a la casa.
“Oh”, Caroline exclamó al verme.
“Parece que vine en un momento inapropiado”.
Miró mi maleta y resopló.
Yo tenía muy claro que, a pesar de la primera impresión que tuve de ella, Caroline no era una buena persona.
“No, llegaste justo a tiempo”, dije.
“Me voy.
Finalmente obtuviste lo que querías”.
“¿Qué?” Caroline preguntó.
Parecía que quería seguir hablando, pero Herbert la interrumpió.
“¿Qué estás haciendo aquí?” Le preguntó con frialdad.
Caroline volteó y su desdén se convirtió en una gran sonrisa, ahora que estaba viendo a Herbert.
“La tía McKenna me pidió que viniera”, dijo.
“Me dijo que te acababas de divorciar y que lo más probable era que estuvieras de mal humor.
Me dijo que viniera a cuidarte”.
No pude evitar resoplar.
Al parecer toda la familia de Herbert había llegado a un acuerdo y Caroline ya había recibido la aprobación de McKenna para casarse con Herbert.
Ella solo había estado esperando que yo renunciara a él.
¿Por qué había sido tan estúpida?
A pesar de todo lo que había pasado, todavía había un rayo de esperanza en mi corazón.
“¿Cómo se enteró mi madre que me acabo de divorciar?” Herbert preguntó con el ceño fruncido.
“Eso…
no lo sé”.
Caroline respondió, bajando la cabeza.
Al escuchar esto, miré a Herbert.
¿Acaso él estaba actuando?
¿Él no le dijo a su madre que nos habíamos divorciado?
En ese momento, Herbert se volteó y miró a Miranda con furia.
Yo también la miré y me di cuenta que ella había bajado la cabeza, con miedo.
De repente entendí que ella había sido quien le había contado todo a la madre de Herbert.
Miranda había estado trabajando en la familia Wharton por años, entonces eso significaba que McKenna era a quien le servía y no a Herbert o a mí.
Qué ingenua había sido.
Pese a que estaba enojada al enterarme cómo Miranda había estado contándole todo lo que pasaba entre Herbert y yo a McKenna, entendía porqué lo había hecho.
Al fin y al cabo, la familia de Herbert era la que le pagaba el sueldo, así que tenía que hacer lo que ellos le pedían.
No podía culparla.
Sobre todo ahora, que ya todo había terminado.
“Señor, yo solo soy una mucama”, Miranda le explicó.
“Si la señora McKenna me hace una pregunta, tengo que reponderle con la verdad”.
“Empaca tus cosas y sal de aquí”.
Herbert le ordenó en un tono muy serio.
“Está bien”.
Miranda respondió.
Luego fue a su habitación a empacar.
No tenía sentido seguir en la casa, así que cogí mi maleta y me volteé para irme.
No obstante, Caroline dio un paso adelante para bloquearme el camino.
“¿Qué quieres?” Pregunté, mirándola con desdén.
Caroline se cruzó de brazos y sonrió.
“Escuché que vienes de una familia muy pobre”, dijo con sarcasmo.
“No eres muy talentosa y no tienes mucho dinero”.
“¿Qué quieres decir con eso?” Pregunté.
Sabía que lo mejor sería que me fuera sin darle cuerda, pero no podía quedar como una cobarde.
“Hay varias cosas valiosas en la casa de Herbert”, Caroline dijo.
“Tal vez te estás llevando algunas cosas en tu maleta”.
Estaba intentando provocarme.
“Caroline, ya basta”.
Herbert dijo en voz alta, levantándose del sofá.
Me di la vuelta y lo miré con el ceño fruncido.
Mi corazón se estaba congelando.
Caroline ya estaba en su casa.
¿Cuál era el punto de decirle eso ahora?
Llevé la maleta hasta donde estaba Herbert y la abrí para que pudiera ver todo lo que tenía adentro.
Agité la maleta y todas las cosas que llevaba se esparcieron por la alfombra.
“Mira bien”, le dije a Herbert.
“No me estoy llevando niguno de tus objetos valiosos, ¿no?” Pregunté, levantando la barbilla.
“¿De verdad necesitabas hacer esto?” Herbert susurró.
Respiré hondo, sintiéndome ridícula.
¿En serio me estaba preguntando eso?
Su amante era quien había insinuado que me estaba llevando sus cosas porque era pobre.
“Por favor, revisa bien mis cosas, para que no haya ningún malentendido si es que algo se pierde”.
Dije.
Estaba un poco alterada.
Pensé que podría manejar este asunto con calma, pero ahora me daba cuenta que no.
Me agaché y empecé a meter mis cosas en la maleta de nuevo.
Herbert se hizo a un lado sin decir una sola palabra.
Cerré la maleta, la cogí y me fui sin mirar a Herbert.
Me acerqué a Caroline, cuyos ojos brillaban, victoriosos.
“Solo el dueño de esta casa tiene derecho a verificar si me estoy llevando sus cosas”, le dije.
“Tú todavía no tienes derecho a hacerlo, ya que no eres la señora de la casa”.
Después de eso me fui sin esperar a escuchar lo que tenía que decirme.
Caroline resopló.
Aunque estaba enojada, no fue capaz de refutarme, puesto que lo que había dicho era verdad.
Cuando llegué a la entrada, me di la vuelta y le sonreí.
“Ya no quiero esa casa ni ese hombre”, le dije.
“Ahora puedes quedarte con todo lo que quieras.
Comenzaré una nueva vida a partir de hoy”.
Luego me volteé y me fui, bajo la mirada sorprendida de Caroline y de Herbert.
De hecho, lo que acababa de decir no había sido solo para Caroline, sino también para mí.
Tenía que dejar todo esto atrás y empezar una nueva vida.
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