Novia del Señor Millonario - Capítulo 87
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87: Chapter 87 Capítulo 87 Discusiones 87: Chapter 87 Capítulo 87 Discusiones Bella
“¿Betty?
¿Desde cuándo estás ahí?” Pregunté, sorprendida.
La había visto subir las escaleras hace un momento y entrar a la casa, ¿por qué volvió a bajar?
“Últimamente estás de mal humor todo el tiempo, ya que tú y mamá discuten todo el día, por eso salí a comprar tu postre favorito”, Betty dijo con lágrimas en los ojos.
Tenía su billetera en la mano y lo agitaba de la ansiedad.
“Pero no me imaginaba que mi propia hermana le diría a la persona que amo que se mantenga alejado de mí”.
Estaba muy alterada así que cogí su mano e intenté calmarla.
“Betty, escucha, no fue así…”
“¿Entonces cómo fue?
Si yo escuché todo con mis propios oídos”, Betty me recriminó.
Se nebaga a escuchar mi explicación.
“Hermana, nunca me imaginé que fueras tan egoísta.
Tienes miedo de que Hank se enamore de mí ya que, si lo hace, se olvidará de ti, ¿verdad?”
“¿De qué estás hablando?” Pregunté, confundida.
Nunca la había visto de esa manera.
Solo quería asegurarme de los sentimientos que Hank tenía hacia ella.
Si a él realmente le gustaba Betty, tendrían mi apoyo y mi bendición.
Pero a Hank no le gustaba Betty, y tampoco quería mantener su distancia de ella.
MI hermana tendría el mismo futuro trágico que yo.
Enamorarse de alguien que estaba enamorado de otra persona era demasiado doloroso y no quería que Betty tuviera que pasar por lo mismo que yo había pasado.
Eso era todo lo que quería y eso era lo que estaba intentando explicarle.
Sin embargo, ella no quería escucharme.
“¡Eres tan hipócrita!” Betty me gritó.
Estaba furiosa.
“Me dijiste que no te aferrarías al pasado y que tú y Hank solo eran amigos.
Entonces, ¿por qué no quieres que estemos juntos?”
“No estaba mintiendo cuando te dije que Hank y yo solo éramos amigos”, dije, intentando hacerle entender.
“Hice eso por ti.
Si tan solo…”
“¡Basta!
Ya no quiero escuchar tus mentiras”, Betty me interrumpió.
“Sé que no te gustaba Hank porque estás enamorada del cuñado, y ahora que él se ha divorciado de ti, te acordaste que Hank existía y tienes miedo de que él se enamore de mí”.
No pude soportar más sus acusasiones sin sentido y la empujé.
No esperaba que mi hermana pensara eso de mí.
Nunca me imaginé que ella pudiera pensar que yo era una mala persona.
A pesar de que la empujé para evitar que me siga insultando, Betty termiinó cayéndose al suelo.
“¿Me empujaste?” Betty preguntó, indignada, entre lágrimas.
Se veía muy triste.
“Yo…” Dije mientras miraba mis manos temblorosas.
Me arrepentí de inmediato de ser tan impulsiva.
Ayudé a Betty a pararse y examiné su cuerpo, buscando lesiones o heridas, pero, por fortuna, estaba sana y salva.
De todos modos, me sentía triste y desconsolada.
Betty era mi hermana menor, a la que había ayudado a criar.
¿Cómo podía tratarme de esa manera y pensar que yo haría esas cosas en su contra?
Me había llamado egoísta e hipócrita y eso me había dolido mucho.
Si otra persona pensara eso de mí, no me importaría para nada, pero Betty era mi hermana menor.
Era mi persona favorita en el mundo y en la que más confiaba.
Sus palabras fueron como un cuchillo atravesando mi corazón.
Después que la ayudé a levantarse y confirmé que no estuviera herida, Betty se volteó y salió corriendo al pasillo.
Seguía muy enfadada.
Me quedé parada sin saber qué hacer o decir.
Me sentía muy débil y tuve que sostener la barandija de las escaleras para sentarme un rato y calmarme.
Pasó mucho tiempo antes de que pudiera levantarme y subir.
Tan pronto como entré a la casa, escuché la voz de mi madre.
“Bella, ¿por qué empujaste a tu hermana?” Me regañó.
“¿Por qué no le preguntas lo que me dijo?” Me defendí.
“Si lo que Betty dijo estuvo mal, entonces pudiste haberla regañado.
No tenías porqué empujarla”.
Mi madre me recriminó.
Decidí no responder, ya que no tenía ganas de explicarle todo lo que había pasado.
No creía que ella lo entendiera y, en su estado actual, estaba segura que terminaría echándome la culpa de todo.
“Si tú me faltas el respeto, ¿crees que tendría que golpearte?” Mi madre preguntó en un tono severo.
Estaba tan enfadada que golpeó la mesa.
“Mamá, son cosas diferentes”, dije con indiferencia.
Quería ir a mi habitación y olvidarme de todo lo que Betty me había dicho.
“Yo solo quería que Betty no saliera lastimada”.
“Betty ya está en la universidad”, mi madre me recordó.
“¿Qué tiene de malo que salga con chicos?”
No quería explicarle que no se trataba de chicos sino de su profesor, después de todo, no quería lastimar a Betty.
Sin embargo, si no lo dejaba claro en ese momento, la que iba a salir lastimada iba a ser yo.
“¡Hank no la ama!
Si él estuviera enamorado de ella, ¿lo negaría sin pensarlo dos veces?” Pregunté, indignada.
“Lo que debería hacer ahora no es perseguir a un hombre que no la ama, sino enfocarse en sus estudios.
Al final, solo podremos valernos de nosotros mismos”.
“¿No te has estado valiendo de ti misma todos estos años?” Mi madre me preguntó con sarcasmo.
“¿De qué te valió eso si ahora ya no tienes trabajo?”
Esta frase caló hondo en mi corazón.
“Mamá, aunque sé que no tengo mucho talento, te he estado manteniendo todos estos años con mi sueldo, ¿no?” Pregunté, llevándome una mano al pecho, que me dolía mucho.
No entendía porqué mi madre y mi hermana, que siempre habían sido mi pilar y siempre habían confiado ciegamente en mí, ahora estaban en discordia conmigo y me trataban de esa manera tan cruel.
“¿Entonces estás dando a entender que soy una inútil que no puedo mantener a mis hijas?” Mi madre preguntó en voz baja.
Al parecer, la había ofendido y ahora estaba llorando.
“Eso no fue lo que quise decir”, respondí en voz baja.
Suspiré y fui a mi habitación, sintiéndome frustrada y llena de impotencia.
Durante los siguientes días el ambiente en la casa era muy sombrío.
Ninguna de nosotras decía una sola palabra y era tan deprimente que me ponía los pelos de punta.
Podía entender que Betty, que estaba cegada por el amor, malentendiera mis intenciones.
Pero, mi madre…
No sabía porqué ella estaba tan enojada por mi divorcio, y nada de lo que hiciera la tranquilizaba.
Al final, tomé una decisión.
Tenía que mudarme, y para eso tenía que encontrar un trabajo lo antes posible y trabajar muy duro.
Temprano por la mañana, después de que mi madre y mi hermana salieron, cogí mi maleta y me fui.
Como todavía no tenía trabajo, viviría por un tiempo en el apartamento de Joey.
Por la noche, después de ducharme, Joey y yo nos sentamos en su cama y empezamos a charlar.
“Lo siento, Joey.
Tendré que quedarme aquí por un tiempo”, le dije.
Solo tenía doscientos dólares en mi billetera.
Ahora que no tenía trabajo, tendría que ahorrar todo lo que pudiera.
“No es necesario que seas tan educada conmigo”, Joey me aseguró con una sonrisa.
“Si no fuera por ti, me hubieran despedido del Grupo Wharton hace mucho tiempo.
Puedes quedarte el tiempo que quieras”.
Le devolví la sonrisa y nos quedamos calladas por un momento.
De pronto, Joey me tocó el hombro.
“Por cierto”, dijo.
“¿Sigues en contacto con el jefe?”
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