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Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 121

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Capítulo 121: El Día Anterior

Valentina no durmió bien.

No fue miedo.

Era esa vibración específica que antecedía a las cosas importantes. La misma que sentía la noche antes de un desfile. Antes de una negociación. Antes de los momentos que iban a quedar marcados en la memoria con bordes nítidos.

Se levantó a las cinco.

Puso café.

Abrió la laptop sobre la mesa del Marais entre bocetos sin terminar y facturas de “Cicatrices” que esperaban firma.

Repasó su declaración.

Tres páginas. Cronología clara. Sin adornos emocionales porque los adornos emocionales daban a los abogados defensores material con el que trabajar. Solo hechos. Fechas. Lugares. Consecuencias medibles.

01/09 — Primer sabotaje: desaparición de envío en aduana. 09/09 — Cortocircuito en taller. Amélie presente. 15/09 — Tubería rota, almacén inundado. 18/09 — Cierre temporal por queja anónima al ayuntamiento. 22/09 — Incendio de fábrica. Daños estimados: 47.000 euros. 14/10 — Ataque con arma blanca en Pont des Arts. Karim Al-Fayed herido. Ocho puntos de sutura.

Los hechos tenían su propia lógica cuando se alineaban.

Sonó el teléfono.

Isabelle. Las 5:47 AM.

—¿Estás despierta?

—Desde las cinco.

—Bien. Necesito verte antes del juicio. ¿Puedo pasar?

—¿Qué pasó?

—Cuándo llegue.

Valentina conocía el tono de su hermana. Era el tono de quien tiene información y no quiere darla por teléfono porque las paredes —incluso las del Marais, aunque tuvieran menos de trescientos años que las de Provenza— también escuchaban.

—Ven.

Isabelle llegó en veinte minutos. Traía dos bolsas de la boulangerie y una carpeta delgada con el logo de la Brigada de Investigación Criminal en la esquina superior.

—El abogado de Santi —dijo mientras dejaba las bolsas en la mesa sin quitarse el abrigo— presentó anoche una solicitud de prueba nueva.

—¿Qué prueba?

—Grabaciones de audio.

Valentina se detuvo.

—¿De dónde?

—Eso es lo que no sabemos todavía. —Isabelle abrió la carpeta. —Mi contacto en la Brigada me avisó esta madrugada. La defensa alega tener grabaciones de conversaciones entre Karim y el entonces jefe de seguridad de Al-Fayed Corp donde se ordena “seguimiento operativo” sobre Valentina García.

El estómago de Valentina se contrajo. Breve. Controlado.

—Eso ya lo sabe todo el mundo. Karim admitió el dossier de vigilancia. Lo pagó. Lo reconoció.

—No son las mismas grabaciones. —Isabelle se sentó. —O eso dice la defensa. Alega que son de después de que Valentina abandonó Egipto. Durante el período en que tú estabas en París construyendo “Cicatrices”.

El silencio duró tres segundos exactos.

—¿Alguien la vigilaba aquí también?

—No lo sabemos. Puede ser verdad. Puede ser fabricado. Puede ser audio editado como los documentos de Al Jazeera.

Valentina puso la taza de café sobre la mesa.

Se levantó.

Caminó hacia la ventana.

El Marais amanecía gris y frío. Las tejas brillantes. Un par de palomas disputando algo en la cornisa del edificio de enfrente.

Pensó.

No en la rabia.

En el problema.

—Si la defensa presenta esas grabaciones, intentan dos cosas: primero, contaminar la imagen de Karim frente al juez para que todo el caso parezca una venganza corporativa. Segundo, sembrar duda sobre mí. Que yo supiera del seguimiento y lo acepté a cambio de inversión en “Cicatrices”.

—Faucon Investments —dijo Isabelle en voz baja.

—Exactamente.

Era elegante, en su forma retorcida. No era nuevo. Era Santi usando lo que siempre había sabido de ella: que su historia tenía suficiente complejidad para que alguien que no la conociera pudiera construir una versión alternativa.

—¿Dónde están las grabaciones ahora?

—En posesión de la defensa. El juez tiene hasta mañana a las nueve para decidir si las admite.

—¿Qué dicen los abogados de Karim?

—Que depende del contenido real. Si son fabricadas, hay que demostrarlo antes del lunes. Si son reales…

—Si son reales, necesito saberlo antes que el juez.

Isabelle la miró.

—¿Vas a llamar a Karim?

—Voy a preguntarle. —Valentina tomó el teléfono. —Que es diferente.

Marcó.

Karim contestó al segundo tono. Lo que significaba que él tampoco había dormido.

—¿Viste la notificación de la defensa?

—Hace una hora. —Su voz era seca. Profesional. —Mercier ya está en ello.

—Karim, necesito que me respondas algo antes de hablar con tus abogados.

—Pregunta.

—Después de que me fui de El Cairo. ¿En algún momento diste instrucción de que me siguieran aquí en París?

Silencio.

Valentina contó cuatro segundos.

Cuatro segundos en los que su cuerpo supo exactamente lo que estaba pasando: no estaba esperando que Karim le mintiera. Estaba midiendo si era capaz de decirle la verdad sin que le costara nada.

—Hay algo que deberías saber. —La voz de Karim era cuidadosa. —En los primeros dos meses después de que te fuiste, el equipo de seguridad tenía acceso a tus redes sociales abiertas. Nada ilegal. Solo lo público. Yo lo autoricé. No como seguimiento operativo. Como… —pausa— como la forma en que un hombre que no sabe dejar ir revisa si la persona que perdió sigue viva.

Valentina cerró los ojos.

La rabia llegó.

Pero no llegó sola. Llegó con algo más complicado: el reconocimiento de que Karim era, al menos, capaz de decirle eso.

—¿Solo redes abiertas?

—Solo redes abiertas. No hay grabaciones de conversaciones privadas. Eso es fabricado o sacado de contexto.

—¿Me lo juras?

—Te lo juro. Y si hay grabaciones que dicen otra cosa, alguien las editó.

Valentina respiró.

—Bien. Entonces lo decimos exactamente así en el juzgado. Con esa honestidad. Sin embellecerlo.

—¿Crees que eso funciona?

—Creo que la verdad incómoda es más difícil de atacar que la mentira perfecta.

Mercier necesitaría esa información esta mañana.

Isabelle observaba todo desde la silla con la carpeta sobre sus rodillas y la expresión de alguien que llevaba años trabajando en derechos humanos y había aprendido que las personas complicadas no eran ni villanos ni héroes sino tanto al mismo tiempo.

—¿Qué necesitas de mí? —preguntó cuando Valentina colgó.

—Que tu contacto en la Brigada pida acceso a las grabaciones antes de que el juez las revise. Que alguien con formación técnica determine si están editadas.

—Eso tarda.

—Tenemos hasta las nueve de mañana.

—Valentina…

—Isabelle. —La miró directo. —Santi no puede salir de esta con un tecnicismo. No después de todo lo que hizo. No después del puente.

Sus ojos lo dijeron todo.

Isabelle tomó el teléfono.

—Voy a llamar a Guillaume.

—Gracias.

Valentina volvió a su declaración.

La releyó.

Añadió una nota al margen: Faucon Investments — inversión legítima, documentada, separar de seguimiento en redes. Chronología clara.

La tela de los problemas siempre se cortaba mejor cuando uno conocía la dirección de los hilos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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