Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 124
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Capítulo 124: Hilo a Hilo
Las diez de la noche.
El taller de “Cicatrices” olía a tela nueva y a café que llevaba demasiado tiempo en la cafetera.
Valentina había insistido en ir.
No por ignorar la amenaza. Sino porque cerrar el taller por miedo era exactamente lo que Santi —y quien fuera que lo movía desde afuera— querían que hiciera.
Margaux estaba ahí con dos costureras.
La colección de primavera tenía fecha de entrega.
Las fechas de entrega no negociaban con las amenazas de nadie.
—El vestido rojo necesita tres centímetros más en el dobladillo. —Valentina señaló sin quitarse el abrigo todavía. —El corte asimétrico izquierdo está cayendo raro.
—Lo noté esta mañana. —Margaux ya tenía el descosedor en la mano.
—Hazlo ahora. Quiero verlo en el maniquí antes de cerrar.
Se instaló en la mesa de bocetos.
El teléfono vibró tres veces en la siguiente hora.
Isabelle: “Mercier presentó la solicitud. Moreau la firmará mañana temprano. Guillaume empieza análisis en cuanto tenga acceso.”
Karim: “El belga tiene nombre. Te llamo en veinte.”
Thomas: “Defensa presentó nueva moción para aplazar la retención de Santi por razones de salud. Mercier la bloqueó. Juez mantiene la retención.”
Valentina leyó los tres mensajes en orden.
Le respondió a cada uno:
A Isabelle: “Bien.”
A Karim: “Aquí estoy.”
A Thomas: “Gracias. Dígale a Mercier que hizo buen trabajo hoy.”
Levantó la vista del teléfono.
El vestido rojo en el maniquí. Margaux rehaciendo el dobladillo con manos que sabían exactamente lo que hacían.
Las costuras visibles en hilo dorado. Deliberadas. Kintsugi aplicado a la tela.
Las cicatrices que no se esconden.
Sonó el teléfono. Karim.
—Habla.
—El belga se llama Hendrik Baert. —Su voz era precisa y cargada al mismo tiempo. —Lobbyist corporativo, sí. Pero su firma trabaja principalmente con empresas de infraestructura y logística internacional. Operaciones en zonas de conflicto.
—¿Zonas de conflicto específicas?
—Canal de Suez. Golfo Pérsico. Rutas comerciales de Medio Oriente.
Valentina dejó de escribir.
—Las mismas rutas de los documentos de Al Jazeera.
—Las mismas.
—¿Entonces Baert está vinculado a quienes filtraron los documentos en el capítulo 68?
—No directamente. Pero su firma tiene contratos con grupos de presión que se beneficiaron de la crisis de reputación de Al-Fayed Corp el año pasado. Competidores. Personas que querían nuestros contratos.
—¿Y qué hace con Volkov?
—Eso es lo que no cuadra todavía. Baert es el tipo de hombre que usa abogados y lobbyists, no contratistas de extorsión. Su presencia junto a Volkov en París sugiere que alguien los conectó. Alguien que necesitaba los dos tipos de herramientas.
Valentina procesó eso.
—Santi.
—Santi como contacto. Pero Santi no tiene los recursos para contratar a Baert. Santi tiene obsesión y deudas rusas. Para contratar a un operador de ese nivel necesitas algo más.
—¿Quién, entonces?
—Trabajamos en eso. —Pausa. —Valentina, hay algo que debo decirte.
—Dilo.
—Si la amenaza real viene de intereses corporativos vinculados a la crisis de Al Jazeera del año pasado, entonces el objetivo no eres solo tú. El objetivo soy yo. Y tú eres la palanca para llegar a mí.
El silencio duró exactamente lo que necesitaba.
—Ya lo sé. —Su voz no tembló. —Lo supe desde que vi a Volkov en el juzgado. Estaba ahí para ver qué tan bien funcionaba la estrategia legal. No como representante de Santi. Como evaluador de daños para alguien más.
—Entonces sabes que esto es más grande de lo que pensábamos.
—Sí.
—¿Y?
—Y tenemos que seguir. —Sencillo. Definitivo. —¿Qué opción hay? ¿Retirarse? ¿Dejar que Santi salga porque alguien más poderoso está detrás?
Silencio de Karim.
—No. —Su voz bajó un tono. —No hay esa opción.
—Entonces necesitamos lo que Guillaume encuentre en esos metadatos. Y necesitamos saber quién conectó a Baert con Volkov.
—Trabaja Youssef en eso.
—Bien. —Valentina volvió a los bocetos. —¿Puedes venir al taller?
—¿Ahora?
—Ahora. Quiero mostrarte el organigrama en papel. Pienso mejor cuando lo veo físico.
—Voy en veinte minutos.
Colgó.
Margaux la miraba.
—¿Problemas?
—Niveles nuevos del mismo problema.
—¿Necesitas que me vaya cuando llegue?
—No. —Valentina dejó el lápiz. —Eres parte de esto, Margaux. Esta empresa es tuya también. Si alguien quiere dañarla, te daña a ti.
Margaux procesó eso.
La expresión que cruzó su cara fue compleja: peso y orgullo al mismo tiempo.
—¿Qué necesitas de mí?
—Por ahora: termina el vestido rojo. —Valentina volvió al boceto. —Lo otro lo resolvemos cuando llegue Karim.
Karim llegó con café de verdad de la brasserie de la esquina y sin traje. Jersey oscuro. El brazo izquierdo con la manga arremangada, la cicatriz del Pont des Arts visible como línea rosada en el antebrazo.
Valentina lo notó pero no lo comentó.
Él no lo ocultaba.
Eso también era nuevo.
Extendió el organigrama sobre la mesa entre los bocetos.
—Aquí. —Señaló. —Santi en el centro pero ya neutralizado como amenaza física. Volkov a su izquierda, ejecutor externo. Baert más arriba, operador corporativo. Y aquí —marcó un círculo vacío— quien los conecta. Todavía sin nombre.
Karim estudió el papel.
Su dedo siguió las líneas.
Se detuvo en el círculo vacío.
—Tengo una hipótesis.
—Dila.
—La mafia rusa que financiaba a Santi. No desapareció cuando él fue arrestado. Ellos también tienen deuda con él: lo usaron, lo descartaron, y ahora podría hablar. Para protegerse de que hable, necesitan que su caso se archive o que él salga libre.
—Entonces Volkov es de ellos.
—Posiblemente. Y Baert es el intermediario que conecta el interés ruso con los intereses corporativos que quieren dañar a Al-Fayed. Alianza de conveniencia: unos quieren silenciar a Santi de adentro, otros quieren usarlo para dañarme a mí.
—Dos objetivos. Un instrumento.
—Exactamente.
Valentina miró el organigrama.
—Si eso es cierto. —Pensó en voz alta. —El punto débil no es Santi. Es la conexión entre Volkov y Baert. Si podemos demostrar que esa conexión existe y que las grabaciones del juicio vienen de ahí, no solo salvamos el caso. Exponemos la red completa.
Karim la miró.
Ese modo de mirarla que significaba que estaba viendo a alguien que procesaba las cosas de una manera que lo sorprendía.
—Guillaume tiene los metadatos mañana. —Continuó Valentina. —Si confirman edición y apuntan a una fuente común con la red de Volkov, Mercier puede presentarlo al juez. No como defensa de Al-Fayed Corp. Como evidencia de interferencia en el proceso judicial. Eso es un delito independiente.
—Que cambia completamente la ecuación.
—Que pone a Baert en el punto de mira. No a ti.
Margaux, desde el otro extremo del taller donde fingía no escuchar mientras ajustaba el dobladillo rojo, dijo sin levantar la vista:
—Es el hilo. ¿No?
Valentina la miró.
—¿Qué?
—El hilo que jalas y deshace todo. —Margaux señaló el organigrama. —Baert es el hilo.
Valentina y Karim se miraron.
—Es el hilo.
El vestido rojo quedó terminado a medianoche.
Las costuras doradas brillaban bajo la luz del taller.
Y sobre la mesa de bocetos, el organigrama tenía una flecha nueva.
Apuntando a un círculo que todavía no tenía nombre.
Pero que mañana, con los metadatos de Guillaume, empezaría a tenerlo.
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