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Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 128

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Capítulo 128: Morozov

Valentina escuchó la grabación tres veces.

La primera para entender.

La segunda para identificar los puntos de presión.

La tercera para asegurarse de que no se estaba inventando cosas que quería escuchar.

No se estaba inventando nada.

El taller olía a café viejo y a la tensión específica de cuatro personas procesando información que cambiaba el tamaño del problema que creían tener.

Isabelle había llegado a las dos de la tarde.

Eran las cuatro y media y nadie había comido.

—Arkadi Morozov. —Guillaume tecleaba en su laptop con la velocidad de quien busca algo que sabe que existe pero que todavía no ha encontrado con el nombre correcto. —Espera. Aquí está. Ciudadano ruso, nacido en 1968, residente en Varsovia desde 2011. Directivo de cuatro holdings registrados en Chipre, Luxemburgo y Malta. Historial limpio en superficie.

—¿Y debajo de la superficie?

—La OFAC tiene una alerta sobre dos de sus empresas por vínculos con estructuras de lavado en el sector de logística portuaria.

—Canal de Suez. —La voz de Valentina fue baja.

—Entre otros.

Karim estaba de pie junto a la ventana con el mismo gesto que tenía cuando calculaba algo que no le gustaba calcular.

—¿Puedo ver el nombre completo? ¿Y las empresas?

Guillaume giró la pantalla.

Karim la leyó.

Valentina observó cómo su expresión pasaba por varios estados en quince segundos: reconocimiento, rabia controlada, y finalmente algo que era casi resignación.

—Lo conozco.

—¿A él?

—A sus empresas. —Karim se separó de la ventana. —Hace tres años, antes de que yo asumiera como CEO, Tarek rechazó una propuesta de sociedad de un consorcio de logística portuaria. Los términos eran atractivos pero algo no cuadraba. El abogado de familia recomendó no firmar.

—¿Qué consorcio?

Karim señaló la pantalla. Una de las holdings de Morozov.

—Esta. Con un nombre diferente entonces. Se habían rebrandeado. Pero la estructura societaria era la misma.

El silencio duró exactamente lo que necesitaba.

—Entonces cuando rechazaron la propuesta, Morozov se quedó con información de Al-Fayed Corp que había obtenido durante las negociaciones.

—Y esperó. —Karim asintió despacio. —Esperó hasta encontrar a alguien que tuviera razones personales para atacarme y que pudiera usarla.

—Santi.

La palabra cayó sobre la mesa como piedra.

Isabelle fue la primera en hablar.

—Eso significa que todo esto no empezó cuando Santi llegó a París. Empezó antes. Morozov necesitaba un instrumento y Santi se ofreció solo.

—La mafia rusa que contactó a Santi en Tánger. —Valentina conectó. —No era mafia aleatoria. Era parte de la red de Morozov. Lo usaron para lanzar la filtración de Al Jazeera porque ellos no podían hacerlo directamente sin exponerse.

—Santi creyó que era venganza personal. —Karim. —Y lo era. Pero también era el trabajo sucio de alguien más grande.

—Lo instrumentalizaron. —Isabelle.

—No lo disculpa. —Valentina inmediatamente. —Santi tomó la navaja. Santi quemó la fábrica. Santi eligió cada paso.

—No. No lo disculpa.

Margaux había permanecido en silencio en su esquina. Pero ahora habló.

—¿Morozov sabe que lo tenemos?

—No todavía. —Guillaume. —Baert le va a pasar el mensaje que Isabelle le dio. La oferta de Al-Fayed. Cuando Morozov reciba eso…

—Va a evaluar si es real o si es trampa. —Valentina. —Hombres como él calculan siempre.

—¿Cuánto tiempo antes de que decida?

—Días. No semanas.

—¿Y si decide que es trampa?

—Entonces desaparece. —Karim. —Y perdemos la oportunidad de vincularlo a todo esto de forma legal.

Thomas levantó la vista de su teléfono. Había estado escribiendo a Mercier desde que Isabelle llegó.

—Mercier dice que el audio de la reunión con Baert es suficiente para una nueva solicitud a la Brigada. Si Baert mencionó a Domínguez por nombre y confirmó su participación en la operación de las grabaciones falsas, eso lo convierte en cómplice en la interferencia procesal.

—¿Y Morozov?

—Morozov es más complicado. Está en Varsovia. Jurisdicción diferente. Necesitamos Interpol o un tratado de cooperación judicial.

—¿Cuánto tiempo?

—Semanas. Meses, quizás.

Valentina tamborileó sobre la mesa.

Pensó.

—Entonces el enfoque inmediato es Baert. Si Baert coopera formalmente a cambio de un trato, puede señalar a Morozov. Eso agiliza el proceso.

—Para que Baert coopere tiene que saber que lo tenemos. —Thomas.

—Cuando Mercier presente el audio a la Brigada, va a saber. —Valentina. —Pero antes de que eso pase, necesita tomar una decisión.

—¿Cuál?

—Si coopera ahora, voluntariamente, como parte de un acuerdo, su firma sobrevive con daño controlable. Si espera a que la Brigada vaya a buscarlo, no tiene esa opción.

—¿Quién le comunica eso?

Valentina miró a Isabelle.

Isabelle soltó una exhalación corta.

—¿Otra reunión?

—Esta vez sí eres tú directamente. Sin pretextos corporativos.

—¿Y qué le digo?

—La verdad. —Valentina fue directa. —Que la reunión de hoy fue grabada. Que esa grabación va a la Brigada mañana. Y que tiene esta noche para decidir si quiere ser testigo cooperante o acusado.

Thomas miró a Mercier por mensaje.

Respuesta en cuarenta segundos: “Legalmente viable. Si Baert contacta mañana a la Brigada por su propia voluntad antes de recibir citación formal, puede negociar términos. Si no, no puede.”

Karim miró a Isabelle.

—No te puedo pedir que hagas esto.

—No me lo estás pidiendo tú. —Isabelle recogió su abrigo. —Me lo está pidiendo el sentido común.

Salió antes de que nadie pudiera agregar algo.

La puerta del taller se cerró.

Margaux la miró cerrarse.

—Tu hermana es impresionante.

—Lo sé.

—¿Lo sabe ella?

Valentina pensó en eso.

—Probablemente lo sabe y lo minimiza. —Pausa breve. —Es algo que tenemos en común.

Karim miró el organigrama.

Morozov. Baert. Volkov. Santi.

Cuatro nombres.

Diferentes niveles de culpa. Diferente distancia desde el puente.

Pero todos conectados por un hilo que, una vez jalado desde el lugar correcto, podía enrollarse alrededor de todos.

—¿Cuándo mandamos el audio a Mercier?

—Esta noche. —Valentina ya tenía el teléfono en la mano. —Que lo tenga antes de que Baert tome su decisión. Si Isabelle le da el ultimátum a las siete y Mercier ya lo tiene a las seis, el temporizador corre en nuestra dirección.

—Bien calculado.

—Es lo mismo que el kintsugi. —Valentina mandó el archivo. —No reparas algo roto de golpe. Lo haces hilo a hilo. Grieta a grieta.

El teléfono confirmó el envío.

22:14 horas.

Valentina miró el organigrama un momento más.

Luego lo dobló y lo guardó en su bolso.

No lo necesitaba ya en papel.

Lo tenía en la cabeza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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