Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 16

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Novia Fugitiva busca venganza
  4. Capítulo 16 - 16 CAPÍTULO 16 Heridas Abiertas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

16: CAPÍTULO 16: Heridas Abiertas 16: CAPÍTULO 16: Heridas Abiertas Valentina marcó el número de su madre con manos que no dejaban de temblar.

Tres tonos.

Cuatro.

Cin— —¿Mija?

La voz sonaba rara.

Tensa.

Como cuando su madre trataba de no llorar frente a ella porque “las madres fuertes no lloran”.

—Mamá, ¿qué pasó?

¿Estás bien?

¿Sofía está bien?

—Todos estamos bien, mi amor.

La niña está jugando con tu hermana en el jardín.

Este lugar es muy bonito.

Tiene alberca y todo.

—Mamá.

Papá.

Silencio.

Largo.

—Sí.

Tu papá está aquí.

—¿Cómo?

¿Cómo nos encontró?

—No lo sé, mija.

Apareció esta mañana.

Tocó la puerta.

Los guardias no lo dejaron pasar pero él…

él empezó a gritar tu nombre.

Dice que necesita verte.

Que es urgente.

Karim observaba desde el otro lado del salón.

Quieto.

Evaluando.

Calculando.

—Mamá, no le hables.

No le digas nada.

Ni dónde estoy ni con quién ni— —Ya es tarde para eso, mi amor.

El estómago se le contrajo.

—¿Qué hiciste?

—Le dije que estabas en Egipto.

Que estabas bien.

Que tenías a alguien cuidándote.

—Mamá, ¿por qué?

—Porque es tu padre, Valentina.

Y porque se veía…

enfermo.

Muy enfermo.

Las lágrimas quemaban pero se negaban a caer.

—No es mi padre.

Dejó de serlo el día que nos abandonó.

—Lo sé, mija.

Pero él dice que tiene algo importante que decirte.

Algo sobre tu hermana.

—¿Qué hermana?

¿Mónica?

—No.

Otra hermana.

Una que vive en Francia.

El aire abandonó sus pulmones.

—¿Francia?

—Dice que tienes una media hermana en París.

De otra relación.

Y que ella también te está buscando.

Valentina se dejó caer en el sofá.

Porque aparentemente su familia era como matrioshka rusa.

Cada capa revelaba otra sorpresa más perturbadora.

—Mamá, necesito que hagas algo por mí.

—Lo que sea, mija.

—Dile a los guardias que no dejen entrar a mi papá bajo ninguna circunstancia.

Si vuelve, que llamen a la policía.

—Pero mija— —No, mamá.

Por favor.

Confía en mí en esto.

Pausa larga.

—Está bien.

Como tú digas.

—Te amo.

Cuida a Sofía.

—La cuido.

Y tú cuídate también.

Tu novio ese…

¿es bueno contigo?

Valentina miró a Karim.

Parado junto a la ventana con las manos en los bolsillos.

Esperando.

—Sí, mamá.

Es bueno conmigo.

—Bien.

Porque si no lo fuera, yo misma tomo un avión y lo golpeo con mi chancla.

A pesar de todo, Valentina se rio.

—Lo sé, mamá.

Lo sé.

Colgó.

El silencio en el penthouse era absoluto.

—Tu padre encontró a tu familia en menos de veinticuatro horas —dijo Karim finalmente—.

Eso requiere recursos.

O conexiones.

—O ambas.

—O ambas.

Se giró hacia ella.

—¿Quieres verlo?

—No.

La respuesta fue inmediata.

Visceral.

—Pero probablemente necesito hacerlo.

Porque si no lo hago, va a seguir apareciendo.

Seguir perturbando a mi mamá.

Seguir siendo un maldito fantasma que no se queda muerto.

Karim cruzó el salón.

Se sentó en el sofá a su lado.

No demasiado cerca.

Solo lo suficiente para que ella sintiera su presencia como ancla.

—Puedo hacerlo desaparecer.

Legal o ilegalmente.

Tú decides.

La oferta debería haberla asustado.

Pero lo único que sintió fue gratitud oscura.

—¿Qué pasó con tu amigo?

El que te robó.

La pregunta lo tomó por sorpresa.

—¿Por qué preguntas?

—Porque necesito saber si desaparecer personas es algo que haces regularmente o solo cuando te provocan.

Karim no sonrió pero algo en sus ojos se suavizó.

—Lo último que supe, estaba trabajando en un almacén en Alejandría.

Cargando cajas.

Con un salario que apenas le alcanza para comer.

—¿Lo arruinaste financieramente?

—No.

Solo me aseguré de que ninguna empresa respetable lo contratara nunca más.

Su reputación hizo el resto.

—Venganza paciente.

—La única venganza que vale la pena.

El teléfono de Valentina vibró.

Número desconocido internacional.

Prefijo de Francia.

Su corazón se detuvo.

—No contestes —dijo Karim inmediatamente.

Pero ella ya había presionado el botón verde.

Porque aparentemente su cerebro y sus dedos no se comunicaban en crisis.

—¿Hola?

Silencio.

Respiración.

Y entonces una voz femenina con acento francés marcado: “Valentina García?” —¿Quién habla?

“Je m’appelle…

My name is Amélie.

Amélie Moreau.

I am your sister.” El francés entrecortado mezclándose con inglés desesperado.

“Your father…

notre père…

he told me about you.

I have been looking for you.

Please.

I need to talk to you.

It is very important.” —¿Cómo conseguiste este número?

“Your father.

He has…

connections.

Please.

Can we meet?

I am in Paris.

I can travel to you.” Valentina miró a Karim.

Él negó con la cabeza.

Lentamente.

Una advertencia clara.

—Amélie, no puedo hablar ahora.

“Please.

It is about an inheritance.

Money.

Property.

Things that belong to you.

To us.

I just want to share with you.

To know my sister.” Dinero.

Por supuesto.

Siempre era sobre dinero.

—Necesito verificar que eres quien dices ser.

“Of course.

I understand.

I can send you documents.

Photos.

Whatever you need.” —Dame una semana.

“A week?

But—” —Una semana o nada.

Pausa.

“D’accord.

One week.

I will wait for your call.” Colgó.

Valentina se quedó mirando el teléfono como si fuera bomba que acabara de desactivar.

—Eso fue extremadamente estúpido —dijo Karim con voz peligrosamente calmada.

—Lo sé.

—Le diste esperanza.

Ahora va a insistir.

—Lo sé.

—Y probablemente trabaja con tu padre.

O con Santi.

O con ambos.

—Lo sé.

Se levantó del sofá.

Las piernas apenas la sostenían.

—Pero si es real.

Si realmente tengo una hermana en Francia.

Una que quiere conocerme por razones que no sean extorsión o chantaje…

—Es un truco, Valentina.

—Probablemente.

Pero necesito saberlo.

—¿Por qué?

La pregunta fue genuina.

—Porque toda mi vida he sido la hija abandonada.

La que no fue suficiente para que su padre se quedara.

Y si hay alguien más como yo…

alguien que también fue dejada atrás…

No terminó la frase.

Porque las lágrimas finalmente ganaron.

Karim la observó durante largos segundos.

Y entonces hizo algo que no esperaba.

La abrazó.

No fue abrazo de amante.

Fue abrazo de fortaleza.

Brazos fuertes rodeándola como muro contra el mundo.

Olor a oud y seguridad.

—Voy a investigarla —murmuró contra su cabello—.

Si es real, la encontraremos.

Si es trampa, la destruiremos.

Valentina se aferró a su camisa.

—¿Por qué haces esto por mí?

—Porque alguien debió hacerlo por mí.

Y nadie lo hizo.

La sostuvo hasta que dejó de temblar.

Hasta que el mundo dejó de girar.

Y cuando finalmente la soltó, sus ojos negros brillaban con algo parecido a promesa.

—La Gala es en doce días.

Hasta entonces, nadie te toca.

Ni tu padre.

Ni esta hermana misteriosa.

Ni Santi.

—¿Y después de la Gala?

—Después de la Gala, empezamos a cazar fantasmas.

El teléfono de Karim vibró.

Mensaje.

Lo revisó.

Su expresión cambió.

—¿Qué pasó?

—Eric de Valois acaba de aterrizar en El Cairo.

—¿Eric?

¿Por qué?

Karim le mostró la pantalla.

Mensaje de Eric: “Mon ami, escuché que tu prometida necesita rescate emocional.

Estoy en el Marriott.

Invítala a cenar.

Necesita aire que no huela a control obsesivo.

Bises.

—E” Valentina no sabía si reír o gritar.

Porque aparentemente el universo había decidido convertir su vida en telenovela de máxima audiencia.

Y el triángulo amoroso que había estado evitando acababa de aterrizar literalmente en la misma ciudad.

—No vas a ir —dijo Karim.

No era pregunta.

Era orden.

Y por primera vez desde que lo conocía, Valentina sintió el impulso violento de desobedecerlo solo para demostrar que podía.

—No voy a ir —mintió.

Porque algo en el mensaje de Eric —la promesa de libertad, de aire, de algo diferente— llamaba a la parte de ella que todavía quería escapar.

Incluso cuando ya no había a dónde correr.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo