Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 19
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia Fugitiva busca venganza
- Capítulo 19 - 19 CAPÍTULO 19 Hermanas de Sangre
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: CAPÍTULO 19: Hermanas de Sangre 19: CAPÍTULO 19: Hermanas de Sangre La videollamada estaba programada para las 2 PM hora de El Cairo.
8 AM en París.
Valentina había pasado las últimas tres horas con Youssef aprendiendo frases básicas en francés que probablemente olvidaría en cuanto la cámara se encendiera.
—Enchantée de faire ta connaissance.
Encantada de conocerte.
—Enchantée de faire ta con-conna- O sea, ¿por qué el francés tiene tantas consonantes que no se pronuncian?
Youssef se rio.
—Porque los franceses son dramáticos hasta con su alfabeto, habibi.
Karim había convertido el comedor en centro de operaciones.
Dos pantallas.
Una para la videollamada.
Otra con el equipo de seguridad monitoreando todo en tiempo real.
—Si dice algo sospechoso, yo corto la llamada —advirtió mientras ajustaba la cámara—.
Sin discusión.
—Define sospechoso.
—Pide dinero.
Menciona a Santi.
Te presiona para viajar a París inmediatamente.
Cualquier cosa que suene a manipulación emocional.
—Es mi hermana conociendo por primera vez.
Todo va a sonar a manipulación emocional.
—Exactamente por eso necesito monitorear.
Valentina se sentó frente a la pantalla.
Las manos le sudaban.
El corazón le latía demasiado rápido.
¿Qué se supone que dices cuando conoces a una hermana que no sabías que tenías hasta hace tres días?
¿”Hola, yo también fui abandonada por nuestro padre”?
¿”Qué tal el clima en París”?
La pantalla parpadeó.
Conexión establecida.
Y ahí estaba.
Amélie Moreau.
Cabello castaño oscuro casi negro.
Ojos verdes que eran exactamente como los de Valentina.
Misma mandíbula cuadrada.
Misma nariz ligeramente respingada.
Como mirarse en espejo genético con filtro europeo.
—Mon Dieu.
La voz de Amélie se quebró.
—You look…
exactly like me.
Como yo.
—Tú también —dijo Valentina en inglés porque su francés era inexistente.
Silencio.
Largo.
Cargado de veintinueve años de no conocerse.
—I’m sorry —dijo Amélie finalmente—.
My English is not perfect.
But I try.
—Está bien.
El mío tampoco es perfecto y es mi segundo idioma.
Eso rompió la tensión.
Amélie se rio.
Genuina.
—Our father…
nuestro padre…
He told me about you hace tres años.
Three years.
Pero yo no…
I didn’t know how to find you.
—¿Por qué te dijo hace tres años?
—Porque él se puso…
sick.
Enfermo.
Cancer.
Y el doctor le dijo que maybe…
quizás…
dos años para vivir.
Pausa.
—Eso fue hace tres años.
Pero él todavía vive.
Muy enfermo.
Pero vive.
Valentina sintió algo retorciéndole el estómago.
No era compasión.
Era rabia.
—Entonces solo nos busca porque se está muriendo.
—Sí.
La honestidad brutal fue casi refrescante.
—Pero yo…
I wanted to know you sin importar él.
With or without him.
Porque tú eres mi hermana.
Y yo nunca tuve familia real.
—¿Tu mamá?
—Murió cuando yo tenía doce.
Cancer también.
Después fue solo…
nuestro padre visitando sometimes.
Dándome dinero.
Pero nunca quedándose.
El patrón era idéntico.
Aparecía.
Dejaba dinero.
Desaparecía.
Como si la paternidad fuera transacción comercial.
—¿Y la herencia?
—preguntó Valentina.
Amélie suspiró.
—Es real.
Nuestro padre tiene apartment en Le Marais.
Muy caro.
Y una casa en Provence.
Y…
cuentas bancarias.
Todo sin testamento.
—¿Y quiere que lo perdonemos a cambio del dinero?
—No sé qué quiere exactamente.
Pero yo no necesito su perdón.
Yo solo quiero conocer a mis hermanas.
Valentina parpadeó.
—¿Hermanas?
¿Plural?
Amélie hizo una mueca.
—Sí.
Hay…
otra.
Mónica.
En México.
La que vive con tu madre ahora, yes?
—Esa es mi media hermana que conocí hace una semana.
—Entonces somos three.
Tres hermanas.
De tres madres diferentes.
Todas abandonadas del mismo hombre.
Se rio sin humor.
—Es como joke muy triste, no?
A pesar de todo, Valentina sonrió.
—El chiste más triste del mundo.
Hablaron durante cuarenta minutos.
Sobre todo.
Sobre nada.
Amélie trabajaba en una galería de arte en París.
Vivía sola en un estudio pequeño en Belleville.
Tenía gato llamado Voltaire que aparecía ocasionalmente en cámara.
Valentina le contó versión editada de su vida.
Sin mencionar a Santi.
Sin mencionar el video viral.
Solo “salí de México por razones complicadas”.
—¿Y el hombre behind the camera?
—preguntó Amélie con sonrisa pícara—.
¿Es tu…
boyfriend?
Valentina miró hacia donde Karim observaba desde su laptop.
—Es…
complicado.
—Ah.
Complicated es la mejor kind de relación.
Cuando finalmente se despidieron, Amélie tenía lágrimas en los ojos.
—Podemos hablar otra vez?
Soon?
—Sí.
Pronto.
—Y maybe…
cuando todo es más calm…
tú puedes visitar París.
Conocer a nuestro padre.
O no conocerlo.
Como tú quieras.
—Lo voy a pensar.
—Je t’embrasse, ma soeur.
Te abrazo, hermana mía.
La pantalla se apagó.
Valentina se quedó mirando su propio reflejo en el monitor negro.
Karim cerró su laptop.
—¿Impresión?
—Es real.
Todo es real.
—Mi equipo confirmó cada dato.
Su historia es consistente.
No encontramos conexiones con Santi ni con nadie sospechoso.
Se acercó.
—¿Cómo te sientes?
—No lo sé.
Valentina se levantó de la silla.
Las piernas entumecidas de estar sentada tanto tiempo.
—Toda mi vida pensé que mi papá solo nos abandonó a nosotras.
A mí y a mi mamá.
Como si no fuéramos suficiente.
Caminó hacia la ventana.
—Pero resulta que hizo lo mismo con tres mujeres diferentes.
Tres familias.
Tres hijas que crecieron sin él.
—Lo cual significa que el problema nunca fuiste tú.
Karim estaba detrás de ella.
Cerca pero sin tocarla.
—El problema siempre fue él.
Un hombre incapaz de comprometerse con nada excepto su propia cobardía.
Valentina se giró.
—¿Cómo sabes exactamente qué decir?
—Porque tuve un padre similar.
Diferente tipo de abandono.
Pero abandono al fin.
Se sentó en el sofá.
—Mi padre estuvo físicamente presente toda mi vida.
Pero emocionalmente ausente excepto cuando necesitaba usarme para sus juegos de poder.
Pausa.
—A veces el abandono viene disfrazado de presencia.
Valentina se sentó junto a él.
No demasiado cerca.
Pero lo suficiente para sentir su calor.
—¿Alguna vez lo perdonaste?
—No.
La respuesta fue inmediata.
—Pero dejé de esperar que cambiara.
Y eso fue más liberador que cualquier perdón.
—¿Crees que debería ver a mi padre antes de que muera?
Karim la miró directamente.
—Creo que deberías hacer lo que te permita dormir en paz.
No lo que la sociedad dice que es correcto.
—La sociedad dice que debo perdonarlo en su lecho de muerte.
—La sociedad está llena de gente que nunca tuvo que perdonar traición real.
Se levantó.
—Pero si decides ir, yo voy contigo.
—¿A París?
—A donde sea que necesites ir para cerrar ese capítulo.
El teléfono de Valentina vibró.
Mensaje de Amélie.
Foto adjunta.
Las tres hermanas.
Valentina a los cinco años en México.
Amélie a los seis en París.
Mónica a los cuatro en algún lugar que no reconocía.
Tres niñas que nunca se conocieron.
Tres vidas paralelas.
Texto de Amélie: “He kept photos of all of us.
Separated.
Like he kept us.
Maybe now we can be together.
— A” Valentina mostró la foto a Karim.
—¿Qué ves?
Él estudió la imagen.
—Veo a tres niñas que merecían mejor padre.
Y que probablemente sean más fuertes por haberlo sobrevivido.
—Qué optimista.
—No soy optimista.
Soy realista.
La adversidad temprana crea dos tipos de personas: las que se rompen o las que se vuelven inquebrantables.
Pausa.
—Tú eres del segundo tipo.
El corazón le dio un vuelco estúpido.
Porque Karim no daba cumplidos vacíos.
Cuando decía algo, lo había analizado desde todos los ángulos posibles.
—Gracias.
—No me agradezcas.
Es observación.
No caridad.
Pero sus ojos decían algo diferente.
Decían que ella era más que observación.
Que era importante.
Que importaba.
El momento se extendió demasiado.
Se rompió cuando el teléfono de Karim sonó.
—Disculpa.
Es Nadia.
Contestó en árabe.
La conversación duró exactamente noventa segundos.
Cuando colgó, tenía expresión de “esto va a ser problema”.
—¿Qué pasó?
—La Gala se adelantó.
—¿Qué?
¿Por qué?
—Mi padre decidió que esperar dos semanas más es innecesario.
Quiere evaluar si eres digna lo antes posible.
—¿Cuándo?
—Pasado mañana.
El aire abandonó sus pulmones.
—Eso es imposible.
Todavía no estoy lista.
Apenas puedo bailar sin pisarte.
Mi árabe es básico.
Ni siquiera tengo vestido y— —Todo eso se soluciona.
El vestido ya está en camino.
Layla intensificará tu entrenamiento.
Y yo te enseñaré lo que necesitas saber sobre cada persona que estará en esa sala.
Se acercó.
—Pero necesito que estés mentalmente preparada.
Porque esto no va a ser cena familiar.
Va a ser combate social con reglas que no conoces.
—Suena aterrador.
—Lo es.
Pero no vas a estar sola.
Extendió la mano.
—¿Lista para la guerra, habibti?
Valentina tomó su mano.
—Lista como voy a estar.
—Suficiente.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com