Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 24
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia Fugitiva busca venganza
- Capítulo 24 - 24 El Día Después
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
24: El Día Después 24: El Día Después Valentina despertó con luz del sol filtrándose por las celosías y el sonido de pájaros que no sabía que existían en El Cairo.
Por un segundo de desorientación completa, olvidó dónde estaba.
Luego lo recordó todo.
La gala.
El impostor.
La confesión de Karim.
“Te amo.” “¿Te casarías conmigo?” Se cubrió la cara con las manos.
O sea, güey, ¿qué hago con esto?
El hombre que había empezado como su salvador transaccional ahora quería casarse con ella.
De verdad.
No como parte del contrato sino como…
¿qué exactamente?
¿Pareja?
¿Esposa real?
¿Señora Al-Fayed?
El pánico subió por su garganta como marea.
Se levantó de la cama.
Se duchó con agua fría tratando de organizar sus pensamientos.
No funcionó.
Porque cada vez que cerraba los ojos, veía la expresión de Karim cuando dijo “te amo” como si las palabras le hubieran costado años de terapia que nunca tomó.
Se vistió con jeans y blusa simple.
Nada de los vestidos elegantes.
Necesitaba sentirse como ella misma para procesar esto.
Bajó las escaleras siguiendo el olor a café y pan recién horneado.
Karim estaba exactamente donde esperaba: en el comedor con laptop y tres pantallas.
Pero esta vez levantó la vista inmediatamente cuando ella entró.
—Buenos días, habibti.
La palabra sonaba diferente ahora.
Más íntima.
Más real.
—Buenos días.
Valentina se sentó frente a él porque sentarse a su lado parecía demasiado…
algo.
Um Khaled apareció con desayuno.
Le guiñó un ojo a Valentina con sonrisa de abuela que sabe exactamente qué pasó anoche.
Cuando se fue, el silencio se instaló.
No incómodo.
Solo…
cargado.
—Sobre lo de anoche —empezó Karim.
—No tienes que decir nada.
—Sí tengo.
Porque necesitas saber que no fue impulso.
No fue efecto de adrenalina post-crisis.
Cerró la laptop.
Le dio toda su atención.
—Llevo semanas pensándolo.
Desde antes del beso.
Desde antes de la gala.
—Karim…
—Solo escucha.
Por favor.
Valentina cerró la boca.
—Cuando te ofrecí el contrato en Cancún, fue puramente transaccional.
Tú lo sabes.
Yo lo sé.
No voy a fingir que fue amor a primera vista.
Pausa.
—Pero en algún momento entre enseñarte a bailar y verte enfrentar a mi padre sin miedo y escucharte reír de tus propios errores…
cambió.
Se inclinó hacia adelante.
—No puedo darte fecha exacta.
No puedo decirte “fue en este momento preciso”.
Pero puedo decirte que ahora, la idea de terminar este contrato y que te vayas…
me destruye.
—¿Y la propuesta?
¿También la pensaste durante semanas?
—No.
Esa fue impulso.
Sonrisa pequeña.
—Pero fue impulso honesto.
Y mi oferta sigue en pie.
—Necesito tiempo.
—Lo sé.
Por eso no esperé respuesta anoche.
—¿Cuánto tiempo tengo?
—Todo el que necesites.
Pero mi padre espera “evidencia” en tres meses.
Así que…
técnicamente tienes ese deadline.
Valentina tomó sorbo de café para ganar tiempo.
—¿Y si digo que no?
¿Qué pasa con el contrato?
Karim la miró directamente.
—El contrato es irrelevante ahora.
Ya recuperé acceso a mi padre.
Ya tengo lo que necesitaba comercialmente.
—Entonces puedes deshacerte de mí.
—No quiero deshacerme de ti.
Quiero construir algo real contigo.
Pausa.
—Pero si decides que no puedes, respetaré tu decisión.
Te daré el dinero prometido.
Te mantendré protegida de Santi.
Y te dejaré ir.
La honestidad brutal le cortó el aliento.
—¿De verdad harías eso?
—Sí.
Porque amarte significa querer tu felicidad.
Incluso si esa felicidad no me incluye.
El teléfono de Karim vibró.
Múltiples veces.
Lo revisó con expresión que rápidamente se transformó.
—Tenemos resultados de la investigación.
—¿Sobre el impostor?
—Sí.
Y no te va a gustar.
Le giró la pantalla.
Informe en inglés con fotos adjuntas.
El impostor se llamaba Ahmed Khalil.
Egipcio local.
Actor de teatro desempleado.
Sin antecedentes criminales.
Había sido contactado a través de aplicación de trabajos freelance por usuario anónimo que pagó en criptomonedas.
Pero el equipo de Karim había rastreado la transacción.
Y la dirección IP original venía de…
—¿París?
—leyó Valentina—.
¿El contacto inicial fue desde París?
—Específicamente desde café internet en Le Marais.
El mismo barrio donde vive tu hermana Amélie.
El estómago se le contrajo.
—No.
Amélie no haría eso.
Ella no tiene motivo para…
—Probablemente no fue ella directamente.
Pero alguien que conoce tu conexión con ella.
Alguien que sabe que tienes hermana en París.
Pausa cargada.
—Alguien como tu padre.
Valentina dejó la taza sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.
—Mi padre está muriendo de cáncer.
No tiene energía para conspirar.
—No.
Pero tiene recursos.
Y conexiones.
Y si Santi lo contactó ofreciéndole dinero a cambio de información sobre ti…
No terminó la frase.
No necesitaba hacerlo.
—¿Estás diciendo que mi padre vendió mi ubicación a Santi?
—Estoy diciendo que es posibilidad.
Una que necesitamos investigar.
Karim se levantó.
—Mi equipo ya está en París.
Van a hablar con Amélie.
Discretamente.
Sin acusarla.
Solo verificando si alguien la ha contactado preguntando por ti.
—Quiero hablar con ella yo misma.
—Valentina…
—No.
Es mi hermana.
Mi familia.
Si hay posibilidad de que esté involucrada o siendo usada, necesito saberlo directamente.
Karim la estudió.
—Está bien.
Pero lo hacemos bajo mis términos.
Videollamada monitoreada.
Con mi equipo escuchando por si dice algo sospechoso.
—¿Confías tan poco en ella?
—No confío en nadie cuando se trata de tu seguridad.
No era romántico.
Era aterrador.
Pero también era exactamente lo que necesitaba escuchar.
La videollamada con Amélie fue programada para las 3 PM hora de El Cairo.
10 AM en París.
Valentina se sentó frente a la pantalla con Karim detrás de ella.
Fuera del ángulo de la cámara pero presente.
Amélie apareció en pantalla con cabello suelto y taza de café en la mano.
—Ma soeur!
Hola, Val.
Qué surprise.
No esperaba tu llamada tan soon.
—Hola, Amélie.
Necesito preguntarte algo importante.
La sonrisa de Amélie se desvaneció ligeramente.
—¿Estás bien?
Tu voice…
sounds serious.
—Estoy bien.
Pero necesito saber: ¿alguien te ha contactado preguntando por mí?
En las últimas semanas.
Cualquier persona.
Mexicano, europeo, no importa.
Amélie frunció el ceño.
—¿Contactado?
No, no creo.
Solo…
wait.
Dejó la taza.
—Hace maybe una semana.
Un hombre vino a la galería donde trabajo.
Dijo que era amigo tuyo de México.
Que te conoció en universidad.
El corazón de Valentina se detuvo.
—¿Qué aspecto tenía?
—Alto.
Guapo.
Cabello oscuro con gel.
Camisa cara con…
cómo se dice…
diseños barrocos.
Y mucha joyería de oro.
Santi.
O alguien trabajando para él.
—¿Qué quería?
—Solo preguntó si yo te conocía.
Si sabía dónde estabas.
Le dije que eres mi hermana pero que no te veo hace años.
Que no sé nada de tu vida.
Pausa.
—¿Hice algo wrong?
—No, Amélie.
Hiciste perfecto.
Valentina forzó sonrisa tranquilizadora.
—Ese hombre no es mi amigo.
Es mi ex.
El que te mencioné que me persigue.
—Merde.
Yo…
I’m so sorry.
No sabía.
Él parecía nice.
Professional.
—Lo sé.
Es bueno fingiendo.
Pero si vuelve, no le digas nada.
Y llámame inmediatamente.
—D’accord.
I promise.
Conversaron cinco minutos más sobre cosas triviales.
Cuando colgó, Valentina se derrumbó en la silla.
—Santi fue a París.
Personalmente o envió a alguien.
Encontró a Amélie.
La usó para rastrearte.
Karim ya estaba marcando números.
Órdenes en árabe.
Rápidas.
Precisas.
Cuando colgó, la miró con expresión de comandante militar.
—Mi equipo va a poner seguridad en Amélie.
Discreta pero efectiva.
Y vamos a rastrear todos los vuelos de México a París en las últimas dos semanas.
—¿Y si Santi sigue en París?
—Entonces tenemos ventaja geográfica.
Es más fácil neutralizarlo lejos de su territorio.
Valentina se levantó.
Caminó hacia la ventana que daba al jardín.
—Cada vez que creo que encontramos respiro, él aparece de alguna forma nueva.
—Lo sé.
Karim se paró detrás de ella.
No demasiado cerca.
Respetando espacio pero ofreciendo presencia.
—Pero esta vez cometió error.
Reveló que tiene recursos limitados.
Si tuviera ejército de sicarios, no necesitaría contratar actor egipcio ni viajar personalmente a París.
—¿Qué significa eso?
—Significa que está corriendo con presupuesto reducido.
Probablemente porque congelamos sus cuentas principales cuando rescatamos a tu familia.
Giró hacia ella.
—Está desesperado.
Y la desesperación produce errores.
Y los errores nos dan oportunidades.
—¿Qué tipo de oportunidades?
—De atraparlo.
Legalmente.
Con evidencia tan sólida que ningún juez corrupto pueda salvarlo.
Sonrisa de depredador.
—Pero para eso, necesitamos que cometa un error más grande.
Y yo sé exactamente cómo provocarlo.
Antes de que pudiera explicar, el teléfono de Valentina vibró.
Número francés.
No Amélie.
Otro.
Mensaje: “Valentina, soy Eric.
Escuché sobre el incidente en la gala.
¿Estás bien?
Estoy en París y encontré algo que necesitas ver.
Algo sobre tu padre y un mexicano que lo visitó hace dos semanas.
Llámame cuando puedas.
Es urgente.
—E” Valentina le mostró el mensaje a Karim.
Su expresión se endureció.
—Por supuesto.
Eric siempre aparece exactamente cuando las cosas se complican.
—Suenas celoso.
—Sueno cauteloso.
Hay diferencia.
Caminó hacia su laptop.
—Pero tiene razón en una cosa.
Si Santi visitó a tu padre, necesitamos saber qué se dijeron.
—Mi padre está muriendo.
No va a ayudar a alguien que me quiere muerta.
—¿No?
Tu padre los abandonó a todos ustedes.
Apareció solo cuando necesitaba algo.
¿Realmente crees que tiene lealtad hacia ti?
La pregunta dolió precisamente porque era válida.
—¿Qué sugieres?
—Que vayamos a París.
Tú, yo, y evidentemente Eric que ya está investigando.
—¿Cuándo?
—Mañana.
Ya tengo el jet preparado.
—¿Ya lo tenías preparado?
—Anticipé que necesitaríamos confrontar a tu padre eventualmente.
Solo no esperaba que fuera tan pronto.
Valentina miró el mensaje de Eric.
Luego a Karim.
Dos hombres.
Dos mundos.
Dos futuros posibles.
Uno ofrecía seguridad absoluta y control calculado.
Otro ofrecía libertad caótica y pasión sin filtros.
Y ella amaba al primero pero se sentía atraída por la idea del segundo.
—¿Valentina?
—¿Sí?
—¿En qué piensas?
Honestidad.
Karim merecía honestidad.
—En que voy a París mañana.
Contigo.
Pero también necesito ver a Eric.
Escuchar qué encontró.
La mandíbula de Karim se tensó.
—Entiendo.
—¿De verdad?
—No.
Pero lo acepto.
Porque pedirte que no veas a otro hombre cuando todavía no has decidido casarte conmigo sería hipocresía.
Pausa cargada.
—Solo te pido una cosa.
—¿Qué?
—Que si decides que quieres estar con él, me lo digas directamente.
No desaparezcas.
No huyas.
Solo…
dímelo.
—Karim…
—Prometémelo.
—Te lo prometo.
Se acercó.
Le tomó el rostro entre las manos.
La besó.
Suave.
Breve.
Como sellando pacto.
—Mañana a las 8 AM.
El jet sale temprano.
—Ahí estaré.
Esa noche, Valentina no pudo dormir.
Se quedó despierta mirando el techo.
Procesando todo.
La propuesta.
El padre.
Santi.
Eric.
París.
A las 2 AM, su teléfono vibró.
Mensaje de Eric: “Sé que Karim va a ir contigo a París.
No importa.
Solo necesito que sepas algo antes de que llegues: tu padre no solo habló con tu ex.
Firmó algo.
Un documento legal.
Mi contacto en el hospital lo vio.
No sé qué dice pero tiene tu nombre.
Cuidado, chérie.
No todos los fantasmas del pasado vienen a pedir perdón.
—E” Valentina leyó el mensaje cinco veces.
Documento legal.
Con su nombre.
Firmado por un padre moribundo que nunca la había querido lo suficiente para quedarse.
¿Qué demonios estaba pasando?
Se levantó.
Salió de su habitación.
Caminó por el pasillo oscuro.
Se detuvo frente a la puerta de Karim.
Vaciló.
Tocó suavemente.
La puerta se abrió inmediatamente.
Karim en pants de pijama y camiseta.
Pelo desordenado.
Ojos alertas como si no hubiera estado durmiendo.
—¿Qué pasó?
Valentina le mostró el mensaje.
Él lo leyó con expresión que se oscurecía con cada palabra.
—Necesito que duermas conmigo esta noche.
Las palabras salieron antes de poder filtrarlas.
—No…
no para sexo.
Solo…
no quiero estar sola procesando esto.
Karim se hizo a un lado.
—Entra.
Su habitación era sorprendentemente simple.
Cama grande.
Muebles antiguos.
Libros apilados en mesa de noche.
Ningún lujo excesivo.
Solo…
él.
Valentina se metió en la cama.
Karim se acostó a su lado.
Sobre las cobijas.
Manteniendo distancia respetuosa.
—¿Karim?
—¿Sí?
—Gracias.
Por no presionar.
Por dejarme procesar.
Por…
todo.
—No tienes que agradecer.
Silencio.
—¿Valentina?
—¿Sí?
—Pase lo que pase en París.
Sea cual sea tu decisión sobre nosotros.
Quiero que sepas que estos meses contigo han sido los mejores de mi vida.
El corazón le dio un vuelco.
—Los míos también.
Se quedaron así.
Lado a lado.
Sin tocarse.
Pero conectados de formas que no requerían contacto físico.
Y por primera vez en semanas, Valentina durmió sin pesadillas.
Porque incluso en medio del caos.
Incluso sin respuestas.
Estaba exactamente donde necesitaba estar.
Al menos por ahora.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com