Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 El Precio de la Verdad
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28: El Precio de la Verdad 28: El Precio de la Verdad Valentina despertó con luz dorada filtrándose por cortinas que definitivamente no había cerrado.
El brazo de Karim seguía rodeándola.
Pesado.
Cálido.
Posesivo incluso en sueño.
Por un momento —un momento perfecto y frágil— olvidó dónde estaba.
Olvidó que había narcotraficante psicópata cazándola.
Olvidó que su padre moribundo la había vendido por cincuenta mil euros.
Olvidó todo excepto el latido constante del corazón de Karim contra su espalda.
Luego su cerebro encendió.
Y recordó.
Todo.
Mierda.
Se giró con cuidado.
Karim seguía dormido.
Primera vez que lo veía así.
Cabello desordenado.
Rostro relajado.
Sin la máscara de control absoluto que usaba como armadura.
Se veía…
joven.
Vulnerable.
Humano.
Su mano descansaba sobre la almohada entre ellos.
Valentina tuvo el impulso absurdo de entrelazar sus dedos.
Pero eso parecía demasiado íntimo.
Demasiado real.
Aunque literalmente había dormido en sus brazos toda la noche.
La lógica de las emociones era estúpida.
Los ojos de Karim se abrieron.
Instantáneamente alertas.
Como si nunca hubiera estado dormido.
—Buenos días, habibti.
La voz ronca de sueño le hizo cosas inconvenientes a su estómago.
—Buenos días.
Silencio cómodo.
Ninguno se movió.
—¿Dormiste?
—preguntó Karim.
—Sorprendentemente, sí.
¿Tú?
—Dos horas.
Suficiente.
Por supuesto.
El hombre probablemente funcionaba con cafeína pura y fuerza de voluntad.
—¿Qué hora es?
Karim revisó su reloj sin soltar su cintura.
—8:47.
Mis abogados llegan a las diez.
Deberías comer algo antes.
—¿Tus abogados están en París?
—Los hice volar anoche.
Desde Londres y Ginebra.
Los mejores en fraude internacional y derecho de herencias francés.
Por supuesto que lo hizo.
Porque Karim Al-Fayed no jugaba.
Se levantaron.
Valentina se duchó rápido.
El agua caliente ayudó a despertar su cerebro.
Cuando salió, aroma a café y pan recién horneado llenaba la suite.
Karim había ordenado desayuno completo.
Croissants.
Frutas.
Huevos.
Jugo de naranja recién exprimido.
Y él, sentado en el comedor con laptop abierta y tres pantallas adicionales.
Traje gris oscuro impecable.
Cabello perfectamente peinado.
La transformación de vulnerable a invencible había tomado exactamente cuarenta minutos.
—Come —ordenó sin levantar la vista.
—¿Tú no comes?
—Ya comí.
A las siete.
Valentina se sentó.
Atacó un croissant porque su estómago rugía.
No había comido nada sustancial en casi veinticuatro horas.
—¿Noticias de AmÉlie?
—Segura.
Durmiendo.
Rashid reportó que está sorprendentemente tranquila considerando las circunstancias.
—Es francesa.
Probablemente ha visto cosas peores en protestas estudiantiles.
Karim casi sonrió.
Casi.
—¿Y Santi?
La mandíbula se tensó.
—Desapareció del radar después del departamento de AmÉlie.
Mi equipo tiene alertas en todos los aeropuertos, estaciones de tren, rentadoras de autos.
Pero París es grande.
Y él sabe cómo esconderse.
—No por mucho tiempo.
—No.
No por mucho tiempo.
El tono prometía violencia civilizada.
Valentina tomó sorbo de café.
Perfecto.
Obviamente.
—Karim.
—¿Sí?
—Sobre lo de anoche.
Lo que dije antes de dormir.
Los dedos se detuvieron sobre el teclado.
—¿Te arrepientes?
—No.
Solo…
necesito que sepas que no lo dije por gratitud.
O por miedo.
O porque me salvaste otra vez.
Levantó la vista.
—¿Entonces por qué?
—Porque es verdad.
Te amo.
De forma complicada y confusa y probablemente disfuncional.
Pero real.
Algo brilló en sus ojos.
Triunfo, quizás.
O simplemente alivio.
—Bien.
—¿Bien?
¿Esa es tu respuesta romántica?
—Mi respuesta romántica es que haría cualquier cosa por mantenerte segura.
Incluyendo cosas que probablemente me condenarían si tuviera conciencia funcional.
Pausa cargada.
—Pero por ti, valoro cada pecado.
El corazón le dio un vuelco estúpido.
O sea, güey, este hombre habla como villano de telenovela turca.
Pero de alguna forma funcionaba.
A las 10:03 AM exactas, tocaron la puerta.
Tres hombres entraron.
No parecían abogados normales.
Parecían sicarios en trajes de Armani.
El primero era francés.
Cincuentaañero.
Cabello plateado perfectamente peinado.
Maletín de cuero que probablemente costaba más que un coche.
—Maître Dubois —se presentó con acento que goteaba dinero viejoñ.
Especialista en derecho de sucesiones.
El segundo era suizo.
Más joven.
Lentes sin marco.
Expresión de quien ha visto todos los trucos sucios del sistema financiero.
—Herr Müller.
Fraude bancario internacional.
El tercero era egipcio.
Con la misma energía controlada de Karim.
—Counselor Naguib.
Derecho corporativo y extradición.
Se sentaron alrededor de la mesa del comedor como si fuera sala de guerra.
Porque básicamente lo era.
Dubois sacó el documento del sobre manila.
Lo examinó con lupa literal.
—Interesante.
La firma es auténtica.
El notario es legítimo.
Pero la cláusula escondida…
Se la pasó a Müller.
Quien la leyó con expresión que se oscurecía progresivamente.
—Esto es obra maestra de ingeniería legal criminal.
Quien lo diseñó sabe exactamente cómo funcionan las lagunas entre jurisdicciones francesa y caribeña.
—¿Puede desmontarse?
—preguntó Karim.
—Sí.
Pero no rápido.
Y no sin consecuencias.
Dubois se reclinó.
—Si Mademoiselle García rechaza la herencia formalmente, queda libre de la deuda.
Pero también renuncia a cualquier derecho sobre las propiedades legítimas.
El departamento en Le Marais vale aproximadamente 800,000 euros.
La casa en Provenza, otro millón.
—Casi dos millones de euros que Santi quiere que pierda —dijo Valentina.
—Exactamente.
Pero hay otra opción.
Müller se inclinó hacia adelante.
—Podemos impugnar el documento completo.
Argumentar que su padre firmó bajo coacción.
Que estaba mentalmente incapacitado por medicamentos paliativos.
Que la deuda fue creada fraudulentamente.
—¿Cuánto tarda eso?
—Seis meses mínimo.
Probablemente un año.
Y durante ese tiempo, los acreedores del banco caribeño pueden iniciar procedimientos contra ella.
—Entonces estoy atrapada —dijo Valentina con voz plana.
—No necesariamente.
Naguib habló por primera vez.
—Hay tercera opción.
Más…
creativa.
Todos lo miraron.
—Aceptamos la herencia.
Pero inmediatamente transferimos las propiedades a entidad corporativa.
Una fundación benéfica, por ejemplo.
Registrada en jurisdicción que no reconoce deudas vinculadas a fraude probado.
—¿Como cuál?
—Luxemburgo.
O mejor aún, Los Emiratos Árabes.
Donde el señor Al-Fayed tiene influencia considerable.
Karim sonrió.
Depredador puro.
—Continúa.
—Una vez las propiedades están en la fundación, técnicamente ya no pertenecen a Mademoiselle García.
No puede ser responsabilizada por deudas asociadas a bienes que no posee.
Y el banco caribeño tendría que demandar a la fundación.
En Dubai.
Donde las cortes favorecen a entidades locales.
Valentina parpadeó.
—Eso es…
brillante.
¿Y legal?
—Completamente.
Poco ético según algunos estándares occidentales.
Pero absolutamente legal.
Müller agregó: —Y mientras tanto, investigamos el origen del préstamo.
Si podemos probar que Santiago García falsificó documentos para obtenerlo, el banco tiene incentivo para perseguirlo a él.
No a usted.
—¿Cuánto tiempo necesitan?
—Dos semanas para establecer la fundación.
Otras dos para transferir propiedades.
Un mes total si nos movemos agresivamente.
Karim cerró su laptop.
—Tienen una semana.
Doblo sus honorarios.
Los tres abogados intercambiaron miradas.
—Entendido.
Pasaron siguiente hora discutiendo detalles técnicos que hacían que el cerebro de Valentina se derritiera.
Jurisdicciones.
Cláusulas.
Precedentes legales.
Cuando finalmente se fueron, eran casi las 2 PM.
Valentina se dejó caer en el sofá.
—Mi vida es telenovela jurídica ahora.
—Telenovela cara.
Esos tres cobran aproximadamente 50,000 euros por semana de trabajo.
—¿Qué?
¿Y los contrataste así nomás?
—Los contraté porque son los mejores.
Y porque tu libertad vale infinitamente más que dinero.
Se sentó junto a ella.
Más cerca de lo estrictamente necesario.
—Además, técnicamente es inversión.
Si recuperamos las propiedades de tu padre, valen casi dos millones.
Cincuenta mil en honorarios es nada.
—Siempre tan romántico.
Convirtiendo mi trauma familiar en análisis costo-beneficio.
—Es mi lenguaje de amor.
A pesar de todo, Valentina se rio.
El teléfono de Karim vibró.
Múltiples veces.
Lo revisó.
Su expresión cambió.
—¿Qué pasó?
—Eric.
Dice que encontró algo.
Quiere reunirse.
Ahora.
—¿Dónde?
—Café en Saint-Germain.
Dice que es urgente.
Valentina suspiró.
—Por supuesto que es urgente.
Todo con Eric es urgente y dramático.
—No tienes que ir.
—Sí tengo.
Si encontró algo sobre Santi o mi padre, necesito saberlo.
Karim la estudió.
—Voy contigo.
—Esperaba que dijeras eso.
El café era exactamente lo que Valentina esperaba.
Bohemio.
Lleno de estudiantes con MacBooks y existencialismo performativo.
Eric esperaba en terraza cubierta.
Fumando.
Obviamente.
Cuando los vio, apagó el cigarrillo.
Se levantó.
Besó las mejillas de Valentina con familiaridad que hizo que Karim se tensara visiblemente.
—Ma belle.
Karim.
Gracias por venir.
—Eric.
Dijiste que era urgente.
—Lo es.
Sacó folder de su bolso de mensajero.
—Después de anoche, hice algunas llamadas.
Tengo amigo que trabaja en hospital donde está tu padre.
Me consiguió acceso a registros de visitantes de las últimas tres semanas.
Empujó el folder hacia Valentina.
Dentro: impresiones de cámaras de seguridad.
Santi visitando a su padre.
Fecha y hora marcadas.
Pero había más fotos.
Otra visita.
Diferente persona.
Mujer.
Treintaañera.
Cabello oscuro.
Elegante.
—¿Quién es ella?
—preguntó Valentina.
—No lo sé.
Pero visitó a tu padre dos veces.
Ambas después de Santi.
Y según la enfermera, tu padre le dio algo.
Sobre manila.
Como el que encontramos en el departamento de AmÉlie.
El estómago se le contrajo.
—¿Crees que trabaja con Santi?
—O para él.
O es otra víctima.
No lo sé.
Pero pensé que debías saberlo.
Karim tomó las fotos.
Las estudió con intensidad quirúrgica.
—¿Tu contacto puede conseguir nombre?
—Está trabajando en ello.
Debería tener algo en veinticuatro horas.
—Bien.
Envíamelo cuando lo tengas.
Eric encendió otro cigarrillo.
—Karim, ¿puedo hablar con Valentina?
A solas.
Solo cinco minutos.
La mandíbula de Karim se tensó hasta convertirse en piedra.
—No.
—No es tu decisión.
—Ella está bajo mi protección.
Donde va ella, voy yo.
—Ella es adulta con agencia propia.
Déjala decidir.
Ambos la miraron.
Valentina sintió peso de dos mundos opuestos presionando.
—Cinco minutos.
Pero Karim se queda donde pueda verme.
Compromiso salomónico.
Karim no estaba feliz.
Pero se movió a mesa cercana.
Dentro de rango visual pero fuera de alcance auditivo.
Eric esperó hasta que se sentó.
—Valentina, necesito preguntarte algo.
Y necesito honestidad brutal.
—Siempre.
—¿Lo amas a él?
¿Realmente?
¿O amas la seguridad que representa?
La pregunta fue como bofetada.
—Ya tuvimos esta conversación.
—No.
Anoche evadiste.
Ahora necesito respuesta real.
Porque si decides quedarte con él, me retiro.
Completamente.
Pero si hay duda…
si hay posibilidad de que esto sea síndrome de Estocolmo disfrazado de amor…
Se inclinó hacia adelante.
—Entonces lucho por ti.
Y no juego limpio.
Valentina lo miró directamente.
—Lo amo, Eric.
De verdad.
No es perfecto.
Es controlador y obsesivo y probablemente necesita terapia.
Pero cuando me mira, no veo jaula.
Veo hogar.
Pausa.
—Y tú…
tú representas libertad.
Aventura.
Toda la vida que podría tener sin ataduras.
Pero honestamente, ya no quiero libertad sin red de seguridad.
Ya huí suficiente.
Eric no dijo nada durante largos segundos.
Luego sonrió.
Triste pero genuino.
—Entonces te deseo felicidad, chÉrie.
Incluso si es con faraón controlador.
—Gracias.
—Pero mi oferta sigue en pie.
Si alguna vez cambias de opinión.
Provenza.
Casa de huéspedes.
Sin preguntas.
—Lo sé.
Se levantó.
Besó su frente.
—Cuídate.
Y cuida ese corazón.
No todos los príncipes son buenos solo porque tienen dinero.
Se fue antes de que pudiera responder.
Karim regresó inmediatamente.
—¿Qué dijo?
—Se rindió.
Oficialmente.
Algo brilló en los ojos de Karim.
Triunfo absoluto.
—Bien.
El teléfono de Valentina vibró.
Número desconocido francés.
Mensaje: “Valentina García.
Soy Isabelle Moreau.
Tu media hermana.
La hija de la mujer de las fotos.
Necesitamos hablar.
Tu padre me dejó algo para ti.
Algo que Santi NO sabe que existe.
Café Le Procope.
Mañana 3 PM.
Ven sola o no apareceré.
—I” Foto adjunta.
Certificado de nacimiento.
Nombre: Isabelle Marie Moreau.
Padre: [mismo nombre que el padre de Valentina] Fecha: Hace treinta y dos años.
Otra hermana.
Cuatro hijas.
Cuatro mujeres abandonadas por el mismo hombre.
Valentina le mostró el mensaje a Karim.
Su expresión se oscureció.
—Trampa.
—Probablemente.
—No vas.
—Probablemente voy.
—Valentina…
—Es mi hermana.
Otra.
Y si tiene información sobre Santi, necesito saberlo.
—Entonces voy contigo.
Con equipo completo.
—Dice que sola.
—Y yo digo que no.
No es negociable.
Estaban en standoff.
Mirándose.
Valentina suspiró.
—Mañana discutimos logística.
Hoy necesito procesar que aparentemente mi padre coleccionaba hijas como Pokémon.
A pesar de la tensión, Karim soltó risa breve.
—Analogía terrible pero precisa.
Regresaron al hotel.
Esa noche, Valentina no durmió en su habitación.
Durmió en la de Karim.
No por sexo.
Solo porque después de todo el caos, necesitaba ancla.
Y Karim era eso.
Ancla.
Refugio.
Hogar.
Incluso si el hogar venía con guardaespaldas y paranoia justificada.
Antes de apagar la luz, Karim habló en la oscuridad.
—Valentina.
—¿Sí?
—Mañana, pase lo que pase con esta Isabelle.
Pase lo que pase con Santi.
Quiero que sepas algo.
—¿Qué?
—Que ya tomé mi decisión.
Sobre nosotros.
Sobre el futuro.
Y no va a cambiar sin importar cuántas hermanas secretas aparezcan.
—¿Qué decisión?
—Que te voy a proteger.
Te voy a amar.
Y eventualmente, te voy a convencer de casarte conmigo.
No porque necesites salvación.
Sino porque elegiste quedarte cuando podías irte.
El corazón le dio vuelco.
—Karim Al-Fayed.
Eres hombre más terco que he conocido.
—Lo sé.
Es mi mejor cualidad.
Se durmieron entrelazados.
Y por primera vez en días, Valentina soñó con futuro.
No con pasado persiguiéndola.
Con futuro.
Complicado.
Caótico.
Pero suyo.
Al menos hasta que mañana apareciera otra hermana secreta con más secretos.
Porque aparentemente su vida era telenovela que nunca terminaba.
Y el rating seguía subiendo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com