Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 30
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia Fugitiva busca venganza
- Capítulo 30 - 30 El Cerco Se Cierra
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
30: El Cerco Se Cierra 30: El Cerco Se Cierra El Mercedes tomó ruta diferente al hotel.
Calles que Valentina no reconocía.
Barrios industriales.
—¿A dónde vamos?
—Safe house.
No volvemos al hotel hasta que confirmemos que está limpio.
—¿Crees que Santi sabe dónde estamos?
—Creo que tiene más ojos de los que asumíamos.
Karim revisaba su teléfono.
Mensajes en árabe.
Mapas con puntos rojos moviéndose.
El coche se detuvo frente a edificio gris sin nombre.
Puerta de metal que parecía sobreviviente de guerra.
—Aquí.
Bajaron.
Dos de los hombres de Karim ya esperaban adentro.
Espacio espartano.
Sofás viejos.
Computadoras.
Café que olía a desesperación.
—Siéntate.
Lee los documentos.
Necesito hacer llamadas.
Karim desapareció.
Valentina se dejó caer en el sofá.
Abrió el folder.
Empezó por la carta.
“Valentina: Si estás leyendo esto, probablemente estoy muerto.
O a punto.
Conocí a Rodolfo García en 1999.
Cancún.
Yo era contador joven y estúpido.
Él necesitaba alguien que moviera dinero sin preguntas.
Las preguntas llegaron después.
Cuando era demasiado tarde.
Santiago hijo heredó el imperio de su padre.
Pero también heredó sus deudas.
Conmigo.
Con otros.
Tú fuiste su intento de limpiar el nombre García con matrimonio respetable.
Cuando te negaste, te convertiste en amenaza.
Tu nombre está en documentos que pueden destruirlo.
Tu firma autoriza transferencias que nunca entendiste.
Los papeles que te dejo son pruebas de todo.
Fechas.
Cantidades.
Nombres.
Úsalos con cuidado.
Porque mientras los tengas, tienes poder.
Lamento no haber sido mejor padre.
Lamento haberte involucrado.
Cuídate.
Tu padre.” Las lágrimas cayeron sobre el papel.
—¿Estás bien?
Karim había regresado.
Se sentó a su lado.
—Mi padre era lavador de dinero del cártel García.
—Lo sospechaba.
Desde que investigué tu conexión con Santi.
—¿Por qué no me dijiste?
—Porque querías creer que era solo ausente.
No criminal.
La honestidad dolió.
Pero valía algo.
—Hay documentos.
Pruebas que podrían hundir a Santi.
Le mostró el folder.
Karim lo revisó con velocidad de quien lee estados financieros como novelas.
Sus ojos se ampliaron.
—Esto es suficiente para destruirlo.
—O para que me mate primero.
El teléfono de Valentina vibró.
Número desconocido.
Mexicano.
El corazón se detuvo.
—No contestes.
—¿Y si es mi mamá?
—Tu mamá tiene número guardado.
Vibró tres veces más.
Mensaje de texto.
“Valentina.
Sé lo que Isabelle te dio.
Y sé que crees que tienes poder ahora.” Tres puntos parpadeando.
Luego: “Pero yo tengo a Mónica.” Foto adjunta.
Su hermana.
Mónica.
Atada a silla.
Mordaza en la boca.
Ojos rojos de llorar.
Detrás de ella, perfectamente visible: Santiago García.
Sonriendo.
“24 horas para entregarme esos documentos.
En persona.
Sola.
O tu hermanita no vuelve a respirar.” “Y esta vez no es la francesa que apenas conoces.
Es la que creció contigo.
La que vendía Tupperware para ayudar a tu mamá.
La que te defendió cuando subí el video.” El mundo colapsó.
—Karim…
Él ya estaba marcando.
Órdenes en árabe.
Llamadas simultáneas.
Mientras ella miraba la foto.
Mónica.
Su hermana mexicana.
La que conocía de toda la vida.
La que había dormido en su cama cuando eran niñas y tenían pesadillas.
—¿Cómo llegó a ella?
—la voz le salió rota—.
Estaba en Costa Rica.
Con mi mamá.
Con seguridad.
—Rastreando metadatos ahora.
Karim tecleaba furiosamente.
—La foto fue tomada hace dos horas.
Ubicación: afueras de San José.
—¿Costa Rica?
—Santi cruzó a Costa Rica.
Probablemente sobornó a alguien.
O simplemente esperó el momento correcto.
—¡Tu seguridad se suponía que la protegía!
El grito salió como explosión.
—¡Me prometiste que estarían a salvo!
Karim la miró directamente.
Sin excusas.
—Fallé.
Lo sé.
Y voy a arreglarlo.
—¿Cómo?
—Tengo equipo en Costa Rica.
Pueden llegar a la ubicación en tres horas.
—¡Tres horas!
¡Puede matarla en tres horas!
—No lo hará.
Mónica es su única moneda de cambio.
Sin ella, no tiene nada.
—¿Y si te equivocas?
Silencio.
Largo.
—Entonces nunca me lo perdonaré.
Pero ahora mismo, necesito que confíes en mí.
Valentina quería gritar.
Golpear.
Destruir algo.
Pero no podía.
Porque la rabia no salvaría a Mónica.
Solo la estrategia lo haría.
—¿Qué hacemos?
—No respondemos.
No negociamos.
No le damos nada hasta que mi gente esté en posición.
—¿Y mi mamá?
¿Sofía?
—Confirmadas seguras.
Diferentes ubicación.
Santi solo llegó a Mónica porque salió a comprar algo.
Error de protocolo que no volverá a pasar.
Pausa.
—Pero necesito que te muevas.
—¿A dónde?
—Francia.
Finca de Théophile.
Es el lugar más seguro que Santi no puede rastrear.
—No voy a esconderme mientras mi hermana está secuestrada.
—No es esconderte.
Es posicionarte.
Karim se acercó.
Le tomó las manos.
—Escucha.
Santi quiere dos cosas: los documentos y a ti.
Si te tiene a ti, no necesita negociar.
Puede matarte, destruir los papeles y desaparecer.
—¿Y Mónica?
—La mata también porque ya no sirve.
La lógica era brutal.
Correcta.
Insoportable.
—Pero si tú estás en lugar seguro, con los documentos, él tiene que negociar.
Tiene que mantener a Mónica viva.
Nos da tiempo para el rescate.
—¿Cuánto tiempo?
—Doce horas.
Mi equipo llega a ubicación en tres.
Reconocimiento y planeación en seis.
Extracción en nueve.
Margen de seguridad de tres.
Parecía eternidad.
—¿Y si falla?
—Tengo plan B.
—¿Cuál?
—El que Interpol prefiere no conocer.
Los ojos de Karim cambiaron.
Se volvieron algo antiguo.
Peligroso.
—Santi acaba de secuestrar ciudadana mexicana en territorio costarricense.
Eso es crimen internacional.
Puedo hacer que lo cacen como perro en veinticuatro horas.
—¿Y Mónica?
—Mi prioridad es sacarla viva.
Todo lo demás es secundario.
Debería asustarla.
La certeza de que este hombre era capaz de cosas que ella no podía imaginar.
Pero no la asustaba.
La reconfortaba.
—¿Qué necesitas de mí?
—Que confíes.
Que no respondas a Santi.
Y que estés lista para moverte.
El teléfono de él sonó.
Conversación breve.
Colgó.
—Eric confirmó vuelo privado desde Le Bourget.
Estaremos en Provenza en dos horas.
—¿Eric sabe lo de Mónica?
—Ya está coordinando con mis equipos.
Aparentemente la rivalidad romántica desaparece cuando hay vidas en juego.
Algo suavizó la tensión en su pecho.
Solo un poco.
—¿Y Amélie?
¿Está segura?
—Mis hombres siguen con ella en París.
Santi no puede estar en dos lugares a la vez.
Eligió Costa Rica.
Eligió a Mónica.
Porque sabía que dolería más.
Maldito.
—Entonces vamos.
—Primero comes.
—No tengo hambre.
—No fue sugerencia.
Apareció comida.
Sandwiches.
Café horrible.
Comió porque Karim tenía razón.
Necesitaba fuerzas.
Mientras masticaba, revisó el teléfono.
Mensaje de su mamá.
“Mija, Mónica no contesta.
Los guardias dicen que salió hace horas y no ha vuelto.
Estoy muy preocupada.” El corazón se le partió.
No podía contarle.
No todavía.
“Tranquila, ma.
Mónica me escribió hace rato.
Está bien.
Te marco mañana.” La mentira quemó.
Pero la verdad habría sido peor.
—Nos vamos —dijo Karim—.
Ahora.
El Mercedes arrancó hacia el aeropuerto.
París quedó atrás.
Y adelante esperaba Provenza.
Viñedos franceses.
Escondite temporal.
Y la guerra que decidiría todo.
El teléfono vibró una última vez.
Mensaje de Santi.
“Tic tac, Valentina.
Tu hermanita pregunta por ti.
Le dije que pronto se verán.
Una forma u otra.” Foto adjunta.
Mónica llorando.
Valentina apretó el teléfono hasta que los nudillos se pusieron blancos.
Miró a Karim.
—Prométeme algo.
—Lo que sea.
—Prométeme que cuando esto termine, Santi no va a poder hacerle daño a nadie más.
Nunca.
Los ojos de él brillaron con algo oscuro.
—Te lo prometo.
No era amenaza.
Era sentencia.
Y mientras el avión despegaba sobre la Ciudad de las Luces, Valentina entendió algo: Ya no era víctima.
Ya no era impostora.
Era jugadora.
Y esta vez, iba a ganar.
Aunque tuviera que destruir todo a su paso.
Aguanta, Mónica.
Ya voy por ti.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com