Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 34
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia Fugitiva busca venganza
- Capítulo 34 - 34 La Propuesta Silenciosa
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
34: La Propuesta Silenciosa 34: La Propuesta Silenciosa Tres días.
Valentina llevaba tres días en Provenza.
Y el château se había convertido en extraño ecosistema de tensiones contenidas.
Karim pasaba dieciocho horas diarias en la oficina improvisada.
Coordinando seguridad de Mónica.
Rastreando movimientos de Santi.
Construyendo caso legal con los documentos que el padre de Valentina había dejado.
Solo bajaba para comer.
Rápido.
Eficiente.
Como si el tiempo con ella fuera ítem más en su lista de tareas.
Eric, por otro lado, había desarrollado rutina opuesta.
Despertaba con el sol.
Trabajaba en los viñedos hasta mediodía.
Luego aparecía con vino y conversación.
Nunca presionando.
Solo…
presente.
Y Valentina.
Valentina existía en el medio.
Durmiendo en cuarto que olía a lavanda.
Caminando entre vides que nadie le pedía explicar.
Leyendo libros de la biblioteca que nadie supervisaba.
Por primera vez en meses, no estaba huyendo.
Ni escondiéndose.
Ni fingiendo ser alguien más.
Solo estaba.
Y era aterrador cuánto le gustaba.
Era tarde de jueves cuando Eric tocó su puerta.
—¿Valentina?
¿Tienes planes esta noche?
Abrió.
Él estaba en el pasillo con camisa de lino color crema y sonrisa conspiradora.
—Mis planes son extensos.
Incluyen cena ligera y fingir leer libro que no entiendo.
—Suena fascinante.
Pero tengo mejor oferta.
—¿Cuál?
—Festival de verano en el pueblo.
Música.
Vino malo que turistas pagan demasiado.
Baile en plaza que data de 1600s.
—Eric…
—No como cita.
Como escape.
Porque has estado encerrada aquí tres días y las paredes empiezan a cerrarse.
No estaba equivocado.
—¿Karim…?
—Karim está en videollamada con Abu Dhabi.
No terminará hasta medianoche.
Como si hubiera sido invocado, mensaje de Karim apareció en su teléfono.
“Reunión extendida.
No me esperes para cenar.
Come algo.” Valentina miró el mensaje.
Luego a Eric.
—Dame diez minutos.
Se cambió rápido.
Vestido color amarillo mostaza que había encontrado en closet del cuarto.
Probablemente dejado por invitada anterior.
Le quedaba casi perfecto.
Sandalias simples.
Cabello suelto porque hacía demasiado calor para otra cosa.
Eric esperaba abajo.
Con las llaves de su Citroën vintage.
—Lista para tu gran escape.
—No es escape.
Es salida autorizada.
—Lo que necesites decirte para dormir tranquila.
El pueblo estaba a quince minutos.
Carretera serpenteante entre viñedos y campos de girasoles.
Sol comenzando a bajar.
Pintando todo de naranja.
—¿Vienes aquí seguido?
—preguntó Valentina.
—Una vez al año.
Para este festival.
Mi abuelo me traía cuando era niño.
Es tradición que mantengo por razones sentimentales que finjo no tener.
—No finges bien.
—Nunca lo he hecho.
El pueblo era postal.
Literalmente.
Piedra color miel.
Calles empedradas.
Plaza central con fuente antigua.
Y gente.
Familias.
Parejas.
Turistas con cámaras.
Todos moviéndose hacia donde música en vivo emanaba.
Eric la guió por calles estrechas.
Saludando a gente que claramente lo conocía.
“Bonsoir, Théophile!” “Eric, mon ami!” —¿Théophile?
—preguntó Valentina.
—Mi nombre real.
Eric es…
simplificación para amigos que no pueden con apellidos compuestos franceses.
—¿Y cuál es tu apellido completo?
—Théophile Arnaud de Valois-Saint-Omer.
—O sea, güey, ¿qué?
Él rio.
—Exactamente por eso uso Eric.
Llegaron a la plaza.
Banda tocando algo que sonaba a vals modificado.
Mesas con vino y comida simple.
Queso.
Pan.
Aceitunas.
Y pista de baile improvisada.
Donde parejas bailaban con gracia que venía de generaciones practicando.
—¿Tienes hambre?
—Siempre.
Consiguieron mesa en esquina.
Vino tinto local que efectivamente no era tan bueno como el de Eric.
Pero tenía sabor a comunidad.
A celebración simple.
—Esto es diferente —dijo Valentina después de primer sorbo.
—¿A qué?
—A todo lo demás.
Las galas de Karim.
Los hoteles cinco estrellas.
Incluso París.
—Porque esto es real.
No hay pretensión.
Solo gente celebrando que sobrevivió otra cosecha.
Pausa.
—Y ese tipo de alegría no se puede comprar.
Solo vivir.
Comieron.
Hablaron.
Eric le contó sobre el pueblo.
Sobre familias que habían vivido aquí cuatrocientos años.
Sobre vides que sobrevivieron filoxera y guerras mundiales.
Sobre cómo este lugar le recordaba que el tiempo era largo pero las vidas eran cortas.
—Muy filosófico para festival de vino —dijo Valentina.
—El vino hace eso.
Te pone existencial.
Cuando la banda empezó a tocar algo más rápido, Eric se levantó.
Le ofreció la mano.
—Baila conmigo.
—No sé bailar esto.
—Perfecto.
Yo tampoco.
La llevó a la pista.
Y efectivamente, no tenían idea.
Se tropezaron.
Se rieron.
Inventaron pasos que no existían.
Mientras ancianas los miraban con aprobación indulgente.
Y turistas tomaban fotos de la escena pintoresca.
Era caótico.
Desordenado.
Perfecto.
Cuando la canción terminó, estaban sin aliento.
—Eres terrible bailando —dijo Valentina.
—Pero entretenido.
—Eso sí.
Se sentaron otra vez.
El sol había bajado completamente.
Luces de cuerda iluminaban la plaza.
Creando atmósfera que parecía salida de película.
—Valentina.
El tono de Eric cambió.
Más serio.
—Quiero proponerte algo.
Y necesito que escuches completamente antes de responder.
El estómago se le contrajo.
—Eric…
—Solo escucha.
Por favor.
Ella asintió.
—Has pasado meses corriendo.
De Santi.
Hacia Karim.
Entre crisis y salvaciones.
Y es agotador.
Lo veo en tus ojos.
—No tengo opción.
—Sí la tienes.
Siempre la has tenido.
Se inclinó hacia adelante.
—Quédate aquí.
En Provenza.
No como huésped.
Como…
socia.
—¿Socia?
—Tengo viñedo que produce buen vino.
Pero necesita quien lo presente al mundo.
Alguien con historia interesante.
Con carisma natural.
Con razones para empezar de nuevo.
Pausa.
—Podrías construir algo tuyo aquí.
Sin depender de Karim.
Sin estar marcada por Santi.
Solo tú.
Y tierra.
Y tiempo para descubrir quién eres cuando nadie te persigue.
Valentina lo miró.
—¿Y tú?
—Yo sería socio.
Amigo.
Lo que necesites que sea.
Pero sin presión.
Sin expectativas románticas a menos que tú las quieras.
—Eric, eso es…
—¿Loco?
Probablemente.
¿Impulsivo?
Definitivamente.
¿Honesto?
Completamente.
Tomó su mano.
Suave.
Sin apretar.
—No estoy pidiendo que elijas ahora.
Solo estoy mostrándote que hay opciones.
Que el mundo de Karim no es el único mundo posible.
—Karim me protege.
—Lo sé.
Y lo admiro por eso.
Pero ¿qué pasa cuando ya no necesites protección?
¿Seguirás con él por gratitud o por amor?
La pregunta cortó.
Porque era exactamente la que ella evitaba hacerse.
—Piénsalo —dijo Eric—.
Sin presión.
Sin deadlines.
Solo…
considéralo.
El teléfono de Valentina vibró.
Karim.
“¿Dónde estás?” “En el pueblo.
Festival local.
Con Eric.” Tres puntos parpadeando.
Largo.
Finalmente: “¿Cuándo regresas?” “En una hora.” “Te espero.” No era solicitud.
Era declaración.
—El faraón llama —dijo Eric con sonrisa que no tocaba sus ojos.
—Siempre lo hace.
—¿Y siempre respondes?
—Es complicado.
—Lo sé.
Por eso te estoy ofreciendo simple.
Regresaron al château en silencio.
No incómodo.
Solo…
pesado.
Con propuesta flotando entre ellos como humo que no se disipaba.
Cuando llegaron, Karim esperaba en la entrada.
De pie.
Como centinela.
—Bienvenidos.
La voz era controlada.
Demasiado controlada.
—Karim.
La reunión terminó temprano —dijo Valentina.
—Hace tres horas.
Pero no quisiste interrumpir tu…
salida.
—No fue salida.
Fue festival.
—La distinción me parece irrelevante.
Eric intervino.
—Karim, fue mi idea.
Valentina necesitaba aire.
—Valentina necesita seguridad.
No festivales en pueblos donde cualquiera puede reconocerla.
—Nadie la reconoció.
Fue perfectamente seguro.
—No existe perfectamente seguro.
Solo grados de riesgo.
La tensión crujió.
Valentina se interpuso.
Literalmente.
—Ya.
Los dos.
Gracias por la noche, Eric.
Karim, vamos arriba.
Subieron en silencio.
Hasta su habitación.
Cuando cerró la puerta, Karim explotó.
Contenidamente.
—¿En qué estabas pensando?
—En que necesitaba salir de estas paredes antes de volverme loca.
—Podrías haber esperado.
Habríamos coordinado salida segura.
—No quería operación militar.
Quería normalidad.
—No hay normalidad mientras Santi esté vivo.
—¿Y después?
¿Cuando Santi ya no sea amenaza?
¿Seguirás tratándome como activo que proteger?
Karim no respondió inmediatamente.
—No sé cómo hacer esto de otra forma.
La honestidad la desarmó.
—Lo sé.
Y no te culpo.
Pero necesito espacio para respirar.
—Te di espacio.
Tres días de espacio.
—Me diste tres días de prisión elegante con guardias invisibles.
—Te di tres días de seguridad que la mayoría mataría por tener.
—¡No pedí seguridad absoluta!
Pedí vida.
El silencio cayó.
Pesado.
Definitivo.
—¿Qué te ofreció Eric?
—preguntó Karim finalmente.
—¿Qué?
—En el pueblo.
Vi cómo te miraba.
Qué te ofreció.
Valentina podría haber mentido.
Pero estaba cansada de mentiras.
—Sociedad.
En el viñedo.
Chance de empezar algo mío.
—Y aceptaste.
—No.
Pero lo estoy considerando.
Algo en los ojos de Karim se apagó.
—Entiendo.
—¿Eso es todo?
¿”Entiendo”?
—¿Qué quieres que diga?
Te ofrezco seguridad.
Él te ofrece sueños.
No puedo competir con fantasías.
—No son fantasías.
—¿No?
¿Has pensado en logística?
¿En papeles?
¿En qué pasa cuando Santi te encuentre en pueblo pintoresco sin seguridad?
—Has pensado en todo excepto en lo que yo quiero.
—Quiero lo que tú quieres.
Pero también quiero que vivas para quererlo.
Se giró hacia la puerta.
—Voy a dormir.
Piensa en oferta de Eric.
Piensa en futuro.
Pero también piensa en presente.
Donde Santi sigue vivo.
Y donde mi protección obsesiva es lo único manteniéndote así.
Salió.
Sin cerrar la puerta violentamente.
Solo…
cerró.
Y eso fue peor.
Valentina se dejó caer en la cama.
Dos propuestas.
Dos futuros.
Uno con jaula de oro y amor que sofocaba.
Otro con libertad precaria y posibilidades indefinidas.
El teléfono vibró.
Mensaje de Eric.
“Perdón si causé problema.
No era mi intención.
Pero oferta sigue en pie.
Cuando estés lista.
—E” No respondió.
Porque no sabía qué decir.
Solo sabía que algo había cambiado esta noche.
Una línea había sido cruzada.
No con Eric.
Con Karim.
Y no estaba segura de si podía regresar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com