Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 36
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia Fugitiva busca venganza
- Capítulo 36 - 36 La Mañana Después
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
36: La Mañana Después 36: La Mañana Después Valentina despertó con luz gris filtrándose por ventanas altas de la bodega.
La tormenta había pasado.
Dejando solo sonido de agua goteando.
Y brazo de Eric todavía rodeándola.
Ambos habían terminado acostados en la frazada.
Inocente.
Pero incriminatorio si alguien los viera.
Se incorporó con cuidado.
Eric gruñó pero no despertó.
Se veía diferente dormido.
Menor.
Sin la máscara de aristócrata despreocupado.
Solo hombre cansado que había pasado noche en piso de piedra.
Valentina se levantó.
Caminó hacia la puerta.
La abrió.
El mundo afuera era pantano.
Agua por todas partes.
El camino de regreso invisible bajo barro.
Pero el cielo estaba despejando.
—Buenos días.
Eric se había despertado.
Estaba sentado en la frazada.
Cabello despeinado.
Barba de un día.
Completamente opuesto al Karim que despertaba perfecto.
—Buenos días.
Creo que podemos intentar volver.
—Dame diez minutos para verificar que las barricas sobrevivieron.
Algunas son sensibles a cambios de temperatura.
Desapareció entre las filas.
Valentina escuchó golpecitos.
Murmullos en francés.
Sonido de válvulas girando.
Regresó con expresión aliviada.
—Todo bien.
La cosecha del 2019 pasó su primera prueba de fuego.
O de agua.
Empacaron las cosas.
La bolsa que Marie había preparado.
Mitad comida consumida.
Mitad intacta.
Salieron.
El barro llegaba hasta los tobillos.
Cada paso era esfuerzo.
Valentina resbaló dos veces.
Eric la atrapó ambas.
—Cuidado.
El barro aquí es traicionero.
—Todo aquí es traicionero.
No lo dijo con malicia.
Solo observación.
Llegaron al château cuarenta minutos después.
Empapados otra vez.
Exhaustos.
Marie los esperaba en la entrada.
Con expresión de alivio mezclado con algo más.
Preocupación, quizás.
—Gracias a Dios.
Estaba por llamar rescate.
—Estamos bien.
Solo sucios.
—Monsieur Karim llamó.
Tres veces.
Dijo que regresa esta tarde en lugar de mañana.
El estómago de Valentina se contrajo.
—¿Le dijiste dónde estaba?
—Le dije que estaba ayudando a Monsieur Eric con emergencia de la tormenta.
—¿Cómo reaccionó?
Marie no respondió.
Su silencio fue respuesta suficiente.
—Voy a ducharme —dijo Valentina.
Subió las escaleras.
Sintiendo peso de lo que había pasado.
Y más importante, de lo que no había pasado.
Porque objetivamente, nada había pasado.
Durmieron juntos por necesidad.
Se mantuvieron calientes por supervivencia.
Pero subjetivamente.
En el mundo de Karim donde las apariencias eran realidad.
Había pasado todo.
Se duchó largo.
Cambiándose a su propia ropa.
Cuando bajó, Eric estaba en la biblioteca.
Con café y expresión pensativa.
—Hey.
—Hey.
¿Lista para el apocalipsis?
—¿Tan mal crees que será?
—Karim va a llegar.
Va a ver que pasamos la noche juntos.
Va a sumar dos más dos y obtener cinco.
Y yo voy a tener que convencerlo de no matarme.
—No pasó nada.
—Lo sé.
Tú lo sabes.
Pero ¿Karim lo sabrá?
No tenía respuesta.
Pasaron horas.
En silencio tenso.
Valentina intentó leer.
No pudo concentrarse.
Eric trabajó en laptop.
Respondiendo emails con distracción obvia.
A las 3:47 PM exactas, sonido de coche en el camino.
Motor que Valentina reconoció.
El Mercedes de Karim.
Eric cerró la laptop.
—Aquí vamos.
Valentina se levantó.
Salió a recibirlo.
Karim bajó del coche.
Traje impecable.
Como si París hubiera sido spa en lugar de viaje de negocios.
Pero sus ojos.
Sus ojos eran tormenta.
—Valentina.
—Karim.
Llegaste temprano.
—Marie dijo que había emergencia.
—La tormenta inundó los caminos.
Eric quedó atrapado en la bodega.
—Y tú fuiste a rescatarlo.
No era pregunta.
—Fui a llevarle provisiones.
Marie no podía por su rodilla.
—Y te quedaste toda la noche.
—No tuve opción.
El camino estaba inundado.
—Siempre hay opciones.
Pasó junto a ella.
Entró a la casa.
Eric estaba parado en medio del salón.
Como acusado esperando veredicto.
—Karim.
—Eric.
—Antes de que digas algo, necesitas saber que no pasó nada.
—¿No pasó nada?
La voz de Karim era peligrosamente calmada.
—Pasaron la noche juntos.
En bodega aislada.
Con velas y frazadas.
Pero no pasó nada.
—Exactamente.
Porque no somos adolescentes sin control.
—No.
Son adultos con atracción obvia que aprovecharon oportunidad.
—¡No hubo oportunidad!
—explotó Valentina—.
Hubo tormenta.
Y frío.
Y supervivencia.
Karim se giró hacia ella.
—¿Me crees estúpido?
—No.
—Entonces no me trates como si lo fuera.
Sé exactamente qué pasó.
Pasó que él vio chance de estar a solas contigo y la tomó.
—¡Yo tomé la decisión!
Nadie me obligó.
—Exactamente.
Elegiste pasar noche con él en lugar de esperar a que yo regresara.
—¡No sabía que regresarías!
Dijiste mañana.
—Cambié planes porque tenía información sobre Santi.
Información urgente que quería darte en persona.
Pausa.
—Pero claramente tenías cosas más importantes.
Eric intervino.
—Karim, estás siendo irracional.
—¿Irracional?
He sido paciente.
He sido comprensivo.
He ignorado cada señal obvia de que quieres a mi prometida.
—No es tu prometida.
Nunca aceptó formalmente.
—Eso es tecnicismo y lo sabes.
—No.
Es realidad que te niegas a aceptar.
Karim dio paso hacia Eric.
Valentina se interpuso.
—¡Ya basta!
Los dos.
Respiró profundo.
—Karim.
Nada pasó.
Y si no puedes creerme, entonces tenemos problema más grande que una noche en bodega.
—El problema es que cada vez que bajo la guardia, él está ahí.
Ofreciendo exactamente lo que yo no puedo dar.
—¿Y qué es eso?
—Libertad sin consecuencias.
Vida sin amenazas.
Futuro donde no tienes que estar agradecida por sobrevivir.
La voz se quebró ligeramente en la última palabra.
Y Valentina vio algo que raramente aparecía.
Vulnerabilidad real.
Miedo de perderla.
No por celos irracionales.
Sino porque genuinamente creía que Eric era mejor opción.
—Karim…
—No.
Déjame terminar.
Se giró hacia Eric.
—Ganaste.
Te felicito.
Demostraste que puedes ofrecerle lo que yo no puedo.
Paz.
Simplicidad.
Vida sin guardaespaldas.
—No es competencia.
—Todo es competencia cuando se trata de ella.
Miró a Valentina.
—Y yo estoy cansado de competir con fantasías.
—No son fantasías.
—¿No?
Entonces elige.
Ahora.
Aquí.
El aire se congeló.
—¿Qué?
—Elige.
Entre su mundo y el mío.
Entre libertad sin garantías y protección sin libertad.
Entre él y yo.
—Karim, no puedes pedirme eso.
—Acabo de hacerlo.
Eric habló.
—Esto es innecesario.
Valentina no necesita elegir bajo presión.
—Tú cállate.
Ya hiciste suficiente.
—¡No le hables así!
—explotó Valentina.
—¿Lo defiendes ahora?
—Defiendo dignidad básica.
La tuya incluida.
Pausa.
—Y tienes razón.
Necesito elegir.
Pero no porque me lo ordenes.
Sino porque no puedo seguir así.
Tomó aire.
—Dame veinticuatro horas.
Mañana te doy respuesta.
—Valentina…
—Veinticuatro horas, Karim.
Es lo único que pido.
Él la miró.
Largo.
Como memorizando su rostro por si fuera última vez.
—Está bien.
Veinticuatro horas.
Se giró.
Subió las escaleras.
Sin mirar atrás.
Eric y Valentina quedaron solos.
—Lo siento —dijo él—.
No quise causarte esto.
—No fue tu culpa.
—¿No?
—No.
Fue mía.
Por no decidir antes.
Pausa.
—Pero voy a decidir ahora.
—¿Ya sabes qué vas a elegir?
Valentina lo miró.
Este hombre que le había ofrecido escape cuando necesitaba huir.
Amistad cuando necesitaba aliado.
Opción cuando se sentía atrapada.
—Creo que sí.
—¿Puedo saber?
—Mañana.
Cuando se lo diga a él primero.
Eric asintió.
—Justo.
Como debe ser.
La besó en la frente.
Fraternal.
Final.
—Seas cual sea tu decisión, seremos amigos.
¿Sí?
—Sí.
Se fue a los viñedos.
Dejándola sola en el salón.
Con veinticuatro horas para decidir el resto de su vida.
Y por primera vez desde que empezó todo esto.
Sabía exactamente qué hacer.
Solo necesitaba valor para hacerlo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com