Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 38
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia Fugitiva busca venganza
- Capítulo 38 - Capítulo 38: El Veredicto
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 38: El Veredicto
Valentina despertó con el sol de Provenza entrando por la ventana.
Sin alarma. Sin pesadillas.
Solo luz dorada y certeza.
Se duchó. Se vistió con lo mejor que tenía en su maleta improvisada.
Jeans limpios. Blusa blanca. El collar de diamantes de la abuela de Karim que nunca se había quitado.
Bajó a las 9 AM.
Marie estaba en la cocina preparando café.
—Buenos días, mademoiselle. ¿Dormiste bien?
—Sorprendentemente, sí.
—Monsieur Karim está en la terraza. Monsieur Eric salió temprano a Marsella. Dijo que regresa esta noche.
Claro. Eric se había dado espacio deliberadamente.
Caballero hasta el final.
Tomó taza de café. Respiró profundo.
Salió a la terraza.
Karim estaba de pie. Mirando los viñedos.
Traje gris oscuro a pesar del calor. Como armadura.
Se giró cuando la escuchó. Sus ojos la recorrieron. Buscando respuestas antes de que ella hablara.
—Buenos días, habibti.
—Buenos días.
Silencio.
Ninguno sabía cómo empezar.
Valentina dejó la taza. Se acercó. Se paró frente a él.
—Tomé mi decisión.
Los hombros de Karim se tensaron. Preparándose para impacto.
—Escucho.
—Te elijo a ti.
Algo brilló en sus ojos. Alivio. Triunfo. Miedo de que fuera broma.
—¿De verdad?
—De verdad. Pero con condiciones.
Ahí estaba. La tensión regresando.
—¿Qué condiciones?
—No puedes seguir tratándome como proyecto. O responsabilidad. O activo que proteger.
—Valentina…
—Déjame terminar. Por favor.
Él cerró la boca. Asintió.
—Te amo. Completamente. De forma que probablemente no es sana pero es real.
Pausa.
—Pero si voy a estar contigo, necesito ser tu pareja. No tu salvada. No tu prometida de conveniencia que se convirtió en algo más.
—Nunca fuiste solo conveniencia.
—Lo sé. Pero así empezó. Y necesito que terminemos esa versión. Y empecemos nueva.
—¿Qué propones?
—Propongo que rompamos el contrato original. Formalmente.
Karim parpadeó.
—¿Qué?
—El contrato de matrimonio falso. El que firmamos en Cancún. Quiero romperlo.
—¿Por qué?
—Porque si me caso contigo, quiero que sea porque ambos lo elegimos. No porque un papel firmado bajo presión dice que debemos.
La mandíbula de Karim se aflojó ligeramente.
—¿Estás… estás diciendo que quieres casarte conmigo?
—Estoy diciendo que quiero construir algo real contigo. Y parte de eso es demoler lo falso primero.
Karim dio paso hacia ella. Luego otro.
Hasta quedar tan cerca que ella podía ver cada detalle de su rostro.
—¿Y después de romper el contrato?
—Después empezamos de cero. Tú me cortejas. Yo te doy chance. Nos conocemos como personas. No como salvador y salvada.
—Eso podría tomar meses.
—Probablemente.
—Y mientras tanto, ¿qué somos?
—Somos Valentina y Karim. Aprendiendo a estar juntos sin drama externo forzándonos.
Una sonrisa pequeña apareció en su rostro.
—Excepto que Santi sigue vivo. Y tu padre dejó trampa legal. Y hay documentos que pueden destruir un cártel.
—Okay, con algo de drama externo. Pero no como excusa para evadir conversaciones difíciles.
Karim le tomó el rostro entre las manos.
—¿Conversaciones difíciles como cuál?
—Como por qué necesitas controlar todo. O por qué yo corro cuando las cosas se ponen serias. O cómo vamos a manejar que tu familia es egipcia tradicional y yo soy mexicana caótica.
—Esas son conversaciones muy difíciles.
—Lo sé. Pero las necesitamos.
—¿Y si descubrimos que no somos compatibles sin el drama?
—Entonces al menos lo intentamos honestamente.
Karim la besó. Profundo. Desesperado. Como si fuera última vez y primera vez simultáneamente.
Cuando se separaron, ambos respiraban irregular.
—Está bien. Rompemos el contrato. Empezamos de nuevo.
Pausa.
—Pero sigo protegiéndote de Santi. Eso no es negociable.
—Acepto eso. Protección razonable. No encierro en torre de marfil.
—Defino “razonable” de forma diferente a ti.
—Lo sé. Por eso necesitamos las conversaciones difíciles.
Sonrió. Genuinamente.
—Eres la mujer más complicada que he conocido.
—Y tú eres el hombre más controlador que he conocido.
—Pareja perfecta entonces.
—Desastre perfecto, más bien.
Se sentaron en la terraza. Con café que Marie discretamente había rellenado sin que notaran.
—¿Cuándo le decimos a Eric? —preguntó Karim.
—Ya lo sabe. Se fue esta mañana para darnos espacio.
—Es mejor hombre de lo que quiero admitir.
—Lo es. Y será nuestro amigo. Si puedes manejarlo.
—Puedo manejar cualquier cosa si significa tenerte.
El teléfono de Karim vibró. Múltiples veces.
Lo revisó. La expresión cambió.
—¿Qué pasó?
—Mis abogados. Terminaron de procesar los documentos que Isabelle te dio.
—¿Y?
—Y tenemos caso sólido contra Santi. Suficiente para que Interpol emita orden de captura internacional.
El corazón se aceleró.
—¿Cuándo?
—Podemos activarlo en veinticuatro horas. Pero necesito tu autorización. Tú eres la que tiene los documentos originales. Tú decides cuándo los usamos.
Poder. Real. Tangible.
—Quiero esperar.
—¿Por qué?
—Porque si lo arrestamos ahora, se convierte en mártir. Sus contactos pueden seguir operando. Quiero destruir todo su imperio. No solo a él.
Karim la miró con algo nuevo en los ojos.
Respeto. Admiración.
—¿Qué propones?
—Propongo que usemos los documentos como carnada. Hacemos que Santi piense que puede recuperarlos. Lo atraemos a territorio donde no tiene poder.
—Eso es peligroso.
—Lo sé. Pero estoy cansada de correr. Quiero terminarlo. En mis términos.
—Nuestros términos. Si hacemos esto, lo hacemos juntos.
—Nuestros términos.
Brindaron con café. Como sellando pacto.
El teléfono de Valentina vibró.
Número desconocido. Mexicano.
El estómago se contrajo.
Abrió el mensaje.
“Valentina. Sé que tienes los papeles de tu papá. Y sé que crees que te dan poder. Pero olvidas algo importante: yo también tengo papeles. Sobre ti. Sobre lo que hiciste cuando estabas conmigo. ¿Quieres jugar a quién se hunde primero? Porque yo siempre gano. —S”
Foto adjunta.
Documento con su firma.
Autorizando transferencia bancaria.
De cuenta que ella nunca supo que existía.
Por cantidad que nunca vio.
A destinatario vinculado con lavado de dinero.
Su firma. Su nombre. Su responsabilidad legal.
—Mierda.
Le mostró a Karim.
Él lo leyó. La mandíbula se tensó.
—Falsificó tu firma.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque conozco tu firma real. Esta tiene micro-variaciones. Es falsificación experta pero detectable.
—Pero ¿es suficiente para defenderme legalmente?
—Con los peritos correctos, sí. Pero tomará tiempo. Y mientras tanto, puede filtrar esto a autoridades mexicanas.
—Haciéndome parecer cómplice.
—Exactamente.
Valentina se levantó. Caminó hacia el borde de la terraza.
Los viñedos se extendían pacíficos. Ajenos al caos humano.
—Entonces Santi tiene munición también. No solo yo.
—Aparentemente.
Se giró hacia Karim.
—¿Qué hacemos?
—Lo que propusiste. Pero más rápido. Y más agresivo.
Se levantó. Sacó su teléfono.
—Voy a llamar a mis abogados. A mis investigadores forenses. Y a contactos en Interpol.
—¿Y yo?
—Tú vas a escribir todo lo que recuerdas sobre cada documento que firmaste con Santi. Fechas. Lugares. Testigos.
—Hay cientos.
—Entonces empieza ahora.
Algo cambió en su postura. Ya no era novio preocupado.
Era general movilizando tropas.
—Valentina, esto dejó de ser huida. Ahora es guerra. ¿Estás lista?
Pensó en Mónica secuestrada. En su padre traicionándola desde su lecho de muerte. En años corriendo.
—Estoy lista. Pero con una condición más.
—¿Cuál?
—Cuando atrapemos a Santi, yo estoy ahí. Mirándolo a los ojos cuando se dé cuenta de que perdió.
Karim sonrió.
Depredador puro.
—Trato.
Se besaron. Sellando más que amor.
Sellando alianza.
Y mientras el sol de Provenza brillaba indiferente, dos personas decidieron dejar de correr.
Y empezar a cazar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com