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Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 42

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  4. Capítulo 42 - Capítulo 42: Consecuencias y Decisiones
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Capítulo 42: Consecuencias y Decisiones

Valentina despertó con olor a lavanda y pan recién horneado.

Por un segundo—frágil, desorientador—no supo dónde estaba.

Luego lo recordó.

Provenza. La finca de Eric. El viaje nocturno huyendo del caos parisino.

Abrió los ojos.

Sol de mediodía entrando por ventanas con postigos azules.

¿Mediodía?

Se incorporó bruscamente. La ropa arrugada pegándose a su piel. Todavía llevaba los jeans y la blusa del día anterior.

No se había duchado. No se había cambiado. Solo había caído como árbol talado.

El teléfono en la mesa de noche mostraba: 11:47 AM.

Mierda. Dormí casi ocho horas.

Se levantó con piernas que protestaban. Caminó hacia la ventana.

Los viñedos se extendían bajo luz dorada que no tenía nada que ver con el gris urbano de París.

Aquí todo era… diferente.

No había sirenas. No había tráfico. No había gritos.

Solo cigarras cantando canciones que probablemente tenían mil años.

Y silencio.

Un silencio tan profundo que hacía ruido en sus oídos acostumbrados al caos.

O sea, güey, ¿así se siente la paz? Porque es incómoda.

Golpe suave en la puerta.

—Mademoiselle, ¿está despierta?

Marie. Con voz que sonaba a abuela preocupada.

—Sí, pase.

La mujer mayor entró con bandeja. Café con leche. Croissants. Mermelada de higo.

—Monsieur Karim dijo que no la despertáramos. Que necesitaba descansar.

Claro. Porque Karim controlaba hasta sus horas de sueño.

Pero esta vez… esta vez probablemente tenía razón.

—Gracias, Marie. ¿Dónde está Karim?

—En la biblioteca. Con su computadora y sus teléfonos. Lleva despierto desde las seis.

Por supuesto. Porque ese hombre funciona con cafeína pura y fuerza de voluntad.

—¿Y Eric?

—En los viñedos. Donde siempre está cuando necesita pensar.

Marie dejó la bandeja. Vaciló en la puerta.

—¿Sí?

—Monsieur Karim recibió llamada importante hace una hora. Sobre su hermana. Dijo que usted querría saber inmediatamente cuando despertara.

El estómago se contrajo.

—¿Mónica está bien?

—No lo sé, mademoiselle. Solo sé que era de Suiza.

Valentina no esperó más explicaciones.

Bajó las escaleras todavía con la ropa del día anterior. El cabello como nido de pájaros.

Encontró a Karim exactamente donde Marie dijo.

La biblioteca era cuarto pequeño con paredes forradas de libros viejos. Karim había convertido el escritorio antiguo en centro de operaciones.

Tres laptops. Dos teléfonos. Mapas en una pantalla.

Levantó la vista cuando ella entró.

La expresión aliviándose marginalmente.

—Buenos días, habibti. ¿Dormiste bien?

—Marie dijo que hubo llamada sobre Mónica.

Directo al punto. Sin cortesías.

Karim cerró una laptop. Le dio toda su atención.

—Dr. Mueller. De la clínica en Zúrich donde la tenemos.

—¿Está bien?

—Físicamente sí. Emocionalmente… el doctor dice que necesita más tiempo del que anticipamos.

—¿Cuánto más?

—Seis semanas. Mínimo.

—¿Seis semanas? Dijiste que serían dos.

—Eso fue estimación inicial. Pero el trauma del secuestro es más profundo de lo que aparenta. Tiene episodios de pánico nocturno. Flashbacks violentos. Si no se trata adecuadamente ahora, puede convertirse en PTSD crónico.

Valentina se dejó caer en silla frente al escritorio.

O sea, güey, Santi no solo la secuestró. Le rompió algo adentro.

—Quiero hablar con ella.

—Esperaba que dijeras eso.

Karim marcó número. Puso en altavoz.

Tres tonos. Luego voz profesional en inglés.

—Dr. Mueller.

—Doctor, soy Karim Al-Fayed. Tengo a la hermana de la paciente aquí. Valentina García. ¿Es posible hablar con Mónica?

—Normalmente esperaríamos veinticuatro horas más para permitir que se estabilice en el nuevo ambiente. Pero dado que es familia directa… un momento.

Sonidos de pasos. Puerta abriéndose.

Luego voz que Valentina conocía desde siempre.

—¿Val?

Las lágrimas llegaron sin permiso.

—Hermanita. ¿Cómo estás realmente?

—Viva. Asustada. Este lugar es como spa de lujo para gente rota.

Risa breve sin humor.

—Los doctores son amables. La comida es buena. Y puedo dormir sin soñar que Santi entra por la ventana. Bueno, casi.

—El doctor dice que quieren que te quedes seis semanas.

Silencio largo.

—¿Tú qué opinas?

—Opino que si necesitas tiempo para sanar, lo tomas. Sin culpa. Sin prisa.

—¿Y tú? ¿Vas a quedarte escondida también?

La pregunta cortó como vidrio.

—No estoy escondida.

—¿No? Porque Karim me dijo que estás en “lugar seguro lejos de la acción”.

Valentina miró a Karim con mezcla de furia y sorpresa.

Él sostuvo la mirada. Sin disculparse.

—Es temporal, Mónica. Solo hasta que neutralicemos la amenaza.

—Val, escúchame bien. Pasé tres días atada a silla mientras ese psicópata decidía si valía más viva o muerta. Y aprendí algo.

Pausa.

—La diferencia entre víctima y sobreviviente no es quién te rescata. Es qué haces después del rescate.

Las palabras cayeron como piedras en agua quieta.

—No dejes que te encierren. Ya corriste suficiente. Ahora pelea. Pero pelea en tus términos. No en los de Karim. No en los de Santi. En los tuyos.

—¿Y si no sé cuáles son mis términos?

—Entonces usa estas seis semanas en descubrirlos. Porque yo voy a usar las mías en pegar los pedazos que Santi rompió. Y cuando ambas salgamos de nuestros respectivos encierros, vamos a ser versiones que ellos no anticiparon.

La voz se quebró ligeramente en la última frase.

Pero firme debajo de la grieta.

—Prométeme algo.

—Lo que sea.

—Prométeme que cuando nos volvamos a ver, no será como víctimas comparando cicatrices. Será como mujeres que sobrevivieron y eligieron qué hacer con esa sobrevivencia.

Valentina tragó el nudo en su garganta.

—Te lo prometo.

—Bien. Ahora ve a donde sea que estés. Descansa. Piensa. Y cuando estés lista, destruye a ese cabrón en tus términos.

—Lo haré.

—Te amo, hermanita.

—Yo también.

La llamada terminó.

Valentina se quedó mirando el teléfono oscuro.

Las palabras de Mónica resonando más fuerte que cualquier consejo que Karim hubiera dado.

“La diferencia entre víctima y sobreviviente es qué haces después del rescate.”

Karim rompió el silencio.

—Tu hermana es más fuerte de lo que pensé.

—Siempre lo fue. Yo solo estaba demasiado ocupada huyendo para notarlo.

Se levantó. La decisión cristalizándose mientras hablaba.

—No vine aquí a esconderme.

—Valentina…

—No. Escucha. Mónica tiene razón. Ya corrí suficiente. Ya hui suficiente. Ya pasé meses siendo perseguida como animal.

Caminó hacia la ventana. Los viñedos brillando bajo sol francés.

—Vine a Provenza porque necesitaba respirar. Pero respirar no es lo mismo que esconderse. Y definitivamente no es lo mismo que rendirse.

Se giró.

—Quiero usar estas semanas para prepararme. No para huir. No para esperar que tú resuelvas todo mientras yo tiemblo en cuarto seguro.

—¿Qué propones?

—Propongo que trabajemos juntos. Como socios. No como salvador y salvada.

Pausa.

—Tienes recursos. Yo tengo los documentos que pueden destruir a Santi. Combinamos ambos. Planeamos estrategia que no sea reactiva. Que sea ofensiva.

Karim se reclinó. Procesando.

—Estás hablando de carnada.

—Estoy hablando de estrategia. Santi está escondido ahora. Silencioso. Eso nos da ventana.

—Ventana para qué.

—Para convertir Provenza en trampa en lugar de refugio. Para usar el tiempo que Mónica sana y yo respiro para planear operación que termine esto. De una vez por todas.

Algo brilló en los ojos de Karim.

Respeto. Admiración. Algo nuevo.

—¿Quieres ser cazadora en lugar de presa?

—Exactamente.

—Eso es peligroso.

—Más peligroso es seguir corriendo. Eventualmente me alcanzará. Mejor que sea en terreno que yo elijo.

Karim se levantó. Caminó hacia ella.

Se paró tan cerca que Valentina podía ver las líneas finas alrededor de sus ojos.

—Si hacemos esto, lo hacemos bajo mis términos tácticos. Pero como socios. No como jefe y subordinada.

—Acepto esos términos.

—Y si en algún momento veo que el riesgo supera el beneficio, tengo derecho a vetar.

—Acepto. Pero con condición.

—¿Cuál?

—Que si vetas, me das razones lógicas. No “porque me preocupo por ti” o “porque lo digo yo”. Razones tácticas que pueda evaluar.

Extendió la mano.

—¿Trato?

Karim miró la mano. Luego su rostro.

Finalmente la tomó.

—Trato.

El apretón duró más de lo necesario.

—Esto cambia todo —dijo él.

—Bien. Porque lo anterior no estaba funcionando.

—¿Lo anterior qué?

—Tú controlando. Yo obedeciendo. Esa dinámica murió en París cuando Santi escapó.

Lo soltó. Pero mantuvo la mirada.

—Ahora somos equipo. Iguales. O no somos nada.

—Nunca fuimos nada —dijo Karim suavemente—. Siempre fuimos todo. Solo que mal etiquetado.

El teléfono de Valentina vibró.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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