Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 43
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Capítulo 43: La Pausa Antes del Movimiento
Mensaje.
Número costarricense.
Su mamá.
“Mija, Mónica no contesta hace días. Los guardias dicen que está bien pero no me dan detalles. ¿Qué está pasando?”
Mierda.
Nadie le había dicho a su mamá sobre el secuestro. Sobre Suiza. Sobre nada.
Marcó inmediatamente.
—¿Mamá?
—Valentina, gracias a Dios. ¿Dónde está tu hermana? ¿Por qué no contesta mis llamadas?
—Está… está bien, ma. Está en tratamiento. Voluntario. En Suiza.
—¿Tratamiento de qué?
La mentira se formó automáticamente.
Pero Valentina la detuvo.
No más mentiras. No más proteger a todos escondiendo la verdad.
—Mamá, necesito contarte algo. Y va a asustarte. Pero necesito que escuches todo antes de reaccionar.
Silencio tenso.
—Estoy escuchando.
Y Valentina le contó. Todo.
El secuestro. El rescate. Suiza. Por qué seis semanas.
Su mamá lloró. Gritó. Maldijo a Santi con creatividad que Valentina no sabía que poseía.
Pero cuando el llanto se calmó, dijo algo inesperado.
—¿Y tú? ¿Cuándo vas a dejar de correr?
—Ya lo hice, ma. Hoy. Esta mañana.
—Bien. Porque ese hombre te ha perseguido suficiente. Es hora de que tú lo persigas a él.
—Eso es exactamente lo que planeo hacer.
—Entonces ten cuidado. Pero no tanto que te paralice. Tu abuela siempre decía: “Mujer que no se defiende, se convierte en alfombra.”
A pesar de todo, Valentina sonrió.
—La extraño.
—Ella estaría orgullosa de ti. De que finalmente dejaste de huir.
Colgaron con promesa de llamadas diarias.
Cuando Valentina levantó la vista, Karim estaba revisando uno de sus teléfonos.
La expresión tensándose progresivamente.
—¿Qué pasó?
—Dubai. Crisis en la construcción del proyecto Al-Maktoum. Uno de los contratistas principales amenaza con retirarse si no renegocia personalmente.
—¿Qué tan grave?
—Quinientos millones de dólares en riesgo si el proyecto se retrasa. Mi padre está exigiendo que vuele inmediatamente.
Guardó el teléfono. La frustración visible.
—Necesito estar allá mañana temprano. Tres días mínimo. Probablemente cinco.
Valentina sintió algo extraño en el pecho.
No era miedo de quedarse sola.
Era… alivio.
Porque por primera vez en meses, tendría espacio para respirar sin guardaespaldas invisible.
—Ve.
—Valentina…
—No. En serio. Ve. Resuelve tu crisis. Yo estaré bien aquí.
—No me gusta dejarte.
—Lo sé. Pero parte de tratarme como socia es confiar en que puedo manejar tres días sin ti.
Karim la estudió.
—Eric estará aquí.
—Lo sé.
—Y eso me preocupa más que dejarte sola.
—¿Por qué? ¿Crees que voy a escaparme con él en cinco días?
—No. Pero creo que en cinco días vas a descubrir qué se siente vivir sin mi protección constante. Y tengo miedo de que te guste demasiado.
La honestidad la desarmó.
—Karim…
—No tienes que decir nada. Solo… prométeme que seguirás aquí cuando regrese.
—¿Físicamente o emocionalmente?
—Ambas.
Valentina caminó hacia él. Le tomó el rostro entre las manos.
—Voy a estar aquí. Porque elegí quedarme. No porque no tenga opciones. Sino porque quiero ver a dónde llega esto entre nosotros.
Lo besó. Breve pero intenso.
—Ahora ve a empacar. Y deja de tratar de controlar variables que no puedes controlar.
—Eso es pedirme que deje de respirar.
—Entonces practica contener la respiración.
A pesar de todo, Karim sonrió.
—Eres imposible.
—Y tú eres obsesivo. Somos pareja perfecta.
Karim subió a preparar su viaje.
Valentina se quedó en la biblioteca. Mirando las pantallas que él había dejado abiertas.
Mapas. Fotos de Santi. Documentos financieros.
La obsesión de un hombre que no sabía cómo amar sin controlar.
Pero que estaba tratando de aprender.
Por ella.
El teléfono vibró.
Mensaje de Eric.
“Escuché que el faraón se va. ¿Café en el viñedo cuando quieras procesar eso? No presiono. Solo ofrezco. -E”
Valentina miró el mensaje.
Luego las pantallas de Karim.
Dos mundos. Dos hombres. Dos futuros posibles.
Respondió.
“Dame una hora. Necesito ducharme primero. Y preparme mentalmente para tus preguntas existenciales sobre libertad. -V”
“Mis preguntas existenciales son mi mejor cualidad. Te espero con el café menos filosófico que pueda preparar. -E”
Sonrió a pesar de todo.
Subió a ducharse. El agua caliente lavando el polvo de París de su piel.
Cuando bajó—limpia, vestida con jeans y blusa simple—Karim esperaba en el vestíbulo.
Con maleta pequeña y expresión de hombre preparándose para guerra interna.
—El coche llega en veinte minutos. Vuelo sale a las seis.
—¿Llegas a Dubai cuándo?
—Mañana a las diez AM hora local. Primera reunión a mediodía.
Pausa.
—Te voy a llamar. Probablemente demasiado.
—Espero nada menos.
Se acercó. Le tomó las manos.
—Valentina, necesito que entiendas algo.
—¿Qué?
—Confío en ti. Completamente. Pero no confío en el mundo. No confío en que Santi se quede quieto. No confío en que cinco días pasen sin incidente.
—Lo sé.
—Entonces por favor. No tomes riesgos innecesarios. No salgas de la propiedad sin Eric. Y si algo—cualquier cosa—se siente mal, llamas a mi equipo de seguridad inmediatamente.
—¿Tienes equipo de seguridad que no conozco?
—Dos hombres. Posicionados en el perímetro. No los verás pero están ahí.
Por supuesto.
Porque Karim no podía simplemente confiar.
Necesitaba controlar.
Pero esta vez, en lugar de frustrarse, Valentina entendió.
No era sobre controlarla a ella.
Era sobre controlar su propio miedo de perderla.
—Está bien. Acepto los guardias invisibles. Pero solo porque sé que sin ellos no vas a poder concentrarte en tu reunión.
—Gracias.
La besó. Largo. Desesperado.
Como si fuera despedida en lugar de separación de cinco días.
Cuando se separaron, ambos respiraban irregular.
—No hagas nada estúpido —dijo él.
—Define estúpido.
—Cualquier cosa que empiece con “Eric y yo pensamos que sería buena idea.”
A pesar de todo, rio.
—Sin promesas.
El coche llegó. Mercedes negro con chofer que no habló.
Karim subió. La ventana bajándose.
—Cinco días. Máximo.
—Estaré aquí.
—Lo sé. Es lo único que me mantiene cuerdo.
El coche arrancó. Desapareció por el camino de tierra entre viñedos.
Valentina se quedó parada. Viendo el polvo asentarse.
Y sintió algo que no había sentido en meses.
Libertad.
No absoluta. No sin complicaciones.
Pero real.
Por primera vez desde que conoció a Karim, no había nadie diciéndole qué hacer. Dónde ir. Cómo estar segura.
Solo ella. Y cinco días. Y viñedos que se extendían hasta horizonte.
—¿Lista para ese café?
Eric apareció desde el jardín lateral.
Con jeans sucios de tierra y camisa de lino arrugada.
El contraste con Karim—perfectamente vestido incluso para viaje de emergencia—era absoluto.
—Lista. Pero con condición.
—¿Cuál?
—Nada de “te lo dije” sobre Karim siendo controlador. Ya lo sé. Ya lo estamos trabajando.
—Trato. Pero reservo derecho a “te lo dije” sobre otros temas.
—¿Qué otros temas?
—Ya veremos. Ven. El café se enfría y yo tengo viñas que necesitan poda.
Caminaron hacia los campos.
Y mientras el sol de Provenza calentaba su espalda, Valentina sintió algo
instalándose en su pecho.
No era paz.
Todavía no.
Pero era pausa.
Y después de meses de correr, una pausa era exactamente lo que necesitaba.
Para descubrir quién era cuando nadie la perseguía.
Y qué quería cuando finalmente pudiera elegir.
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