Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 47
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Capítulo 47: El Regreso del Guerrero
Valentina despertó con luz gris de amanecer y olor a café recién hecho.
Por un segundo olvidó dónde estaba.
Luego recordó.
El ataque de pánico. Eric en el piso. Quedarse dormida en el sofá.
Se incorporó. La manta todavía cubriéndola.
Eric no estaba en el sillón.
Pero su libro seguía ahí. Marcado con página doblada.
Voces venían de la cocina.
Una era Marie.
La otra…
El estómago se contrajo.
Karim.
Se levantó rápido. Demasiado rápido.
El mareo la golpeó pero lo ignoró.
Caminó descalza hacia la cocina.
Y ahí estaba.
Karim Al-Fayed.
De pie junto a la isla de la cocina.
Traje gris oscuro perfectamente cortado a pesar de haber viajado toda la noche.
Pero había señales.
El cabello no estaba perfectamente peinado. La barba de dos días que normalmente nunca permitía. Las ojeras apenas visibles.
Y el olor.
No su oud habitual.
Sino mezcla de jet fuel, aire reciclado de cabina, y estrés condensado.
Sus ojos la encontraron inmediatamente.
La recorrieron de arriba abajo.
Evaluando. Buscando daño visible.
—Buenos días, habibti.
La voz era controlada.
Demasiado controlada.
—Karim. Llegaste temprano.
—Terminé la negociación anoche. Tomé vuelo de medianoche.
Pausa.
—Mis hombres reportaron… actividad inusual a las tres AM. Quise verificar personalmente.
Por supuesto.
Porque los guardias invisibles habían visto algo.
Reportado algo.
Y Karim había saltado en avión inmediatamente.
—Tuve ataque de pánico. Eric me ayudó. Nada más.
—Lo sé.
Dejó la taza de café que Marie le había servido.
—Por eso estoy aquí. No para acusar. Para asegurarme de que estés bien.
Caminó hacia ella.
Lento. Deliberado.
Como depredador que no quiere asustar a presa.
Cuando llegó frente a ella, levantó la mano.
Tocó su mejilla con gentileza que contrastaba con la tensión en su mandíbula.
—¿Estás bien?
—Estoy bien.
—Mentirosa.
Pero lo dijo sin veneno.
Solo observación factual.
—Tuviste pesadilla sobre Mónica. Bajaste sola. Eric te encontró.
No era pregunta.
—Tus guardias son muy eficientes.
—Son pagados para ser eficientes.
La mano todavía en su mejilla.
El pulgar trazando círculo pequeño.
—¿Por qué no me llamaste?
—Eran las tres de la mañana. Estabas en Dubai.
—Me habrías despertado. Habría… habría estado ahí. Por teléfono al menos.
Algo en su voz se quebró ligeramente.
—No necesitabas manejarlo sola.
—Pero lo hice.
—Con Eric.
Ahí estaba.
El verdadero problema.
No que tuvo ataque de pánico.
Sino que fue Eric quien estuvo ahí.
—Sí. Con Eric. Porque él estaba aquí. Y tú no.
—Lo sé.
Dejó caer la mano.
Dio paso atrás.
—Y no te culpo. Pero eso no significa que me guste.
—¿Qué específicamente no te gusta?
La pregunta salió más desafiante de lo que pretendía.
Karim la estudió.
—No me gusta que él te conozca de formas que yo no. Que pueda sentarse contigo en silencio y eso sea suficiente. Que no necesites mis soluciones. Solo su presencia.
Honestidad brutal.
Como siempre.
—Karim…
—No tienes que explicar. Entiendo intelectualmente que diferentes personas ofrecen diferentes cosas. Pero emocionalmente…
Se pasó la mano por el cabello.
Deshaciéndolo completamente.
—Emocionalmente quiero ser único que necesitas. Para todo. Y sé que eso es imposible y probablemente no sano. Pero es lo que siento.
Marie apareció silenciosamente.
Dejó segundo café en la isla.
Desapareció igual de silenciosamente.
Valentina tomó la taza.
Necesitaba hacer algo con las manos.
—¿Dónde está Eric ahora?
—En los viñedos. Salió temprano.
—¿Sabía que yo llegaba?
—Probablemente. Marie tiene radar para drama inminente.
A pesar de la tensión, Karim casi sonrió.
—Entonces fue discreto al desaparecer.
—Él es muchas cosas. Pero no es idiota.
Bebieron café en silencio tenso.
—¿Cuánto tiempo te quedas? —preguntó Valentina.
—Depende.
—¿De qué?
—De ti.
La miró directamente.
—Vine porque necesitaba verte. Verificar que estuvieras bien. Pero también porque… porque han sido cuatro días y te extraño de forma que hace difícil concentrarme en negociaciones de medio billón de dólares.
Dejó su taza.
—Pero si necesitas más tiempo. Más espacio. Puedo irme otra vez. Solo necesito saber.
Valentina procesó eso.
Este hombre que había volado toda la noche. Que olía a agotamiento y obsesión.
Que estaba ofreciendo irse si ella lo pedía.
Aunque claramente lo mataría hacerlo.
—Quédate.
—¿Estás segura?
—No. Pero quédate de todos modos.
Algo se relajó en los hombros de Karim.
—Está bien.
Pausa.
—Pero necesito ducharme. Y dormir tres horas. Y entonces podemos tener conversación que prometiste.
—La conversación sobre nosotros.
—Sí. Esa.
Se acercó otra vez.
Esta vez la besó.
No posesivo.
No demandante.
Solo… necesitado.
Como hombre que había estado conteniendo respiración y finalmente podía exhalar.
Cuando se separaron, Valentina podía saborear el cansancio en él.
—Ve. Duerme. Hablamos después.
—¿Promesa?
—Promesa.
Karim subió las escaleras.
Sus pasos pesados con jet lag y tensión emocional.
Valentina se quedó en la cocina.
Mirando su café como si contuviera respuestas.
La puerta lateral se abrió.
Eric.
Con jeans sucios de tierra y expresión cuidadosamente neutral.
—Escuché que el faraón regresó.
—Hace una hora.
—¿Todo bien?
—Define bien.
Eric se sirvió café.
Se recargó contra el contador.
Manteniendo distancia física deliberada.
—¿Sabe sobre anoche?
—Sus guardias le reportaron todo.
—Por supuesto. Porque privacidad es concepto extranjero para hombres con recursos ilimitados.
Pero lo dijo sin veneno real.
Solo cansancio.
—¿Está enojado?
—No enojado. Celoso. Hay diferencia.
Eric tomó sorbo largo.
—¿Y tú? ¿Cómo te sientes con su regreso temprano?
—Aliviada. Asustada. Confundida.
—Suena preciso.
Dejó la taza.
—Valentina, necesito decirte algo. Y luego me voy a hacer escaso por unos días.
—¿Qué?
—Necesitas espacio con él. Sin mi presencia complicando las cosas. Marie te cuidará. Los viñedos sobrevivirán sin mí dos días.
—Eric, no tienes que…
—Sí tengo. Porque soy muchas cosas pero no soy obstáculo deliberado entre dos personas tratando de descubrir si pueden funcionar.
Caminó hacia la puerta.
Se detuvo en el umbral.
—Pero Valentina. Cuando tengan esa conversación. La honesta. Acuérdate de algo.
—¿Qué?
—Que amor no es suficiente si te hace pequeña. Y seguridad no es suficiente si te hace prisionera.
Pausa.
—Elige lo que te haga crecer. Incluso si asusta.
Salió antes de que ella pudiera responder.
Dejándola sola con dos tazas de café.
Un hombre dormido arriba que la amaba de forma que sofocaba.
Y otro desapareciendo en viñedos que la amaba de forma que liberaba.
Y ella, parada en cocina antigua, tratando de descubrir cuál amor necesitaba.
O si necesitaba amor completamente diferente.
El que todavía no sabía cómo nombrar.
El amor propio.
Subió las escaleras.
Pasó por la habitación de Karim.
Escuchó agua de ducha corriendo.
Continuó a la suya.
Porque antes de tener conversación honesta con él.
Necesitaba tener conversación honesta consigo misma.
Y esa, descubrió, era la más aterradora de todas.
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