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Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 49

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Capítulo 49: La Tormenta

Valentina despertó a las 2:34 AM con el sonido de lluvia golpeando las ventanas.

No lluvia suave.

Diluvio.

Como si el cielo hubiera guardado agua durante meses y decidido soltarla toda de golpe.

Los truenos sacudían la casa.

Vibraciones que sentía en el pecho.

Se levantó. Caminó hacia la ventana.

El mundo afuera era caos líquido.

Los viñedos invisibles bajo cortina de agua.

Los relámpagos iluminando todo en flashes estroboscópicos.

Hermoso. Violento. Primario.

Golpe en su puerta.

Suave pero urgente.

—¿Valentina? ¿Estás bien?

Karim.

Por supuesto.

Porque el hombre tenía radar para cuando ella estaba despierta.

Abrió la puerta.

Él estaba en pants de pijama y camiseta simple.

Cabello despeinado. Ojos alertas.

—Las tormentas de Provenza pueden ser violentas. Quería asegurarme…

Otro trueno. Tan cerca que la casa se estremeció.

Las luces parpadearon.

Se apagaron.

Oscuridad total.

—Mierda.

La voz de Karim cortando el negro absoluto.

—Generador debería activarse en…

Nada.

Silencio excepto por la tormenta.

—Quédate aquí. Voy por linternas.

—No te vayas.

Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.

Karim se congeló.

—¿Qué?

—Quédate. Por favor.

No podía verlo. Pero sintió su sorpresa.

—Valentina…

—Solo quédate.

Escuchó sus pasos. Acercándose.

Manos encontrando su rostro en la oscuridad.

—No tengo miedo de la tormenta—dijo ella contra su palma—. Tengo miedo de nosotros.

—Yo también.

La besó.

Suave primero. Preguntando permiso.

Ella respondió. Más urgente.

Meses de tensión. Semanas de separación. Días de incertidumbre.

Todo colapsando en ese beso.

Karim la levantó. Ella envolvió las piernas alrededor de su cintura.

Él caminó hacia la cama con memoria muscular.

La depositó sobre sábanas que olían a lavanda.

Otro relámpago. Iluminándolos por segundo.

Suficiente para ver sus ojos.

Oscuros. Hambrientos. Pero esperando.

—¿Estás segura?

—No. Pero hazlo de todos modos.

—No es broma, Valentina. Si hacemos esto ahora, todo cambia.

—Ya todo cambió.

Las manos de ella encontraron su camisa. Jalando.

Él se la quitó en movimiento fluido.

La piel contra piel era fuego.

Karim se tomó su tiempo.

Besando cada cicatriz. Cada marca que Santi había dejado.

Como si pudiera borrarlas con su boca.

—Eres hermosa.

—Estoy rota.

—Eres sobreviviente. Hay diferencia.

La ropa desapareció.

Despacio primero. Luego frenético.

Hasta que no había nada entre ellos.

Solo piel. Respiración. Latidos sincronizados.

Karim se detuvo. Frente en su frente.

—Necesito que entiendas algo.

—¿Qué?

—Que esto no es solo sexo para mí. Nunca lo fue. Nunca lo será.

—Lo sé.

—¿Y tú? ¿Qué es esto para ti?

Valentina pensó.

Honestamente.

—Es rendición. Y elección. Simultáneamente.

—No entiendo.

—Me rindo a que te amo. Pero elijo cómo amarte. En mis términos.

Karim la penetró lento.

Mirándola a los ojos a pesar de la oscuridad.

Como si pudiera verla por pura fuerza de voluntad.

Valentina jadeó. No de dolor.

De algo más profundo.

Reconocimiento.

Su cuerpo recordando al de él.

Como si hubieran hecho esto mil veces antes.

En vidas anteriores.

Encontraron ritmo.

Lento al principio. Aprendiendo otra vez.

Luego más urgente.

La tormenta afuera marcando el tempo.

Truenos como percusión.

Lluvia como sinfonía.

—Mírame—ordenó Karim.

Ella obedeció.

—No cierres los ojos. Necesito que estés aquí. Completamente.

—Estoy aquí.

—¿Estás? ¿O estás pensando en él?

La honestidad brutal incluso ahora.

—Solo pienso en ti.

—Júralo.

—Te lo juro.

Karim aceleró. Más profundo.

La mano encontrando su centro. Círculos precisos.

Porque el hombre era perfeccionista en todo.

Incluido esto.

—Ven para mí, habibti. Déjame sentirte.

Valentina se quebró.

El orgasmo llegando como ola.

Arrastrándola bajo.

Ahogándola en sensación.

Gritó su nombre.

No performance. No actuación.

Genuino. Arrancado de algún lugar primitivo.

Karim la siguió.

Temblando. Vulnerable de formas que nunca mostraba.

—Te amo—susurró contra su cuello—. Dios, te amo tanto que no sé cómo existir sin ti.

Las lágrimas de Valentina cayeron.

Mezclándose con sudor.

—Yo también.

Se quedaron así.

Entrelazados. Respirando juntos.

El mundo reduciéndose a esa cama.

Esa habitación.

Ese momento.

Eventualmente, Karim rodó.

Llevándola con él.

Ella sobre su pecho.

Su mano trazando círculos en su espalda.

—¿Valentina?

—¿Sí?

—Tengo miedo.

La admisión la sorprendió.

—¿De qué?

—De que esto haya sido despedida. No nuevo comienzo.

Ella levantó la cabeza.

No podía verlo. Pero sentía su tensión.

—¿Por qué pensarías eso?

—Porque mañana vas a despertar. Y vas a recordar por qué estábamos separados. Y todos los documentos del mundo no cambiarán el hecho de que soy hombre que necesita controlar.

—Karim…

—No. Déjame terminar. He estado en terapia tres meses. Aprendí palabras nuevas. Conceptos sobre “espacio” y “autonomía”. Pero decir que cambié es fácil.

Pausa.

—Vivir el cambio es lo difícil. Y tengo miedo de que un día—pronto—voy a fallar. Voy a volver a mis patrones. Y tú vas a darte cuenta de que mereces mejor.

Valentina se sentó.

A horcajadas sobre él.

Manos en su pecho.

—Mírame.

—No puedo verte.

—Entonces escúchame.

Respiró profundo.

—No te elegí porque eres perfecto. Te elegí porque eres real. Y sí, vas a fallar. Yo también voy a fallar. Voy a correr cuando debería quedarme. Voy a pelear cuando debería hablar.

Pausa.

—Pero la diferencia entre nosotros y las veces anteriores es que ahora lo sabemos. Y podemos decidir qué hacer cuando falle.

—¿Y qué haremos?

—Hablaremos. Pelearemos si necesario. Pero no huiremos.

Karim se incorporó.

Envolviéndola en sus brazos.

—Prométeme algo.

—Lo que sea.

—Que si algún día sientes que te estoy enjaulando otra vez, me lo dirás. Directamente. No esperarás a que sea insoportable.

—Te lo prometo. Pero tú prométeme algo también.

—¿Qué?

—Que cuando te lo diga, no lo tomarás como ataque. Sino como información que necesitas para ser mejor pareja.

—Es difícil no ser defensivo.

—Lo sé. Pero inténtalo.

Se besaron.

Sellando promesas que probablemente romperían.

Pero intentarían mantener.

La tormenta empezaba a ceder.

Lluvia disminuyendo a llovizna.

Truenos distanciándose.

Las luces parpadearon.

Regresaron.

Iluminando la habitación en resplandor amarillo.

Valentina parpadeó. Ajustándose.

Karim la miraba con expresión que nunca había visto.

No posesiva. No calculadora.

Simplemente… feliz.

—¿Qué?

—Nada. Solo… grabando esto. Por si acaso.

—¿Por si acaso qué?

—Por si acaso es lo más feliz que seré en mi vida.

—Dramático.

—Realista.

Ella rodó los ojos. Pero sonrió.

Se acurrucó contra él.

La cabeza en su pecho.

Escuchando su corazón.

Constante. Fuerte.

—Karim.

—¿Sí?

—Sobre Eric…

Lo sintió tensarse.

—No necesitas explicar.

—Sí necesito. Porque no puedo estar contigo con secretos.

Respiró profundo.

—Lo amo. Pero no de la forma que te amo a ti.

—¿Cuál es la diferencia?

—Eric me hace sentir paz. Tú me haces sentir viva.

—No estoy seguro de que eso sea cumplido.

—Lo es. Porque después de años sintiendo nada, vivir—aunque duela—es regalo.

Karim besó su cabeza.

—¿Y si pudieras tener ambas? Paz y fuego.

—Entonces sería persona diferente. Y tú serías hombre diferente. Y probablemente nos aburriríamos mutuamente.

A pesar de todo, él rio.

—Tienes punto.

Se quedaron así hasta que el amanecer empezó a pintar el cielo.

Sin dormir.

Solo existiendo.

En burbuja fuera del tiempo.

Sabiendo que mañana traería complicaciones.

Conversaciones difíciles.

Eric esperando respuestas.

El mundo exterior presionando.

Pero por ahora.

En cama antigua en Provenza.

Después de tormenta que sacudió la tierra.

Eran solo dos personas.

Que habían elegido intentar.

Incluso si probablemente fracasarían.

Porque el amor—el real—no era sobre garantías.

Era sobre decidir que el riesgo valía la pena.

Día tras día.

Falla tras falla.

Hasta que o funcionaba.

O los destruía intentándolo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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