Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 67
- Inicio
- Todas las novelas
- Novia Fugitiva busca venganza
- Capítulo 67 - Capítulo 67: La Filtración (Parte 1)
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 67: La Filtración (Parte 1)
EL CAIRO SEIS DÍAS DESPUÉS DE LA PROPUESTA
Valentina trazó línea en el papel.
Luego otra.
El diseño tomaba forma bajo sus dedos.
Vestido asimétrico. Corte diagonal. Tela que fluiría como agua pero con estructura de armadura.
Contradicción deliberada.
Como ella.
El cuarto contiguo a su suite había sido transformado.
Karim cumplió.
Tres días después de “pensarlo”.
Apareció con mesa de diseño profesional, maniquíes, telas de muestra.
Y disculpa tácita en forma de espacio.
El sol de la tarde entraba por ventanas enormes.
Luz perfecta.
Luz que no había tenido en México.
Donde diseñaba en cuarto oscuro con lámpara barata.
Ahora tenía esto.
Y el anillo en su dedo brillaba cada vez que movía la mano.
Recordatorio constante.
De lo que había elegido.
De lo que había ganado.
De lo que esperaba no perder.
Tocaron la puerta.
—Adelante.
Karim entró con bandeja.
Té de menta. Dátiles. Fruta cortada.
—Llevas cuatro horas aquí. Necesitas comer.
—Estoy trabajando.
—Lo sé. Por eso traje comida que no requiere cubiertos.
Dejó la bandeja.
Se acercó a ver sus bocetos.
—Este es diferente.
—¿Diferente cómo?
—Más violento. En buen sentido.
Señaló los cortes angulares.
—Como si la tela estuviera atacando.
—O defendiéndose.
—También.
Besó su cabeza.
—Cena familiar a las ocho. Mi padre insiste.
El estómago se contrajo.
—¿Toda la familia?
—No. Solo círculo interno. Mis padres. Dos tíos. Las primas se salvaron de invitación.
—Qué considerado.
—Puedo cancelar si quieres.
Valentina consideró.
La tentación de decir que sí.
De quedarse en su cuarto de diseño.
Pero había elegido esto.
La familia. El imperio. Todo el paquete.
—No. Voy.
—¿Segura?
—Nunca. Pero voy de todos modos.
Karim sonrió.
—Esa es mi prometida.
Salió.
Cerrando suavemente.
Valentina tomó dátil.
Lo masticó sin saborearlo.
Mirando sus diseños.
Preguntándose si algún día podría mostrarlos al mundo.
O si siempre serían secreto bonito.
Guardado en cuarto con llave.
Como ella misma.
DOHA, QATAR MISMO DÍA, TARDE
Rashid Al-Mansouri abrió el email por tercera vez.
Periodista de investigación con quince años en Al Jazeera.
Había visto de todo.
Corrupción. Tráfico. Escándalos que derrumbaron gobiernos.
Pero esto…
Esto era diferente.
El remitente era anónimo.
Servidor proxy. Imposible de rastrear.
Pero los documentos adjuntos eran oro puro.
Manifiestos de carga.
Transferencias bancarias.
Comunicaciones encriptadas.
Todo apuntando a una cosa:
Al-Fayed Corporation moviendo armas por el Canal de Suez.
No cualquier armas.
Sistemas antiaéreos. Misiles guiados. Munición militar.
Vendiéndolas a grupos en Libia. Yemen. Siria.
Zonas de conflicto donde esas armas mataban civiles.
Karim Al-Fayed.
El heredero perfecto.
El príncipe de los negocios.
Traficante de muerte.
Si era verdad.
Porque Rashid no publicaba sin verificar.
Había visto demasiados documentos falsos.
Demasiadas campañas de desprestigio.
Demasiadas mentiras envueltas en PDFs profesionales.
Marcó a su contacto en Dubai.
Analista forense de documentos.
—Mahmoud. Necesito que revises algo.
—¿Qué tan urgente?
—Muy. Estamos hablando de Al-Fayed.
Silencio al otro lado.
—¿Tarek o Karim?
—Karim.
—Te envío cotización.
—Mahmoud, esto es…
—Lo sé. Por eso necesito cotización firmada antes de tocar cualquier cosa relacionada con esa familia.
Rashid entendió.
Los Al-Fayed tenían poder.
Dinero. Conexiones. Abogados que destruían vidas.
—Te la envío en una hora.
Colgó.
Miró los documentos otra vez.
Si eran reales…
Si podía probarlos…
Esta sería la historia de su carrera.
O su funeral profesional.
Dependiendo de qué tan bien hiciera su trabajo.
EL CAIRO OFICINAS CENTRALES AL-FAYED CORPORATION
Tarek Al-Fayed leyó el email con expresión neutra.
Décadas en negocios internacionales le habían enseñado a no reaccionar.
No visiblemente.
Pero por dentro.
Por dentro la alarma sonaba.
El email venía de contacto en Al Jazeera.
Discreto. Informal.
“Tarek, alguien está haciendo preguntas sobre transacciones de AFC por el Canal. Pensé que querrías saberlo. —R”
AFC: Al-Fayed Corporation.
El Canal: Suez.
Transacciones: podía significar cualquier cosa.
Pero el tono del email era advertencia.
No curiosidad casual.
Marcó a su jefe de seguridad corporativa.
—Hassan. Necesito auditoría completa de todas las transacciones por Suez en últimos tres años.
—¿Algo específico que busque?
—Anomalías. Documentos que no deberían existir. Filtraciones.
—¿Cree que hay infiltración?
—Creo que alguien está armando narrativa. Y quiero saber qué narrativa antes de que se publique.
—Tiempo estimado para auditoría completa: setenta y dos horas.
—Tienes veinticuatro.
—Señor…
—Veinticuatro horas, Hassan. O encuentro a alguien que pueda hacerlo.
Colgó.
Se reclinó en su silla de cuero.
Las transacciones por Suez eran complejas.
Legales. Pero complejas.
Contenedores con etiquetas ambiguas.
Destinos que cambiaban en tránsito.
Socios comerciales con historial… cuestionable.
¿Todo legal? Técnicamente sí.
¿Todo ético? Esa era pregunta diferente.
Y si alguien estaba haciendo preguntas…
Si alguien tenía documentos…
La familia estaba en peligro.
Y con cena familiar esa noche.
Con Valentina presente.
Con Karim feliz por primera vez en años.
Tarek sabía.
Que el timing era demasiado perfecto para ser coincidencia.
DOHA, QATAR NOCHE
Mahmoud terminó el análisis a las 11 PM.
Llamó a Rashid inmediatamente.
—Los documentos son auténticos.
Rashid sintió adrenalina y miedo en partes iguales.
—¿Seguro?
—Noventa y cinco por ciento. Las firmas digitales coinciden. Los metadatos son consistentes. Las transferencias bancarias se pueden rastrear.
—¿El cinco por ciento restante?
—Siempre hay margen de error. Y esta es familia con recursos para falsificar casi cualquier cosa.
Pausa.
—Pero si es falsificación, es la mejor que he visto en veinte años.
Rashid agradeció.
Colgó.
Miró su pantalla.
El artículo estaba medio escrito.
Solo faltaba decisión.
¿Publicar o no publicar?
Su editor aparecería en dos horas.
Querría verlo.
Querría fechas. Fuentes. Confirmaciones.
Rashid tenía todo.
Excepto respuesta a pregunta crucial:
¿Por qué ahora?
¿Por qué estos documentos llegaban justo después del compromiso de Karim?
¿Por qué el remitente anónimo eligió este momento?
Abrió Google.
Buscó: “Karim Al-Fayed compromiso”
Miles de resultados.
Fotos de la gala.
Valentina García con anillo de esmeralda.
La propuesta viral.
El cuento de hadas egipcio.
Y entonces.
Entonces encontró algo.
Artículo viejo.
Dos años.
“Santiago García, empresario mexicano buscado por fraude…”
Otro artículo.
Más reciente.
“Valentina García, prometida de Al-Fayed, escapó de relación abusiva con…”
Santiago García.
Santi.
El ex.
Rashid conectó puntos.
El ex de la prometida.
Enviando documentos sobre el prometido.
Justo después del compromiso.
Esto no era periodismo.
Esto era venganza.
Pero.
Pero si los documentos eran reales…
¿Importaba la motivación del remitente?
Rashid se frotó los ojos.
La decisión ética lo estaba matando.
Publicar verdad entregada por manos sucias.
O proteger a familia poderosa porque la fuente era sospechosa.
Su teléfono vibró.
Email nuevo.
Mismo remitente anónimo.
“Sé que estás investigando motivación. No importa quién soy. Importa qué está haciendo Al-Fayed. La verdad no cambia solo porque no te guste el mensajero. Publica. O se lo envío a alguien que sí tenga valor. —S”
S.
Santiago.
Santi.
Confirmación implícita.
Rashid cerró laptop.
Necesitaba aire.
Necesitaba pensar.
Porque estaba a punto de destruir imperio.
O a punto de ser destruido por él.
Y no sabía cuál sería.
EL CAIRO RESIDENCIA AL-FAYED 11:45 PM
Valentina se quitó los aretes.
La cena había sido… tolerable.
Tarek distante pero educado.
Layla ausente con excusa de migraña.
Los tíos evaluándola como tasadores.
Pero había sobrevivido.
Karim entró a la suite.
Se aflojó la corbata.
—Lo hiciste bien.
—Mentí bien, querrás decir.
—¿Sobre qué?
—Sobre estar cómoda. Sobre querer estar ahí. Sobre ser parte de esta familia.
Se sentó en cama.
—Pero es lo que elegí. Así que mejor aprendo a actuar.
Karim se arrodilló frente a ella.
Tomó sus manos.
—No tienes que actuar conmigo.
—Lo sé. Por eso solo lo hago con los demás.
Lo besó.
Suave. Cansado.
—Vete a dormir. Mañana sigo diseñando.
—¿Segura que no quieres que me quede?
—Segura. Necesito espacio para procesar.
Karim asintió.
Entendiendo sin ofenderse.
—Buenas noches, habibti.
—Buenas noches.
Se fue.
Valentina se acostó.
Con anillo todavía en dedo.
Con diseños en mente.
Con vida que parecía finalmente estable.
Sin saber.
Que en Doha, periodista escribía su destrucción.
Que en oficina de seguridad, equipo descubría filtración.
Que en Tánger, Santi sonreía.
Contando horas.
Hasta que su venganza explotara.
Y el cuento de hadas.
Se quemara.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com