Novia Fugitiva busca venganza - Capítulo 68
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Capítulo 68: La Filtración (Parte 2)
Valentina despertó con luz dorada entrando por las cortinas.El anillo de esmeralda brillaba en su dedo izquierdo.Recordatorio verde de promesas hechas seis días antes.
Se estiró. El cuerpo relajado después de primera noche sin pesadillas en semanas.La suite olía a jazmín y a futuro posible.
Se duchó. Se puso vestido simple de algodón. Cabello en cola de caballo.No tenía reuniones hoy.Solo diseños esperándola en el cuarto contiguo.
Bajó al comedor privado a las 8:30 a. m.Marie había dejado desayuno en bandeja térmica.Pan egipcio recién horneado. Queso blanco. Aceitunas. Huevos revueltos con especias.Y café turco en cezve de cobre.
El aroma la golpeó antes de servirse.Amargo. Denso. Perfecto.
Encendió la televisión del comedor.Hábito nuevo. Karim insistía en que viera noticias internacionales.
—Para entender el mundo en que vives ahora.
El canal estaba en Al Jazeera.Árabe con subtítulos en inglés.
Tomó sorbo de café.La pantalla cambió de comercial a estudio.Conductor serio. Expresión grave.
—Breaking news. Investigación exclusiva revela…
Valentina masticaba pan sin prestar atención.Hasta que escuchó el nombre.
—Al-Fayed Corporation.
El pan se detuvo a mitad de camino a su boca.La cámara cortó a gráficos.
Título en letras rojas:
AL-FAYED CORP: LA RUTA DE LAS ARMAS POR EL CANAL DE SUEZ
El estómago se contrajo.El conductor continuaba.
—Documentos obtenidos por esta cadena revelan presunto tráfico de armamento militar a través de rutas comerciales controladas por…
Imágenes aparecieron.Manifiestos de carga.Transferencias bancarias con montos en millones.Mapas de rutas logísticas marcadas en rojo.
Y entonces.Entonces apareció.
Documento con membrete de Al-Fayed Corporation.Firma al final.
Karim Al-FayedCEO – Operaciones Internacionales
No una vez.Tres veces.Tres documentos diferentes.Tres firmas idénticas.
El café se enfrió en la taza.Valentina no podía moverse.
El conductor seguía hablando.
—Los documentos sugieren movimiento de sistemas antiaéreos, munición militar y armamento pesado hacia zonas de conflicto en Libia, Yemen y…
Apagó la televisión.El silencio cayó como lápida.El comedor demasiado grande de repente.Las paredes demasiado blancas.El café demasiado amargo en su lengua.
Sacó su teléfono.Marcó a Karim.
Tono.Dos.Tres.
Buzón.
Otra vez.Buzón.
Una tercera vez.Buzón.
El teléfono cayó sobre la mesa.Respiró profundo.Una vez.Dos veces.
El pánico empujando contra las costillas.Pero no.No pánico.Información primero.Pánico después.
Se levantó.Caminó hacia la puerta del comedor.La abrió.Y se detuvo.
Dos guardias de seguridad bloqueaban el pasillo.No el escolta usual.Dos hombres nuevos. Enormes. Con audífonos y armas visibles.
—Disculpe.
Ninguno se movió.
—Necesito pasar.
El de la izquierda finalmente habló.
—Señorita García. Instrucciones de permanecer en el ala privada hasta nuevo aviso.
—¿Instrucciones de quién?
—Del señor Youssef. Jefe de seguridad.
—Youssef no es mi jefe.
—Es jefe de seguridad de la residencia. Y la residencia está en protocolo de emergencia.
Valentina dio paso adelante.Los dos guardias se tensaron.Manos moviéndose hacia armas.
—No me van a disparar.
—No. Pero tampoco la dejaremos pasar.
El pulso acelerándose.Pero la voz salió fría.
—Llámenlo. Ahora.
El guardia de la derecha habló por su audífono.Murmullos en árabe que no entendió.
Treinta segundos después, apareció.Youssef.Cincuentañero. Militar retirado. Eficiente como reloj suizo.Y con expresión que no dejaba espacio para argumentos.
—Señorita García. Por favor regrese a su suite.
—Necesito hablar con Karim.
—El señor Al-Fayed no está disponible.
—¿Dónde está?
—En reunión de crisis con el consejo legal.
—Necesito verlo.
—No es posible en este momento.
Valentina cruzó los brazos.El anillo de esmeralda capturando luz del pasillo.
—Youssef. Vi las noticias. Sé lo que está pasando.
—Entonces entiende por qué necesitamos medidas de seguridad extraordinarias.
—Entiendo que encerraron la residencia. Pero yo no soy prisionera.
—Es por su protección.
—No pedí protección. Pedí información.
Youssef suspiró.Paciente. Condescendiente.Como explicándole a niña por qué no puede tener dulces.
—Señorita García. La situación es delicada. Hay amenazas potenciales. Prensa rodeando el perímetro. Necesitamos que permanezca segura mientras resolvemos…
—No soy señorita García.
Eso lo detuvo.
—¿Perdón?
—Soy la prometida oficial de Karim Al-Fayed. Presentada públicamente por Tarek Al-Fayed hace seis días. Con anillo de familia en mi dedo.
Levantó la mano izquierda.La esmeralda brillando como evidencia.
—Lo cual significa que no soy invitada. No soy empleada. Y definitivamente no soy niña que necesita que la escondan en su cuarto.
Youssef apretó la mandíbula.
—Con todo respeto…
—No. Escúchame.
Dio paso adelante.Youssef no retrocedió, pero su postura cambió.
—Soy su socia. No su mascota. Y si esta familia está bajo ataque, tengo derecho a saber qué está pasando. No después. No cuando ustedes decidan. Ahora.
El silencio se extendió.Los dos guardias miraban a Youssef esperando orden.Youssef miraba a Valentina reevaluando.
Finalmente habló.
—El señor Tarek está en su estudio. Reunión de crisis. El señor Karim está con él.
—Llévame.
—No puedo hacer eso sin autorización.
—Entonces consigue autorización.
—Señorita…
—O llamas a Tarek y le dices que su futura nuera exige estar presente. O me abro paso yo sola y creamos escena que la prensa amaría fotografiar.
No era amenaza vacía.Y Youssef lo sabía.
Habló por su audífono.Árabe rápido. Tenso.
Escuchó respuesta.Algo en su expresión cambió.No sorpresa. Algo más cercano a… ¿respeto?
—El señor Tarek dice que suba.
Victoria pequeña.Pero victoria.
Caminaron por pasillos de mármol.Valentina notó los cambios inmediatamente.Escoltas triplicados en cada esquina.Personal caminando rápido con expresiones tensas.
Y el sonido.Ese sonido mecánico que no había escuchado antes.
Click.Click.Click.
Cerrojos automáticos activándose.Puertas sellándose.La residencia transformándose en fortaleza.
Su café turco quedó en el comedor.Enfriándose.Olvidado.
Como la paz de esta mañana.Como la ilusión de que todo estaría bien.
Llegaron al estudio de Tarek.Puerta de madera tallada cerrada.Voces masculinas filtrándose desde adentro.
Youssef tocó.
—Adelante.
Abrió.
El estudio estaba lleno.Tarek detrás de su escritorio. Expresión de granito.Karim de pie junto a la ventana. Teléfono en la oreja. Ojeras marcadas.Tres abogados con laptops abiertas.Dos hombres que Valentina no reconoció. Probablemente relaciones públicas.Y tensión tan espesa que podía cortarse.
Karim la vio primero.Colgó inmediatamente.Cruzó el estudio en cuatro zancadas.
—Valentina. ¿Qué haces aquí?
—Vi las noticias.
Algo se quebró en su expresión.
—Iba a…
—¿A qué? ¿A decírmelo después? ¿A protegerme de la verdad?
Tarek levantó la mano.Todos en el cuarto se callaron.
—Caballeros. Denme el cuarto.
No era sugerencia.
Los abogados empacaron laptops.Los hombres de relaciones públicas desaparecieron como humo.
En treinta segundos solo quedaban cuatro personas.Tarek.Karim.Valentina.Y Youssef en la puerta.
—Tú también, Youssef.
—Señor, protocolo de seguridad requiere…
—Afuera.
Youssef salió.Cerró la puerta.
El silencio cayó pesado.
Tarek se reclinó en su silla.Estudió a Valentina con ojos que habían construido imperio.
—Así que viste las noticias.
—Vi acusaciones. No respuestas.
—¿Y vienes buscando qué? ¿Verdad? ¿Disculpas?
—Vengo porque soy parte de esta familia. Y las familias no se esconden cosas cuando el mundo se derrumba.
Algo parecido a sonrisa cruzó el rostro de Tarek.Breve. Aprobatoria.
—Karim. Dile.
Karim se frotó el rostro.Exhaló largo.
—Los documentos son reales.
El piso se movió bajo los pies de Valentina.Pero se quedó parada.
—¿Reales cómo?
—Reales en que existen. Reales en que mi firma está ahí. Reales en que Al-Fayed Corporation movió esos cargamentos.
Pausa.
—Pero no de la forma que la historia sugiere.
—Explícame.
Karim caminó hacia el escritorio.Tomó carpeta.Se la extendió.
Valentina la abrió.Más documentos. Contratos. Permisos gubernamentales.
—Movimos equipamiento. Sí. Pero con permisos del gobierno egipcio. Para venta legal a fuerzas armadas reconocidas. No a grupos terroristas.
—Entonces ¿por qué Al Jazeera tiene otra historia?
—Porque alguien editó los documentos. Removió páginas que mostraban autorizaciones. Cambió destinos en manifiestos. Creó narrativa falsa con documentos reales.
Tarek intervino.
—Es frame-up profesional. Alguien con acceso interno filtró información real. Luego la manipuló para crear escándalo.
Valentina procesó.
—¿Quién?
—Esa es pregunta del millón.
Karim la miró directo.
—Pero tengo sospecha.
No necesitaba decirlo.Valentina ya sabía.
—Santi.
—Santi.
La rabia subió.Caliente. Limpia.
—¿Cómo consiguió acceso a documentos internos?
—No lo sabemos. Pero está trabajando con alguien. Alguien dentro de nuestras operaciones. O alguien con capacidad de hackear sistemas.
Tarek cerró carpeta con golpe seco.
—Estamos conteniendo. Nuestros abogados presentarán evidencia completa. Gobierno egipcio emitirá declaración respaldándonos. En cuarenta y ocho horas esto se desinfla.
—¿Y mientras tanto?
—Mientras tanto, protocolo de seguridad máximo. Nadie entra. Nadie sale sin escolta. Y especialmente…
Miró a Valentina.
—Especialmente tú no hablas con prensa. No haces declaraciones. No existes públicamente hasta que limpiemos esto.
La jaula cerrándose otra vez.Pero esta vez con razón legítima.
—Entiendo.
Karim la tomó del brazo.Suave. Desesperado.
—Lo siento. Sé que esto es…
—No te disculpes. Solo arréglalo.
Se soltó.Caminó hacia la puerta.La abrió.
Youssef esperaba afuera.
—Señorita García. La escoltaré de vuelta.
Asintió.
Caminaron en silencio.Hasta que llegaron al pasillo de su suite.
Valentina se detuvo.
—Youssef.
—¿Sí?
—Gracias por dejarme subir.
—No fue mi decisión. Fue orden del señor Tarek.
—Aun así.
Llegó a la puerta de su suite.La abrió.Y se congeló.
Porque adentro.Sentada en el sofá como si fuera su propio cuarto.Estaba Layla.
Con vestido color crema y perlas perfectas.Y sonrisa que no tenía nada de amable.
—Querida.
La voz como miel envenenada.
—Creo que hay algo que deberías ver antes de que lo encuentres sola.
Sobre la mesa de centro.Carpeta manila.Gruesa. Sellada.
Con etiqueta que decía en letra impresa:
VALENTINA GARCÍA – OBLIGACIONES FINANCIERAS
El mundo se detuvo.
Layla sonrió más amplio.
—¿No vas a preguntar qué es?
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