Novia Sacrificial para el Temido Lord Hastings - Capítulo 148
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Capítulo 148: Amor de madre (2)
Giselle salió furiosa de la alcoba, ya que no soportaba más que Theo fuera tan duro con ella.
A pesar de no pasar tiempo con sus hijos, a Giselle siempre se le había dado bien darles un techo. Tenían suficiente para comer y solo trabajaban a cambio.
Eran groseros, y aun así no podían entender por qué ella no quería cuidarlos ahora. Ofelia y Theo ya tenían edad para cuidarse solos. ¿Por qué necesitaba seguir cargando con ellos?
—No le envíes a los médicos hoy. Que aprenda las consecuencias de su bocaza —le ordenó Giselle a una doncella.
Giselle pensaba que Theo no apreciaba la vida que tenía. A pesar de que todos los médicos decían que no viviría lo suficiente para llegar a la adolescencia, Theo les demostró que se equivocaban, pero era un desagradecido.
Theo no le daba las gracias a la persona que había hecho posible que estuviera vivo.
—¿Acaso fue Ofelia quien envió a los médicos? ¿Quién discutió con su marido para salvarte? Bastardos desagradecidos —espetó Giselle.
Días como este hacían que Giselle deseara haber dejado a Ofelia y a Theo en su antiguo hogar y haber venido al castillo sin decirle a Joel que alguna vez había tenido hijos. Quizá entonces él habría tenido un hijo con ella.
Giselle abandonó los pequeños aposentos, ya que la zona no era de su agrado, y se dirigió a ver a Bella. Bella era la luz en el oscuro mundo de Giselle en ese momento. Le encantaba la atención que Bella le prestaba ahora que Freya no estaba.
—¿Adónde vas con tanta prisa?
Giselle se detuvo y miró a su derecha para encontrar a Nigel sentado junto a una ventana.
—Nigel. ¿No te envió tu padre a entrenar con los guardias? Eso es lo que me dijo que había planeado para ti —dijo Giselle, mirando a su alrededor para ver si había alguien cerca—. No debes enfadarlo.
—Mi padre siempre está enfadado, y todavía no supera haber perdido el evento del palacio, pero a mí no me importa. ¿No se está volviendo tan agotador para ti como para mí? El castillo sería mucho mejor si él no estuviera —dijo Nigel.
Giselle hizo callar a Nigel. —No debes decir esas cosas.
—¿Te refieres a nunca, o solo a no decirlas en voz alta? Sé que temes que mi padre deje de ser un Lord porque crees que tu tiempo aquí se acabaría, pero te aseguro que te mantendré aquí para siempre —prometió Nigel.
—Tu padre podría hacer que nos dieran una paliza a ambos o encarcelarme por hablar de esto. No le hará daño a su heredero, pero yo podría estar en peligro. No debes volver a hablar de él nunca —le advirtió Giselle a Nigel.
—¿Sabes que el rey está perdiendo el interés en mi padre poco a poco? Edward solo quiere que mi padre le ayude a matar a Dante. Cuando eso termine, ¿qué será de nosotros? Los viejos llevan demasiado tiempo en sus puestos. ¿Cuándo van a darles una oportunidad a sus hijos? —se preguntó Nigel.
Giselle suspiró, sabiendo que los problemas no tardarían en llegar. —Asumiré que estás borracho y por eso dices tonterías. Si alguien más te oye, le explicaré a tu padre que no era nada que debiera tomarse en serio. Te ruego que tengas cuidado.
—He tenido cuidado toda mi vida. Es hora de hacer lo que quiero. Mi padre pensó que era yo quien necesitaba acercarse al rey, pero no se centró en sus propios lazos con el rey. Ahora Edward se reúne sin mi padre.
—¿Te ha hablado de esto el príncipe heredero? ¿Se lo has contado a tu padre? —preguntó Giselle, esperando que Nigel no estuviera guardando secretos.
—Le conté una parte. Por eso está enfadado. No es todo por Freya. Intentará desquitarse contigo, pero yo te protegeré. Solo tienes que hacer una cosa por mí. He oído que te irás con el pequeño bastardo a ver a tu hija —dijo Nigel, levantándose de la ventana.
—Sí, tu padre ha decidido que vaya yo. Seguramente, no enviaría a su hijo a tierras enemigas. Debo llevarme a Theo y traerlo de vuelta a cualquier precio. Estoy segura de que Ofelia intentará retenerlo —dijo Giselle.
—Estoy seguro de que lo hará. Debes permitirme terminar con mis exigencias. Quiero que tu hija vuelva a este castillo cuando regreses, o te irás del castillo —dijo Nigel, habiendo perdido la paciencia—. Cada día que pasa con ese hombre la echa a perder.
Giselle estaba harta de que los hombres de su vida le pidieran que llevara a cabo tareas imposibles.
—Tu padre me expulsará personalmente del castillo si regreso con Ofelia. Pierdo de cualquier forma y, en este momento, tengo que seguir sus deseos. Es mi marido —le recordó Giselle a Nigel.
—He dicho que cuidaré de ti. Necesitaré a alguien que críe a Bella, y no veo a nadie más adecuado que tú. Puedo hacer que te concedan una casa junto con muchas riquezas. Mi padre no te mima como a ti te gustaría. Te sugiero que te apoyes en mí —le aconsejó Nigel a Giselle.
A Giselle no le gustó la sensación que le transmitía Nigel. Sonaba como si Joel fuera a desaparecer.
Nigel era demasiado impredecible para que Giselle confiara en que cuidaría de ella. Lo único que Nigel quería era a Ofelia, y la única persona que de verdad le importaba era Bella.
Lo que Nigel sentía por Ofelia no era más que una obsesión, y si hasta ahora se preocupaba por Giselle era solo porque ella había traído a Ofelia a su vida.
—Tráeme a tu hija si quieres tener un lugar en este castillo. Soy el futuro Lord y, con los lazos cambiantes en el palacio, soy yo quien mantendrá a esta familia cerca de la realeza. Tráela aquí y ponla guapa —pidió Nigel.
—Siempre has dicho que tu padre me encarga tareas que no puede hacer por sí mismo, y ahora tú me estás dando una que es imposible. No puedo simplemente arrebatarle su esposa a Lord Hastings. Viste cómo se comportan esos dos, como si estuvieran enamorados. Mi deber es llevarme a Theo y descubrir secretos —dijo Giselle.
Hasta que Nigel demostrara que tenía algo de poder para oponerse a su padre, Giselle tenía que obedecer a Joel.
—Eres una mujer que sabe cómo sobrevivir, Giselle. Encontrarás la manera de traer a Ofelia de vuelta a donde pertenece, y te esperará una gran recompensa. Debes empezar a planear cómo lo lograrás. Vete —la despachó Nigel—. Necesitarás todo este tiempo.
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