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Novia Sacrificial para el Temido Lord Hastings - Capítulo 153

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Capítulo 153: Retorno (2)

—¿En qué me he convertido? —musitó Ofelia mientras colocaba la ropa sobre la cama.

Ofelia pasaba el tiempo pensando en cómo había cambiado Dante, pero rara vez pensaba en lo mucho que había cambiado ella.

¿Por qué estaba sentada en los aposentos de Dante cuando el plan siempre había sido marcharse en cuanto él regresara?

Ofelia se cubrió la cara con las manos. «Va a convertirte en una tonta», pensó.

A pesar de ello, Ofelia se sentó en la cama para mirar por la ventana. Se acercaba la mañana y, seguramente, no podría volver a dormirse, pero sintió la necesidad de quedarse y obligar a Dante a que se fuera a dormir.

—Debo dejarlo descansar —dijo Ofelia, decidiendo prohibir a cualquiera que se acercara a Dante antes de que hubiera descansado.

Ofelia tamborileó con los dedos sobre la cama, esperando pacientemente el regreso de Dante.

«Debería dormirme antes de que vuelva», planeó Ofelia.

Ofelia se tumbó en la cama e intentó obligarse a dormir. Así no tendría que hablar con Dante cuando regresara.

Justo cuando Ofelia cerraba los ojos, la puerta se abrió.

Lo único que se oyó fueron los pasos de Dante mientras se acercaba a la cama y se detenía detrás de ella, probablemente para recoger la ropa que Ofelia había apartado.

Al lado de la cama, Dante observó cómo Ofelia fingía dormir. Aún no había perfeccionado el arte de fingir que dormía, y había tomado la mala decisión de intentar engañarlo precisamente a él.

A Dante no le importó que Ofelia fingiera estar dormida. Sabía exactamente cómo despertarla.

Dante se alejó de la cama para secarse la piel y vestirse.

No mucho después regresó a la cama, y ni siquiera entonces Ofelia había logrado conciliar el sueño.

Dante se sentó en la cama y notó el más leve movimiento de Ofelia. Para tomarle el pelo, Dante se tumbó a su lado y, a diferencia de las otras veces, se acostó tan cerca que sus cuerpos se tocaron.

Dante le puso la mano izquierda en la cintura.

Ofelia abrió los ojos. —Seguro que una sola salida te ha hecho perder el juicio.

—No, pero sí he conseguido que reveles que has estado despierta todo este tiempo. ¿Por qué fingías dormir? ¿Esperabas que te dejara en paz? —preguntó Dante, sin mover la mano.

—Esperaba que no estuviéramos haciendo esto ahora mismo. Hablar —aclaró Ofelia—. Tienes que descansar.

—No estoy cansado, pero hablar podría ayudarme a conciliar el sueño. Eso, junto con una mujer hermosa entre mis brazos…

—Estoy convencida de que el Dante que conocí el día de mi boda y el Dante que está a mi lado ahora no son la misma persona. Os habéis intercambiado, y ahora me ha tocado quedarme contigo. Es la única explicación para que ahora seas así —concluyó Ofelia.

Ofelia se movió para tumbarse boca arriba.

—¿No podría ser que el cambio se deba a mis sentimientos por ti? Eso, y que ahora sé que no eres una amenaza. No me he intercambiado con nadie. Si hubiera dos como yo, habría abandonado el castillo hace mucho tiempo —dijo Dante, refutando la teoría de Ofelia.

—Así que tienes tus momentos, y debo estar preparada para ambos. No tengo más remedio que rendirme y complacerte. ¿De qué quieres hablar? ¿Vas a contarme de qué habló el Duque Vale o vas a mantenerme en la ignorancia solo porque quieres protegerme? —preguntó Ofelia, esperando que no fuera lo segundo.

—Quiere que lo ayude contra el rey, pero no estoy muy seguro de poder confiar en Kaden. Afirma que solo ha matado a espías en mis tierras y no a familias inocentes, pero Kaden es de los que matan a cualquiera que se interponga en su camino. Se quedará en nuestras tierras por el momento —compartió Dante.

—Parece que está a punto de forzarte la mano para que te unas a él, o se deshará de ti. No sé mucho sobre tu ejército, pero seguro que si intenta atacarte ahora, tendrás ventaja al estar en tus tierras. Bueno, siempre y cuando arregles lo que te causó dificultades en tu viaje —dijo Ofelia, haciendo alusión a lo que Dante había dicho antes.

—¿Podrías, por favor, olvidar lo que dije? —suplicó Dante, arrepintiéndose de la mentira que se había inventado.

Ofelia negó con la cabeza. —Por supuesto que no. Te vendría bien tener un aliado más de tu lado, y como todo el mundo parece decir que el Duque Vale es impredecible, el rey no esperaría que trabajarais juntos. No creo que sea bueno tener al duque en tus tierras, pero ya ha sucedido.

Ofelia miró a su izquierda. —¿Crees que existe la posibilidad de que el duque esté buscando lo que escondes? Seguro que no solo el rey siente curiosidad.

—Podrían ser sus intenciones, pero creo que está obsesionado con matar al rey y al príncipe heredero. La guerra pronto caerá sobre nosotros, así que tendrás que posponer tus planes de vivir fuera del castillo. Enviaré a alguien para saber si tu hermano ha abandonado el Castillo Valthorn —dijo Dante, sabiendo que eso debía de estar rondando la mente de Ofelia.

—Lo haré yo. Sé que te preocupa el caballero que estoy buscando y el duque, pero permíteme seguir ocupándome de esos asuntos. Debes descansar antes de que te pongas enfermo. También tienes que prepararte para la luna llena —dijo Ofelia, recordando lo que Dante había dicho antes de marcharse.

—¿Eso significa que empezarás a distanciarte de mí poco a poco porque perderás el control? —Ofelia se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo con él.

—Así es. Me alejaré de tu lado a medida que se acerque el día. Por eso debemos disfrutar de este momento sin quejas. ¿Puedo quitar tu cuchillo de la cama? Me preocupa —dijo Dante, apartando el cuchillo que había entre ellos—. ¿De verdad crees que puedes matar a alguien con un cuchillo tan pequeño?

—Si te hubieras acercado a mí sigilosamente, lo habrías descubierto. Puede que no hubiera sido capaz de matar a un intruso, pero un cuchillo en el cuello sin duda lo habría frenado. No debes subestimarme —dijo Ofelia.

Dante dejó caer el cuchillo a un lado de la cama, ya que Ofelia no lo necesitaría más.

Ofelia señaló la mano de Dante que la rodeaba por la cintura y dijo: —Solo voy a permitir que esto pase esta noche. Mañana volveré a mis aposentos.

—Muy bien —accedió Dante.

Que Dante accediera tan fácilmente hizo sospechar a Ofelia. —¿Por qué no te has opuesto?

—Querida esposa, ya es un nuevo día. Según lo que has dicho, te quedarás aquí esta noche y volverás a tus aposentos mañana —señaló Dante.

—¡No! —exclamó Ofelia e intentó incorporarse, pero el brazo de Dante se lo impidió—. Quería decir hoy.

—Es demasiado tarde para que te retractes.

Mientras el castillo cobraba vida a primera hora de la mañana con los sirvientes ajetreándose para empezar sus quehaceres, Dante seguía en la cama con Ofelia a su lado.

La palma de la mano derecha de Dante aún cubría los ojos de Ofelia, ya que la había obligado a cerrarlos para que volviera a dormirse. Empezó a mover la mano lentamente, con cuidado de no despertar a Ofelia.

Ofelia decía que no tenía sueño, pero después de discutir sobre qué día regresaría a su aposento, se quedó dormida.

Dante alzó la mano izquierda y se la quedó mirando. Empezaba a no sentirse él mismo, así que tenía que disfrutar de los momentos de tranquilidad mientras duraran. Tenía muy poco tiempo para traer a Theo al castillo y alejar al Valthorn que se aproximaba, para que Ofelia no se quedara con esa carga.

Normalmente, Dante deseaba que la luna llena llegara rápido para acabar con ello de una vez, pero ahora, quería que el tiempo fuera más despacio para no tener que mostrarle esa faceta suya a Ofelia.

Unos golpes en la puerta rompieron el silencio del aposento.

Ofelia se removió, pero no se despertó.

Dante esperó que quienquiera que fuese tuviera la sensatez de no molestar en su aposento durante una hora más o menos, pero no tuvo tanta suerte.

Dante no tuvo más remedio que levantarse, ya que los golpes acabarían por despertar a Ofelia.

Dante salió de la cama mientras Ofelia seguía dormida. Caminó hasta la puerta y la abrió, encontrándose con Thomas junto a otro guardia.

—Más vale que sea importante —dijo Dante.

Thomas inclinó la cabeza. —Perdónenos. No lo habríamos molestado si no fuera importante. Hemos capturado a Remus. Estaba escondido en una de las bodegas. Lady Hastings quería que le informáramos en cuanto lo capturáramos.

—Encerradlo en el calabozo y vigiladlo de cerca para que no se haga daño. Bajaré a verlo pronto. ¿Tienes algo más que decirme, Thomas? —preguntó Dante, al notar la vacilación de Thomas.

—Lady Hastings quería ser ella quien lo interrogara. Fue ella quien lo señaló y ha estado planeando su captura. Debería tener la oportunidad de interrogarlo —dijo Thomas.

—Y la tendrá. Sé que, en mi ausencia, mi esposa se ha preocupado y ha descansado muy poco. Deberíamos dejar que descanse una hora más antes de llevarla al calabozo. ¿No estás de acuerdo? —preguntó Dante, cruzándose de brazos mientras desafiaba a Thomas a contradecirlo.

—Estoy de acuerdo.

—Aprecio lo mucho que te preocupas por mi esposa, pero yo soy su marido. Pongo sus intereses por delante de todo, y nunca la privaría de la oportunidad de completar un plan que ella empezó. Busca a Alice y dile que venga en una hora para vestir a mi esposa —dijo Dante, mientras volvía a entrar en el aposento.

—Thomas —dijo Dante antes de que Thomas se marchara—. No le des demasiadas vueltas. A veces, simplemente tengo que recordaros a algunos que soy su marido. Deseo verla feliz, igual que tú.

—Entiendo —respondió Thomas.

Dante cerró la puerta y se giró hacia la cama, solo para encontrar a Ofelia despierta.

—¿Es Alice? ¿Ha registrado mi aposento esta mañana? —preguntó Ofelia, frotándose los ojos—. Por eso quería ir allí cuando regresaras.

—No era Alice. Thomas ha venido a decir que han capturado al caballero que buscabas. No tan rápido —dijo Dante deprisa mientras Ofelia se incorporaba—. He dicho que bajarás al calabozo en una hora, más o menos. Tienes que vestirte y comer.

—No tengo hambre.

—Esa es una mentira terrible. ¿Desde cuándo rechazas la comida, Ofelia? Él no va a ir a ninguna parte, así que descansa un poco más y come. Si no lo haces, te molestaré todo el día —la amenazó Dante.

—Entonces, ¿cómo llamas a lo que has hecho antes? ¿Acaso eso no era molestarme? Odio pensar que pueda ser peor. Está bien —se rindió Ofelia—. Me vestiré y comeré, pero no debes interponerte en mi camino cuando lo vea. Prométemelo.

—¿No quieres interrogarlo?

—¿Admitiría aquello de lo que sospecho? Quiero ver si es el hombre que vi observándome y el mismo que ayudó a tu madre a ponerme la cadena al cuello. Si no lo es, me temo que no solo hemos encarcelado a un hombre inocente, sino que los caballeros volverán a odiarme —dijo Ofelia.

—Un poco de tortura puede sacarle la verdad. Si es un malentendido, me encargaré de que se aclare y se olvide. Thomas enviará a por Alice en una hora, así que siéntete libre de usar mi aposento hasta entonces. Estás preciosa por la mañana —dijo Dante, admirando la vista que tenía delante.

—¿Has dormido? No puede ser que hayas descansado bien cuando has tenido menos tiempo para dormir. Debes volver a la cama, o haré que Thomas y los demás te aten a ella. Una mañana de descanso será más que suficiente para ti. ¿De verdad tienes que trabajar en exceso? —preguntó Ofelia, negando con la cabeza mientras se levantaba de la cama.

—Tengo mucho que hacer en muy poco tiempo. Debo salir solo del castillo, cerca del mediodía. Puedes acompañarme a ver a alguien a quien mi familia ha recurrido para que nos ayude a romper la maldición. Es un poco extraña —advirtió Dante a Ofelia—. No te tomes a pecho lo que diga.

—Te conviertes en una bestia. ¿Qué puede ser más extraño que eso? —preguntó Ofelia, preparada para conocer a la desconocida.

—Una mujer de la que se dice que es una bruja. Se supone que es como la que maldijo a mi familia. Se mantiene oculta, y dejé de visitarla después de perder el interés en romper la maldición. He llegado a un punto muerto con ella, pero quizá pueda orientarte en la dirección correcta —dijo Dante.

—Gracias a Dios que tu familia no la mató, así que hay alguien con respuestas. Prepararé algunas preguntas para ella, ya que tengo algunas teorías sobre cómo romper tu maldición. No puedo creer que haya llegado el día en que creo en bestias y brujas —dijo Ofelia, pellizcándose la mano.

Todo lo que Dante decía sonaba como si perteneciera a un libro infantil.

—Si esta no fuera mi vida, no lo creería. Lo estás llevando bastante bien. ¿Hay algo que quieras decirme? —preguntó Dante, empezando a creer que Ofelia tenía sus propios secretitos.

—Me has pillado —suspiró Ofelia, levantando las manos en señal de derrota—. Tengo un secreto, y es que me vuelvo a mi aposento —dijo, corriendo hacia la puerta—. ¡Soy muy normal! —gritó mientras salía corriendo.

Dante observó cómo Ofelia lograba por fin su gran huida.

Aunque Dante no tenía la sensación de que Ofelia estuviera maldita como él, no creía que fuera del todo normal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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