Nuevo inicio - Capítulo 15
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
15: Capítulo 14 15: Capítulo 14 🎬 Capítulo 14: El Genio y la Despedida Este era el última escena del rodaje Miguel estaba haciendo su breve actuación de como vuelve a ser mayor, en el gimnasio del high school estaba inundado de cajas de equipo, cables y el desorden familiar del final de una gran producción.
Eran la tarde del 12 de marzo de 2008.
Burr Steers, con una sonrisa de absoluta satisfacción, se giró hacia el set y gritó: —¡Corte!
¡Eso es un final de rodaje!
¡Lo logramos, equipo!
La euforia estalló.
El rodaje de 17 Otra Vez había concluido, terminando más de tres semanas antes de lo esperado, un milagro logístico en Hollywood.
El director caminó directamente hacia Miguel, que se estaba quitando los tenis de basketball de su personaje, Mike Jones.
—Miguel, ven aquí.
Tengo que decirte algo —dijo Steers, con una emoción tranquila pero profunda.
Miguel se puso de pie.
Steers lo miró con admiración.
—Nunca en mis años he visto a un genio como tú.
Este fue tu primer largometraje para el cine, y no solo estuvimos en el tiempo, sino que mejoraste cada escena.
La gente de Fox seguro estará murmurando tu nombre e incrédula.
Miguel se sintió una oleada de vergüenza y orgullo.
—Gracias, Director Steers.
Pero…
yo tampoco sabía que iba a ser un genio —respondió con una sonrisa humilde—.
He trabajado duro en mi actuación he estado practicando mucho desde que escribí el guion.
Quería asegurarme de poder cumplir.
Miguel pensó para sí mismo: No soy un genio.
Solo tuve la suerte de renacer y de tener un sistema de plantilla de actor.
Se maravilló de las habilidades de River Phoenix, en estos momentos ya tengo una 86%.
Las tomas emotivas, la profundidad que le dio a las escenas de amor y elección, habían sido espectaculares, incluso si la película era una comedia juvenil.
Estaba satisfecho, la había mejorado.
—Bien, mi trabajo termina aquí, por ahora —dijo Steers, extendiendo la mano—.
Ahora me toca a mí llevar todo esto a la sala de edición para la post-producción.
Todavía tengo mucho trabajo que hacer.
—Mucha suerte, Director Steers.
Sé que la película será increíble.
Miguel pasó los siguientes minutos despidiéndose de todo el reparto.
Abrazó a Rachel McAdams y a Matthew Perry, intercambió bromas con Thomas Lennon, y se despidió de sus compañeros actores Logan Lerman y Blake Lively.
Había creado un ambiente de respeto profesional que era inusual para un actor novato.
Justo cuando Miguel caminaba hacia la salida, se encontró con Ryan Mitchell.
—¡Miguel!
Ahí estás —dijo Ryan, con su habitual energía—.
¡Tenemos un éxito en nuestras manos, chico!.
Fue una buena elección firmar con vos.
—Ya me dijo el Director Steers.
Todo salió bien.
—Y tengo otra buena noticia, sobre la película de la competencia…
la que está haciendo Warner Bros.
—Ryan se golpeó el muslo con la mano—.
Me enteré de que no les va muy bien.
Ryan se acercó y bajó la voz.
—Su presupuesto también no pasaba de los $20 millones, pero por retrasos y algunos problemas, subió hasta $22 millones.
¡Nuestro presupuesto ha salido mucho más rentable, y ya terminamos!
Ellos parece que se van a demorar más.
Lo que significa…
¡nuestra película se estrenará primero!
Miguel solo asintió.
Él no podía decirle a Ryan que él mismo había robado ese trabajo, escribiendo un guion que se iba a mejorar más adelante y gracias al sistema el con su memoria se fue adelantándose al proyecto original.
Sabía que si quería un éxito rápido y hacerse conocer, esa era la forma más rápida de garantizar su debut.
Lo siento, pero no lo siento Warner, está es mi segunda vida, donde tiene prioridades, pensó Miguel.
Miguel le dio una palmadita a Ryan en el hombro.
—Bueno.
¿Y ya averiguaste cuándo es el inicio del rodaje de 500 Days of Summer?
—preguntó, queriendo cambiar de tema.
—¡Cierto!
¡Casi lo olvido!
—exclamó Ryan—.
Comienza el 20 de abril.
Tienes un mes para leer bien el guion y practicar, aunque si vas como ahora no lo necesitas.
—Pásame el último guion revisado.
Creo que han agregado algunas cosas que comenté al director y al guionista.
Quiero ver la versión final.
—Claro, te lo envío a tu correo.
¡Nos vemos, Miguel!
Disfruta tu merecido descanso, ah por cierto aquí están los powerball de hoy en la moche.
Miguel asintió y se dirigió a su Audi R8.
Eran las 6 de la tarde exactas.
Se subió al coche.
Rodaje terminado, el próximo paso era el descanso y el Powerball en 3 días.
Miguel condujo su Audi R8 de regreso a su apartamento en Malibú, sintiendo la ligereza de haber terminado el rodaje de 17 Otra Vez dos semanas antes de lo previsto.
Eran alrededor de las 7 de la noche, hora de California.
Se preparó un simple plato de pasta y se sentó en el sofá, con el televisor encendido en un canal local.
No le prestaba mucha atención; estaba concentrado en el guion final de 500 Days of Summer que Ryan le había enviado, haciendo anotaciones mentales para la siguiente fase de su carrera.
La televisión estaba transmitiendo el sorteo del Powerball de esa noche.
Para Miguel, esto era solo ruido de fondo con lo que se había acostumbrado.
Él solo pensaba en el sorteo acumulado y mucho más grande que se celebraría tres días después, para el cual desde mañana tendría que comprar personalmente el juego de boletos con la combinación exacta que sabia que tendría que ser.
Mientras leía un diálogo entre Tom y Summer, la voz de la presentadora de la lotería cantó los números ganadores y estos aparecieron por completo en la pantalla.
> 12…
19…
30…
34…
36…
y el Powerball 8.
> Miguel dejó el guion de lado, sintiendo la necesidad de cumplir con la rutina.
Abrió su mochila y sacó los cuatro boletos de Powerball que Ryan le había dado esa mañana (el sorteo se transmitía por la tarde).
Revisó los primeros tres boletos.
Tal como esperaba, ninguna coincidencia.
Luego, tomó el último boleto, lo desdobló y regresó su mirada a la pantalla del televisor.
12…
19…
30…
34…
36…
8.
Miguel lo leyó de nuevo, lentamente, comparando los números de su boleto con la pantalla.
Luego, lo hizo una tercera vez.
El boleto de Powerball que Ryan le había comprado con números “parecidos” y elegidos al azar en el medio, era…
el ganador.
Miguel no saltó ni gritó.
Se quedó inmóvil, confundido.
Había ganado, pero no el sorteo que esperaba ganar.
Quería el premio acumulado que vendría, era más dinero que el de ahora.
Rápidamente, su mente entrenada en su vida pasada hizo los cálculos.
El premio anunciado era de $239 millones brutos, lo que en una única suma en efectivo (el cash option) se traduciría en aproximadamente $117.6 millones antes de impuestos.
Miguel se puso a calcular: el impuesto federal en 2008 era alto, alrededor del 35% en las cantidades más altas, dónde los 25% se lo quedan para que luego se pague el 10% el mismo.
No había impuesto estatal este año California, lo cual era una ventaja ya que el próximo año comenzaría a calcularse con un 9.3% más.
Tendría más o menos $76 millones de dólares después de impuestos.
Aunque su corazón latía más rápido, la compostura de Miguel era absoluta.
Él sabía que tarde o temprano sería multimillonario gracias a su conocimiento del futuro; la única diferencia era que la fortuna había llegado antes y como ya ganó no se quería que si espero a la próxima lotería y con mi llegada y todo lo que he hecho cambie los números.
No era un genio, en esta vida solo tuve suerte…
un sistema, se recordó Miguel, sonriendo internamente.
Por dentro, estaba gritando de alegría; por fuera, su rostro era una máscara de tranquila anticipación.
Con el dinero asegurado, Miguel se enfrentó a un dilema inesperado.
El dinero ya no era una motivación tan crucial.
Su plan de respaldo (comprar una productora y ser productor de las futuras películas que sabe que serán exitosas, si fallaba ser muy conocido como actor) ahora era totalmente innecesario.
Tengo $76 millones de dólares.
Soy el protagonista de dos películas que si todo va bien y no pierdo lo escencial de la actuación de las películas serán un éxito.
Tengo un sistema que me hará unos de los mejores actores y el dinero ya no es el motor; es una herramienta.
Miguel se puso a pensar en su plan de inversión a largo plazo: —Si quisiera ahora mismo comprar acciones de Marvel antes de que Disney las compre (que es en 2009)…
Marvel Studios en este momento vale alrededor de $2.5 mil millones de dólares eso es lo que averigue.
Con $76 millones…
solo tendría un 3% de la compañía.
¿Vale la pena la molestia y el riesgo de que el deal se caiga?
Miguel se dio cuenta de que su objetivo ya no era acumular, sino invertir con astucia y disfrutar su vida, a el no le importa pagar completo sus impuestos ya que si quiero invertir en la crisis de este año, pagar los impuestos normalmente me la pasarán un poco de alto, igual no conoce a nadie de las personas de alta sociedad así que si ganó no pueden de culparme de nada solo un joven actor que invertirá a lo loco.
¿Invertir?
¿Pero en qué?
Ya no necesito el dinero para hacer carrera.
Ya la tengo.
Necesito invertir en algo que me dé la mayor rentabilidad y la menor atención mediática.
Miguel se levantó, el boleto ganador en la mano, y por primera vez desde su renacimiento, se preguntó: Si el dinero no es el problema, ¿cuál es el siguiente paso?
Miguel despertó el 13 de marzo de 2008 sintiendo un ligero cosquilleo, no por el rodaje, sino por los $76 millones de dólares que ahora tenía en el bolsillo.
Lo primero era hacer el cobro sin generar el revuelo mediático que suele acompañar a los ganadores de la lotería, especialmente a una celebridad incipiente.
Tomó su teléfono y buscó discretamente en internet la oficina de la Lotería de California más cercana que manejara grandes premios.
La oficina central de Sacramento estaba muy lejos, pero descubrió que el cobro para grandes premios se podía iniciar en la oficina del distrito de Van Nuys, en el Valle de San Fernando, a una distancia razonable de Malibú.
Antes de salir, Miguel se puso su indumentaria más anónima: gafas de sol oscuras, una gorra de béisbol y una chaqueta de hoodie simple.
El Audi R8 era demasiado llamativo, así que tomó su coche de respaldo, un sedán discreto que había comprado con su dinero de las apuestas, para mantener un poco de perfil bajo.
El edificio de la Lotería de California en Van Nuys era funcional, no glamoroso.
Miguel esperó su turno en una fila corta, sintiendo el boleto ganador en el bolsillo interior de su chaqueta.
Cuando fue su turno, se acercó a la ventanilla.
—Buenos días.
Quisiera iniciar el proceso de cobro de un premio mayor —dijo Miguel, entregando el boleto y una identificación que había gestionado.
La empleada de la lotería, una mujer de mediana edad con un uniforme azul, tomó el boleto y lo pasó por el escáner.
La máquina emitió un sonido que la hizo levantar las cejas.
—Un momento, por favor.
La mujer desapareció en una oficina trasera y regresó con un hombre con traje que parecía ser el gerente del distrito.
Él se sentó frente a Miguel a través de la ventanilla.
—Señor De Boeck, felicitaciones.
Según nuestro sistema, este es el único boleto ganador del premio mayor de anoche.
La suma que ha ganado, después de optar por el pago único en efectivo es de aproximadamente $117.6 millones antes del pago final de impuestos.
—Lo entiendo —asintió Miguel, manteniendo su expresión neutral.
—Queremos confirmar.
El monto que recibirá, después del pago final del impuesto federal estimado en el 35% sin impuestos estatales de aquí en California es el 0%, su premio se acerca a $76.44 millones de dólares.
—Calculaba lo mismo —murmuró Miguel.
El gerente continuó, con una formalidad inquebrantable: —Necesitamos que llene varios formularios de reclamación y divulgación.
Entendemos que q varias personas no le gusta la divulgación.
Tenga en cuenta que la ley de California exige que divulguemos su nombre y la cantidad ganada; no podemos garantizar el anonimato total.
Sin embargo, podemos trabajar con su banco y sus representantes legales para gestionar la publicidad al mínimo.
Miguel llenó los formularios, proveyendo los detalles de su cuenta de banco en un fideicomiso que Ryan le había ayudado a configurar.
—El dinero no será transferido inmediatamente.
Pasará por un proceso de verificación que puede tomar hasta dos semanas, pero recibirá la notificación cuando los fondos estén disponibles en su cuenta —explicó el gerente.
—Muchas gracias.
Por favor, mantengan la discreción hasta que mi equipo legal se ponga en contacto con ustedes.
Miguel salió del edificio.
El proceso estaba en marcha.
Ya no era un actor novato; era un multimillonario a punto de serlo, y su única preocupación ahora era invertir.
De regreso en su apartamento de Malibú, Miguel se sentó con su café, rodeado de notas del guion de 500 Days of Summer.
El dinero ya no era el problema, lo era la inversión inteligente.
Pensó en el futuro: acciones de Marvel, Netflix, Apple.
Todas eran buenas opciones, pero requerían años para madurar.
El cine era diferente.
El cine era su pasión y su campo de experiencia.
Podía ganar dinero sería inteligente invertir en la bolsa y con dinero poder influir en los proyectos de su industria.
13 de Marzo de 2008 Miguel despertó sintiendo el peso de los 76.8 millones de dólares que ahora le pertenecían.
Tras desayunar frente al mar en Malibú, se puso una gorra y gafas oscuras.
Tomó su coche más discreto y se dirigió a la oficina de la Lotería de California en Van Nuys.
El proceso fue tenso pero profesional.
El gerente de la oficina le confirmó las cifras y converso con mi abogado para que todo esté bien: tras el pago único y las retenciones federales del 35%, el monto final en su cuenta sería de $76,800,000.
Miguel firmó los formularios de reclamación bajo un fideicomiso para intentar mantener su nombre fuera de los titulares el mayor tiempo posible.
Al salir, el aire de California se sentía diferente.
Ya no era solo un actor con futuro; era un hombre con un capital que la mayoría de las estrellas de Hollywood tardaban décadas en acumular.
De regreso en su apartamento, Miguel llamó a Ryan.
Necesitaba que su agente moviera los hilos legales para proteger ese dinero.
—Ryan, necesito que vengas a casa.
Ahora.
Es sobre lo que hablamos de la “suerte”.
Media hora después, Ryan entró al apartamento sudando, a pesar de la brisa marina.
Miguel le mostró el comprobante de la reclamación.
Ryan se quedó mudo, su rostro pasó del pálido al rojo en segundos.
—¡¿Setenta y seis millones?!
—gritó Ryan, dejándose caer en el sofá—.
Miguel, por el amor de Dios…
¡Dime que esto es legal!
¡Dime que no estás metido en algo raro de Ecuador!
—Cálmate, Ryan.
Es el Powerball.
Tu mismo lo has comprado así que como te dije no eran por capricho.
Siempre eh tenido suerte y gané el premio mayor del sorteo del día de ayer.
Es dinero limpio, auditado por el estado.
Ryan se tapó la cara con las manos, respirando agitado.
—Entonces eres millonario.
De verdad millonario.
Por eso siempre pedías los boletos…
era una cobertura.
¡Dios mío, mi cliente es más rico que la mitad de la lista A de esta agencia!
Tras unos minutos de euforia, Ryan se recompuso.
Sus ojos de agente empezaron a brillar.
—Bien, esto cambia todo.
Podemos producir tu propia película, comprar los derechos de ese libro que querías…
—No —lo interrumpió Miguel con firmeza—.
No quiero invertir en grandes producciones ahora.
Ryan frunció el ceño.
—¿Por qué no?
Es el momento de consolidar tu productora.
Miguel miró por la ventana.
Recordaba perfectamente lo que estaba por venir en este 2008.
—Ryan, mira las noticias financieras.
El mercado inmobiliario se está hundiendo, los bancos están nerviosos.
Estamos en la víspera de una posible crisis económica de este país.
No voy a meter 20 millones en una película que depende de que la gente tenga dinero para ir al cine el próximo año.
Ryan se quedó pensativo.
No muchos chicos de 17 años analizaban la macroeconomía de esa forma.
Ryan parpadeó, procesando las palabras.
—¿Cortos?
¿Te refieres a vender en corto?
¿Apostar a que las empresas van a caer?
Miguel, tienes 17 años, ¿qué sabes tú de Wall Street?
El mercado está estable, el sector inmobiliario es la base de este país…
—Esa base está podrida, Ryan —lo interrumpió Miguel, su voz cargada con la intensidad del 88% de su plantilla de River Phoenix.
Sus ojos mostraban una convicción que asustaba—.
He estado estudiando los reportes.
Las hipotecas subprime son una bomba de tiempo.
Los bancos como Lehman Brothers y Bear Stearns están sentados sobre una montaña de basura.
Quiero shortear el mercado inmobiliario y los bancos financieros, si no me crees puedes revisar mi certificado de graduación del colegio donde siempre tuve mejores resultados en contabilidad.
Ryan se levantó, caminando de un lado a otro.
—Miguel, eso es extremadamente peligroso.
Si te equivocas, perderás esos 76 millones en una semana.
Estás apostando contra Estados Unidos.
—No estoy apostando contra el país, estoy apostando a favor de la realidad —respondió Miguel con calma—.
Necesito que contactes al equipo legal de ICM.
Quiero que me busquen una firma de gestión de patrimonio o un broker de absoluta confianza.
Alguien que no me estafe y que sea capaz de ejecutar posiciones en corto masivas sin hacer ruido.
No quiero que un novato maneje esto.
Quiero a los mejores, a los que no tengan miedo de nadar contra la corriente.
Ryan se detuvo, mirando a su cliente.
Ya no veía al chico indocumentado que escribió un guion brillante.
Veía a un hombre que parecía saber algo que el resto del mundo ignoraba.
—¿Estás seguro de esto?
—preguntó Ryan en un susurro—.
Si esto sale bien, podrías convertir esos 76 millones en cientos de millones.
Pero si sale mal…
—Saldrá bien.
Solo asegúrate de que el equipo legal de ICM hable con la lotería para que mi nombre no salga a la luz.
No quiero que me busquen por ser millonario, quiero que me busquen por ser el actor del año mientras mi dinero trabaja en las sombras.
Ryan asintió, todavía en shock, pero recuperando su instinto de protección.
—Está bien.
Hablaré con los abogados de la agencia.
Buscaremos una firma de primer nivel en Wall Street con oficina en Los Ángeles.
Nadie te estafará bajo la supervisión de ICM.
Pero Miguel…
esto es una locura de proporciones épicas.
—La locura es confiar en un mercado que está a punto de desaparecer —concluyó Miguel.
Cuando Ryan salió, Miguel regresó a su estudio.
Sabía que en pocos meses, cuando Lehman Brothers colapsara y el mundo entrara en pánico, él estaría sentado sobre una montaña de oro, listo para comprar Hollywood.
Era el 14 de marzo de 2008, un viernes que pasaría a la historia financiera.
Mientras el mundo dormía ignorando el colapso inminente, Ryan Mitchell conducía hacia Century City con las manos sudorosas pegadas al volante.
A su lado, Miguel revisaba su teléfono con una calma que a Ryan le resultaba aterradora.
Llegaron a una de las torres más prestigiosas de Los Ángeles.
Ryan había concertado una cita con una firma de gestión de patrimonio de élite: Lazard & Co.
El hombre que los recibió fue Julian Vane, un gestor de fondos con una reputación impecable y una mirada que analizaba el valor neto de una persona en segundos.
Vane no se dejó engañar por la juventud de Miguel.
En este edificio, el dinero hablaba más fuerte que la edad.
—Señor De Boeck, señor Mitchell, bienvenidos —dijo Vane, guiándolos a una sala de juntas privada con vista a toda la ciudad—.
Entiendo que buscan mover un capital importante en posiciones de alto riesgo.
Vane se sentó y entrelazó sus dedos sobre la mesa de caoba.
Su tono era gélido y profesional.
—Antes de empezar, debemos ser claros.
Nuestra firma actúa como facilitadora.
Nosotros explicamos el mercado, pero el cliente es el único que decide qué apostar.
Si pierden su capital, no es responsabilidad de Lazard.
Nosotros cobramos una comisión fija del 1.5% por transacción y un 10% sobre las ganancias netas en operaciones de alto apalancamiento.
¿Estamos de acuerdo?
Miguel asintió sin pestañear.
Ryan, a su lado, tragó saliva con dificultad.
—Perfecto —continuó Vane, abriendo un folleto con los estados financieros de las principales bancas de inversión—.
Aquí tienen la lista de instituciones que permiten posiciones en corto.
Las noticias dicen que el mercado está volátil, pero estable.
¿A qué empresas tienen en la mira?
Miguel hizo como si estuviera estudiando toda la lista pero no lo necesitaba.
Había estudiado esto en su vida pasada como si fuera una religión.
—Quiero abrir posiciones en corto desde hoy mismo hasta el 17 de marzo contra dos empresas: Bear Stearns y Morgan Stanley.
Vane arqueó una ceja.
Su máscara profesional se agrietó un poco por la sorpresa.
—Entiendo Morgan Stanley; los rumores en el parqué dicen que sus activos son tóxicos y que podrían caer pronto.
Pero, ¿Bear Stearns?
—Vane soltó una risa seca—.
Señor De Boeck, las noticias financieras y los analistas de Wall Street aseguran que Bear Stearns es sólido.
Han recibido apoyo y se mantienen estables.
Apostar contra ellos ahora es…
arriesgado, por decir lo menos.
—Estoy seguro —dijo Miguel, su voz sonando como el acero—.
Hablemos del apalancamiento.
¿Qué es lo máximo que me permiten?
Vane suspiró, pensando que el chico solo quería jugar a ser un tiburón.
—Para clientes nuevos con menos de $5 millones, el máximo es x3 o x4.
Pero dado que ustedes vienen referenciados por ICM y traen un capital masivo…
para montos grandes, podemos ofrecer entre x5 hasta x10.
Todo depende de cuánto esté dispuesto a poner sobre la mesa.
Miguel miró a Ryan, quien asintió levemente, confirmando que el capital ya estaba disponible en la cuenta de custodia.
—Bien —dijo Miguel—.
Quiero apostar $56 millones a Bear Stearns con un apalancamiento de x9.
Y los otros $20 millones a Morgan Stanley con un apalancamiento de x6.
El silencio en la sala fue absoluto.
Vane se quedó helado.
Estaba viendo a un chico de 17 años poner en juego $76 millones de dólares en una posición que controlaba, efectivamente, más de $600 millones de dólares en el mercado.
—Es una posición suicida si el mercado sube un solo punto, señor De Boeck —advirtió Vane, ahora con un tono de preocupación real—.
¿Está usted absolutamente seguro?
Si Bear Stearns sube mañana, su dinero desaparecerá en segundos.
—Firme los papeles, señor Vane —respondió Miguel.
Ryan, que no había hablado en toda la reunión por puro nerviosismo, se puso en marcha.
Como su agente y representante, tomó el documento legal.
Sus abogados en ICM ya le habían dado las pautas: verificar las cláusulas de salida y las protecciones de identidad.
Tras leerlo minuciosamente, vio que todo estaba en orden según lo acordado.
—Está bien, Miguel.
El documento es legalmente sólido —dijo Ryan con voz temblorosa.
Miguel tomó la pluma estilográfica y firmó con una caligrafía firme.
Se puso de pie y le tendió la mano a Vane, quien la estrechó con una mezcla de respeto y lástima, convencido de que nunca volvería a ver ese dinero.
—Esperaremos su llamada el día 17 para el cálculo de las ganancias —dijo Miguel.
—O para la liquidación total de su cuenta —murmuró Vane—.
Hasta entonces, caballeros.
Al salir del edificio, Ryan se detuvo frente al Audi R8, apoyándose en la puerta para no caerse.
—Miguel…
acabas de apostar toda tu fortuna a que el mundo se acaba este fin de semana.
—No, Ryan —dijo Miguel, subiendo al coche y arrancando el motor—.
Acabo de apostar a que el mundo va a cambiar.
Y yo voy a ser el que sea dueño de una parte de él cuando eso pase.
📝 +——————————-+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.
Intentaré subir un capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión, hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.
Like si te gusta y like si no 😂
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com