Nuevo inicio - Capítulo 2
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2: Capítulo 1 2: Capítulo 1 🎲 Capítulo 1: La Primera Apuesta […] Al subir al taxi, indicó al conductor: —Voy a la casa deportiva que se encuentra en el centro, por el parque La Victoria.
—Son cuatro dólares —dijo el taxista.
Jr.
ni se inmutó por el precio.
—Está bien.
Jr.
bajó del taxi frente al parque La Victoria.
Le pagó al conductor.
—Gracias —dijo el joven.
El taxista solo asintió con la cabeza.
Jr.
revisó los alrededores.
Sabía que por esa zona había una casa de apuestas activa desde 2005, un lugar que él y sus primos visitarían esporádicamente años más tarde, cuando su tío regresara de Estados Unidos.
Caminó apenas diez metros, cruzó la calle y preguntó a un señor que pasaba por la casa de apuestas.
El hombre le señaló un edificio contiguo: estaba al lado y se accedía subiendo unas escaleras.
Jr.
entró, subió y enseguida reconoció el lugar, aunque recordaba que, en el futuro, estaría en mejores condiciones.
Le daba tranquilidad saber que el local operaba dentro de la legalidad, asociado a la lotería nacional.
Se acercó a una ventanilla desocupada.
—Hola, buenas.
Quisiera hacer cuatro apuestas combinadas para los partidos de la Champions del 6 y 7 de noviembre —solicitó Jr.
El hombre de la ventanilla lo miró con una ceja alzada y negó con la cabeza.
—Por favor, su cédula.
Solo en ese instante, en ese simple requerimiento, la cruda realidad golpeó a Jr.
con la fuerza de un puñetazo: aún era menor de edad.
Solo tenía diecisiete años.
Le entregó la cédula.
El empleado la revisó y volvió a negar.
—Joven Miguel, usted no puede hacer apuestas.
Necesita a alguien mayor de edad para poder hacerlo.
Cuando venga con un acompañante adulto, podrá realizar la transacción.
Un poco nervioso y diciéndose en su mente: “¡Qué estúpido fui al olvidar lo esencial!”, Jr.
se disponía a darse la vuelta y salir.
Justo en ese momento, un hombre que reconoció entró al local.
—¡Hola, Jr.!
¿Qué haces por aquí?
¿Estás con tu tío?
Era el Doctor, como lo llamaban todos los habituales que jugaban con el al futbol.
Los ojos de Miguel se iluminaron.
—¡Hola!
¿Cómo está, Doctor?
—dijo con entusiasmo—.
Estoy aquí solo.
Mi tío está en casa todavía.
Iba a hacer una apuesta, pero no puedo porque solo tengo diecisiete años.
El Doctor se encogió de hombros con una sonrisa.
—Tranquilo, yo te ayudo a hacer la apuesta.
Soy conocido de tu tío, soy mayor y soy responsable.
Además, es una simple apuesta; si ganas, bien, y si no, ya será para la próxima.
El Doctor se acercó a la ventanilla con Miguel.
—Él viene conmigo.
Ya sabe, el sobrino del Hugo.
El empleado asintió con desgana.
El Doctor se volvió a Miguel: —Listo, mi amigo.
Yo voy a la ventanilla de allá, a tres de esta, que también voy a hacer mi jugada.
Avísame cuando termines.
Miguel agradeció y retomó la conversación con el empleado.
—¿Se pueden hacer apuestas por resultados exactos?
—preguntó Miguel.
—Sí, se puede —respondió el empleado—, pero con un máximo de cinco selecciones por apuesta.
El mínimo es de cinco dólares y el máximo, cien dólares.
Miguel asintió.
—¿Cuáles son las probabilidades de 0-0 y 1-1 para el partido del Real Madrid y el del Chelsea el 6 de noviembre?
—preguntó, y luego aclaró—: Pero que ambos resultados sean para sus respectivos partidos, es decir, el Real Madrid 0-0 y el Chelsea 0-0.
Y lo mismo para los 1-1.
El empleado, por tercera vez, negó con la cabeza, lanzándole una mirada que parecía decir: “Otro que viene a adivinar y no sabe de fútbol.” Pero no dijo nada y tecleó en la computadora.
—Si el Olympiacos y el Real Madrid empatan a cero, la cuota es x16; si apuesta un dólar, gana dieciséis.
Si empatan a uno, es x6.
El partido del Chelsea a cero tiene un x11, y a uno, un x8.
—Entiendo.
Quisiera hacer una apuesta de veinte dólares ($20) por un empate a cero en el partido del Madrid —dijo Miguel.
—Okay, la apuesta potencial está en x176($176) —confirmó el empleado—.
¿Alguna apuesta más?
—Sí.
Veinte dólares ($20) en una combinada de que ambos equipos no hacen goles.
—Para esa combinada simple solo tenemos un x3.1 —respondió el empleado.
—Está bien —aceptó Miguel—.
Me gustaría hacer lo mismo con el Barcelona y la Roma: veinte dólares ($20) por una combinada de que el Barcelona marca menos de 2.5 goles y que el partido de la Roma tiene más de 3.5 goles.
El empleado, resignado, respondió: —Esa combinada sería una ganancia x5.
¿Alguna más?
—Sí, la penúltima.
Veinte dólares ($20) por marcadores exactos: 2-0 para el Barcelona y 2-2 para la Roma.
—Esa está a un x72.
¿Y cuál sería la última?
—inquirió el empleado.
Miguel sonrió, confiado.
—No, mejor serán dos más.
Serían cincuenta y cinco dólares ($55) al empate de los tres equipos Madrid, Roma y Chelsea y que Barcelona gana.
Y otra de cincuenta y cinco dólares ($55) por los marcadores que le dije: 0-0 (Madrid), 0-0 (Chelsea), 2-0 (Barcelona) y 2-2 (Roma).
El empleado alzó una ceja, pero siguió tecleando.
—La primera de cincuenta y cinco estaría a x96, y la segunda combinada, a x13.376.
Por las seis apuestas —cuatro de $20 y dos de $55— serían ciento noventa dólares ($190).
Más diez dólares por si quiere rescindir la apuesta dos días antes del partido.
Pero si gana, esos diez quedan para la casa de apuestas.
Miguel asintió, pues ya conocía esa regla.
—No hay problema.
Está bien.
El empleado pulsó “Enter” y la impresora comenzó a emitir el comprobante.
Tras recibir el dinero, le entregó a Miguel el ticket.
—Como es menor de edad, le aconsejaría que vaya al banco donde tenga una cuenta y vincule el ticket allí si llega a ganar algo.
Si gana una cifra considerable, tiene que dar por impuesto un 5%.
Es más fácil y seguro que el banco se encargue de la transacción directamente.
Si no, pues venga usted mismo a cobrar —dijo el empleado con una cara de desdén o indiferencia, moviendo la mano para indicar que se fuera.
Miguel con una sonrisa dijo: —Gracias.
Al pasar por la ventanilla del Doctor, se despidió: —Doctor, ya terminé.
¡Muchas gracias por la ayuda!
—¡No es nada, campeón!
¡Suerte con esas jugadas!
—respondió el Doctor, sin levantar la vista.
Miguel llamó a un taxi y dijo que iría al Riocentro.
Llegó al centro comercial y se dirigió directamente al banco.
Tomó un turno, y cuando fue su momento, habló con la ejecutiva.
Le explicó que tenía un comprobante de la casa de apuestas, le entregó el ticket y le dio su número de cuenta para vincularlo a un posible cobro.
La chica solo lo miró, tecleó en la computadora, le dio un recibo y le dijo que eso era todo.
Miguel solo dijo “Gracias” y se marchó.
Al llegar a casa, saludó a su madre y se fue directo a su cuarto.
Se lanzó a la cama, exhausto.
Solo en un día, había gastado doscientos veinte dólares ($220), quedándole más de quinientos.
Pero, a pesar del cansancio, estaba exultante: si sus recuerdos no fallaban, tendría dinero.
Se tocó el bolsillo y sacó el papel de la apuesta.
Comenzó a calcular.
—Si no me equivoco, un cálculo rápido me daría más de setecientos mil dólares ($700,000).
Esa cantidad facilitaría mucho la siguiente parte de su plan después de llegar a Estados Unidos.
📝 +——————————-+ Ojalá le guste está historia la verdad es que no sabía que escribir, y como en los anteriores no parecía que les gusta o no había comentarios los dejé y me puse a pensar que sería bueno escribir.
Intentaré subir un capitulo por semana, si les gusta comenten y si no también, igual no soy escritor y siempre quise escribir una historia de regresión y hacer todo lo que no me atrevi en mi vida por miedo al fracaso.
Like si te gusta y like si no 😂 REFLEXIONES DE LOS CREADORES MikellDAngel Deje sus comentarios y los leeré detenidamente.
Está es una obra de ficción creada por un fan.
los personajes pertenecen a sus respectivos creadores y no tengo afiliación con ellos.
Este Fanfiction es solo para el disfrute de fans.
Las historias, personajes y situaciones en esta obra son producto de la imaginación del autor.
Cualquier similitud con personas reales, vivas o muertas, o eventos reales, es mera coincidencia.
está obra es un Fanfiction de regresión.
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