Nuevo Mundo con Cuatro Esposos - Capítulo 679
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Capítulo 679: ¿Podemos hacerlo?
La cena transcurrió rápidamente.
Todos estaban tan cansados del viaje que no pudieron iniciar una charla trivial mientras comían.
Cleora percibió el agotamiento del grupo y no se molestó en intentar iniciar una conversación; en su lugar, ordenó a su gente que hiciera las habitaciones del grupo lo más cómodas posible.
Mientras la cena transcurría, observó a Jacques y a los mediadores a su lado.
Era bastante obvio que a Jonathan no le importaba pertenecerle, pero no parecía formar parte de la vida de casados de Jacques y Renaldo.
Por otro lado, Coco parecía repartir su atención de forma justa cuando se trataba de sus mediadores: les dejaba hacer lo que quisieran, pero les llamaba la atención si llevaban las cosas demasiado lejos para su gusto.
Cleora no era del tipo que se entromete en la vida amorosa de los demás, así que ver a su hija cuidar de sus amados fue algo refrescante.
Dicho esto, la cena transcurrió sin problemas.
Demasiado bien… Tanto que a Coco le provocó un poco de ansiedad, porque normalmente, Cleora habría intentado hacerle preguntas sobre algo.
Pero su madre no lo hizo.
«¿Estará enfadada conmigo?», pensó Coco, acomodándose en la cama y dejando caer la espalda sobre el colchón increíblemente suave.
El camino de vuelta a los dormitorios estuvo envuelto en silencio, y Coco no sabía si era cómodo o forzado; estuvo sujetando la mano de Kairo y de Quizen todo el tiempo, así que no podría decirlo.
Coco dejó escapar un suspiro, se giró sobre un costado y hundió la cara en la almohada.
Alhai y Heiren acababan de volver del cuarto de baño y presenciaron la expresión preocupada de Coco antes de que se diera la vuelta.
—¿Qué pasa? —preguntó Heiren, acercándose a la cama y dejando que la toalla le colgara sobre la cabeza.
Coco giró la cabeza para mirar a Heiren, frunciendo el ceño. —Nada… ¿Acaban de volver? No oí la puerta abrirse cuando entraron.
—Sí —musitó Heiren y se arrastró junto a Coco, agarrando la toalla con las manos para secarse el pelo.
—Dejando eso a un lado, ¿en qué piensas? —repitió Alhai la pregunta de Heiren, acomodándose al otro lado de la cama mientras se secaba su pelo plateado—. No te molestes en mentir. Se nota que hay algo que te inquieta.
Coco se limitó a mirar a Alhai y no respondió. Sabe que se había propuesto empezar a hablar con ellos, pero ¿cómo iba a hacerlo?
«Mis preocupaciones son un poco infantiles, estoy bastante segura de que Alhai se reiría de ellas…», refunfuñó Coco para sus adentros, mientras sus ojos se cerraban por la vergüenza.
Alhai y Heiren intercambiaron una mirada.
«¿Deberíamos?». Alhai enarcó una ceja e indicó con la cabeza a su esposa, que obviamente estaba reflexionando sobre algo.
«Creo que sí». Heiren respondió con un asentimiento, quitándose la toalla de la cabeza.
La conversación terminó ahí mismo y el segundo esposo se arrastró hasta el borde, bajó las piernas de la cama para ponerse de pie y se dirigió a la esquina inferior izquierda del lecho.
Había una cortina atada a la estructura y, con un rápido movimiento de muñeca, soltó la cinta que la mantenía recogida.
Coco no se dio cuenta de lo que pasaba, pues estaba tan ensimismada que no oyó el susurro de las cortinas al caer en su sitio, cubriendo la cama por completo.
Cuando Alhai consideró que había suficiente privacidad, dejó de secarse el pelo y tiró la toalla a los pies de la cama.
—Coco —llamó a la atribulada mujer, con voz suave y queda.
Coco abrió los ojos y se incorporó sobre los codos, abriendo la boca para responder a la llamada de Alhai.
—¿Qué pa…? Mmm. —Coco fue interrumpida cuando Alhai presionó de repente sus labios contra los de ella, logrando callarla y dejando su mente en blanco.
Los ojos de Coco se abrieron de par en par por la sorpresa, sin esperar semejante gesto de él.
Sin embargo, no lo apartó y simplemente aceptó su beso, dejando que la tumbara y entrelazara sus manos con las de ella, sujetándoselas junto a su cabeza.
La lengua de Alhai se deslizó entre los labios de Coco, el húmedo músculo explorando el interior de su boca antes de luchar y enredarse con la lengua de ella.
El movimiento hizo que Coco se estremeciera bajo él; un beso tan tierno pero a la vez intenso que le provocó un cosquilleo en el estómago y que apretara los muslos, esperando que eso ayudara a aliviar el calor que se acumulaba allí abajo.
Alhai profundizó el beso, su lengua luchando contra la de ella en una danza ardiente, sin dejar que ella lo dominara de ninguna manera.
La última vez que compartieron un beso tan intenso fue cuando él se acostó con ella por primera vez, pero esa noche era su primera vez, así que fue Coco quien guio los besos que compartieron.
El beso fue voraz, tan egoísta y tan intenso que ella empezaba a sentir calor.
Afortunadamente, Alhai soltó sus labios y se apartó.
Coco jadeó en busca de aire, con el latido de su corazón retumbando en sus oídos mientras miraba fijamente al mediador, que se lamía los labios como si acabara de probar una comida deliciosa.
—Me estuve conteniendo todo el tiempo que estuvimos dentro del carromato —declaró Alhai sin rodeos, moviéndose en su sitio y arrodillándose entre las piernas de Coco—. ¿Sabes lo difícil que es no besarte en presencia de nuestros amigos? Es normal hacer ese tipo de cosas, pero estaba siendo considerado contigo porque sé que te daría vergüenza.
—¿G-Gracias…? —parpadeó Coco, sin saber qué decir a eso.
¿Qué se puede decir cuando alguien tan guapo y sexi te dice que quería besarte delante de tus amigos? ¿Quizá un «¡Joder, sí, fóllame!»? Sí, claro…, refunfuñó Coco para sus adentros, pero sus mejillas se encendieron ante el ridículo pensamiento.
—Te ves tan deliciosa ahora mismo… ¿Podemos hacerlo?
La voz de Alhai llegó a los oídos de Coco y la sacó de sus pensamientos, haciéndola parpadear como un búho hacia el mediador ante las absurdas palabras.
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