Nunca Fue un Juego - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Capítulo 19 El Corazón de la Oscuridad
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19: Capítulo 19: El Corazón de la Oscuridad 19: Capítulo 19: El Corazón de la Oscuridad El pasadizo secreto era estrecho y húmedo.
Owen avanzaba en cabeza, con la daga en la mano y Slow Perception activada a un nivel bajo para no agotarse demasiado pronto.
Detrás de él iban Henry con su hacha lista, Ava con las manos brillando débilmente y Jacob vigilando la retaguardia.
—Guardias adelante —susurró Owen.
Dos guardias armados custodiaban la entrada a la sala principal.
No tuvieron tiempo de reaccionar.
Henry cargó en silencio y golpeó con fuerza brutal al primero, derribándolo con un solo golpe de su hacha.
Owen se movió como una sombra gracias a su percepción ralentizada y clavó la daga en el cuello del segundo antes de que pudiera gritar.
No fue una pelea difícil.
Los guardias cayeron sin emitir más que un gemido ahogado.
—Siguen siendo humanos normales —murmuró Henry mientras limpiaba su hacha—.
Aún no han empezado a usar a los esclavos como carne de cañón.
Ava asintió, pero su expresión era tensa.
—Sigamos.
No sabemos cuánto tiempo tenemos antes de que se den cuenta.
Avanzaron por un pasillo largo y mal iluminado.
Derrotaron a otros tres grupos pequeños de guardias con relativa facilidad.
Owen usaba Basic Glance para anticipar sus movimientos y Slow Perception para esquivar ataques.
Henry era la fuerza bruta.
Ava curaba rápidamente cualquier herida menor que recibían.
Jacob, aunque asustado, lanzaba piedras con precisión para distraer.
Finalmente llegaron a una gran puerta metálica entreabierta.
El zumbido de energía era ensordecedor.
Owen miró a sus compañeros.
—Aquí está.
El artefacto principal.
Entraron.
La sala era enorme y circular.
En el centro se alzaba un artefacto gigantesco: un cristal enorme, de más de tres metros de altura, pulsando con una luz roja oscura.
Alrededor había cables y runas que brillaban con energía robada.
El aire se sentía pesado, cargado de desesperación.
Owen dio un paso hacia el artefacto, con la intención de usar Void Strike para destruirlo de un solo golpe.
Pero antes de que pudiera activar la habilidad, docenas de guardias fuertemente armados surgieron de las sombras y los rodearon.
Eran más fuertes, mejor equipados y sus ojos tenían un brillo extraño.
Detrás de ellos aparecieron Tanaka y Kuroda.
Tanaka sonreía con esa expresión repugnante de siempre.
—Qué sorpresa.
El mironcito y sus amigos vinieron a hacernos una visita.
Kuroda, con su habitual frialdad, levantó una mano.
Una energía oscura fluyó de él hacia los guardias, potenciándolos visiblemente.
Sus músculos se hincharon y sus ojos brillaron con más intensidad.
—Potenciación completa —dijo Kuroda con voz grave—.
No dejen que se acerquen al artefacto.
Tanaka colocó ambas manos sobre el gran cristal central.
El artefacto comenzó a brillar con más fuerza, emitiendo ondas de energía que hacían vibrar el suelo.
—Voy a hacer que este artefacto sea tan poderoso que de un solo golpe quite las habilidades a toda la ciudad —dijo Tanaka con deleite—.
Después de eso, ya no necesitaremos fingir.
Todos serán nuestros esclavos.
Owen sintió que el odio en su pecho se convertía en algo frío y afilado.
Henry levantó su hacha.
—Entonces tendremos que matarlos primero.
Ava preparó su magia de fuego.
Jacob retrocedió, temblando pero sin huir.
La batalla estalló.
Los guardias potenciados atacaron con fuerza brutal.
Henry recibió un golpe que lo hizo retroceder varios metros.
Ava lanzó bolas de fuego, pero los guardias ahora tenían una resistencia mayor.
Owen usó Slow Perception para esquivar ataques y contraatacar con precisión, pero eran demasiados.
Mientras tanto, en la plaza central… Hinata había creado la distracción perfecta: un incendio controlado en uno de los almacenes y un anuncio de “ataque de monstruos en las murallas”.
La mayoría de los guardias leales a Tanaka habían salido corriendo hacia allí.
Ahora, Hinata se movía como una sombra por los pasillos del edificio central.
Su rostro estaba cubierto con una máscara oscura para que nadie la reconociera.
Usaba su habilidad única: Magia Oscura.
Con movimientos fluidos y silenciosos, tocaba a los guardias que quedaban atrás.
Una niebla negra surgía de sus dedos y los envolvía, dejándolos inconscientes al instante sin dejar marcas visibles.
Mientras noqueaba a uno tras otro, fragmentos de su pasado aparecieron en su mente.
Recordó cuando era solo una jugadora normal en Eternal Frontier, antes del cambio.
Recordó cómo Tanaka y Kuroda se acercaron a ella ofreciéndole “ayuda para construir una ciudad segura”.
Recordó el día en que descubrió la verdad: vio a un amigo suyo siendo llevado al Centro de Procesamiento y regresando como un cascarón vacío.
Desde entonces había estado planeando en secreto.
Fingiendo ser la líder bondadosa mientras preparaba el golpe final.
—No dejaré que destruyan lo poco bueno que queda en este mundo —susurró mientras noqueaba al último guardia del pasillo.
Hinata se enderezó.
Su máscara ocultaba su expresión, pero sus ojos brillaban con determinación.
—Ahora… voy a ayudar a Owen.
Corrió hacia el Centro de Procesamiento, moviéndose con una velocidad que nadie en la ciudad le conocía.
Dentro de la sala del artefacto principal, la situación era crítica.
Los guardias potenciados por Kuroda presionaban sin piedad.
Henry sangraba por una herida en el costado.
Ava estaba exhausta de curar y lanzar fuego.
Jacob había sido golpeado y yacía semiinconsciente.
Owen esquivaba ataques gracias a Slow Perception, pero incluso él estaba siendo acorralado.
Tanaka reía mientras el gran cristal brillaba cada vez más fuerte.
—Un poco más… y toda la ciudad perderá sus habilidades de un solo golpe.
¡Entonces serán nuestros!
Owen apretó los dientes.
El odio en su pecho ardía como hielo.
Estaba a punto de activar Void Strike con todo lo que tenía cuando escuchó pasos rápidos acercándose desde el pasillo.
Hinata irrumpió en la sala, todavía con la máscara puesta.
Sin decir una palabra, extendió las manos y lanzó una onda de Magia Oscura que noqueó a varios guardias de un solo golpe.
Owen la reconoció al instante.
La ayuda había llegado.
Pero Tanaka y Kuroda seguían allí, y el artefacto principal estaba a punto de alcanzar su máxima potencia.
La batalla decisiva por el destino de la ciudad acababa de entrar en su fase más peligrosa.
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