Nunca Juzgues - Capítulo 417
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 417: Capítulo 417
—Voy a ver si Adolfo está libre para almorzar —dijo Cedric mientras sacaba el teléfono y llamaba al joven.
Adolfo tardó un rato en contestar al teléfono, pero Cedric comprendía que estar en el departamento de investigación y desarrollo era bastante agitado.
—¡Eh, Cedric! Cuánto tiempo —dijo Adolfo alegremente por teléfono. Él y Adolfo hablaban de vez en cuando. A Cedric le gustaba hablar con él y mantuvo la amistad que habían entablado.
—¿Quieres que vayamos a almorzar? Invito yo —preguntó Cedric por teléfono.
—¡Sí! ¿Quién le diría que no a una comida gratis? —preguntó Adolfo con entusiasmo.
—Mmm…, ¿y si estuviera envenenada? —dijo Cedric entre risas.
—Maldición, has sido más listo que yo —dijo Adolfo.
—Siempre hay una primera vez para todo —dijo Cedric con orgullo. Se había convertido en un juego para ellos el rebatir cualquier expresión que fuera falsa o que tuviera lagunas. Cedric disfrutaba mucho del pique que tenían entre ellos.
—Entonces, ¿dónde almorzamos? —preguntó Adolfo.
—En el Nouveau —se limitó a decir Cedric, dejando atónito al hombre al otro lado de la llamada.
—¿Estás de broma, verdad? ¿Cómo voy a dejar que me pagues la comida en un sitio tan caro? Por lo que Adolfo sabía, Cedric todavía estaba intentando demostrar a todo el mundo que no era un marido mantenido. Era la historia que Cedric le había vendido a toda la empresa y, en cierto modo, había calado.
—Confía en mí, cuando nos veamos no querrás echarte atrás —dijo Cedric con una sonrisa socarrona. Planeaba revelarle su verdadera identidad a Adolfo. Confiaba en el joven y no tenía dudas de que Adolfo guardaría su secreto.
—Está bien, está bien —dijo Adolfo con una risa—. Allí estaré. Estoy recogiendo mis cosas —le dijo Adolfo a Cedric por teléfono.
—Vaya, genial, perfecto. Te veo en un rato, entonces —dijo Cedric mientras colgaba la llamada.
—¿Vas a mostrarle quién eres? —preguntó Miguel con curiosidad.
—Sí —dijo Cedric asintiendo—. Si es un activo tan valioso como me dices, entonces hay que mantenerlo lo más cerca posible.
—¿Qué tan cercanos son? —le preguntó Miguel a Cedric.
—Bueno, supongo que se podría decir que soy uno de sus únicos amigos en el Grupo Reyes —dijo Cedric con un suspiro mientras pensaba en el joven e inadaptado que había resultado ser un genio—. Suele almorzar con Mae y Dave cuando están libres. A veces me uno a ellos, pero, aparte de nosotros, rara vez habla con otras personas.
—Creo que Adolfo en realidad lo prefiere así —dijo Ian—. Probablemente se aburriría hablando con los demás empleados. Además, parece tan joven que siempre lo subestiman o le hablan con condescendencia.
—Pobre chico —dijo Miguel, negando con la cabeza.
—Deja que termine con estos documentos y luego podemos bajar a almorzar —dijo Cedric con una sonrisa mientras señalaba los documentos de su escritorio.
—Jugaré con Emilio, entonces —dijo Miguel, caminando hacia el niño que jugaba con varios coches de juguete en el suelo.
—Iré a pasar el rato con Mae y Dave —dijo Ian, encogiéndose de hombros—. Es raro pasar de verlos todos los días a verlos apenas en un mes.
—Adelante, date el gusto —dijo Cedric riendo, mientras seguía leyendo uno de los expedientes de su escritorio.
Ian asintió. Sabía que una vez que Cedric se concentraba en el trabajo que tenía delante, no se le podía molestar.
Había bastantes documentos en el escritorio de Cedric. Había cancelado todas sus reuniones, así que todo lo que requería su aprobación se lo habían enviado a su despacho. Parecía que había muchísimas cosas urgentes en el Grupo Reyes.
Cedric se masajeó las sienes cuando terminó de revisar el último documento. Miró la hora: eran las doce y diez. Probablemente Adolfo ya los estaría esperando en el restaurante.
—¿Están listos para almorzar? —preguntó Cedric a Miguel al acercarse a él y a Emilio, que jugaban en el suelo.
—¿Ya has terminado de trabajar, papá? —preguntó Emilio al ponerse de pie. El pequeño perdió el equilibrio, pero, por suerte, Miguel estaba lo bastante cerca para sujetarlo.
—¡Yoyo, ten cuidado! —lo regañó Miguel. Miguel fue quien le puso a Emilio el apodo de Yoyo, ya que el niño no soltaba el yoyó que le había regalado su tío Ray.
—Lo siento, tío Miguel —dijo Emilio al recuperar el equilibrio.
—Venga, vamos a comer —dijo Cedric, tomando la mano de su hijo.
—Miguel, si tanto te gustan los niños, ¿por qué no intentan tener uno Veronica y tú? —preguntó Cedric mientras salían.
—Créeme, Cedric, lo estamos intentando —dijo Miguel con un suspiro.
—¿Almorzamos? —preguntó Cedric mientras estaban de pie frente a la zona de los asistentes. Como no tenía ninguna reunión importante ese día, Cedric simplemente llevaba unos pantalones de vestir y un polo blanco de manga larga, lo que hacía que se mimetizara bastante bien entre sus asistentes.
—Claro, jefe —dijo Dave emocionado mientras se levantaba. Sabía que siempre que el jefe los invitara a almorzar, pagaría él.
—Adolfo se nos une —les dijo Cedric a sus dos asistentes, lo que a ellos les encantó.
—Pagas tú, ¿verdad? —bromeó Ian—. No podemos permitirnos comer en los sitios a los que vas, somos demasiado pobres para eso.
—¡Desde luego que no eres pobre, te pagaba un montón cuando trabajabas para mí! —dijo Cedric mientras el grupo caminaba hacia el ascensor.
—Sí, y ya no trabajo para ti —dijo Ian encogiéndose de hombros, haciendo que todos se rieran de su broma. Gracias a la buena relación que Cedric tenía con sus asistentes, a menudo se desempeñaban muy bien en el trabajo, ya que confiaban en él y conocían muchos aspectos personales de su vida.
Cedric había informado al gerente del Nouveau esa misma mañana para avisarle de que almorzarían allí. Estaba seguro de que nadie de su familia usaría el salón privado, ya que Ayanna estaba con sus amigas comprando vestidos, su padre estaba en la universidad con Charles Hernandez, y su mamá se había ido de viaje con las otras madres.
El gerente sabía que si Cedric llegaba sin disfraz, debía tratarlo como a un cliente más. Así que, cuando llegó el grupo, el gerente simplemente le pidió a uno de los camareros que acompañara a Cedric y a los suyos al salón privado.
—¿Qué haces aquí? ¿Es que te puedes permitir comer en este sitio? —preguntó una voz a espaldas de Cedric y su grupo.
Cedric no reconoció la voz, pero, no obstante, suspiró y se dio la vuelta. Sucesos como este se habían vuelto bastante comunes en su vida.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com