OBLIGADOS A SOBREVIVIR - Capítulo 14
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14: Capítulo 14: Lo que nunca se dijo 14: Capítulo 14: Lo que nunca se dijo El recuerdo comenzó antes de la feria, antes del ruido y antes de los aplausos, en una oficina elegante donde todo estaba en orden y nada parecía fuera de control.
Un Valtor niño estaba de pie frente a su madre, inquieto, moviendo ligeramente las manos, sin la seguridad que normalmente mostraba frente a otros, como si admitir lo que estaba a punto de decir le costara más de lo que quería aceptar.
“Hay un niño…” -Valtor niño dijo, bajando un poco la mirada mientras dudaba.
Su madre lo observó sin interrumpir, tranquila, esperando a que continuara.
“Es inteligente… le gusta crear… hace cosas sin que nadie le enseñe… es mejor que yo… lo hace todo y yo no…” -Valtor niño dijo, dejando salir cada palabra con incomodidad, como si le doliera reconocerlo.
Por primera vez, Valtor dudaba de sí mismo.
Apretó ligeramente los labios antes de hablar otra vez.
“Quiero ganar” -Valtor niño dijo, esta vez con más firmeza, como si necesitara asegurarse de ello.
Su madre sonrió levemente, una sonrisa tranquila pero completamente segura, acercándose apenas hacia él.
“Vas a ganar” -su madre dijo con total certeza.
Valtor niño la miró, sin responder.
Pero algo en esa respuesta no era consuelo… era una promesa ya decidida.
… Días después, la misma mujer estaba sentada frente al director del colegio, con la espalda recta y una expresión calmada, hablando en voz baja pero con una intención clara que no dejaba espacio a interpretaciones.
“Mi hijo no puede perder” -la madre de Valtor dijo con serenidad.
El director guardó silencio unos segundos, entendiendo que aquello no era una simple preocupación de madre.
“No estamos pidiendo nada injusto, solo orden.
Hay un estudiante… Raidis.
Innovador, pero desordenado, fuera de los parámetros, sin guía… ese tipo de proyectos no deberían destacar en un evento institucional” -la madre de Valtor dijo, midiendo cada palabra.
El director asintió levemente, comprendiendo perfectamente lo que se esperaba de él.
“Se aplicarán los criterios correctamente” -el director dijo.
Y con eso… todo quedó decidido.
… La feria científica llegó y el colegio se llenó de vida, de voces y de expectativas.
Los estudiantes mostraban lo mejor de sí mismos con la esperanza de ser vistos, mientras los profesores recorrían cada proyecto evaluando, observando, eligiendo.
Valtor estaba en el centro.
Su proyecto perfecto.
Limpio.
Estructurado.
Respondía con seguridad cada pregunta mientras su familia lo miraba con orgullo desde atrás, sabiendo que todo estaba bajo control.
“Excelente trabajo, Valtor” -un profesor dijo.
“Sin duda uno de los mejores proyectos” -otro profesor dijo.
Todo fluía exactamente como debía.
… En otra esquina, lejos del centro y del reconocimiento, Raidis estaba solo.
De pie junto a su proyecto.
No era perfecto ni ordenado, pero funcionaba.
Tenía ideas propias.
Algo distinto.
Algo que nacía de él.
Porque nadie le había enseñado.
Ningún profesor lo guiaba.
Ninguno se detenía.
Ninguno le explicaba qué hacía bien o qué hacía mal.
Siempre había sido así.
Y aun así… ese día quería ganar.
No por él.
Por su madre.
Porque quería verla feliz.
Porque quería recibirla al final del día con algo que valiera la pena.
Algo que demostrara que todo su esfuerzo no era inútil.
Observaba a los profesores pasar una y otra vez, manteniéndose firme, intentando no mostrar ansiedad.
Esperando.
Pero apenas miraban… y seguían de largo.
Como si ya supieran.
Como si ya estuviera decidido.
Las horas pasaron.
Pesadas.
Silenciosas.
Hasta que finalmente un profesor se detuvo frente a él, mirando su proyecto solo unos segundos, sin interés real.
“Esto no sigue los parámetros establecidos” -el profesor dijo con tono indiferente.
Raidis lo miró, sintiendo una ligera presión en el pecho.
“Pero funciona…” -Raidis dijo, intentando sostener su voz.
El profesor negó suavemente.
“No es suficiente” -el profesor dijo.
Y se fue.
Sin explicación.
Sin oportunidad.
… El anuncio llegó poco después.
“Primer lugar… Valtor” -una voz dijo.
Los aplausos llenaron el lugar.
Fuertes.
Constantes.
Inevitables.
Valtor sonreía.
Su familia también.
Como si todo siempre hubiera estado destinado a ser así.
… Raidis no aplaudió.
No dijo nada.
No reaccionó.
Se quedó de pie, inmóvil, mirando al frente, manteniendo el rostro tranquilo, como si nada le afectara… aunque por dentro algo comenzaba a romperse lentamente.
Se hizo el fuerte.
Apretó ligeramente las manos.
Respiró hondo.
Y simplemente… se dio la vuelta.
Se fue.
Sin que nadie lo notara.
Sin que nadie lo detuviera.
… Caminó a casa solo.
Con su proyecto en las manos.
En silencio.
Sin apurarse.
Como si fuera un día normal… aunque cada paso pesaba más que el anterior.
… Cuando llegó, la casa estaba vacía.
Su madre no estaba.
Trabajando.
Como siempre.
Raidis dejó su proyecto en una esquina y se quedó de pie mirándolo, en silencio.
Intentando sostener todo lo que llevaba dentro.
Repitiéndose que no importaba.
Que estaba bien.
Que no era nada… Pero no pudo.
Lentamente llevó su mano al pecho, apretando la tela de su camisa con fuerza, como si intentara contener algo que ya no cabía dentro de él.
“Deseaba al menos recibir a mi mamá en su cansado día con una buena noticia…” -Raidis dijo con la voz baja y quebrada.
Respiró hondo… pero el aire no fue suficiente.
Y sus pensamientos comenzaron a pesar más de lo que podía soportar.
“Soy un mal hijo…” Pausa.
“Soy un niño inútil…” Su voz se quebró más.
“Solo soy un estorbo…” -Raidis dijo.
Las palabras salieron como si siempre hubieran estado ahí.
Como si nunca se hubieran ido.
Sus ojos se llenaron de lágrimas… y esta vez no pudo contenerse.
Su cuerpo se tensó… y finalmente… se quebró.
Llorando en silencio.
Sin hacer ruido.
Como si incluso eso… tuviera que ocultarlo.
No había nadie ahí.
Nadie para verlo.
Nadie para escucharlo.
Solo él… y todo lo que no pudo decir.
… Ese día entendió algo.
Que no importaba cuánto lo intentara.
Que no importaba lo que hiciera.
Que no era suficiente.
… Y ese día… dejó su meta.
Dejó de creer en lo que hacía.
… El recuerdo se desvaneció lentamente… pero lo que dejó… nunca desapareció.
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