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Obsesión y pecado - Capítulo 59

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Capítulo 59: El Último Latido de Volkov

El silencio en la clínica de la favela se volvió sepulcral tras el eco de la última moto. Val se incorporó en la cama, con el corazón martilleando contra sus costillas, mientras sus ojos no se apartaban de la puerta de madera desconchada. El monitor de los mellizos seguía emitiendo ese tum-tum constante, el único ritmo que la mantenía cuerda.

​La puerta se abrió con un quejido metálico.

​No fue Alessio quien entró. Fue Enzo.

​Venía solo. Su traje táctico estaba desgarrado, tenía una mancha de sangre en el hombro y el rostro cubierto de ceniza. En su mano derecha cargaba el maletín de cuero de Vittorio; en la izquierda, el colgante que Alessio siempre llevaba bajo la camisa.

​—¿Dónde está? —preguntó Val, y su voz fue un susurro cargado de un terror que no había sentido ni frente a las armas de Vittorio—. Enzo, dime dónde está.

​Enzo se detuvo a los pies de la cama. Por primera vez en todos los años que Val lo conocía, el hombre de piedra bajó la mirada. Dejó el maletín sobre la mesa y apretó el colgante entre sus dedos antes de hablar.

​—El búnker de la mansión colapsó tras la explosión de los generadores. El patriarca… el patriarca ya no existe, señora. Los documentos del tratado están aquí, destruidos digitalmente. Vittorio Volkov es historia.

​—¿Y Alessio? —gritó Val, intentando levantarse a pesar del dolor.

​Enzo dio un paso adelante y la sostuvo por los hombros, obligándola a recostarse.

—Se quedó atrás para asegurar que la salida fuera limpia. El fuego bloqueó el acceso principal y… —Enzo guardó silencio un segundo, tragando saliva—, me ordenó que mi única misión era entregarle esto a usted y sacarla de Brasil esta misma noche.

​Val sintió que el aire se congelaba en sus pulmones. Tomó el colgante de Alessio, apretándolo contra su pecho, mientras las lágrimas empezaban a nublarle la vista. El triunfo sobre Vittorio sabía a ceniza si él no estaba ahí.

​—No puede haberme dejado, Enzo. No ahora —sollozó ella, hundiéndose en las almohadas.

​Pero entonces, un ruido de pasos pesados y erráticos resonó en el pasillo. Enzo se giró instintivamente, con la mano en su arma, pero se detuvo al ver la sombra que se recortaba en la entrada.

​Alessio estaba apoyado en el marco de la puerta. Tenía la respiración rota, la camisa empapada en sangre que no era suya y una quemadura que le cruzaba parte del brazo, pero sus ojos buscaban una sola cosa. Al ver a Val viva, a salvo, y escuchar el latido de los mellizos en el monitor, una sonrisa débil y cansada rompió su máscara de guerrero.

​—Te dije… —jadeó Alessio, entrando a la habitación con dificultad—, que no los dejaría crecer sin un padre.

​Val soltó un grito que era mitad llanto y mitad risa. Alessio se desplomó al lado de su cama, tomando su mano con una fuerza que decía más que mil palabras. Enzo, al ver la escena, guardó su arma, tomó el maletín y, con un gesto de respeto casi imperceptible, salió de la habitación, cerrando la puerta para darles su último momento de paz.

Epílogo: El Nuevo Reino

​Seis meses después.

​El sol de la tarde caía suavemente sobre el jardín de una villa escondida en la Toscana italiana, un lugar que no figuraba en ningún mapa de la familia Volkov. No había cámaras de seguridad visibles, aunque Enzo vigilaba desde la colina con un rifle, más por hábito que por necesidad.

​En una manta sobre el césped, dos pequeños bultos se movían con energía. Eran un niño y una niña, con los ojos claros de Alessio y la mirada curiosa de Val. Cerca de ellos, el carpincho de peluche de Paraguay, un poco desgastado, servía de almohada para el pequeño.

​Alessio salió de la casa cargando dos biberones, moviéndose con una torpeza que todavía hacía que Val se riera por lo bajo. Ya no vestía cuero ni cargaba armas a la vista; ahora su mayor batalla era lograr que los mellizos se durmieran al mismo tiempo.

​—El “Gran Heredero” derrotado por una siesta —bromeó Val, acercándose para ayudarlo.

​Alessio la rodeó con el brazo libre y la besó con una paz que les había costado sangre y fuego conseguir. Miró hacia el horizonte, donde el imperio de su padre se había desmoronado para dar paso a algo real.

​—Vittorio quería un presidente, Val —dijo Alessio, mirando a sus hijos jugar—. Pero yo conseguí algo mucho mejor.

​—¿Qué cosa? —preguntó ella, apoyando la cabeza en su hombro.

​—Un mañana.

​Bajo el cielo de Italia, lejos de las sombras de Madrid y las balas de Brasil, la historia de “Obsesión y Pecado” finalmente se cerraba. Los Volkov habían muerto, pero la familia de Alessio y Val acababa de empezar.

​FIN.

Queridos lectores,

​Hoy cerramos el último capítulo de “Obsesión y Pecado”, una historia que nació de la pasión, el drama y el deseo de explorar hasta dónde somos capaces de llegar por amor y por proteger lo que más amamos.

​Acompañar a Val en su transformación de una mujer vulnerable, rota y desordenada a una madre guerrera, y ver a Alessio enfrentarse a sus propios demonios para convertirse en el hombre que su familia necesitaba, ha sido una experiencia inolvidable. Gracias por vibrar con cada persecución, por reír con las ocurrencias de Enzo en los momentos de tensión, y por no soltarles la mano ni en los momentos más oscuros en las sombras del clan Volkov.

​Su apoyo ha sido el motor para que cada página cobrara vida. Espero que este final en la paz de la Toscana les deje el corazón tan lleno como a mí.

​Con todo mi cariño y gratitud,

​Raquel Ortiz ✍️✨

Si te gusto, puedes dejarme en comentarios

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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