Odio y deseo - Capítulo 10
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10: Detención 10: Detención (9:30 en punto.
Las mazmorras.) El golpe de mis nudillos contra la pesada puerta de roble sono fuertemente .No hubo respuesta durante varios segundos, tan largos que me pregunté si debía llamar de nuevo o, mejor aún, darme la vuelta y correr.
Antes de que pudiera decidirlo, la puerta se abrió hacia adentro sin un solo chirrido, como si estuviera aceitada con la misma silenciosa malevolencia que su dueño.
Severus Snape estaba al otro lado.
No sentado en su escritorio esperándome.
No ocupado en sus frascos.
Estaba de pie justo en el umbral, como si hubiera estado contando los segundos, bloqueando la entrada con su alta e intimidante figira.
La luz tenue y verdosa de su despacho salia hacia el pasillo -Puntual, que milagro- Se hizo a un lado, no con un gesto de cortesía, sino con el movimiento preciso de un carcelero que permite la entrada a un condenado.
El espacio que dejó era justo lo suficiente para que yo me deslizara sin rozarlo.
Lo hice, conteniendo la respiración, sintiendo el frío que emanaba de sus ropas como si fuera una extensión de las piedras mismas.
El despacho era exactamente como me lo había imaginado, y mil veces peor.
Estaba sumido en la oscuridad y humedad, iluminado solo por unas cuantas velas verdes que ardían sin humo en candelabros de hierro retorcido.
Las paredes estaban forradas de estanterías repletas de frascos de vidrio donde cosas innombrables flotaban en líquidos de colores turbios.
El aire era espeso, cargado con un cóctel de olores: hierbas amargas, productos animales en conserva, tierra húmeda y, de fondo, el dulzón y repugnante aroma de algo podrido.
Hacía frío, un frío que se colaba por la túnica y calaba los huesos.
Mi mirada fue atraída inevitablemente hacia un rincón, donde una pila de doce calderos de hierro negro esperaba.
Estaban cubiertos de una costra multicolor y brillante, y el olor que salia de ellos era asqueroso una mezcla de huevo podrido, azufre y algo metálico era el responsable de la nota más ofensiva en el aire.
Al lado, sobre una mesa de piedra manchada, había una cesta de la que sobresalían patas palmeadas y pieles verdes y verrugosas.
Sapos cornudos.
Y junto a ella, un montón de lo que parecían gusanos viscosos y gruesos como dedos pulgares.
Gusarajos.
Un cubo de agua limpia ,un cepillo de cerdas duras y un trozo de jabón gris y áspero completaban el cuadro.
-Su equipo de trabajo, señorita Michelle-(dijo Snape, cerrando la puerta .
El sonido resonó como el cerrojo de una celda) Camino silenciosamente hacia su escritorio, una pieza enorme y desordenada de madera oscura, y se sentó.
No me ofreció asiento.
-Escuche com atención porque no lo repetire la secuencia es la siguiente: limpieza de calderos, copiado de archivos, disección.
No se tolerarán interrupciones, quejas o…
disgustos- Se inclinó hacia adelante, entrelazando sus largos dedos sobre el escritorio.
La luz de las velas acentuó las profundas sombras de su rostro.
-Comience.
El caldero de la izquierda.
Quiero ver mi reflejo en la superficie de esos calderos- Tragué saliva, el sonido me pareció obscenamente alto en el silencio.
Caminé hacia la pila de calderos como si caminara hacia un cadalso.
El hedor se intensificó, haciéndome lagrimear.
Me arremangué la túnica, agarré el cepillo y lo sumergí en el cubo de agua fría.El primer contacto con la costra del caldero fue revelador.
Era gomosa, pegajosa y resistente.
Al frotar, desprendía un vapor acre que me hacía toser.
-No le he dado permiso a hacer ningun sonido ,callese.-(Comentó Snape desde su escritorio, sin levantar la vista de un pergamino que estaba leyendo)-Y continue que no se ira de aqui hasta que haya terminado todo sus deberes- Pasó una hora, o tal vez una eternidad.
Mis brazos ardían.
El agua del cubo era una sopa marrón y fétida.
Había logrado limpiar tres calderos, y mis manos estaban rojas, ardiendo por el jabón áspero y el agua fría.
Snape Había dejado de leer y me observaba con una expresión impasible.
Señaló una pila de pergaminos enormes y polvorientos en una esquina de su escritorio.
-Los archivos de ingredientes restringidos, desde 1984 hasta 1994.
Transcriba los nombres completos, lugares de origen y medidas de seguridad de almacenamiento.
Con letra clara.
A mano.
Use esta pluma y esta tinta-(Me deslizó una pluma de ave desgastada y un tintero de hierro)-Cualquier mancha, borrón o error de ortografía, y repetirá la página- Me acerqué y Me senté en el taburete duro que había frente a una pequeña mesa auxiliar.
Abrí el primer pergamino.
La letra era intrincada, a veces casi ilegible, y los nombres eran en su mayoría en latín o en extrañas lenguas mágicas.
Cuerno de bicornio pulverizado, procedente de los Balcanes, mantener en recipiente de plomo a temperatura inferior a 10 grados…
Piel de boomslang, desecada, de África subsahariana, manipular solo con guantes de dragonhide…
Empecé a copiar, concentrando cada fibra de mi ser en no temblar, en no manchar el pergamino virgen que Snape me había dado.
El silencio era absoluto, roto solo por el rasgueo de mi pluma y el lejano goteo de agua en algún rincón de la mazmorra.
Pero podía sentir su mirada en mi evaluando cada movimiento, esperando el más mínimo error.
-Su letra es desesperadamente común-(dijo a los veinte minutos, su voz haciéndome dar un salto y hacer una pequeña mancha de tinta.)-Muy…
muggle.
Corríjalo- Conteniendo una maldición, rasgué la hoja y empecé de nuevo, con las manos ahora también manchadas de tinta.
Después de lo que debieron ser otras dos horas interminables de copiar, con la espalda rígida y los ojos ardientes, Snape se levantó.
-El segmento final- anunció, dirigiéndose a la mesa de piedra con los sapos y los gusanos.
-Disección.
Una habilidad fundamental para cualquier estudiante de pociones que aspire a no ser un peligro ambulante- Se colocó detrás de mí ,me estremeci por la cercania lo suficientemente cerca como para que pudiera sentir el frío de su presencia y oler el leve aroma a alcanfor y pergamino viejo que llevaba consigo.
-Tome el cuchillo.
El más pequeño y afilado.
Un sapo cornudo.
La incisión debe ser precisa, desde el esternón hasta la pelvis.
Si revienta la vesícula biliar, el hedor arruinará los órganos y deberá empezar con otro- Mi estómago se revolvió.
Los sapos estaban muertos, pero fríos y flácidos.
Sus pieles verdes y verrugosas eran repulsivas al tacto.
Agarré el cuchillo.
Era más pesado de lo que parecía.
El primer sapo me miró con ojos vidriosos y opacos.
Inspiré profundamente, conteniendo las náuseas.
No le daría el gusto de verme vomitar.
La incisión fue torpe.
Un hilillo oscuro de sangre y bilis brotó.
-Inutil…-(Susurró Snape justo detrás de mi oreja, haciendo que me estremeciera violentamente) -Extraiga el hígado.
Debe ser separado con cuidado de la vesícula.
Como…
esto- Para mi horror, sus largos dedos, enguantados en negro, aparecieron a mi lado.
Con una precisión escalofriante y tomó el cuchillo de mi mano rozandome y, en dos movimientos fluidos, extrajo el pequeño órgano marrón, lo depositó en un plato de porcelana y señaló la vesícula intacta.
-Así.
Continúe usted.
Y recuerde: etiquete cada órgano.
Su nombre, en letra clara- Me devolvió el cuchillo, ahora manchado.
El resto de la disección fue una pesadilla de viscosidad, olores nauseabundos y la conciencia aguda de su vigilancia.
Mis manos temblaban de fatiga y asco, pero continué, sacando corazones, estómagos, intestinos, etiquetando cada uno con una caligrafía que se volvía más temblorosa por minuto.
Cuando el reloj de péndulo de la pared marcó la una de la madrugada, había diseccionado cuatro sapos y una docena de gusarajos.
Mi delantal estaba manchado de sangre, bilis y baba de gusano.
Olía asqueroso Tome mas sapos y todo iba bien hasta que se me resbalo el cuchillo y perfore varios organos al sapo ,Snape, que había regresado a su escritorio y había estado escribiendo en silencio, dejó caer la pluma.
-Que fue lo primero que le dije?-(dijo, sin mirarme.
Su voz sonaba cansada, y enojado)-Ha demostrado una incompetencia notable incluso para tareas manuales básicas- -Pues se me resbalo fue un accidente, que quiere que haga?
nada mas tiro este y ya ,ya no sirve y sigo con el siguiente si no jamas voy a acabar- (Dije ya estresada porque tenia hambre y sueño y ya estaba cansada)-Ademas no fuimos a cenar al gran comedor y ya tengo hambre -Ese es su problema, ahora callese y siga con su trabajo y no desperdicie mas ingredientes o la mandare al bosque prohibido a recolectar sapos cornudos vivos y usted misma los asesinara, alguna otra queja?- Me quede callada ya no sabia que era peor si sacarle las tripas a los sapos , atraparlos y darles cuello o estar encerrada con severus por mas de 3 horas sin dormir ,sin descanso y sin cena -No…-(Dije en un susurro) -No que?-(Preguntó el demandando algo) -No profesor snape-(Dije fastidiada)-No tengo ninguna otra queja pero si me desmayo aqui sera su culpa y haber que excusa le da a mis demas profesores cuando me encuentren tirada aqui -No seas absurda-(dijo al fin, con voz fría y cortante)-Nadie muere de hambre en Hogwarts por saltarse una cena.
Pero si su concentración es tan patética que un simple estómago vacío hace que desperdicie ingredientes…
entonces sí es un problema.
-Ya le dije cual es la solución que le cuesta dejarme ir al gran comedor por algo oara cenar ademas usted tampoco a cenado- -Callese no es de su incumbencia si ceno o no , yo a cambio de usted, me concentro en cosas importantes y si se desmaya en mi despacho, lo que hare sera arrastrarla de los pies por todo hogwarts hasta llegar a los terrenos y ahi la dejare ,asi que sea un poco mas resistente no se va a morir si no come como glotona una vez en el dia-(Dijo harto me ignoro y se puso a leer un periodico) era un tarado deje de hablar y segui con los demas sapos y enfrascando y limpiando.
Severus Snape/ La señorita Michelle, ahogándose en su propia obstinación y asco, era un espectáculo tan patético como predecible.
Observaba por encima del borde de El Profeta.
Sus movimientos se habían vuelto lentos, mecánicos.
Los temblores en sus manos, antes disimulados, ahora eran evidentes cada vez que intentaba separar un órgano.
La palidez de su rostro, a la luz verdosa de las velas, había adquirido un tinte cetrino.
Había un brillo vidrioso en sus ojos, de fatiga extrema, no de lágrimas.
Lo noté.
Sus palabras, su insolencia temeraria minutos antes, aún resonaban en el aire cargado.
“¿Qué quiere que haga?”.
Un desafío estúpido, producto de una mente agotada.
La amenaza del Bosque Prohibido la había silenciado,la mocosa era de una fragilidad exasperante acostumbradas a comodidades y horarios benévolos… Miré el reloj.
Pasada la 1:30 AM.
Había trabajado sin pausa, sin descanso pero con una terquedad irritante contra todo pronóstico, había evitado el colapso total.
Un colapso que, según mi evaluación, estaba a minutos de ocurrir.Sabía exactamente lo que estaba ocurriendo en esa cabecita agotada: el hambre royendo el estómago, el sueño tirando de los párpados, la rabia contenida contra mí —porque siempre era contra mí—, y esa pequeña chispa de orgullo herido que le impedía admitir en voz alta que estaba al borde del colapso.
Era casi… predecible.
El sonido del cuchillo resbalando sobre las vísceras, seguido de ese tono desafiante y quejumbroso, hizo que una vena latiera con fuerza en mi sien.
Incompetencia e insolencia, una combinación exasperantemente común.
La observé mientras forcejeaba con el siguiente sapo, sus manos temblorosas, su respiración entrecortada.
La palidez cetrina de su rostro a la luz verdosa no era fingida.
Había un límite, incluso para mi paciencia, o más bien, para mi deseo de lidiar con las consecuencias de un desmayo en mi despacho.
Una estudiante desvanecida, especialmente una lo bajo mi supervisión después del toque de queda, generaría preguntas.
Preguntas de Minerva, o peor, de Albus.
Explicaciones tediosas.
Papeles.
Una pérdida de tiempo aún mayor.
Y, aunque me negaba a admitirlo incluso en la privacidad de mi mente, había cruzado un umbral de agotamiento físico que la hacía inútil para cualquier tarea que requiriera precisión.
Continuar era simplemente un derroche de ingredientes.
Con un suspiro de exasperación, dejé el Daily Prophet.
No por compasión, sino por pragmatismo.
Me levanté, el movimiento de mi capa rompiendo el silencio .
Ella ni siquiera alzó la vista, concentrada en no perforar otro órgano, pero su espalda se tensó.
– Sooty!- Un sonido seco como un chasquido, y el elfo doméstico a mi disposicion de las cocinas apareció.
Sus enormes ojos llorosos me miraban con devoción temerosa -¿Maestro Snape llama a sooty?- -Si.
Ve a las cocinas.
Trae un cuenco de sopa caliente ,pan y una jarra de agua.
Nada más.
Y rápido.- Mi orden no dejaba lugar a preguntas.
-¡Sí, maestro!
¡Enseguida!-(sooty hizo una reverencia tan profunda que su nariz golpeó el suelo de piedra, y desapareció con otro crack) volví a mi escritorio y me sente de nuevo.La insolente había dejado el cuchillo sobre la mesa manchada, mirando el espacio donde el elfo había estado con una expresión de confusión y asombro…lo que me faltaba se me olvidaba que a la chica la sorprendian las cosas fantasiosas ,vi como se tallo los ojos -Ya estoy alucinando..¿verdad?-(preguntó) -Se les conoce como elfos domesticos trabajan para albus…en las cocinas y no haga mas preguntas estupidas encontrara mas cosas por el castillo, por supuesto si sobrevive la semana.-(Dije sin mirarla no me importaba en lo absoluto su ignorancia en la magia) sooty reapareció en menos de un minuto, sosteniendo una bandeja de hojalata con un cuenco humeante de sopa clara, una rebanada de pan moreno y una jarra de agua de cristal.
La dejó en mi escritorio donde había indicado.
-Puede retirarse,sooty- El elfo hizo otra reverencia y se desvaneció.
-Tiene diez minutos-( anuncié, reanudando mi lectura del periódico) -10 minutos para que?-(preguntó dejando de laso el sapo que tenia en la mano) -Que mocosa tan mas….-(deje el insulto en el aire deje el periodico de un golpe levantandome tome la bandeja y camine hacia donde ella estaba y la estrelle contra la mesa auxiliar)-Su cena!
No estaba chillando que se moria de hambre y amenazaba con desmayarse?
Coma y callese tiene 10 minutos y despues vuelva a su actividad, que todavia le hacen falta muchos sapos esperando por usted vi como abrio los ojos sorprendida y de inmediato el color rojo en su cara la delataba.Estaba enfurecida.
“Ah , ahi estas ,mocosa desagradecida” no le di importancia si abria la boca para deleitarme con algun insulto muggle podria extender su detencion por mas horas, añadi; -Y no interprete esto como gentileza-(Aclaré)-Es un cálculo para preservar los ingredientes que está a punto de arruinar y evitar el papeleo insufrible que su colapso implicaría.
Termine ese sapo.
Luego, puede consumir su cena, ya sabe donde queda el aula de pociones hay una gargola que escupe agua, un lavabo puede…quitar la suciedad de sus dedos mi despacho esta conectado con el aula Ella obedeció en silencio.Salio por la puerta que conectaba a mi despacho con el aula de pociones ella era Un fastidio.
Un fastidio monumental,pero yo tenía que mantenerla 8 horas bajo mi vigilancia y recordarle que no debe faltarle el respeto a su profesor y jefe de casa.Regrese a mi escritorio despues de unos minutos ella regreso se sento en silencio y comenzó a comer ,yo Seguia concentrado en el periodico viendo las estupideces que al ministerio se les ocurrian deje el periodico y tome un pergamino para realizar la agenda de temas para la clase de pociones de mañana,mire a la mocosa y antes de que empezara a cenar de verdad, le indiqué con un gesto: —Antes de que se siente a devorar esa comida como si llevara tres días sin probar bocado, páseme esos dos frascos de beleño negro y raíz de mandrágora adulta.
Están en el estante superior.
Se levantó sin protestar.
Era un milagro que obedeciera por primera vez desde que tuve la desgracia de conocerla ,no me obedecia y Era una de las cosas que más me molestaban de ella ,no sabe con quien esta tratando Vi cómo arrastraba el pequeño banco de madera que utilizo para alcanzar los ingredientes más altos.
Lo colocó frente a la estantería.
Luego, con un movimiento que pretendía ser práctico pero que resultó innecesariamente revelador, se quitó la túnica negra y la dejó caer sobre el respaldo de una silla cercana.
Quedó solo con el uniforme reglamentario: blusa blanca de algodón grueso, corbata floja, falda plisada hasta la rodilla que, en teoría, cumplía con el código de vestimenta de Hogwarts.
En teoría.
Subió al banco.
Y entonces cometí el error de levantar la vista, no fue intencionado.
O al menos no del todo.
Estaba escribiendo una nota en el margen del pergamino cuando el crujido me hizo alzar la cabeza por puro reflejo.
Y allí estaba ella: de espaldas a mí, de puntillas, estirándose hacia el estante más alto.
La postura la obligaba a arquear ligeramente la espalda, y la falda —maldita sea, la falda— se había subido varios centímetros por el movimiento.
No era indecente.
No del todo.
Pero dejaba a la vista la parte posterior de unos muslos firmes, pálidos, que la luz de las velas volvía casi luminosos.
Me quedé inmóvil.
Tenía veintidós años ,no era una jovencita de quince años como sus compañeras de quinto grado, Era una mujer.
Con todas las consecuencias físicas que eso conlleva.
Y yo… yo era un hombre.
Un hombre que llevaba demasiado tiempo reprimiendo cualquier cosa que se pareciera a un deseo, porque el deseo siempre termina en debilidad, y la debilidad siempre termina en traición.
Apreté la pluma con tanta fuerza que la punta se encajó contra el pergamino.
Ella bajó los frascos uno a uno con cuidado.
Cuando se giró para dármelos, su rostro estaba ligeramente enrojecido por el esfuerzo, Simplemente por el estiramiento.
-Aquí tiene, profesor.- Se acerco al escritorio inclinandose lo suficiente como para que la blusa se tensara de inmediato contra su pecho.
La tela, que en condiciones normales caía holgada, ahora delineaba con precisión cruel dos senos llenos, pesados, que empujaban contra los botones como si quisieran salirse aparte la vista rapidamente fijandome en los frascos que puso y Los tomé sin rozar sus dedos ella se enderezó y acomodó de nuevo el banco que uso a su lugar original -vuelve a ponerte la túnica -(dije, y mi voz salió más áspera de lo que pretendía.) Ella parpadeó, confundida.
-Disculpe?- -He dicho que te pongas la túnica.
Ahora.
No era una petición.
Era una orden.
-Es parte de tu uniforme de slytherin, no le de mas vergüenza a la casa a la que perteneces, que de por si ,ya le das deshonor.
-Ya voy…que genio…-(murmuro molesta pero esa era la menor de mis preocupaciones ahora)-me la habia quitado para no caerme estan muy largas sabe…hace rato me tropece con la misma tela-(Dijo dandose la vuelta para ir por ella y ponersela) Ella, por una vez, no discutió.
Se la puso de inmediato, cubriendo de nuevo esas curvas que no deberían haberme afectado tanto.
Que no deberían haberme afectado en absoluto.
Se sentó a cenar en silencio Se sentó, cruzó las piernas, tomó la cuchara.
La falda volvió a su lugar.
La blusa recuperó su forma natural.
Todo regresó a la normalidad.
Pero yo no.
Seguí mirándola mientras comía, fingiendo que escribia en el pergamino,Durante el resto de la detención, cada vez que levantaba la vista encontraba su perfil: la curva del cuello, el mechón de cabello que se le escapaba del recogido, la forma en que sus labios rozaban el borde del vaso de agua.
Cada movimiento de su garganta al tragar, cada vez que se limpiaba una miga del labio inferior con la punta del dedo… yo lo había notado.
Cada.
Maldito.
Detalle.
No se en que momento deje el pergamino y me quede solamente mirandola cenar ,Odiaba que tuviera veintidós años y un cuerpo que no necesitaba mucho para resultar devastador.
Odiaba, sobre todo, que yo —Severus Snape, el hombre que se enorgullecía de controlar cada maldita fibra de su ser— estuviera sentado con las manos apretadas bajo el escritorio para no hacer algo estúpido, algo irremediable.
sentía la presión creciente, implacable, contra la tela del pantalón.
No era solo una reacción física pasajera; era una traición completa.Mi miembro se había endurecido hasta doler, hinchado, tenso, respondiendo a imágenes que yo mismo había permitido que se formaran en mi mente sin permiso mientras veia a la estupida mocosa.
La vi de nuevo —y vi la versión que acababa de inventarme sin quererlo—: Yo ,acercandome por detras de ella y mis manos grandes, pálidas, rodeando su cintura estrecha.
Los dedos clavándose apenas en la carne blanda sobre su cadera.
Tirando de ella hacia atrás de un solo movimiento ,decidido, hasta que su trasero redondo y firme chocara contra mi entrepierna.
Que Sintiera la erección completamente dura presionada contra la hendidura de su trasero a través de la falda.
El calor de su cuerpo contra mi…El roce mínimo que bastaba para hacerme apretar los dientes.
Y entonces, sin pedir permiso —porque en esa fantasía no lo pedía—, mis manos subían la falda gris plisada con lentitud , La tela se arrugaba, dejaba al descubierto primero la parte trasera de los muslos, pálidos, suaves, ligeramente temblorosos por la sorpresa o por el frío del despacho o por ambas cosas.
Mis palmas deslizandose por esa piel, ascendiendo, abarcando la carne generosa, sintiendo cómo se tensaba y luego cedía bajo mis dedos.
Imaginé deslizar una mano entre sus muslos desde atrás, encontrar la tela húmeda de su ropa interior, presionar con dos dedos contra ese calor que ya sabía que estaría allí dezlizar mi mano hasta llegar hasta el borde de la ropa interior —simple, de algodón blanco, nada provocador y por eso infinitamente más devastador— y enganchar los pulgares en la cintura elástica de sus bragas y bajarlas apenas lo suficiente para exponerla Imaginé el instante exacto en que mi miembro,ya liberado, rozaría la piel caliente de entre su trasero, El contraste de temperaturas.
La humedad que ya estaría allí, traicionándola tanto como mi erección me traicionaba a mí.
El gemido ahogado que escaparía de su garganta cuando la punta se deslizara apenas entre su trasero, sin entrar , solo presionando dezlizandome para que me sintiera.
Me imagine contra toda logistica y todo mi autocontrol darle una buena detención para que no volviera a decirme Puto imbécil , una detención en donde esa mocosa insolente no abriria la boca para insultarme ,al contrario, la abriria para algo..mucho mas productivo ,algo que no tenia nada que ver con un ; Perdón profesor snape “Mierda…” Un pensamiento veloz paso por mi mente, castigarla de otras formas y que cuando saliera de mi despacho despues de horas de detención…
no pudiera ni sentarse…
Mis caderas se movieron involuntariamente bajo el escritorio.
Un movimiento mínimo, casi imperceptible.
Suficiente para que la fricción del pantalón contra mi erección me arrancara un gemido silencioso entre los dientes.Imaginé el sonido que haría su respiración al acelerarse,como me pediria perdon por ser insolente con el hombre mas peligroso del castillo…queria que le quedara bien claro que yo no era un hombre al que se le pueda insultar y salir impune…la detención que albus aprobo, de pronto ,se sintio como una estupida burla .
Me obligué a cerrar los ojos con tanta fuerza que vi manchas blancas detrás de los párpados.
-No-(murmuré, tan bajo que ni siquiera estoy seguro de que lo dije en voz alta) Abrí los ojos de nuevo.
Ella seguía cenando.
No se había dado cuenta de nada.
“Maldita sea severus…controlate” Me obligue a recuperar el control encajandome las uñas en mi propio muslo pero mi erección no cedía.
Dolía.
Me exigia atención, me exigia alivio.
Apreté mas mis uñas ,Inútil.
La imagen seguía allí y cada vez que me la imaginaba la odiaba mas a ella por provocar esta estupidez.
Me obligué a respirar despacio.
Por la nariz.
Contando hasta cuatro.
Exhalando por la boca.
Contando hasta seis.
El truco que usaba antes de las reuniones con el Señor Tenebroso cuando estaba a punto de mentirle a la cara ,El truco que casi nunca fallaba.
Ella terminó de cenar, se limpió las manos con la servilleta Recogió la bandeja y fue a la mesa auxiliar a seguir su tarea con los sapos ,tome el pergamino para concentrarme en lo importante Odiaba que estuviera aqui -Puede marcharse-(murmuré al fin, sin levantar la vista del pergamino pero diciendole lo suficientemente alto como para que me escuchara) -Y los sapos?-(preguntó cuando apenas tomaba uno para diseccionarlo)- -He dicho que se largue-(dije sin mirarla e irritado) Ella se levantó dejando el sapo en su cesta ,se alisó la túnica y salió sin despedirse cuando la puerta se cerró , solté el aire que no sabía que estaba conteniendo y por primera vez en mucho tiempo, me permití odiarme a mí mismo un poco más de lo habitual.
“Porque demonios…reaccione haci…una reacción biologica por supuesto ,es todo…ella es una maldita mocosa ignorante e inútil” Solo entonces dejé caer la cabeza hacia atrás contra el respaldo de la silla pasandome la mano por mi cabello y jalandolo frustrado Cerré los ojos de nuevo.
“Maldita sea…”
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