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Odio y deseo - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Persecución
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14: Persecución 14: Persecución Decidí que no.

Simplemente no.

No iba a presentarme a las cinco en punto como una niña buena que se deja regañar.

No después de la ultima detención que tuve y mi orgullo se rebeló con fuerza.

Comí a toda prisa, apenas masticando, y salí disparada del Gran Comedor antes de que alguien pudiera preguntarme por qué parecía que huía de un dementor.

Corrí por los pasillos, subí escaleras que se movían en el momento más inoportuno, bajé otras que no recordaba haber visto nunca.

El castillo parecía burlarse de mí, pero al menos me daba tiempo para pensar.

Sabía que Snape conocía cada rincón de Hogwarts mejor que nadie.

Supuse que Había sido alumno aquí y profesor durante años.

Si quería encontrarme, lo haría.

Pero tal vez… tal vez si no me veía como esperaba verme, podría ganar unas horas.

O toda la noche.

Entonces los vi.

Un grupo de Gryffindor de tercer o cuarto año, con los uniformes recién lavados y planchados, repartiendo montones de túnicas rojas y doradas en la entrada de la biblioteca.

Parecían estar organizando algo para la casa: limpieza de armarios, donaciones, no sé.

Lo importante era que tenían de sobra.

Me acerqué con la respiración entrecortada, intentando parecer casual.

—Oigan… ¿me prestarían uno de esos?

Es… una apuesta tonta con unos amigos.

Tengo que disfrazarme de Gryffindor por un rato.

Uno de ellos, un chico pecoso con el cabello revuelto, me miró de arriba abajo, notando claramente mi bufanda verde y plateada.

—¿Una Slytherin queriendo ponerse rojo y oro?

—se rió—.

Suena a castigo para una slytherin y no una apuesta con amigos…

Pero vale, toma.

—Me lanzó una túnica que olía a jabón de lavanda y a libertad temporal—.

No la ensucies, ¿eh?

Me la puse encima de la mía sin pensarlo dos veces.

La capucha era grande, me cubría la cabeza y la mayor parte del rostro si la bajaba lo suficiente.

Me miré en el reflejo de una vitrina cercana: desde atrás, o de lejos, podía pasar por cualquiera de ellos.

Pelo negro asomando un poco, pero nada que gritara “Michelle de Slytherin”.

Perfecto.

Las campanas del castillo dieron las cinco.

Me escabullí hacia uno de los pasillos menos transitados, cerca de las escaleras que llevaban a las mazmorras pero sin bajar del todo.

Vi que detras de un retrato se veia algo me acerque y lo levante habia un hueco justamente ahi con una puerta chica -Que esta haciendo?.-Pregunto el señor barbon del retrato -Shhh no hable mas me escondere aqui si alguien pregunta diga que no me vio o que me fui a otro lado -De quien huyes jocencita?- -Mmm de unos amigos- Cerre la puertita y se acomodo el retrato de nuevo en su posición y me quedé quieta.

Inmóvil.

Respirando lo más bajo posible.

Yo no había ido a la detención.

Por supuesto que no.

Sabía que Snape no se conformaría con una simple reprimenda; esa mirada suya, prometía algo mucho peor.

Así que opté por lo sensato: desaparecer.

Severus Snape/ Michelle.

La alumna nueva.

La única criatura en este castillo capaz de gritarle improperios a un profesor como si estuviera en un callejón muggle… y seguir caminando como si nada.

Le di detención por razones más que suficientes: insolencia, alteración del orden, lenguaje impropio, falta de respeto… y por el simple hecho de existir con esa energía caótica que parecía empeñada en poner a prueba cada fibra de mi autocontrol.

Y aun así… Pasaron los minutos.

primero 5 luego 10 y al final 15 No apareció.

Mi despacho estaba en silencio, salvo por el leve crepitar de una vela y el sonido de mis propia respiración No era un simple “se me olvido”,”me perdí en el castillo”.

“no entendí la que dijo”.

Se lo habia dicho fuerte y claro tenia detención a las 5 Esto Era peor era deliberado.

Michelle había tomado una decisión: desafiarme.

Sentí cómo se me tensaba la mandíbula.

Mi paciencia ya de por sí una escasa llego al limite —Perfecto… —murmuré, cerrando el libro que fingía leer—.

Perfecto.

Ella creía que podía esconderse de mí…ella creía que podía humillarme así.

No solo era insolente… era estúpida.

lo comprendí de inmediato la mocosa…

No vendría.

Y algo dentro de mí se tensó no era simplemente desobediencia.

Era un mensaje directo, descarado, infantil: “No puedes obligarme.” —Insolente… —murmuré, con una calma tan falsa que ni yo me la creia Me levanté y sali del aula, El castillo estaba tranquilo, pero yo no.Caminé rápido por los pasillos, el eco de mis pasos marcando un ritmo sabía lo que la mocosa estaba haciendo.

Se estaba escondiendo y Fue entonces cuando recordé una ventaja que Michelle claramente ignoraba: Hogwarts escucha.

Hogwarts observa.

Y Hogwarts tiene guardianes.

Me detuve frente a una armadura encantada cerca del corredor.

Era alta, antigua, con una espada apoyada en el suelo.

Sus ojos vacíos parecían observarlo todo.

Me acerqué sin perder tiempo.

—Ayúdame a encontrarla —ordené.

La armadura se movió.

Un crujido metálico resonó cuando giró la cabeza hacia mí.

Y entonces… dio un paso.

Luego otro.

Como si hubiese estado esperando toda su vida a que alguien le diera un propósito digno.

—Perfecto —murmuré.

Caminamos juntos, como si el castillo hubiera decidido por fin ponerse de mi lado.

Giré en otro pasillo y vi otra armadura.

Me acerqué.

—¿Dónde está la mocosa insolente?

—pregunté, con voz baja,—.

Le hace falta una lección de modales a la recien llegada a hogwarts La armadura levantó lentamente el brazo y señaló hacia un corredor.

La primera armadura avanzó conmigo.

Y después otra.

Y otra.

En minutos, ya no caminaba solo.Tenia a mis espaldas un ejercito de armaduras encantadas Como un juez acompañado por su corte —¿Dónde se metió esa niña con la boca suelta?

—dije, más para mí que para ellos.

El castillo era grande.

Demasiado , pero yo tenia la ventaja de conocer cada rincón de hogwarts desde mi infancia ….seguimos buscando.

Pasillos.

Escaleras.

Rincones.

Puertas.

Nada.

absolutamente nada….

Y con cada minuto, mi paciencia se convertía en una cosa distinta: una furia contenida hacia esa…chica Me detuve de golpe.

—¿Cómo es posible… —dije— …que no pueda encontrar a la chica más insolente de Hogwarts?

La armadura a mi lado no respondió.

Pero su silencio era peor: parecía estar de acuerdo conmigo.

Pero otra, detrás, inclinó el casco como si se sintiera avergonzada.

Ridículo.

Hogwarts era enorme.

Y esa niña… tenía el talento natural para meterse en lugares indebidos.

estaba seguro de que la mocosa se estaria riendo en algún rincón oscuro, pensando que me estaba ganando.

La idea me irritó —Muy bien —murmuré—.

Si quiere jugar… jugaremos.

Michelle/ Entonces lo oí.

Un estruendo metálico.

Pasos pesados.

No de botas… de metal.

Me asomé por una esquina y casi se me para el corazón.

Snape venía caminando por el pasillo principal, flanqueado por al menos seis armaduras huecas que marchaban en perfecta formación detrás de él.

Las placas de metal rechinaban con cada paso, las viseras bajadas como si fueran soldados de verdad.

Él no las tocaba siquiera; solo alzaba una mano enguantada y ellas obedecían, girando a la izquierda o a la derecha, inspeccionando rincones, abriendo puertas con golpes secos.

El imbécil acababa de movilizar un ejército de armaduras encantadas… solo porque falté a una detención.

¿En serio?

Me mordí el labio para no soltar una risa.

Esto era ridículo.

Ridículo y aterrador al mismo tiempo.

En cuanto se fue sali de mi escondite y corrí en dirección contraria, bajando escaleras que se movían justo cuando mas las necesitaba, zigzagueando hacia la biblioteca fui a un pasillo tenia que estar a la vista pero dandole la espalda a la puerta asi si el llegaba a entrar , no sospecharia, me quede embobada revisando los libros de una estanteria pasaron solo minutos cuando la puerta se abrio de golpe supe inmediatamente que era el seguí sin moverme.

La capucha puesta, la cara hacia la estanteria de libros, y el corazón latiéndome tan fuerte que temí que lo oyera.

Los pasos se acercaron.

Se detuvieron a unos metros.

—Salga.

Ahora.

Silencio.

Sentí su mirada recorriendo el pasillo.

Buscaba una maraña de pelo negro sobre una túnica verde y plateada.

Una figura insolente, con los hombros tensos de quien sabe que la han pillado.

Pero yo no era esa figura.

No hoy.

Pasó de largo.

No me vio.

O al menos… no me reconoció.

Siguió avanzando, murmurando algo entre dientes que sonó peligrosamente a “cuando la encuentre…”.

Sus pasos se perdieron en la distancia.

Me quedé allí, temblando un poco, con la adrenalina todavía corriendo por mis venas.

Había ganado.

Por ahora.

Pero sabía que no duraría.

Snape no era de los que se rendían.

Y yo acababa de convertir una detención en una cacería.

Maldición.

¿Qué demonios iba a hacer ahora?

Salí de la biblioteca como si me persiguiera un desquiciado ya que al parecer …justo eso era lo que me sucedia, pero con el corazón en la garganta y la capucha bien puesta.

Cada paso que daba resonaba demasiado fuerte en mis oídos, aunque el castillo estaba lleno de ruido normal: risas lejanas, puertas que se abrían y cerraban, el eco de algún estudiante corriendo hacia clase.

Me pegué a las paredes, evitando las antorchas que iluminaban demasiado.

Decidi ir al lugar mas obvio del castillo el no se daria vuenta seria el mismo resultado que cuando estuve en la biblioteca Era la hora de la cena temprana; el lugar estaría lleno.

Mucha gente.

Mucho ruido.

Mucha confusión.

Perfecto para perderme entre la multitud.

Entré por una puerta lateral, con la respiración entrecortada.

La mesa de Gryffindor estaba casi al completo.

Me acerqué a un grupo de los que me habían prestado la túnica: el pecoso y un par de chicas .

Me dejé caer entre ellos, bajando la capucha lo justo para que me reconocieran.

—Por favor —susurré, casi pegada a la mesa—.

No digan nada.

Nada.

me están buscando y… no quiero que me encuentren.

Les juro que después les explico todo, pero ahora mismo necesito que finjan que soy una más de ustedes.

El pecoso alzó una ceja, pero sonrió de oreja a oreja.

—¿A eres una fugitiva?

Esto se pone interesante…

—Se inclinó hacia mí—.

Quédate quieta y come algo.

Pareces a punto de desmayarte.

Una de las chicas me pasó un plato con pastel de calabaza.

—Come.

No tuve tiempo ni de agradecer.

Las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe.

Severus snape/ Busqué en pasillos, escaleras, corredores de piedra, balcones internos.

Cada vez que una puerta se abría, esperaba verla.

Cada vez que un rincón aparecía, esperaba encontrarla acurrucada como una cobarde.

Decidí cambiar de estrategia si ella no aparecía… yo haría que Hogwarts entero la expulsara de su escondite.Mi siguiente movimiento era logico pero de verdad si la encontraba ahi no solo era estupida…si no que tambien carecia de inteligencia Entré al Gran Comedor con el grupo de armaduras detrás de mí como una procesión de guerra.

Las conversaciones se detuvieron Cientos de alumnos me miraron con esa mezcla de miedo y curiosidad que siempre me ha parecido… útil.

Me dirigí directamente hacia la mesa de profesores.

Minerva me observó con una ceja levantada.

Flitwick dejó su copa a medias.

Pomona parpadeó confundida.

Remus Lupin, recién regresado, parecía curioso incluso antes de entender qué sucedía.

Yo no perdí tiempo Me volví hacia las armaduras que quedaban cerca.

—Posiciónense —ordené—.

Cubran salidas, puertas, entradas incluso…ventanales no vaya a ser que a la insolente se le ocurra una estupidez Las armaduras se movieron obedientes, bloqueando los accesos del Gran Comedor.

Los alumnos se tensaron.

—Profesor… —murmuró un prefecto.

—Silencio.

Comencé a caminar y me plante en el estrado Me giré hacia el alumnado y elevé la voz.

—¡ATENCIÓN!

El Gran Comedor se congeló.

Dejé que el silencio pesara unos segundos.

Que todos sintieran lo que se avecinaba —Alguien vio a la malcriada.

—dije con frialdad—.

Quien la traiga ante mí ,aprobará pociones hoy mismo.

Hubo un estallido de murmullos.

Lo vi en sus rostros: la oferta era indecente.

Para muchos, era un milagro.

Para otros, era la salvación.

Un Gryffindor levantó la mano con descaro.

-¿Y… quién es la alumna malcriada, profesor Snape?- —La chica nueva —dije con desprecio—.

Michelle…de slytherin Y entonces el Gran Comedor dejó de ser un comedor.

Se volvió una cacería.

Vi alumnos levantarse de golpe.

Algunos se empujaron.

Otros salieron corriendo sin terminar de comer.

Varios de Slytherin desaparecieron como ratas entrenadas, ya oliendo la recompensa .Ravenclaws se miraron y calcularon rutas.

Gryffindors parecían debatirse entre el heroísmo y el chisme.

Hufflepuffs… bueno, Hufflepuffs corrían también, aunque con culpa.

La noticia se propagó como pólvora.

Y por los pasillos, mis armaduras se movían.

El castillo entero empezaba a respirar con mi orden.

Las armaduras que no cubrian salidas se dispersaron por el castillo.

Los fantasmas se unieron al espectáculo.

Y Peeves… Peeves estaba feliz.

Se lanzó al aire dando vueltas.

—¡Caza!

¡Caza!

¡Caza de la mocosa!

—canturreó—.

¡Snape está rabioso, Snape está rabioso!

Ignoré al poltergeist con la misma indiferencia con la que uno ignora una mosca… aunque deseé por un segundo arrancarle la lengua , mire como cada armadura miraba a todos los que salian en busca de esa niña testadura revisando que si estaba aqui en el gran comedor no podria hacer bola e irse sin mas , minerva y los demas se levantaron de su asiento alertados y se acercaron a mi —Severus, ¿qué demonios está pasando?

—preguntó con voz cortante—.

¿Ha movilizado a las armaduras de la guardia para qué?

¿Estamos bajo ataque?

¿Es un intruso?

¿Un fugitivo de Azkaban?¿Porque estas buscando a la joven michelle si ella no es una criminal ?

¿Que significa todo este despliegue severus?

—No es una fugitiva de Azkaban —respondi con esa calma helada que ponía los pelos de punta—.

Es una alumna.

Una alumna insolente que decidió ignorar una detención McGonagall parpadeó.

— ¿Y por eso has convertido el castillo en un campo de batalla medieval?

no conteste directamente.

Solo alce una mano y las armaduras se desplegaron y empezaron a caminar lentamente entre las mesas, inspeccionando rostros, capuchas, bufandas.

—Señorita Michelle —dijo en voz alta, sin gritar, pero mi voz llegó hasta el último rincón del comedor—.

Sé que está aquí.

Y créame… esto solo empeora las cosas para usted.

Minerva me tomo del brazo girandome hacia ella -Severus por merlin…esto es exagerado- -Exagerado?

La alumna nueva decidió que mi autoridad es opcional.- Minerva frunció el ceño.

—¿No habrá..otra manera de que hables con ella?

Ademas…que fue lo que hizo Bufé casi burlandome —Minerva la pregunta no es ¿Que hizo?

si no mas bien…

¿Que no ha hecho…?…Esa niña —dije con un veneno— ha insultado a un profesor, ha gritado obscenidades en el castillo, ha causado caos en las cocinas, y ahora ha desobedecido una detención directa ,nisiquiera se cuantos dias han pasado desde que piso el castillo y ha agotado cada gramo de paciencia que me quedaba No es para tanto, Severus —dijo McGonagall, recuperando la compostura—.

Un despliegue así por una alumna nueva…a que profesor dices que insulto?

—A mi…no me pregunte que insultos me dijo minerva porque por el respeto que les tengo no lo repetire ,solo dire que es…

insolencia deliberada Y no toleraré que una Slytherin piense que puede burlarse de la autoridad en mi propia casa.

Durante días, esa niña ha hecho lo imposible por desafiar mi autoridad —dije—.

Insultos.

Groserías.

Escándalos.

Y hoy tuvo la estupidez… o la valentía… de no presentarse a una detención.

Hubo un silencio.

Un silencio lleno de incredulidad.

Remus alzó una ceja, divertido y se unio a la conversación —Vaya…jamas habia escuchado algo como eso asi que te insulto…¿Y estas seguro de que…ella sigue…viva?

—Lamentablemente —respondí sin humor.

Algunos profesores se miraron entre sí como si yo hubiera dicho que un alumno había abofeteado a un congresista Y Remus… se atrevió a sonreír.

—¿Se está escondiendo de ti?

Lo miré.

—Sí.

Remus soltó una risa —Hasta yo…la entenderia perfectamente…mira todo lo que haces por ella ,un ejercitó solo porque falto a….una detención?

Es dramatico incluso para ti no severus?

Incluso si te insulto pero…cuantos estudiantes no te han insultado por lo bajo durante años…?

—Cierra la boca, Lupin —espeté.- Me preguntan porque tanto empeño por encontrarla y castigarla como se merece?

Uno de los tantos insultos que me ha dicho esa mocosa malcriada…fue; “Imbecil” Los ojos de todos se abrieron.

Minerva se llevó una mano a la boca, como si no pudiera creerlo.Los demás parecían estar procesando algo imposible: una alumna había llamado imbécil a Severus Snape y no había muerto.

Vi cómo algunos se miraban como pensando lo mismo: ¿Cómo sigue viva?

—¿Qué… qué te dijo exactamente?-Pregunto pomona —“Puto imbécil”, entre otras cosas —escupí, sin vergüenza.

Era peor guardarlo.

Hubo un silencio Remus abrió la boca, pero no le salió nada Flitwick casi se atragantó.

Hagrid dejó escapar un “¡Ay, no…!” Minerva se giró hacia mí, indignada pero también incrédula.

—Severus, eso no justifica este despliegue.- Yo la miré, con frialdad.

—Lo justifica todo, minerva—respondí—.

Porque además… no se presentó a su detención.

Por cierto , bien merecida —No puedes convertir esto en una cacería, Severus.

—Sí puedo —respondí sin pestañear— cuando la alumna se esconde deliberadamente.

-Se honesto severus le hiciste algo para que ella soltara esos insultos?- Pregunto remus -Por supuesto que no, pero a ella no le complacen mis métodos de enseñanza- -Mmja…-Bufo remus -Estuvo mal en insultarte pero estoy de acuerdo con remus…no le hiciste algo o si severus?- Cuestiono minerva -No…aún no…- Y entonces me di cuenta: el problema no era la detención.

El problema era el mensaje.

Si ella se salía con la suya, el castillo entero lo sabría.

Y no permitiría que la autoridad se me resbalara de las manos por una niña insolente con boca suelta.

Michelle/ Me hundí más en el banco, entre los Gryffindor.

Uno de ellos me puso una mano en el hombro, como para mantenerme quieta.

-Por merlín!

no nos dijiste que el profesor snape era el que te estaba buscando!

Por todos los….nos matara a todos!

-Lo siento yo no…quise meterlos en problemas ademas el no sabe que me ayudaron toda la culpa la asumire yo…-Dije -Demonios….-Dijo el chico pecoso Otro murmuró: —No te muevas.

Ni respires.

-Que…?

Porque?…-susurre bajo -El…esta revisando mesa por mesa a los alumnos que…no fueron a buscarte y se quedaron comiendo…- Trague saliva yo estaba de espaldas a donde snape estaba baje mas mi capucha pero solo un poco para que no se viera sospechoso -Y si se va ahora que esta distraido?- Dijo una de las chicas -No…no ….

mira…esta la guardia por todos lados un movimiento asi e inmediatamente sera sospechoso…El profesor snape no es estupido…es un lider nato en estrategias…

-Maldición …ahora que hago…- Dije tratando de calmarme no habia escapatoria-Que…esta haciendo…??

-Esta recorriendo las mesas…estas perdida…esta revisando estudiante por estudiante-Suspiro la chica resignada- Ya rindete…viene hacia acá ademas tendras que dar la cara algun dia o piensas esconderte en gryffindor por el resto de tus dias?

y aunque asi fuera tienes que ir a clases y una de esas clases es pociones Me quede congelada en mi asiento y fingi comer el pastel pero mis instintos estaban alerta a cualquier movimiento extraño y en ese momento senti una presencia detras de mi , trague saliva Sentí su mirada rozar la mesa.

Rozar la capucha roja y dorada que cubría mi pelo negro.

Se detuvo.

Justo detrás de mí.

—Quítese la capucha —ordenó en voz baja.

No era una petición.

Era una orden.

Segui comiendo como si no me lo dijera a mi si no a alguien mas vi como los Gryffindor a mi alrededor se tensaron viendo hacia algo detras de mi el pecoso abrió la boca para decir algo ,quizá para defenderse, quizá para ganar tiempo , pero snape no le dio tiempo —No estoy hablando con usted,—dijo —.

Hablo con la persona que lleva una túnica que claramente no le pertenece.

Mi corazón se detuvo.

Maldición.

Me había encontrado.

Y ahora… ahora sí que estaba acabada.

Severus snape/ -Señorita michelle…Qué adorable no me escucho acaso?- me acerque mas a ella para que no le quedara duda de que le hablaba justamente a ella —Levante la cabeza —ordené.

Nada.

Apreté la mandíbula.

Entonces tome un poco de su tunica en un puño, y tiré de ella hacia arriba.

—¡AH— La levanté parcialmente del asiento.

—¿USANDO EL UNIFORME DE GRYFFINDOR PARA ESCONDERSE DE MÍ?

—mi voz retumbó— ¿Que cobarde..?

Y entonces, con toda la furia del mundo, me gritó en la cara: —¡A USTED SÍ LE FALTA UN TORNILLO!

Su rostro estaba rojo.

No sabía si de vergüenza o furia.

Minerva se acerco —¡Severus!

¡Basta!

Pomona también intervino, alarmada: —¡No sea brusco con ella!

No las escuché.

Porque en ese momento, lo único que existía era ella y su desafío ridículo.

La solté con brusquedad, como si me diera asco tocarla Me incliné hacia ella, bajando la voz —Debiste haber venido a tu detención.

Ella abrió la boca, lista para responder con alguna barbaridad.

No le di oportunidad.

—Por tu desobediencia… —continué— serás mi asistente.

Abrio los ojos como platos —Y no lo cuestionarás —dije, mirando directo a sus ojos—.

Porque Albus Dumbledore me dio autoridad sobre ti.

Pude sentir el aire tensarse.

Ella estaba incredula y roja del rostro aun Minerva se acerco habia escuchado todo —¿Albus… te dio autoridad…?

-Si total y absoluta en lo que refiera a ella- Mis ojos seguían sobre la insolente mocosa y me dirigi a ella —Y desde este momento —continué— vas a estar donde yo diga, cuando yo diga, haciendo lo que yo diga.

Me acerqué un paso más, lo suficiente para que sintiera mi presencia como un peso.

—Porque si pensaste que esconderte iba a salvarte… —murmuré, — acabas de demostrarme que eres más tonta de lo que imaginé…Diez puntos menos para Slytherin.

Por cada insulto que has pronunciado desde que pusiste un pie en este castillo y tu estrategia infantil y estupida de no presentarte cuando se te ordenó y hacerme jugar a las escondidillas con usted quitandome tiempo…

Y detención ,Todos los días.

Hasta que aprendas que en Hogwarts —me acerqué un paso más— nadie, absolutamente nadie, se burla de mi y sale indemne.

le sostuve la mirada un segundo más.

Luego di media vuelta, la capa azotando el aire.

—Muévete —ordené—.

Ahora.

-Yo…yo no…-Dijo temblando sin saber que decir- -Callate y camina.!Es una orden!—Ella palideció dudando sin saber si hecharas a correr o a decirme algo estupido —Michelle…por favor ve con el…y tu severus no le grites mas, comportate como su profesor…por merlín estas asutando a la niña—.Menciono minerva para calmarme pero solo me enfureci mas —Minerva….ella no es una niña y le gritare lo necesario para que empiece a respetarme y …..creeme me comportare como su profesor y le dare una buena razón para que jamas vuelva a dudar de mi autoridad—.Me gire hacia la mocosa—.Va a caminar o la hago que camine por la fuerza?

Muevase, ahora.

Sin decir mas gire sobre mis talones y camine esperando que ella me siguiera y para suerte de muchos lo hizo sin replicar ni contestar llegamos a mi despacho y Me incliné un poco hacia ella, sin romper el contacto visual.

—Le prometo algo.

—Mi sonrisa fue mínima—.

Esta detención… va a ser inolvidable.

Abrí la puerta de mi despacho, con un gesto brusco la empujé dentro.

Cerré de inmediato.

No fue un cierre cualquiera.

Pronuncié el hechizo de sellado, un encantamiento antiguo que hacía que la madera se fundiera con la piedra, invisible pero impenetrable.

Nadie entraría.

Nadie saldría hasta que yo lo permitiera.

Luego, con la misma frialdad, alcé la varita hacia el aire.

—Muffliato.

El zumbido se instaló de inmediato, un velo sordo que devoraba cualquier sonido antes de que pudiera escapar.

Perfecto.

Nadie oiría lo que ocurriera aquí dentro.

Ni los retratos que fingían dormir en las paredes, ni los elfos domésticos que merodeaban por las mazmorras.

Solo nosotros dos.

Me volví hacia ella.

Seguía con esa ridícula túnica de Gryffindor, la capucha caída sobre los hombros El rojo y el dorado me ofendían más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Era una provocación deliberada, una burla final a mi casa, a mí.

—¿Por qué cerró la puerta así?

—preguntó, intentando sonar desafiante.

Su voz tembló solo un instante, pero lo capté—.

¿Y qué significa eso de Muffliato?

Di un paso hacia ella.

Luego otro.

La distancia se redujo hasta que pude oler el leve aroma a jabón y a miedo que emanaba de su piel.

—Porque no deseo testigos —respondí con voz baja—.

Y Muffliato asegura que nadie escuche.

Ni una palabra.

Ni un grito.Ademas Nada sale de esta habitación a menos que yo lo permita y usted no saldra de aqui hasta que aprenda un poco de modales —Testigos?

No entiendo…sdemas porque puso un hechizo asi , que es lo que no quieren que oigan ?—Dijo confundida Me acerqué más sin darle respuesta a sus estupideces —Quítese la túnica.

Lo dije sin alzar la voz.

No era necesario.

Ella se quedó inmóvil, cruzándose de brazos en un intento patético de protegerse.

—¿Y si no quiero?

—replicó, alzando la barbilla.

—Entonces se la quitaré yo .

Y créame, no le va a gustar cómo lo haga.

Ella dudó.

Uno.

Dos.

Tres segundos.

Luego, con dedos torpes y visiblemente temblorosos, llevó las manos al cuello de la túnica prestada y empezó a desabrocharla.

No aparté la mirada ni un instante.

Que viera que no había escapatoria.

Que entendiera que, en este despacho, las reglas las ponía yo.

Y que esta lección apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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