Odio y deseo - Capítulo 15
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15: Primera tarea a la asistente 15: Primera tarea a la asistente Severus snape/ La puerta terminó de sellarse con un susurro de magia antigua, como si la piedra misma hubiera decidido obedecerme.
Nadie entraría.
Nadie saldría..
El silencio quedó suspendido con el Muffliato, denso y cómodo.
No un silencio pacífico: uno controlado, impuesto.
El tipo de silencio que obliga a los impulsivos a escuchar su propia respiración… y a darse cuenta de que ya no están en un pasillo con testigos.
Ella estaba de pie frente a mi escritorio, aún con esa túnica ridícula de Gryffindor a medio quitar, como si no supiera si terminar el acto o salir corriendo.
Como si correr sirviera de algo.
—Quítese la túnica —repetí, sin alzar la voz.
Mi tono no pedía.
Mi tono no rogaba.
Mi tono no dejaba espacio para “¿por qué?”.
Era una orden.
Michelle tragó saliva.
Sus dedos temblaban apenas en el broche del cuello, pero su barbilla se elevó en desafío.
Vi cómo el desafío se le quebraba por una fracción de segundo.
Lo suficiente.
Y entonces obedeció.
Lo hizo con rabia.
Con orgullo herido.
Con esa clase de obediencia que se siente como un insulto.
Se desabrochó el broche, se deslizó la tela roja por los hombros y dejó caer la túnica sobre la silla más cercana.
El verde de Slytherin apareció debajo como un recordatorio de lo que era.
—Así está mejor —murmuré, sin apartar la vista.
Ella apretó los labios.
—¿Ya terminó su espectáculo?
—dijo, con voz dura.
—El espectáculo fue en el Gran Comedor —respondí—.
Y ese usted lo ocasiono Me fui acercando a ella y ella dio un paso atrás por instinto Y yo segui acercandome Su espalda chocó con el borde de mi escritorio.
La madera crujió con el contacto.
La observé como se observa un ingrediente raro: con interés, con sospecha… con atención…
—¿Sabe cuál es su problema, señorita Michelle?
—pregunté.
—Si..Usted…usted es mi problema…
No pude evitarlo.
Una risa breve, casi sin humor escapó de mi garganta.
—Esa lengua suya… —susurré— la va a meter en mas problemas de los que puede manejar..
—¿Qué va a hacerme?
¿Gritarme otra hora?
¿Quitarme puntos hasta que se le pase el berrinche?¿Ponerme a limpiar sus cochinos calderos?
Me acerqué más, lo suficiente para que el calor de mi cuerpo la obligara a mantenerse quieta.
—¿De verdad cree que esto es un berrinche?
—pregunté, peligrosamente tranquilo.
Ella no respondió simplemente evito mi mirada Levanté la mano lentamente y tomé su barbilla entre mis dedos, obligándola a mirarme —Míreme cuando le hablo.
Michelle tensó la mandíbula, pero obedeció.
Sus ojos… maldita sea.
Eran un problema porque no tenían miedo como los demás…desde que entro a hogwarts ella ha jugado conmigo ,estaba seguro de que tal vez ,solo tal vez no sabia la clase de hombre que era yo —No se presentó a su detención —dije— y convirtió mi autoridad en un juego.
—No es mi culpa que usted tenga un ego del tamaño del castillo ..acaso va a llorar nada mas porque una simple alumna no se presento a detención?
Apreté su barbilla un poco más.
No lo suficiente para lastimarla.
—Cállese.
Ella abrió la boca.
—Cállese —repetí, esta vez con un tono que no permitía discusión.
Y funcionó…por fin cerraba la boca Su silencio fue un triunfo…y me gusto verla calladita sin replicar o decir alguna de sus tonterias.
Solté su barbilla y caminé hacia la estantería, como si su presencia no me afectara.
Como si mi sangre no estuviera más caliente de lo normal.
Como si mi mente no recordara demasiado bien el sabor de su boca de aquella vez..
Tomé un frasco, lo sostuve entre los dedos.
—Va a ser mi asistente.
—¿Y si me niego?
Me giré lentamente y volvi a acercarme a ella —Entonces le juro por Merlin que haré que se arrepienta de cada segundo de insolencia que me ha regalado.
Y usted no puede negarse a menos de que quiera que albus se entere que ha desobedecio una orden directa de el…y mia Ella tragó saliva parecia que respetaba mas a albus que a mi…
—Se negara?
porque si esa es su respuesta…puede irse yo me encargare de que albus se entere de que me ha desobedecido y ha quebrado mas de 17 reglas del reglamento interno de hogwarts…Agresion…Lenguaje soez…Faltar a sus deberes …a castigos…podria darle una lista de todas las reglas que rompio e inventar mas solo para alargarla..podria enviar un pergamino a albus con todas nuestras aventuras detalle a detalle y por supuesto exagerando otras, incluso, podria poner en su expediente que me robo ingredientes y se fue a venderlos al callejon diagon o…a otro mas prohibido..no me rete puedo ser muy creativo —Usted está enfermo…
—No —respondí con calma—.
Estoy harto.
—Albus no creera sus tonterias…yo nisiquiera se donde esta su dichosa bodega y no podria vender sus tonterias por el simple hecho de que tiene porquerias metidas en los frascos y que asco…ademas ,aunque quisiera ir a venderlas….no sabria en cuanto dar organos de sapos metidos en frascos de vidrio en un liquido que aun no se si es agua o que mierda , cree que tengo ganas de ir a vender higados de sapos en escabeche??—Dijo indignada —Cada dia me sorprende mas cada estupidez que sale de su boca señorita….—Dije harto por lo que soltó, supire tocandome el puente de la nariz buscando paciencia donde ya no la habia— Por favor…ya callese —En cuanto podria vender sus plantitas en escabeche…—Susurro pensativa mirando al suelo del despacho La ignore por completo dejé el frasco con un golpe seco sobre el escritorio detras de ella —Bien, como no se ha ido, tomare eso como su decisión ,que por cierto es una decisión sensata A partir de hoy, vendrá aquí cada noche.
Después de la cena.
No importa si llueve, si tiene tareas, si tiene ganas de llorar o de incendiar el castillo tambien vendra por las mañanas y tardes …depende de la hora en la que necesite de sus servicios —Pero yo…—Dijo apunto de discutirme —No me interrumpa.
La vi abrir los ojos —Aquí —continué— va a aprender tres cosas: uno: que mi palabra no se cuestiona.
dos: que no puede manipular Hogwarts a su antojo.
y tres… Me incliné hacia ella, acercando mi rostro al suyo, tan cerca que sus labios quedaron a un suspiro.
—…que usted no tiene idea del tipo de enemigo que acaba de ganarse y que debio pensar por lo menos cinco mil veces antes de abrir la boca y dirigirse a mi con tanto descaro y vulgaridad Sus ojos temblaron por primera vez.
Pero no retrocedió y por incercia mire a sus labios Maldición.
—¿Sabe qué es lo peor?
—susurré, sin separar mi mirada de su boca—.
Que todavía cree que puede discutirme…
—Puedo.
Mi paciencia se agoto La tome de los brazos con firmeza y La hice retroceder un poco hacia atras chocando contra el escritorio de roble ,su respiración se cortó.
—Escuche bien, señorita Michelle —dije, en voz baja—.
Usted no vuelve a cuestionar mi autoridad , me obedecera en cada orden que le de si le digo que cierre la boca , usted obedece y cierra la boca ¿Le quedo claro?
—¿y si no qué?
La insolencia.
La maldita insolencia.
Mi mirada cayó a su boca.
Y recordé.
Recordé el beso.
Recordé cómo se quedó congelada.
Recordé el segundo en que dejó de odiarme y solo… sintió.
Y entonces, sin permiso, sin aviso, me incliné.
Me detuve a milímetros.
Lo suficiente para que su respiración chocara con la mía.
Lo suficiente para torturarla.
—O haré algo mucho peor que quitarle puntos —murmuré.
Su cuerpo se quedó inmóvil.
—¿Está… amenazándome?
—susurró.
—Estoy advirtiendole Me enderecé, dejándola ahí, con el pulso desordenado y el orgullo destrozándose en silencio.
Como debía ser.
—Ahora —dije, volviendo a mi tono profesional como si nada hubiera ocurrido—.
Si va a ser mi asistente, empiece por lo básico.
Le extendí un cuaderno viejo de tapa negra —Escriba.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué?
—Cada insulto que me ha dicho desde que llegó.
Uno por uno.
Sin omitir ninguno.
—¿Para qué?
Me incliné un poco —Porque los pagará.
Uno por uno.
Haciendo planas hasta que le duelan los huesos de la muñeca Michelle apretó el cuaderno como si fuera a lanzármelo.
Y yo la miré con una calma absoluta.
Ella lo sostuvo con rabia, como si el simple hecho de obedecer le ensuciara su orgullo.
Se aparto y se sentó despacio en el sofá, con movimientos tensos, y apoyó la punta de la pluma sobre la hoja.
No escribió.
Me miró Desafiante.
Herida.
Hermosa en la manera más irritante posible.
—¿De verdad quiere que escriba… eso?
—escupió, con desprecio—.
¿Los insultos?
Me apoyé en el borde del escritorio, cruzando los brazos.
—No solo quiero —dije con calma—.
Lo va a hacer.
—Está obsesionado.
Mis labios se tensaron.
“Obsesionado” Esa palabra, en boca de ella, era un insulto.
Porque se acercaba demasiado a la verdad.
Di un paso hacia ella.
—Escriba —ordené.
Michelle apretó la mandíbula.
Y al fin, con un gesto brusco, empezó.
La pluma raspó el pergamino.
La observé en silencio.
No como se observa a una alumna.
Sino como se observa a un animal salvaje ya que ella estaba cerca de ser uno de esos animalitos rabiosos Sus labios se movían apenas mientras recordaba.
Como si repitiera las palabras en su mente antes de plasmarlas.
Me acerque a ella mirando lo que escribia La primera línea apareció.
“Puto imbécil.” —¿Así me llama cuando se cree valiente?
Ella tragó saliva y se detuvo —Escriba—Ordené—¿O además de insolente es lenta?
—Dije con desdén Ella apretó el cuaderno.
Sus dedos blancos por la presión.
—Ya voy!
ya voy…no me presione —escupió.
Tomó la pluma y empezó a escribir con movimientos agresivos, marcando la hoja como si quisiera perforarla.
Me quedé observándola en silencio esperando algun insulto para poder responderle lo que pensaba de su lenguaje Por la misma razón por la que cerré la puerta, sellé el despacho y lancé un hechizo de silencio: porque la necesitaba en mi territorio para recordarle porque jamas debio pisar hogwarts —Lea en voz alta —ordené.
Michelle levantó la mirada de golpe.
—¿Qué?
—Lo que escribe.
Léalo.
—Ni loca.
—Señorita Michelle… —murmuré, y mi voz bajó apenas—.
Si me obliga a repetirle una orden, le prometo que esta noche dormirá en el suelo de mi despacho y no en su acogedora cama en las habitaciones de slytherin asi que piense bien su siguiente respuesta La vi tragar saliva.
Su odio se mezcló con algo distinto.
Algo incómodo.
Finalmente, respiró hondo, y leyó con voz seca: —“Imbécil”.
No hice nada.
Ni un gesto.
Ni una reacción.
Solo esperé.
—“Puto imbécil”.
Mis dedos se cerraron lentamente sobre mi tunica No por ofensa.
Por el recuerdo de su boca pronunciándolo, tan segura, tan arrogante… como si no supiera lo peligroso que era provocarme así.
—“Desquiciado”.
—¿Eso también me llamó?
—pregunté arqueando una ceja —Sí —respondió sin mirarme— En mi mente…y lo sostengo.
Me incliné un poco hacia delante.
—Continúe.
Ella apretó la mandíbula, y siguió: —“Amargado”.
—¿Que mas penso y no me ha dicho?
—dije, como si evaluara un ensayo mediocre.
—“Controlador”.
La pluma raspó el papel.
—“Maldito”.
Sus ojos se alzaron hacia mí con desafío, como si quisiera ver si eso me afectaba.
No le di la satisfacción.
—¿Eso es todo?
—pregunté.
—No.
Volvió a bajar la mirada.
—“Cretino”.
—Me sorprende que no haya escrito murciélago grasiento…—murmuré.
Ella parpadeó, confundida por un segundo.
—¿Qué?
—Nada.Siga.
—“Amargado.” —“Viejo insoportable.” Mi ceja se arqueó.
—Vaya.
Que Creativa —“Sádico.” —“Controlador de mierda.” La pluma tembló un segundo.
No por miedo.
Por rabia.
Yo me incliné lentamente hacia ella, leyendo la.lista de insultos que nisiquiera me habia dicho y me los decia aqui y ahora —No sabía que tenía tanto vocabulario —murmuré cerca de su oído—.
Para alguien que se comporta como una niña.
Ella levanto el rostro de golpe.
—¡No soy una niña!
Estábamos demasiado cerca.
Demasiado.
Su respiración chocó contra mi boca.
Sus ojos estaban encendidos.
Podía ver el temblor de sus pestañas, el rubor en sus mejillas, la ira en sus ojos —No —susurré—.
No lo es.
Mi voz salió más baja de lo que debía “Maldita sea.” Debí alejarme.
Pero no lo hice.
Me quedé ahí, quieto, observándola como si fuera una poción peligrosa: una que no debía tocar, pero que exigía ser probada.
Ella tragó saliva.
Su mirada bajó a mi boca.
Volvió a mis ojos.
—¿Porque esta… mirándome así una foto le duraria mas tarado?
—susurró La insolencia era su escudo.
Siempre lo era.
Me incliné un poco más.
Apenas.
Lo suficiente para que el aire entre nosotros desapareciera.
—No me provoque —murmuré.
—¿O qué?
Sus labios estaban a centímetros.
A centímetros.
Vi cómo respiraba más rápido.
Vi cómo se aferraba al cuaderno como si fuera la única cosa que la mantenía firme.
Vi el desafío en su mirada… pero también la duda.
Por un segundo vi sus ojos y luego sus labios recordando lo suaves que eran Ese segundo exacto fue insoportable.
Mi mano subió.
Mis dedos rozaron su mandíbula y la tome lentamente Ella se quedó inmóvil, como si el contacto no le hubiera sorprendido La acerqué un poco.
Solo un poco.
Ella levantó la barbilla.
Y entonces… Nuestros labios casi se tocaron.
Casi.
Un instante suspendido, Como un hechizo a punto de ser lanzado Mi respiración se cortó, por un segundo… lo deseé.
Desee volverla a besar…lo deseé con violencia quise castigarla con un beso.
quise callarla con mi boca.
Quise hacerla entender, de la manera más cruel y deliciosa, que no podía jugar conmigo.
Ya no…sabia que me estaba pasando con ella ,odiaba admitir que me prendia de maneras indebidas , de maneras en las que un profesor no deberia de pensar hacia una alumna , todo esto estaba mal y tenia que evitar a cualquier costo cruzar ese limite….de nuevo Me aparté de golpe.
Di la vuelta con la capa azotando el aire, alejándome hacia el escritorio fingiendo que lo ocurrido no me había afectado.
Como si no me hubiera dejado al borde del colapso —Suficiente —dije, con voz dura.
El silencio que siguió fue pesado.
Ella respiraba agitada detrás de mí.
Yo también.
Tomé un frasco vacío y lo giré entre mis dedos para ocupar mis manos.
Para mantener el control.
—Escuche con atención —dije sin mirarla—.
Si va a ser mi asistente, va a seguir mis instrucciones sin quejarse.
—No acepté ser su asistente.
Me giré lentamente.
—Sí lo hizo —respondí—.
En el momento en que decidió desafiarme.
Esto es consecuencia.
Ella apretó los labios.
Me acerqué al escritorio, tomé un pergamino limpio y lo dejé frente a ella.
—Sus tareas.
Ella lo miró curiosa —¿Qué es esto?
—Su nueva vida —murmuré—.
Temporalmente.
Se lo leí en voz alta, despacio; —Uno: cada noche, limpiará y ordenará este despacho.
Ella abrió la boca.
Y levante la mano para callarla —Dos: clasificará ingredientes.
Si mezcla uno solo… le juro que la haré repetirlo hasta que se le grabe el orden de cada frasco y su lugar en las estanterias Sus ojos se endurecieron.
—Tres: copiará fórmulas.
y tendra secciones privadas conmigo de pociones , esto para aprender.
Para obedecer.
Albus quiere que deje de estar de floja y mejore —Y cuatro… —mi voz se volvió más baja—: va a aprender a quedarse callada cuando yo se lo ordene.
Ella apretó la pluma con fuerza.
—¿Y qué gana usted con esto?
La miré.
Y por primera vez en toda la noche, dejé que mi honestidad se asomara solo un poco.
—Control —dije—.
Porque usted carece de él.
Sus mejillas se tiñeron.
—Pero…
la interrumpi de golpe —Silencio.Va a ser mi asistente —dije, con voz baja—.
Va a aprender pociones como se debe.
Va a obedecer.
Va a trabajar.
Va a cansarse.
Y cuando su cuerpo ya no tenga fuerzas para su orgullo… tal vez su mente por fin entienda.
—Usted solo quiere humillarme.
—Sí —respondí sin pudor——Quinta regla —dije— llegará cinco minutos antes de la hora indicada.
Si llega tarde, duplico el trabajo.
—¿Trabajo de qué?
—Del que yo decida —Sexta regla: no toca mis ingredientes sin permiso.
Si rompe algo… lo pagará.
Con oro o con horas.
—Septima regla: no me contradice delante de nadie.
Si tiene un comentario insolente, se lo guarda para cuando estemos a solas.Por si se le llega a ocurrir algo asi La miré.
—Y aun así… piense muy bien si quiere decirlo.
Ella tragó saliva.
—octava regla: aprenderá a cerrar la boca cuando se lo ordene.
—Ahora… lo importante.Mañana, antes del amanecer, me acompañará al Bosque Prohibido.
Ella se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—¿Se volvió sorda?
—pregunté con desprecio—.
Al Bosque Prohibido.
Recolección.
Sus ojos se abrieron.
—Al bosque prohibido!?
Esta demente….
¡Está prohibido!
escucho: P-R-O-H-I-B-I-D-O , acaso el nombre no le da la señal de que ese bosque esta PROHIBIDO??!?
—Si no me dice no me doy cuenta señorita..Quiero suponer que por eso se llama así —respondí con sarcasmo Ella se levantó de golpe.
—¡Usted está loco!
—Siéntese.
—¡No!
—Siéntese, Michelle.
El silencio se tensó.
Ella apretó los puños… y lentamente volvió a sentarse.
Como si odiara obedecer.
Como si obedecerme la enfureciera más que el castigo.
—Recolectara raíz de acónito, hojas de díctamo silvestre y hongos de sombra.
—¿Y por qué yo?
—Porque usted necesita aprender lo que es el cansancio real —dije—.
Y porque es mi asistente.
Su voz salió apenas: —Solamente por eso?
Solo voy a recoger esas cosas?
La miré con frialdad.
—Si.
y ademas va a cargar con todo el equipo de recolección —¿Qué?
—Todo el material de recolección.
Las bolsas.
Las cajas.
Los frascos.
Los cuchillos.
Las pinzas.
Las redes.
Y los ingredientes.
Michelle soltó una risa incrédula.
—¡Pero eso pesa!
—Exacto.
Ella se quedó quieta, respirando con rabia.
Yo seguí, implacable: —Necesito ingredientes frescos.
Algunos solo crecen allí.
Y usted los recolectará.
Me incliné un poco, lo suficiente para que sintiera mi presencia otra vez.
—Prepárese mentalmente, señorita Michelle —murmuré—.
Porque mañana cargará todo el material de recolección.
—¿Todo?
—Todo.
—No piensa ayudarme a cargar?Es injusto —Correcto.No la ayudare La palabra salió perfecta.
Cruel.
Definitiva.
—Y por si aún no lo entiende —añadí—: mientras sea mi asistente, dejara de comportarse como la niña malcriada que es Michelle se levantó de golpe.
—Usted disfruta esto…
—Sí —respondí sin pestañear—.
Porque usted lo merece.
Ella se quedó sin aire por un segundo.
Como si no esperara que lo admitiera tan directo.
Yo di un paso hacia ella.
—Mañana, al amanecer.
Frente a la entrada de las mazmorras.
—Tengo clases.
—Las tendrá conmigo.
—¡No puede!
Me acerqué más.
—Si Puedo —susurré—.
Porque usted misma se encargó de darme el motivo.
Ademas anunciare a los demas profesores que se ausentara de las clases a las que no alcance a asistir , ya que ahora es mi asistente ellos lo entenderan y yo le pasare sus trabajos para que los entregue Ella apretó los puños.
—Busca la manera de tenerme acorralada y es asqueroso…como no puede mantenerme calladita y temerosa como el resto de los alumnos usa su autoridad de profesor sobre mi y eso es patetico ….no sabe cuanto lo odio…cuanto lo detesto me da asco profesor snape La miré, quieto, con esa calma que destruye.
—El sentimiento es mutuo Yo me aparté antes de que pudiera responder, como si yo fuera el que no debía perder el control.
Caminé hacia la puerta.
La varita giró en mis dedos.
—Váyase —ordené—.
Y no llegue tarde mañana.
Ella se tenso mirandome con desprecio sin moverse —Fuera.
Por fin suspiro frustrada y se largo Al dia siguiente Perfecto.
Seguimos al día siguiente, tono sobrio, tenso, Snape totalmente fiel, nada explícito, puro dark romance psicológico.
Narrado desde su perspectiva.
CAPÍTULO: “Antes del alba” (Primera persona: Severus Snape) Dormí poco.
No porque el cansancio me lo impidiera, sino porque mi mente se negó a concederme ese lujo.
El silencio de las mazmorras, normalmente reconfortante, se sentía demasiado… atento.
Como si el castillo supiera que algo había cambiado.
Me levanté antes del alba.
El reloj aún no marcaba la hora decente para que un estudiante estuviera despierto, pero yo no tenía intención de concederle a Michelle ni un minuto de ventaja.
El Bosque Prohibido no espera a los perezosos, y yo menos.
Encendí la lámpara con un movimiento seco de varita y me miré en el espejo apenas el tiempo suficiente para asegurarme de que mi expresión era la correcta: impenetrable, fría, perfectamente controlada.
La capa negra.
Impecable.
Las botas.
Limpias, firmes.
La varita.
En su lugar.
Preparado.
No para una excursión.
Para una lección.
Mientras ajustaba los cierres del abrigo, mi mente volvió —contra mi voluntad— a la noche anterior.
A su insolencia.
A su respiración contenida.
A la forma en que casi… Cerré el pensamiento como se cierra un frasco peligroso.
No hoy.
Hoy no había espacio para distracciones.
Tomé la varita, revisé mentalmente los hechizos defensivos necesarios y salí de mi despacho sin mirar atrás.
Las antorchas del pasillo se encendían a mi paso como si el castillo reconociera la urgencia.
El camino hacia las mazmorras de Slytherin fue rápido.
Demasiado.
Ella no estaba.
Por supuesto que no.
La mocosa insolente me habia dejado plantado en la entrada de las mazmorras camine hacia la sala comun de slytherin Llegué a la entrada de la sala común y pronuncié la contraseña con voz baja.
La piedra se abrió sin resistencia.
Dentro, el ambiente era verdoso y sombrío.
Algunos estudiantes dormían en sillones, libros abandonados sobre el pecho.
Otros roncaban todos dispersos en sillones o en la gran alfombra con los libros enterrados en el rostro habia amenazado con que si reprobaban el curso serian acreedores a un extenso horario de clases de pociones incluso en sus horas libres mire alrededor buscandola vi una figura sentada cerca de la mesa central.
Una prefecta.
Despierta.
Levantó la vista de inmediato al verme entrar, rígida como si alguien la hubiera petrificado a medias.
—Profesor Snape —dijo, poniéndose de pie con rapidez.
Asentí apenas.
—¿La señorita Michelle?
—pregunté sin rodeos.
La prefecta dudó un segundo.
—Está… en su dormitorio, señor.
Por supuesto que lo estaba.
Miré hacia la escalera que conducía a los dormitorios femeninos, sabiendo perfectamente que no podía subirla.
Las reglas del castillo eran claras.
Irritantes, pero claras.
Volví la mirada a la prefecta.
—Despiértela.
La joven parpadeó.
—¿Ahora, señor?
—Ahora.
—Pero… aún es muy temprano.
La observé con frialdad suficiente para hacerle comprender su error.
—La señorita Michelle tiene una cita conmigo en el Bosque Prohibido —dije—.
No pienso retrasarme porque ella decida dormir como si no existieran consecuencias.
La prefecta tragó saliva.
—Dígale que tiene exactamente cinco minutos para presentarse aquí, completamente vestida y lista para salir del castillo.
Me acerqué un paso más, bajando la voz.
—Y si se niega… —dije con calma—, la trae como esté.
Los ojos de la prefecta se abrieron.
—¿C… cómo?
—Si es necesario —continué—, la arrastra fuera de la cama.
No me interesa su humor matutino ni sus excusas.
Ayer tuvo tiempo de sobra para desafiarme.
Hoy aprenderá a obedecer.
La joven asintió con rigidez.
—Sí, profesor.
—Y otra cosa.
Se detuvo antes de subir las escaleras.
—Si intenta esconderse, huir o hacerse la dormida… usted perderá su rango de prefecta antes de que termine el desayuno.
No sonreí.
No era una amenaza vacía.
—¿Está claro?
—Perfectamente claro, señor.
Me di media vuelta, apoyándome contra una columna de piedra, cruzando los brazos mientras esperaba.
No miré el reloj.
No lo necesitaba.
Cada segundo que pasaba era una prueba más de su falta de disciplina.
Escuché pasos apresurados en la escalera.
Murmullos.
Una puerta que se abría de golpe.
Y luego… su voz.
Apagada.
Dormida.
Irritada.
Exactamente como esperaba.
Una sonrisa mínima, imperceptible, cruzó mi mente.
La vi aparecer minutos después, arrastrando los pies, el uniforme mal acomodado, el cabello claramente desobediente y los ojos entrecerrados de quien no ha tenido tiempo de procesar su desgracia.
Perfecto.
La prefecta se hizo a un lado como si temiera quedar atrapada en el fuego cruzado.
—Gracias —le dije, sin mirarla—.
Puede retirarse.
Ella prácticamente huyó.
Mis ojos se clavaron en Michelle.
—Cinco minutos tarde —dije, revisando el reloj—.
Empezamos mal.
—Es de madrugada —murmuró ella, con la voz ronca—.
Nadie esta despierto a estas horas sabe…
—Y aun así usted debería estarlo —respondí—.
¿O cree que el Bosque Prohibido se adapta a su horario?
Ella bostezó Apreté la mandíbula.
—¿Está lista?
—pregunté.
—No —respondió con honestidad—.
Pero supongo que eso no importa.
—En absoluto.
Di media vuelta y comencé a caminar hacia la salida.
—Sígame —ordené—.
Y procure no quedarse atrás.
No pienso detenerme por usted.
Escuché sus pasos detrás de mí.
Lentos.
Pesados.
Aún dormida.
Aún insolente.
Aún sin comprender que el día que comenzaba iba a agotarla Y mientras avanzábamos hacia el exterior, hacia el bosque que aguardaba paciente y oscuro…la mire de reojo estaba ya a lado de mi intentanto seguirme el ritmo era absurdo por la diferencia de alturas y aun asi medio corria para avanzar a mi lado sin quedarse atras
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