Odio y deseo - Capítulo 16
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16: Bosque prohibido 16: Bosque prohibido Severus Snape/ El aire en mi laboratorio siempre era más frío que en el resto de las mazmorras.
Una cualidad que apreciaba.
Coloqué el último frasco en el mostrador central con un clic —Éstos —dije, sin volverme hacia ella—, irán en su mochila.
Por fin giré.
Michelle estaba junto a la puerta, los brazos cruzados, el cabello aún rebelde por el sueño interrumpido.
—¿Todos?
—preguntó, con una voz que pretendía ser controlada pero fallaba en el borde.
—Todos.
Y ese saco…
Y la caja con los los diversos tipos de cuchillos, No son frágiles, pero son… pesados.
Su mirada recorrió la pila de materiales: frascos de vidrio grueso con líquidos opacos, paquetes atados con cuerda, hierbas que despedían un leve vapor azulado.
Una carga significativa incluso para un estudiante acostumbrado a cargar libros.
—Es una broma —espetó, y el desafío encendió de nuevo sus ojos—.
No puedo llevar todo eso.
Es abusivo.
Es… —¿Es?
—La interrumpí, levantando ligeramente una ceja.
La fatiga de discutir, la inutilidad de pelear con su terquedad adolescente, No había dormido para esto.
No había planeado esta expedición para perder minutos en berrinches.
Ella abrió la boca para continuar, pero antes de que otra queja saliera, ya le había dado la espalda.
—Empáque Con cuidado —dije, y mi tono era definitivo, el de quien ha cerrado un debate trivial.
Caminé hacia la puerta del laboratorio.
camine al perchero tomamdo ni capa y me la coloque sobre los hombros.
—¿Eso es todo?
¿No va a…?
—insistió, su furia ahora mezclada con incredulidad.
—No voy a perder más tiempo —respondí, abriendo la puerta.
El pasillo oscuro y silencioso nos recibió—.
Sígame.
O el castigo por desobedecer una orden directa hará que esta carga te parezca un juego de niños.
No esperé a ver si obedecía.
Sabía que lo haría.
Su orgullo era grande, pero su instinto de preservación, al menos en lo académico, era mayor.
Los sonidos de frascos siendo embutidos con rabia en la mochila, el gruñido ahogado, me siguieron por el corredor.
Un eco satisfactorio y tedioso a la vez.
El camino hacia los terrenos era largo.
La silueta del castillo, recortada contra un cielo que apenas comenzaba a teñirse de gris pálido, parecía cargada de suspiros.
Y los míos propios, los que no salían, se convertían en un murmullo bajo, en un monólogo venenoso que la falta de sueño y la amargura constante dejaban escapar.
«Otro informe del Ministerio.
Otra ‘revisión’ de mis lealtades pasadas.
Como si el precio de mi espalda, de mis pensamientos, de cada noche desde que tenía veinte años, no fuera suficiente.
Como si salvar al mundo mágico les diera derecho a seguir escupiendo sobre la sombra que les conviene mantener.
C.I.M… El estupido congreso internacional de magos…
Un nombre bonito para una cacería de brujas con papelería.» Un carraspeo áspero, casi una risa amarga, se me escapó.
«Quizás tendrían más cuidado si de verdad les diera lo que esperan.
Si un día, simplemente, decidiera ser el próximo Lord Oscuro que tanto temen que surja.
Sería menos trabajo.
Y al menos el desprecio seria más honesto…» —¿Siempre habla solo?
Su voz, cargada de irritación pero también de una curiosidad , me sacó del torbellino interno.
Estaba a unos pasos detrás, jadeando ligeramente por el peso de la mochila, pero con la mirada fija en mi nuca.
—¿O es que ya se está volviendo loco de una vez?
Me detuve.
No me volví.
El aire de la madrugada era gélido y quieto.
—La lucidez —dije, con una calma que contrastaba con el veneno de mis pensamientos—, es a menudo indistinguible de la locura para quienes prefieren la comodidad de la ignorancia.
Guarda tu aliento para caminar,El bosque no perdona las distracciones.
Reanudé la marcha, más rápido esta vez.
El primer destello del falso amanecer comenzaba a arañar el horizonte, pero la oscuridad verdadera, la que interesaba, aún reinaba bajo los árboles que se alzaban ante nosotros.
Y ella, cargando el peso de mi trabajo y de su insolencia, no tuvo más remedio que apretar el paso y seguir.
—Entonces porque esta hablando solo…y que es eso de lo que hablaba?Eso del Cim…
Un frío cortante, más profundo que el del aire matutino, recorrió mi espina dorsal al oír su pregunta.
La ingenuidad de ella… a veces era un escudo, otras veces, un fastidio No me volví.
Seguí caminando hacia la negra masa del Bosque Prohibido —El C.I.M.
—dije, escupiendo el acrónimo como si me diera asco—.
Es el congreso internacional de magos, Un invento post-guerra del Ministerio de magia.
Una farsa burocrática diseñada para husmear en la vida de cualquiera que haya tenido… asociaciones inconvenientes.
Para asegurarse de que los arrepentidos — mi tono goteó sarcasmo— lo estemos de verdad.
Informes semanales.
Encantadores detectores de falsedad en las entrevistas.
Revisiones de mis pertenencias.
Una celda con paredes de papel, pero celda al fin.
—Entonces esos magos…lo ven como un criminal aun verdad?
Que hizo para estar en la dichosa lista de “magos poderosos de europa”?
—Eso…no es de su incumbencia , y usted como sabe de esa lista?
—Me dijeron ,no quiera hacerme tonta y digame porque tiene el titulo?
Tambien lo alcance a escuchar…diciendo que se quiere convertir en el proximo lord oscuro…que es eso ?
y porque quiere serlo?
es como un titulo que se tiene que ganar con meritos?
Hice una pausa breve, el crujido de nuestras botas sobre la escarcha siendo el único sonido.
—No deberia de preguntarme tanto señorita y para su información …no quiero ser un lord oscuro nisiquiera me llama la atención y si por meritos llama al hecho de ser un genocida psicopata , estar obsecionado con la vida eterna y matar para crear artefactos para obtener la vida eterna entonces jsted esta enferma…un Lord Oscuro —continué, y esta vez una nota áspera, casi de cansancio total, se coló en mi voz— no es un status social.
No es fama.
Es una plaga.
Me detuve al borde mismo del árbol más externo, donde la sombra del castillo ya no alcanzaba.
Por fin me giré lo justo para que ella viera mi perfil, duro contra la oscuridad del bosque.
—Es la tiranía hecha carne.
Un hechicero o bruja de poder tan abrumador y despiadado que somete no solo con miedo, sino con una fe fanática y corrupta.
Se autoproclama Lord (Señor Oscuro) no por un título nobiliario, sino porque pretende ser dueño de la vida, la muerte y la lealtad de todos.
El último lord oscuro fue Voldemort —pronuncié el nombre sin titubeo, viendo cómo ella se tensaba instintivamente—, el no quería ser famoso.
Quería ser un dios.
Miré hacia el castillo, a lo lejos, donde ya empezaban a encenderse algunas ventanas.
—Y cuando uno ha pasado años sumido en ese mundo, fingiendo lealtad a esa… deidad de pesadilla, y luego se gasta hasta la última gota de alma para derrocarlo… —Mi voz se redujo a un susurro áspero— … lo que queda no es gratitud.
Es sospecha.
Unos te señalan como héroe incómodo.
Otros, como un criminal que simplemente cambió de bando a tiempo.
El C.I.M.
es la punta de lanza de esa sospecha.
Volví a empezar a caminar, adentrándonos en la penumbra del bosque.
—Así que, cuando murmuro que quizás sería más fácil darles lo que esperan… —dije, casi para mí mismo de nuevo, pero sabiendo que ella escuchaba— … me refiero a que a veces la única moneda que entienden es el poder puro, crudo.
La amenaza.
Si ya me ven como un futuro tirano en potencia, ¿por qué no actuar como tal?
Sería un rol más sencillo.
Menos hipócrita.
Y sin duda, más respetado por quienes ahora me escrutan con desdén desde sus despachos seguros.
Un silencio pesado cayó entre nosotros, solo roto por el sonido de la maleza y su respiración entrecortada por el esfuerzo.
No era una lección de Historia de la Magia.
Era una confesión , un vistazo a la amargura que sostenía las paredes de mi supuesta lealtad.
Y la había arrojado a ella, a la insolente e ignorante Michelle, porque en ese amanecer helado, parecía la única persona a la que podía arrojársela sin obtener a cambio más que otra mirada de miedo o lástima.
o eso fue lo que crei hasta que me detuve y gire para verla pensativa y hablo —Pero usted seria un lord oscuro solo para complacerlos a ellos….que tiene de divertido eso?
Ser un asesino solo porque esos magos no confian aun en usted ?
le pusieron una etiqueta y usted se lo esta creyendo completito pense que era mas listo…Le juro que aveces quiero controlar mi vocabulario pero usted nomas no coopera ,fijese mi plan era este; No decirle imbecil al profesor snape Pero mi obstaculo; El imbecil profesor snape Le juro que se lo gana solito —Cierre la boca mocosa grosera e insolente—Dije con desden—Detengase ahi…corte esos hongos Se detuvo y agacho la vista a sus pies por encima de la nieve sobresalian unas cetas de hongos me quede pensando en lo que dijo por un microsegundo le di la razón de que yo era un imbecil por dejar que me etiquetaran…Yo cargaba con el C.I.M.
y el fantasma de un título —Lord Oscuro— que nunca quise, pero que el mundo parecía empeñado en coserme a la espalda como una…marca lo cual era estupido ya que aun llevaba conmigo la marca tenebrosa en la piel um recordatorio de lo que fui …soy y sere siempre Su voz me saco del trance de mis pensamientos —digame algo profesor dijo cortando unos hongos agachada en la nieve —Un lord oscuro…es como…ese tipo que…parecia una serpiente?
No se como se llamaba…lo conoci cuando era…niña hace muchos años…el era eso?
un lord oscuro Mis manos, que inspeccionaban unas hongos de un tronco de arbol se detuvieron por un instante.
El aire del bosque pareció volverse más denso, más cargado.
Así que lo había visto albus no exagero en detalles acerca de su infancia….
Pero escucharlo de su boca, con esa curiosidad desprovista del terror que el nombre debía evocar despues de lo que vivio… era desconcertante.
—Sí —respondí, mi voz más baja de lo habitual, arrastrada por la memoria—.
Él era eso.
—Y usted quiere ser como el?
quiere eso..?quiere ser un lord oscuro ?…el cim lo tiene en esa lista de los magos mas peligrosos y poderosos de europa…le molesta tanto que quiere convertirse en un criminal y matar a muchas personas?
Porque le importa tanto si lo llaman una y otra vez a declarar solo vaya e ignorelos…
a pesar de que…lo odio no se me afigura que usted sea un criminal sanginario se que ha matado me conto la otra vez pero no creo que haya sido por placer…y voldemort lo hacia por placer…usted es…mas que un simple criminal…deberia quedarse con su opinion y no con la de los demas sabe…pero haya usted…
El hongo que estaba examinando se desintegró entre mis dedos, reducido a un polvo negro.
Me volví lentamente.
No del todo.
Solo lo suficiente para que ella viera el perfil de mi rostro, tenso.
—Ingenua —dije—.
Terriblemente, peligrosamente ingenua.
Apreté la varita hasta que los nudillos blanquearon.
—No quiero ser un Lord Oscuro porque ellos quieran que lo sea .
Lo que quiero… —Hice una pausa, tragando la bilis que subía a mi garganta— … es que me dejen en paz.
Pero el mundo no funciona con deseos.
Funciona con percepciones.
Y la percepción del C.I.M., alimentada por el miedo residual y la estupidez burocrática, es que soy un cañón cargado, sin seguro, esperando una excusa.
Cada citación, cada ‘entrevista’ con sus Veritaserum diluido y sus miradas acusatorias, no es una molestia.
Es un recordatorio: para ellos, nunca dejaré de ser el hombre que susurraba a los oídos de un monstruo.
Un cuervo graznó en las ramas altas, un sonido rasgado.
—Ignorarlos… —repetí, con un esbozo de sonrisa que no tenía nada de humor—.
Ignorar al congreso es como ignorar un tumor.
Crecen.
Investigan más.
Te clavan sus etiquetas más profundamente.
‘Mago peligroso’.
‘Poder inestable’.
Son palabras que, en los oídos adecuados, son iguales a una sentencia.
O a una invitación para que otros… temerosos o ambiciosos… intenten eliminarme primero.
Finalmente, giré todo mi cuerpo hacia ella.
Mi sombra, alargada por la luz sesgada del amanecer se cernio sobre ella —No aspiro a un trono de huesos, señorita Pero sí conozco la lógica del poder.
Y a veces, la única forma de que un perro rabioso deje de perseguirte no es huir, sino volverte y mostrarle los colmillos.
Hacerles creer, por un momento, que sus peores pesadillas son ciertas.
Que el monstruo que tanto temen está listo para nacer de su propia persecución.
Es… un cálculo cínico.
No un deseo.
Miré la mochila a sus pies, llena de los ingredientes que yo necesitaba.
—Y no me halaga su… evaluación —añadí, volviendo la mirada hacia el sendero del bosque—.
No soy ‘más que un simple criminal’ por falta de placer, sino por un exceso de propósito.
El placer es un lujo de mentes simples o absolutamente corruptas.
El propósito… es una cadena mucho más pesada.
Ahora, guarde sus reflexiones psicológicas y recoja esos hongos de fuego.
No los cortó correctamente; están sangrando ácido por los cortes torpes.
Eso, al menos, es un crimen que sí podemos evitar esta mañana.
Dándole la espalda de nuevo, comencé a caminar más adentro del bosque, dejando que mis últimas palabras, duras y prácticas, cortaran el hilo de una conversación que ya se había adentrado en territorios demasiado personales, demasiado cercanos a la verdad que ni ella ni el C.I.M.
estaban preparados para soportar.
—Espero para tu bien —dije finalmente, volviendo a mi tarea con brusquedad— que esa sea la última vez que tengas que preguntar sobre algo así.
Algunos conocimientos no son un privilegio.
Son una carga.
Y hay cargas —añadí, con una mirada significativa a su abarrotada mochila— que ya son más que suficientes para una mañana.
—pero…usted no es un mounstruo no me cae bien pero…usted no es malo…solo tiene aires de grandeza siendo profesor queriendo pelear con los alumnos de hogwarts…
tal vez el cim es mas imbecil que usted JAJAJA usted podra ser un puto imbecil pero es …honorable y yo no puedo juzgarlo mas alla de que discutimos porque le digo sus verdades y no soporta Jajaj Pero si usted fuera lo que ellos creen…usted ya me habria matado sin pensarlo dos veces…sin embargo no lo ha hecho …solo esta de tonto dandome castigos o diciendome que me va a expulsar—Dijo empezando a guardar los hongos sin nisiquiera mirarme Me detuve en seco.
El bosque pareció contener la respiración.
Ni un susurro de hojas, ni un crujido de rama.
Solo el eco de sus risas, imprudentes, colgando en el aire Lentamente, me di la vuelta.
No con la rapidez de la ira, sino con la pesadez glacial de algo que ha sido tocado en un lugar que no debería existir.
Mi expresión no era de enfado.
Era de algo más profundo, más peligroso: una evaluación absoluta La miré como si por primera vez no viera a una estudiante insolente, sino a un fenómeno desconcertante.
Un ser que osaba reírse del C.I.M., llamarme “honorable” en la misma boca que me escupía “imbécil”, y enunciar, con una lógica infantil y devastadora, la verdad que yo mismo me negaba a articular.
—Cierre la boca —dije.
Mi voz no era un susurro, ni un grito—.
Deje de reír.
Avancé un paso.
Solo uno.
La distancia entre nosotros se redujo —Su análisis —continué— es tan estúpido como peligroso.
No soy honorable.
Soy… práctico.
Matarla, aquí, ahora, sería desordenado.
Generaría preguntas.
Un fastidio innecesario.
Los castigos, las amenazas de expulsión… son herramientas.
Eficientes.
Limpias.
Le enseñan su lugar sin ensuciarme las manos más de lo necesario.
Pero incluso mientras lo decía, las palabras sonaban huecas.
Ella lo sabía.
Yo lo sabía.
Esa era la verdad insoportable.
Mis ojos, negros se clavaron en los suyos.
—No confunda mi pragmatismo con virtud, señorita Michelle.
Y no proyecte en mí una… bondad… que no existe.
El C.I.M.
puede ser un conjunto de imbéciles —admití, fríamente—, pero en su paranoia, al menos, no son sentimentales.
Y usted haría bien en aprender de ellos en eso.
Giré sobre mis talones, la capa agitándose detras de mi —Recoja su equipo.
La lección de hoy ha terminado.
Y si alguna vez vuelve a dirigirme la palabra con semejante… familiaridad desquiciada —dije, lanzando la última frase por encima del hombro—, le aseguro que encontraré un castigo que no le dejará aliento para risas ni para análisis psicológicos de pacotilla.
¿Está claro?
No esperé respuesta.
Me adentré en la niebla, dejándola atrás con sus hongos, su mochila pesada y esa verdad punzante que, como una espina envenenada, ahora se clavaba no en su piel, sino en la mía.
Honorable.
La palabra resonaba en el silencio de mi mente, más humillante que cualquier insulto.
Porque provenía de ella.
Y porque, en su torpeza, había visto algo que ni el C.I.M., ni Dumbledore, ni siquiera yo, habíamos querido nombrar.
Escuche sus pasos detras de mi —aja…supongamos que le creo…el gran severus snape ex mortifago,uno de los magos mas poderosos de europa…se niega a asesinar a una alumna que le ha faltado el respeto mas de una vez porque le da miedo hacer papeleo de mi desaparicion cuando he escuchado relatos de mis compañeras de casa sobre como a matado sin pensarselo…
Le da miedo no..?
Abrirse y decir lo que siente…sentirse vulnerable porque cree que si dice demasiado usaran eso en su contra y prefiere tragarse su orgullo antes de ser…mmm como dijo?
ah si ,sentimental…Si un dia decide hablar sin amenazarme como dos personas adultas normales puede hablar conmigo asi por lo menos no estara hablando solo y no parecera loco Mis pasos se paralizaron.
No por la orden, sino por el impacto sordo de sus estupideces Cuando me volví, esta vez fue con lentitud deliberada, como si cada movimiento articulara un peligro creciente —Usted —dije, y mi voz era suave, tan suave que resultaba amenazadora—, tiene una fascinación temeraria por el precipicio.
Y una interpretación de los hechos tan ingenua como ofensiva.
Cerré la distancia restante hasta quedar a un paso de ella.
La sombra de mi figura la cubrió por completo.
—Los relatos que escucha en la sala común de Slytherin son, en el mejor de los casos, medias verdades adornadas para impresionar a primerizos.
En el peor, basura.
No mato por capricho.
Cada acción tuvo un propósito, un cálculo, una… necesidad repugnante.
No es miedo al papeleo —espeté, con un desdén cortante—.
Es desprecio por la innecesaria complicación.
Usted, en su cruda evaluación, confunde eficiencia con debilidad.
Mis ojos, negros se clavaron en los suyos.
—Y no.
No hablaré con usted como dos personas adultas normales —dije, recalcando cada palabra con un desprecio glacial—.
Porque yo soy su profesor, y usted es una estudiante que, en este momento, está peligrosamente cerca de sobrepasar un límite del que no hay retorno.
La oferta de una… charla cordial… es tan absurda como peligrosa.
La confianza es un lujo que personas como yo no podemos permitirnos.
Es la grieta por donde entra el cuchillo.
Hice una pausa, dejando que el peso de mis palabras se asentara —Y en cuanto a dónde vamos —continué, virando bruscamente y señalando con la varita hacia un sendero casi invisible que se perdía entre los árboles oscuros—, vamos a buscar hadas ya Hemos recolectado los suficientes hongos para justificar esta… excursión.
Pero necesito alas de hada despues de eso nos vamos porque usted tiene un ensayo de tres pies sobre las propiedades anticoagulantes del acónito que entregar antes del anochecer.
Considerará el silencio durante el camino de regreso como parte de su castigo por… hablar de más.
Comencé a caminar, sin mirar atrás, pero sabiendo que cada una de mis palabras, duras y definitivas, eran solo un muro de piedra levantado a toda prisa.
Un muro para contener la marea de una verdad que ella, con su insolencia insoportable, estaba a punto de hacer saltar por los aires: que en el fondo de todo, su observación más infantil era la más certera.
Y eso era algo que no podía, bajo ninguna circunstancia, permitir.
El crujido de la rama bajo su pie no fue el sonido que me paralizó.
Fueron sus palabras.
Ya estaba formulando una respuesta cortante sobre criaturas ilegales, tribus de centauros hostiles y los restos de los pasos de Aragog… cuando mi oído, educado en décadas de peligro silencioso, captó otro sonido.Los sentidos, afinados por años de vivir al borde del peligro, se expandieron.
No era una criatura amable El patrón del sonido… la cualidad de la quietud que lo siguió No era el crujido de una rama.
Era más suave como aterciopelado, más fluido.
El roce de algo contra la hojarasca húmeda.
Detrás de ella.
Mi sangre se enfrió instantáneamente.
—El bosque se llama prohibido —continué, manteniendo ese tono bajo, sin panico, mientras mi mano derecha, oculta por los pliegues de mi capa, buscaba mi varita con una lentitud agonizante— … por razones como ésta.
Me gire sobre mis talones lentamente La Acromántula emitió un chasquido sibilante, sus quelíceros se abrieron mostrando un brillo húmedo.
Sus patas se ajustaron, el cuerpo se agachó ligeramente.
Estaba a punto de atacar.
Y en ese momento, en el silencio mortal entre el chasquido de la bestia y mi próximo movimiento, lo supe con una claridad absoluta.
Todo mi teatro de amenazas, de frialdad, de pragmatismo… se desmoronaba.
Porque si fuera el monstruo que el CIM creía, el cálculo eficiente habría sido simple: dejar que la araña resolviera mi… problema con la mocosa .Sin papeleo.
Limpio.
Regresar a hogwarts y decir que fue desayuno de algun pariente de aragog Pero en lugar de eso, me estaba interponiendo.
Y por primera vez en años, no me importó la contradicción.
Solo importaba que esa chica irritante, insolente e insufriblemente perspicaz, no acabara como un desayuno para una araña gigante.
Mi varita, por fin en mi mano, se alzó con un movimiento imperceptible.
—No se mueva —dije, mi voz reducida a un hilo tenso y autoritario.
No era un pedido.
Era una orden de vida o muerte.
Ella se quedo paralizada —Que…?
porque?
que sucede..?—Pregunto entrando un poco en panico al ver que mi mirada no era para ella si no para algo detras de ella —Por lo que mas quiera…cierre la boca , obedezca— Mis ojos, por encima de su hombro, encontraron los otros ojos.
Ocho de ellos, negros como pozos de alquitrán, brillando con una inteligencia hambrienta a cinco o seis paos de la mocosa Una Acromántula.
No una cría.
Una joven, del tamaño de un caballo , sus quelíceros goteando un fluido nacarado y venenoso.
Había estado siguiéndonos, aprovechando el ruido de nuestras voces, el descuido de nuestra retaguardia.
Mi mente trabajó a toda velocidad.
Gritar, correr, era una sentencia de muerte.
Lanzar un hechizo lumínico podría cegarla… o enfurecerla.
Necesitaba distracción.
Necesitaba que ella no hiciera un movimiento brusco.
—Me.pregunto porque El bosque prohibido se llama asi la respuesta es facil…no sabe lo facil que es contestar a su pregunta tan facil que si se da la buelta podria toparse con la respuesta pero mejor quedese quieta…
—dije, manteniendo mi tono de profesor exasperado, pero con una calma forzada que sonaba antinatural incluso para mis oídos—, este bosque alberga criaturas que consideran a los estudiantes… distraídos… como parte del menú del día.
Mi mirada no se apartaba de la araña.
Ella, sin embargo, seguía mirándome a mí, confundida por mi tono y mi postura repentinamente rígida.
—y esas criaturas pueden ser…
—continué, levantando lentamente la varita, como si fuera a señalar algo en la copa de los árboles—, especies de arácnidos gigantes cuyo veneno paralizante tarda aproximadamente trece segundos en detener el corazón de un humano adulto.
Un dato curioso ¿no le parece?
Dije dandole indirectas sobre lo que estana detras de ella pero ella se veia confundida por supuesto…olvide que era una niña tonta…vi cómo los músculos de las patas de la criatura se tensaban, preparándose para el salto.
—Que…?
Eso no existe …jajaja solo me quiere asustar porque…
La interrumpi de golpe —Silencio —dije, manteniendo la voz baja pero clara, un tono que no admitía desobediencia—.
Suelte la mochila.
Ahora.
Lentamente.
—Que?—Pregunto confundida no ppdia decirle que habia una araña gugante detras de ella porque en el momento en que ella gritara se acababa todo —Déjela caer al suelo y avance tres pasos.
Hacia mí.
Sin hacer ruido.
Mi mente calculaba distancias —No haga movimientos bruscos —susurré, casi imperceptiblemente.
Era la peor reacción posible—.Y Cuando yo lo diga, caminará, no correrá, hacia el sendero que queda detrás de mi y por nada del mundo mirara detras de usted ¿Entiende?
No esperé su asentimiento.
—Ahora —dije, con calma absoluta—.
Camine.
Ya.
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