Odio y deseo - Capítulo 19
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19: Rumores 19: Rumores Severus Snape/ Aún estaba irritado.
No por la mochila un objeto irrelevante, sino por el rechazo.
Por la forma en que fue arrojada.
Por la furia con la que me miró, como si yo hubiera cometido una ofensa imperdonable.
No tenía sentido.
Y, sin embargo, ahí estaba: persistente, incómodo, clavado como una espina.
Pasaron unas horas.
El resto del día transcurrió en una niebla de rutina odiosa.
Preparé pociones para la enfermería, corregí pergaminos, ignoré el nudo en el estómago.
Entonces, al atardecer, cuando ya había decidido encerrarme en mi despacho para el resto de la noche, la puerta se abrió sin llamar.
No advertí la presencia de Alexa hasta que cerró la puerta tras de sí y camino hacia el escritorio —Profesor Snape… —dijo con voz melosa, inclinándose ligeramente sobre la mesa para que el escote de su uniforme quedara a la altura justa—.
He estado pensando… en lo que dijo la semana pasada sobre el control emocional en pociones.
Creo que podría… practicar un poco más.
Contigo.- Se acercó más.
Su perfume dulce, empalagoso invadió el aire entre nosotros.
Puso una mano sobre el borde del escritorio, los dedos rozando casi mi manga.- Normalmente la habría echado con una sola mirada.
Normalmente.
Pero esa tarde, después del rechazo de mi presente..
después de la mochila tirada en el suelo como basura, después de sentirme como un idiota por haber intentado algo por una vez… quise ceder.
Solo un poco.
Solo para olvidar.
Solo para demostrarme a mí mismo que no necesitaba la aprobación de una mocosa insolente que prefería insultarme antes que aceptar un gesto.
Me levanté lentamente.
La miré.
Ella sonrió, triunfante, pensando que había ganado.
Di un paso hacia ella.
Y entonces, en mi mente, vi la mochila negra en el suelo.
Vi la cara de dela insolente cuando dijo “no quiero su estúpida mochila”.
Vi sus ojos, furiosos.
Y algo dentro de mí se quebró de nuevo, pero esta vez en dirección contraria y no supe porque —No —dije, con voz plana.
Alexa parpadeó, confundida.
—¿Qué?
—No —repetí, más firme—.
Salga.
Ahora.
Ella abrió la boca para protestar, pero ya estaba señalando la puerta con la varita.
—Fuera.
Antes de que olvide que soy su profesor-Me sente de nuevo dando por terminada la conversación Ella rió suavemente, confiada, y avanzó hacia mi.
Se sentó en mi regazo sin pedir permiso —Parece tenso —murmuró, inclinándose para besarme el cuello.
Sentí el contacto.
El calor.
El intento evidente de distracción.
Por un instante, solo un instante, estuve a punto de corresponder.
No por deseo, sino por cansancio.
Por querer silenciar el pensamiento que no me abandonaba desde la tarde.
Pero no ocurrió.
me levante de golpe haciendo que callera al suelo —No —dije, con una frialdad que no admitía discusión.
Ella parpadeó, sorprendida.
No quería besarla.
No quería a nadie o eso me decia.
a mismo Y ese fue el verdadero problema.
-Tiene exactamente 5 segundos para levantarse y salir de mi despacho , le he dado infinidad de oportunidades para que recapacite esta sera la ultima vez que la saco de mi despacho En mi mente no estaba Alexa, ni ninguna otra bruja dispuesta a aliviar una noche incómoda.
Estaba ella.
Y aquel beso robado en el almacén, breve, indebido, absolutamente imperdonable… y peligrosamente inolvidable.
Ese había sido el error.
La forma en que había alterado un control que llevaba décadas perfeccionando.
—Vete —ordené—.
Ahora.
—Profesor… yo solo quería hablar con usted.
A solas.
—No existe ninguna razón académica que justifique ese tono ni esa insinuación.
—Yo pensé que quizá usted también sentía…—La interrumpi de golpe —Deténgase.Lo que usted piense es irrelevante.
Yo soy su profesor, y usted está cruzando una línea que no debería haber considerado jamás.
—No quise faltarle al respeto… —Y sin embargo lo ha hecho.¿Cuantas veces al año lleva haciendo lo mismo?
Este comportamiento es inapropiado, inmaduro y no volverá a repetirse.Si vuelve a dirigirse a mí de esta manera, lo consideraré acoso y actuaré en consecuencia.
¿He sido claro?
—Sí… profesor.
—Excelente.Ahora salga de mi despacho.
Inmediatamente.
Alexa no insistió.
Supo reconocer una batalla perdida cuando la veía.
La puerta se cerró tras ella, dejándome de nuevo a solas con el silencio… y con una verdad que me irritaba aún más que su insolencia No era la mochila lo que me había afectado.
Era ella.
Y el hecho, profundamente inaceptable, de que no deseara a nadie más.
Me quedé mirando la puerta cerrada del despacho durante un largo minuto después de que Alexa se fuera.
El silencio era ensordecedor.
La mochila seguía allí, sobre mi escritorio, acusadora, como si me estuviera juzgando por haber estado a punto de cometer una estupidez mayor de la que ya había cometido ese día.
No quería que se quedara en mi despacho.
No quería verla cada vez que entrara.
Cada vez que la mirara, recordaría el golpe seco sobre el pupitre de Michelle, su “no quiero su estúpida mochila” Así que tomé una decisión impulsiva.
Otra.
Abrí la puerta de golpe.
Alexa aún no se había alejado mucho por el pasillo oscuro de las mazmorras; caminaba despacio, con esa seguridad de quien cree que ha dejado una huella imborrable.
—Señorita Alexa—dije, mi voz cortante Se giró de inmediato, con una sonrisa que se ensanchó al verme.
Ya se imaginaba que había cambiado de opinión.
Me acerqué en tres pasos largos y le tendí la mochila sin ceremonia.
—Tome esto —dije, seco—.
Y desaparezca de mi vista.
Ella parpadeó, confundida al principio, luego encantada.
Sus dedos se cerraron alrededor de la correa como si le estuviera entregando una joya familiar.
—¿Para mí?
—preguntó, con voz baja y melosa, inclinándose ligeramente hacia adelante—.
Profesor… no tenía que… —No es un regalo —la interrumpí, cortante—.
Es… un objeto que ya no quiero ver.
Lléveselo.
Úselo.
Quémelo.
Me da igual.
Solo sáquelo de aquí.
No esperé su respuesta.Gire sobre mis talones y regrese al despacho cerré la puerta con un golpe seco que hizo vibrar los frascos en los estantes.
Me quedé dentro, apoyado contra la madera, respirando con dificultad.
No era alivio.
Era rabia contenida.
Rabia contra mí mismo por haber llegado a ese punto.
Por haber estado a punto de usar a una alumna como anestesia emocional barata solo porque otra me había rechazado un gesto que ni siquiera sabía cómo dar.
Mientras tanto, en mi despacho, ignorante de todo, yo seguía mirando el espacio vacío donde había estado la mochila.
Y en algún lugar del castillo, en su dormitorio, ella dormía sin saber que el objeto que había rechazado esa tarde ahora circulaba por los pasillos de Slytherin en manos de otra Y yo, Severus Snape, acababa de regalarle a otra persona el único gesto humano que había intentado hacer en años.
Solo para que doliera menos.
Me quedé corrigiendo pergaminos que no necesitaba corregir, removiendo pociones que no necesitaba remover, hasta que el castillo se sumió en el silencio absoluto.
Mientras tanto, en la sala común de Slytherin… Alexa entró como si hubiera conquistado un reino.
El uniforme desarreglado ,la corbata floja, la camisa medio fuera de la falda, los botones superiores desabrochados más de lo reglamentario, el cabello revuelto, el labial rojo corrido en una esquina de la boca y un leve rastro en el cuello me quede mirandola desde mi lugar parecia incluso sonrojada y cansada como si hubiera corrido Se dejó caer en uno de los sofás de cuero verde oscuro, rodeada inmediatamente por dos chicas que ya olían el chisme a kilómetros.
Yo estaba lo suficientemente cerca para escuchar su conversacion —¿Y bien?
—preguntó romina una de sus amigas cruzando las piernas con impaciencia—.
¿Qué pasó?
Saliste de su despacho con cara de haber ganado la Copa de Quidditch.
Alexa soltó una risa baja, triunfal, y levantó la mochila negra que llevaba colgada del hombro como un trofeo.me quede helada al reconocerla —Miren esto —dijo, abriendo la cremallera con dramatismo—.
Me la dio él.
Personalmente.
Las demás se inclinaron, curiosas.
—¿Snape?
¿Te dio una mochila?
—preguntó Daphne otra de sus amigas arqueando una ceja—.
Eso no suena muy…ya sabes…porque te la regalo?
Alexa se inclinó hacia adelante, bajando la voz —No es solo una mochila —susurró, con los ojos brillando—.
Es… después.
Después de que me dejara entrar.
Después de que… bueno, ya saben.
—Hizo una pausa teatral, se mordio el labio inferior—.
Fue intenso.
Muy intenso.
Nunca había visto esa mirada en él.
El es muy bueno en la cama…
Una de las chicas soltó un gritito ahogado.
Otra se tapó la boca.
—¿Tuviste sexo con Snape?
—preguntó daphne incrédula pero fascinada—.
¿En serio?
¿En su despacho?
Alexa se encogió de hombros con fingida modestia, pero su sonrisa era enorme.
—No voy a dar detalles… —mintió, claramente dispuesta a dar todos los detalles que le pidieran—.
Pero digamos que cuando salí de allí, él estaba… satisfecho.
Muy satisfecho.
Y esta mochila… —la acarició — es su forma de decir “gracias”.
O de marcar territorio.
o ambas…quien sabe Las risas y los susurros se extendieron por la sala común .
Nadie dudó de ella.
¿Por qué dudar?
Alexa era guapa, segura, ambiciosa.
Snape era frío, inalcanzable, peligroso.
La combinación perfecta para una fantasía adolescente.Me quede mirando la mochila sin duda era la misma que le habia rechazado al idiota pero jamas pense que fuera asi…acostarse con alexa y regalarle la mochila que me arrepentia de haber rechazado, me sorprendia de el ..no se veia como la clase de hombre que se acostara de un dia para otro con una chica…nisiquiera estaba segura de si alguna vez estuvo enamorado…o incluso si era casado jamas me lo pregunte y aunque estuviera casado…el tarado de snape no se veia como que fuera infiel…
pero sobre todo no se porque me sentia asi…era extraño no deberia de importarme que “que haga lo que quiera …no me importa” Al dia siguiente Al día siguiente todo se sentía peor.
Ver a Alexa prácticamente pegada a Snape por los pasillos fue como extraño.
Ella caminaba demasiado cerca, rozándole el brazo “accidentalmente”, riéndose de algo que él no había dicho, y él… él simplemente la toleraba.
No la echaba.
No la fulminaba con la mirada como hacía con todos.
Solo seguía caminando con esa expresión de siempre: cerrada, distante, como si nada le importara.
Y eso hacia que pensara que lo que dijo alexa ayer no era una mentira y por una razon…me sentia incomoda Después de la última clase, cuando el pasillo ya se estaba vaciando, me armé de valor y me planté frente a la puerta de su despacho.
Golpeé dos veces, suave, casi esperando que no contestara.Nisiquiera sabia que hacia…ni porque lo hacia no era de mi incumbencia —Adelante —su voz salió cortante, como siempre.
Me arrepenti rapidamente de lo que estaba haciendo y cuando quise hecharme a correr la puerta se abrio me quede paralizada tragando saliva —Profesor Snape… —empecé, y mi voz salió más pequeña de lo que quería.
Silencio.
Siguió mirandome desde le umbral de la puerta Tragué saliva.
-Ahora viene a molestarme hasta mi despacho?
No es suficiente molestarme con su presencia en clase?
Que quiere -Contesto frio —Quería… preguntarle algo.
—Hice una pausa—.
¿Por qué le dio la mochila a Alexa?
Tenso la mandibula y apreto los puños a su lado.
Sus ojos negros eran dos pozos de desprecio puro.
—¿Disculpe?
—preguntó con desprecio —Vi que ella la tenía.
Ayer la rechacé y… y hoy ella la lleva como si… —Mi voz se quebró un poco—.
No entiendo.
Se enderezó lentamente —¿Y desde cuándo —dijo con una calma aterradora— le incumbe a usted lo que haga con mis pertenencias?
—No es eso… solo… —Bajé la vista al suelo—.
Me siento mal por haberla rechazado.
Fue una grosería.
No debí actuar así ayer.
Lo lamento, ¿sí?
Solo venía a disculparme.
El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.
Y entonces habló —Qué patético espectáculo está montando, señorita.
¿Cree que con un “lo lamento” infantil va a borrar su comportamiento de ayer?
¿Que voy a caer rendido a sus pies porque de repente decidió que tal vez no fue tan buena idea despreciar algo que le ofrecí?
—Soltó una risa corta, amarga, sin humor—.
Es usted estúpida.
Más estúpida de lo que pensaba.
Y créame, mi opinión sobre su inteligencia ya era bastante baja.
Sentí que el aire se me escapaba.
—Sus disculpas —continuó, acercándose un paso— no van a conseguirle una nueva mochila.
Son las consecuencias de despreciar un objeto que, por cierto, valía más que todo lo que usted ha tocado en su miserable vida estudiantil.
Así que ahora puede cargar su pila de libros como la niña mimada que es.
Y le aseguro que estaré especialmente atento para mandarla a la biblioteca cada vez que pueda.
Los tomos más pesados.
Los de la sección restringida.
Los que nadie quiere cargar.
Disfrutaré cada segundo viéndola sudar por su propia idiotez.
Me quedé helada Él se dio la vuelta para irse hacia el interior de su despacho, pero se detuvo con la mano en el pomo.Y aproveche —Usted y Alexa… —murmuré, casi sin voz— ¿son pareja, verdad?
Ayer ella entró a la sala común diciendo que… bueno, no importa.
Snape se quedó inmóvil.
Completamente inmóvil.
Tal vez habia escuchado demasiado ayer y sabia que sabia su secreto y posiblemente ahora si cumpliera con las amenazas de desaparecerme -Olvidelo…no dije nada con permiso- Me di la vuelta rapidamente para irme Severus snape/ La pregunta me golpeó como un valde de agua fria Pareja.
La palabra se quedó flotando en el aire, absurda, obscena.
Sentí que la sangre se me helaba en las venas.
No por vergüenza nunca me había avergonzado de nada que hiciera, sino por la comprensión repentina y nauseabunda de lo que Alexa había hecho.
De lo que había dicho.
De la mentira que había tejido con mi nombre y mi despacho era predecible alexa siempre habia sido una manipuladora de la verdad Y lo peor: Michelle lo creía.
Lo creía posible.
En cuanto ella dio la vuleta y camino acelerando el paso para irse ,en tres zancadas Mi mano se cerró alrededor de su brazo antes de que pudiera pensarlo mejor.
No fue brusco, pero sí firme.
El tirón la hizo volver hacia mí y, cuando estuvo lo bastante cerca, la sujeté de ambos brazos.
—¿Pareja?
—repetí, y mi voz salió baja, peligrosa—.
¿Eso es lo que cree?
¿Que yo…?
—Me detuve.
Tomé aire—.
¿Que yo me rebajaría a acostarme con una niña ambiciosa y mentirosa solo porque usted tuvo la decencia de rechazarme un absurdo bulto de tela ayer?
Ella levantó la vista, confundida.
—No… yo solo…No es eso… es que… ayer la rechacé y… hoy ella la tiene y… —las palabras se le enredaban—.
Pensé que tal vez… —¿Disculpe?
—dije, despacio,interrumpiendola—.
¿Me está interrogando sobre lo que hago con mis pertenencias?
-Yo solo pensaba que…como usted y alexa eran pareja por eso se la dio..alexa dijo…eso…
—Cállese —corté—.
No tiene la menor idea de lo que pasó.
Ni de lo que no pasó.
Y sin embargo se atreve a venir aquí, con su carita de víctima, a pedirme explicaciones sobre mi vida privada.
—La acerque mas a mi—.
Le voy a decir algo muy claro, señorita: si alguna vez ,alguna vez,tengo una relacion personal con alguien, no será para consolarme de su rechazo.
Será porque yo lo decida.
No porque una mocosa patética como usted me haya herido el ego.
Sus ojos se humedecieron, pero no lloró.
Eso, de algún modo, me enfureció aún más.
-Yo solo venia a disculparme es todo…ya suelteme —¿Disculparse?
—repeti—.
Qué conmovedor.
Pero las disculpas no revierten la estupidez, señorita.
Usted eligió arrojar mi gesto al suelo como si fuera basura.
Ahora viva con las consecuencias: cargue sus libros como la niña malcriada que es.Tal vez así aprenda que los regalos no se pisan.
Ella se safo de mi agarre y camino hacia la puerta —Deténgase.
Michelle se congeló en el umbral, de espaldas a mí.
Di tres pasos largos y me planté detrás de ella.
No la toqué.
No hacía falta.
—¿Quiere saber la verdad, señorita?
—Mi voz salió baja—.
Alexa no es nada.
No es mi pareja, ni amante, ni siquiera una distracción tolerable.
Es una niña arrogante que cree que puede trepar sobre los demás mintiendo con descaro.
Y yo no la toqué.
Ni un solo dedo.
La única verdad que salió de su boca es que le di la mochila… porque no soportaba seguir viéndola después de que usted la pisoteara delante de mí.
—Y en cuanto a usted… —continué, inclinándome apenas lo suficiente para que mis palabras le llegaran —.
No se equivoque.
fue Un error de juicio habersela ofrecido , Un momento de debilidad que no volverá a repetirse.
Usted no es especial.
Es una alumna más.
Insolente, inmadura y reemplazable.
Así que deje de mirarme como si le hubiera robado algo.
No le pertenece nada mío.
Nunca le perteneció.
Vi cómo su barbilla temblaba.
Vi cómo apretaba los labios para no responder.
Vi cómo sus manos se cerraban en puños a los lados del cuerpo.
Y odié cada segundo de eso.
Porque una parte de mí la parte que despreciaba con todas mis fuerzas quería retirar cada palabra.
Quería decirle que la mochila había sido para ella.
Que la había elegido pensando en sus hombros cargados de libros.
Que cuando la rechazó sentí algo que no había sentido en décadas: vergüenza.
Pero no lo dije.
En cambio, terminé con lo más cruel que pude encontrar: —Y si tanto le molesta ver que Alexa la tiene vaya y digale a sus padres muertos que le consigan una… tal vez a ellos no se la rechace como a mi vi como se tenso , miro al suelo ella jamas bajaba la mirada…vi que Sus ojos estaban brillantes, pero no lloraba.
Aún no.
Analice la estupidez que dije y por eso su reaccion esperaba una confrontación pero no hubo nada Ella salió sin decir una palabra más.
Cuando la puerta se cerró, me quedé solo con el eco de mi propia voz y la certeza absoluta de que acababa de destruir algo que ni siquiera había terminado de entender.
Y, por primera vez en muchos años, el silencio de mi despacho me resultó insoportable.
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