Odio y deseo - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Una tarde de calor ; Parte 2
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5: Una tarde de calor ; Parte 2 5: Una tarde de calor ; Parte 2 Severus Snape/ La insolencia tiene un precio Jamás pensé que llegaría el día en que una simple mocosa muggle —o lo que quiera que sea esa criatura que Albus decidió admitir en mis mazmorras— lograra hacerme perder los estribos con tanta rapidez y de forma tan… humillante.
La clase había comenzado con la precisión que minerva siempre exigia.Los alumnos se alinearon como se les ordenó, recibieron sus redes y jaulas con el silencio adecuado —o casi—.
Todos, excepto ella.
La vi avanzar con esa postura de desafío mal disimulado que ya me resultaba insoportable desde el primer día.
Extendió las manos como si tuviera derecho a algo.
La ignoré.
Entregué el equipo a la Hufflepuff que venía detrás y la empujé apenas lo suficiente para que entendiera su lugar: inexistente.
Regresó.
Volví a ignorarla.
La empujé de nuevo.
Treinta veces.
Treinta malditas veces la hice desfilar como un perro al que se le niega el hueso.
Cada vez que volvía a la fila con los ojos encendidos y la mandíbula apretada, sentía una satisfacción oscura y mezquina.
Era lo más cercano a la venganza que podía permitirme en un aula llena de testigos.
Hasta que se acabó la fila.
(Se plantó frente a mí, sola, sin escapatoria posible.
Su voz salió tensa, contenida.) —Ya me puede dar una red y una jaula por favor?
—No.
—¿Qué?
¿Por qué no?
—Porque ya no hay disponibilidad.
Ahora lárguese con sus demás compañeros a hacer la actividad.
(Mentira descarada.
Las redes y jaulas seguían allí, perfectamente apiladas sobre la mesa.
Ella lo vio.
Sus ojos se clavaron en ellas y luego en mí, y supe que su control se habia desmoronado) —¿Ah, no?
¿Y esas qué son?
—esas no sirven —respondí con la calma helada que sé que la saca de quicio—.
Además, ¿no le acabo de dar una orden?
Lárguese de mi vista.
(No se movió.) —No me iré.
¿Qué demonios le sucede?
Solo deme una de las redes y una jaula, ahí hay como cinco.
Deje de comportarse como un niño chiquito malcriado.
(Sentí cómo la sangre me subía a las sienes.
Nadie —nadie— me habla así.
Mucho menos una niña insolente que ni siquiera debería estar respirando el mismo aire que yo) —Tiene exactamente cinco segundos para disculparse.
—No lo haré y hágale como quiera, o me da el material o lo tendré que tomar.
(Empecé a contar.
Lentamente.) —Uno… —Deme el maldito material y me largo de su vista.
—Dos… (Se acercó.
Demasiado.
Retándome.
Como si yo fuera un igual.
Como si tuviera algún poder sobre mí.Estupida) —Tres… (El silencio era tan denso que casi podía oír su pulso acelerado.
Y entonces… lo hizo.
Me empujó.
Con las dos manos.
Como si yo fuera un mueble estorboso.
Alcanzó las redes y jaulas, Reaccioné por instinto.
Mis manos se cerraron alrededor de sus muñecas como grilletes.
La atraje hacia mí hasta que su pecho casi rozó el mío.
Su respiración entrecortada chocó contra mi cara.
Sus ojos, muy abiertos, brillaban de furia y por un instante de algo que parecía miedo.) —Discúlpese.
Ahora.
(Intentó zafarse.
No la solté.
Mis dedos se apretaron un poco más.) —¿Y qué si no me disculpo, eh?
¿Qué hará?
(Mi voz salió baja, casi un susurro) —Yo no haré nada… absolutamente nada.
Pero si no abre esa boca insolente y se disculpa ahora mismo, le juro por Merlín que se arrepentirá de haber nacido, pequeña mocosa insolente.
Así que… discúlpese.
Ahora.
—No lo haré.
¿Por qué me tengo que disculpar?
¡Ya suélteme, está loco!
(Forcejeó.
Patéticamente.) —Se va a disculpar por ser una inútil buena para nada que no sirve para seguir las más mínimas indicaciones, y añada a la lista su lenguaje.
Así que o se disculpa o se arrepentirá… —Está bien, está bien, pero suélteme.
(Aflojé el agarre.
Solo un poco ,Por fin la mocosa entendia su lugar.) —Vaya, hasta que usó la cabeza.
Empezaba a creer que la tenía de adorno y que estaba hueca.
Es la primera palabra razonable que ha salido de usted en cuarenta y ocho horas.
(Crucé los brazos.
Esperé.) —Por supuesto, profesor… me disculpo por no haberle dicho antes que se comporta como un PUTO IMBECIL!
(El insulto me golpeó como un puñetazo en el estómago.
Y entonces… pisó mi pie.
Con toda su fuerza.
El dolor estalló, agudo, cegador.
Me doblé por instinto.
Ella aprovechó, tomó el material y salió corriendo.) —¡Maldita… sangre sucia insolente!
—siseé entre dientes, cojeando tras ella—.
¡Deténgase ahora mismo!
(La perseguí por los pasillos.
Cada zancada era una puñalada en el pie, pero la rabia era más fuerte.
Los estudiantes se apartaban como si huyeran de un incendio.
Ella corría como si su vida dependiera de ello.
Y probablemente así era.
Llegamos a los terrenos.
Se refugió entre el grupo de alumnos que McGonagall supervisaba.
Me detuve.
Ajusté la túnica.
Respiré.
No iba a darle el gusto de verme descompuesto delante de Minerva.) —¿Profesor Snape, por qué tardaron tanto?
¿Está todo bien?
Se ve un poco… alterado.
—Todo perfectamente, Minerva.
Solo un pequeño incidente con una de las jaulas que le iba a entregar a la señorita Michelle.
Siga adelante con la clase, no debe atrasarse.
(Minerva alzó una ceja, pero no insistió.
Observé a la mocosa desde la distancia.
Intentaba atrapar sapos con las manos, sin varita —por supuesto que no la traía, la muy inútil—.
Cada fracaso suyo era una pequeña victoria privada) (Me acerqué sigilosamente por detrás.) —Así jamás atrapará nada.
Pero por supuesto… ¿qué me puedo esperar de una inútil jovencita sin magia como usted?
(Se giró hacia mi) —¿Cómo dijo?
—Lo que escuchó.
¿Acaso también es sorda?
Vea a sus demás compañeros.
(Ella miró.
Vio las varitas.
Los encantamientos.
Tragó saliva) —No sé por qué Albus habrá autorizado la entrada al colegio a una simple muggle.
Ya lo ve, usted no pertenece a este colegio.
Ni siquiera puede hacer el más simple ejercicio.
—Pues me da igual, fíjese.
No necesito magia para atrapar unos simples sapos panzones.
Ustedes los magos quieren solucionar todo con magia, no usan sus manitas para hacer las más simples cosas.
Apuesto a que usa magia hasta para sujetar sus agujetas, holgazán… (Jamas me habian hablado de tal manera ,mucho menos una alumna insenzata) —Maldita mocosa insolente, ¿cómo se atreve a hablarme así?
Ella siguió.
Insultándome.
Desafiándome.
Hasta que soltó: —Viejo brujo.
(Aquello fue el detonante final,Le dije que iría con Dumbledore.
Que la expulsarían.
Que su tiempo en Hogwarts había concluido.
Ella alzó la voz.
Gritó.
Exageró.
Sacudió las muñecas como si las tuviera rotas.
Dramática.
Infantil.
Insoportable y entonces lo supe No la dejaría irse No tan fácilmente) —No iremos con el director.
La expulsará de inmediato, créame.
Usted no se va de Hogwarts… porque usted acaba de entrar en mi radar.
Y no le daré la opción de irse.
Usted se quedará en Hogwarts porque yo digo.
Y le prometo que haré de su estancia un infierno.
Me alejé de ella con zancadas largas y deliberadas, cada paso un intento inútil de aplastar la humillación que aún me palpitaba en el empeine y —mucho peor— en el orgullo.
(Allí estaban los Gryffindor, como siempre: un desastre de risitas, redes blandas y sapos que se les escapaban entre los dedos como si tuvieran voluntad propia y los sapos caian al piso fuertemente sonaban asqueroso contra el pasto humedo y unos anfibios llegaban a lastimarse, desperdiciaban el tiempo de la clase y lastimaban a esas asquerosidades sin medir consecuencias ,El blanco perfecto para mi furia,me detuve frente a ellos con las manos cruzadas a la espalda) —¿Esto es lo que McGonagall llama “esfuerzo”?
—(Mi voz salió baja, cortante, lo suficientemente alta para que todos los oyeran)—.
Cinco minutos y ya han convertido una actividad simple en una comedia de ineptitud.
Acaso no saben cuidar de unos estupidos anfibios!!Recojan sus redes antes de que avergüencen aún más a su casa ,que de por si es simbolo de ineptitud Un chico pecoso —(no recuerdo su nombre, ni me interesa dejó caer la red.
El sapo saltó directo a su túnica.
El niño soltó un grito ridiculo porque le dio asco y avento al sapo estrellandolo contra el piso un sonido humedo surgio) —Levántelo —(ordené con calma )—.
O mejor: no lo haga.
Vuelva al castillo y explíquele al director por qué no es capaz de realizar la tarea más básica que se le ha asignado en toda su inútil existencia escolar.Le tiene asco a un anfibio?
ni se imagina lo que yo tengo que tocar para darles la clase de pociones…se estaria vomitando por semanas, Es Patetico.Simplemente patetico.
(El color abandonó su cara.
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
Se dio la vuelta y salió corriendo hacia el castillo, sollozando como un primer año en su primera noche.Una pequeña victoria.
Amarga.
Insuficiente.
Minerva apareció a mi lado con esa expresión de reproche que reserva exclusivamente para mí) —Severus —(dijo en voz baja, pero firme)—.
Acabas de hacer llorar a uno de mis alumnos.
—Se lo buscó —(repliqué sin mirarla)—.
Su ineptitud ponía en riesgo a los demás.
—No es la primera vez que te pido que moderes el tono con los niños.
—Niños —(repetí con desprecio)—.
Ese “niño” tiene quince años y no sabe nisiquiera controlar el miedo o asco que le da sostener un anfibio—(Señale al sapo herido en el piso)—Ve esto minerva, el anfibio esta axfixiandose por culpa de un estudiante torpe—(Tome con cuidado a la criatura para administrarle una pocion que siempre llevaba conmigo para ese tipo de leciones, Era mas que obvio los sintomas de axfixia por el golpe sordo en su estomago contra el piso)—Si tu estudiante no soporta una crítica justificada, que se vaya a bordar tapices en Hogsmeade.
(Minerva suspiró.
Sabía que discutir conmigo era perder el tiempo.
Siempre lo ha sido) (Mis ojos miraron en direccion al lago por inercia , hacia Ella) —Severus vamos a la orilla cerca del lago ahi hay muchos mas sapos ,lo mas probable es que los alumnos no se den cuenta de ello y pierdan una oportunidad valiosa de terminar con la actividad, si nos ven a nosotros ahi ,voltearan y veran a los sapos—(Deje a la criatura recompuesta sobre la hierba humedad y se fue saltando ,me incorpore y segui a minerva nos quedamos de pie en el sitio ,ningun estudiante nos veia eran unos ineptos y no entendia porque minerva los apoyaba tanto , vi a la mocosa acercandose al parecer fue la unica que nos miro y vio el conjunto de sapos a unos pasos de nosotros Merodeaba cerca de Minerva, la veia de reojo Había conseguido atrapar uno Milagro..pero ahora se acercaba peligrosamente a mi posición.
Sus ojos se fijaron en un sapo gordo y confiado justo a mis pies.
Se agachó.
Extendió las manos con cuidado.
Casi con delicadeza.
La observé desde arriba.
La mueca de asco se dibujó en mis labios sin permiso) —Inútil… —(susurré, apenas moviendo la boca) (Mi bota se movió.
Un toque preciso, casi casual.
El sapo rodó como una pelota mal pateada, soltó un gruñido indignado y cayó al agua con un “plof” húmedo y satisfactorio) (Ella se quedó inmóvil, mirando las ondas que se expandían) (Minerva, por supuesto, lo vio todo pero no se dio cuenta de que lo hice por puro odio hacia la mocosa para que no pudiera completar la actividad) —Severus —(advirtió con ese tono que no admite réplica)—.
No estés maltratando a los sapos.
Ya sabes lo que opino de eso.
—Un pequeño desliz —(respondí con la mayor indiferencia que pude reunir)—Un animal repugnante, sin duda.
(Crucé la mirada con la mocosa.
Sonreí.
Solo una curva mínima, maliciosa, lo suficientemente sutil para que Minerva no la captara… pero ella sí.
Vi cómo la comprensión le cruzaba la cara, cómo la rabia le subía por el cuello y cómo no podía hacer absolutamente nada porque McGonagall estaba a dos pasos.Se levantó en silencio.
Se alejó hacia el lado de Minerva.
Capturó dos sapos más.
Rápida.
Eficiente.
Furiosa.Patetica) (Minerva me miró de reojo sacandome del trance de ver a la mocosa sutilmente) —Severus, ¿qué sucede?
¿Está todo bien?
¿Por qué regañaste tan duramente a los chicos de Gryffindor hace un rato?
—Hacían la actividad mal —respondí seco—.
Como siempre.
(Mis ojos volvieron a ella.
Mis puños se cerraron contra la tela de la túnica hasta que los nudillos se pusieron blancos No podía quedarme más tiempo.No si quería conservar el poco autocontrol que aún me quedaba Porque mi furia cuando esa inutil me llamo “puto imbecil” , “viejo brujo” “holgazan” aun ardia dentro de mi con el simple hecho de verla) —Minerva —(dije con voz repentinamente neutra)—, olvidé que tengo asuntos urgentes en mi laboratorio.
Tendré que dejar la supervisión.
Espero que lo entienda.
(Ella asintió, aunque sus ojos decían que no se lo tragaba del todo) —Está bien, Severus.
Sé que tus pociones van primero.
Gracias por el apoyo.
Espero poder contar contigo más tiempo mañana.
—No lo creo —(respondí cortante) (La miré una última vez ella levantó la vista en ese preciso instante.
Nuestros ojos se encontraron.
No había miedo en los suyos.
Solo desafío puro.
Y una promesa silenciosa de que esto estaba muy lejos de terminar,perfecto ,porque su insolencia del dia de hoy no se iba a quedar sin castigo Caminé hacia el castillo con pasos lentos y medidos, aunque por dentro ardía) Detención.
9:30 p.m.
Mazmorras.
Vendrá.
Y cuando lo haga… …aprenderá a no volver a abrir la boca, por lo menos…
no cuando yo no se lo ordene Esto Apenas comienza.
Que Merlín se apiade de ella.
Porque yo no lo haré y por primera vez en mucho tiempo, las noches en las mazmorras prometen ser… interesantes.
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