Odio y deseo - Capítulo 9
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9: Territorio enemigo 9: Territorio enemigo Gran Comedor, Hogwarts El Gran Comedor era un caos organizado de luz, sonido y olor.
Los candelabros flotantes derramaban una cálida luz dorada sobre las cuatro largas mesas, iluminando montañas de comida y los rostros animados de los estudiantes.
El murmullo de cientos de conversaciones, risas y el tintineo de la vajilla creaba una sinfonía bulliciosa.
Había buscado un lugar discreto en la mesa de Slytherin, cerca de la orilla, donde pudiera pasar desapercibida.
El pergamino de Snape, ahora guardado en mi bolso, parecía irradiar una fría advertencia que ahogaba el aroma a asado y pastel de calabaza.
Mecánicamente, serví un poco de puré en mi plato, sin apetito.
-Vaya, vaya…
si no es la celebridad del momento.- La voz, dulce como la miel , vino de mi izquierda.
Alexa se deslizó en el banco frente a mí, su larga melena rubia cayendo perfectamente sobre sus hombros.
Llevaba una sonrisa amable, pero sus ojos azul claro, siempre calculadores, brillaban con una luz que no tenía nada de amistosa.
-¿Celebridad?
No sé de qué hablas, Alexa- (murmuré, pinchando un guisante con mi tenedor sin mirarla directamente) -Oh, por favor, Michelle.
Todo el castillo está hablando de ello-(dijo, tomando delicadamente su copa de jugo de calabaza)-¿cómo fue?
Todos estan hablando de que el profesor snape te acaba de asignar la primera detencion supervisada por el en años-.
-Le dije unas verdades y como tiene mucho ego y aires de superioridad no soporto y quiere vengarse estoy segura- deje mi tenedor y gire hacia mi bolso y saque el pergamino y le quite el liston y lo desenrolle alexa se inclinaba para leer y empece a leer Hogwarts Escuela de Magia y Hechicería Despacho del Maestro de Pociones Alumnos Involucrados: Michelle Casa Slytherin, Año [5] Estimado Director Albus Dumbledore; Le escribo para informar de un incidente grave de insubordinación esta tarde.
La alumna Michelle, de la Casa Slytherin, ha demostrado una falta absoluta de respeto hacia la autoridad docente, violando no solo las normas básicas de conducta en Hogwarts, sino también el decoro esperado de un miembro de mi propia casa.
Durante la lección que tuve el honor de supervisar con la profesora Mcgonagall ,le di instrucciones precisas a la señorita michelle para que pudiera usar sus instrumentos de captura de sapos,ya que la clase requeria una actividad que la profesoa minerva puso:Captura de 5-6 Sapos y/o Ranas, la señorita michelle deliberadamente con su arrogancia creyendose por encima de la autoridad decidio que era mas divertido desobedecer mis ordenes y utilizo insultos directos hacia mi persona.
Específicamente, me llamó “puto imbécil” en voz alta, pisándome el pie con evidente intención de causar daño físico -un acto que, aunque menor en apariencia, revela una agresividad inaceptable en un entorno educativo-.
Para colmo, añadió “viejo brujo”, un término despectivo que no solo cuestiona mi edad y habilidades, sino que socava la integridad de la enseñanza de las artes oscuras y pociones en esta institución.
Bla ,bla bla , bla puras tonterias segui leyendo hasta que llegue a ver todas las tareas que tenia preparadas para mi ,me detuve y arruge el pergamino mas que enfadada como se atrevia ese imbecil a acusarme asi y no decir lo que realmente paso alexa se incorporo de nuevo -¿’Puto imbécil’?-(Susurró las palabras soeces con un deleite perverso, como si saboreara su vulgaridad.)-Qué…
colorido vocabulario traes de donde vienes.- -Fue un malentendido se me salio porque me desespero-(dije sabiendo que era una mentira a mediss el se lo busco).
-Un malentendido que te valió una detención aprobada personalmente por Dumbledore-(replicó Alexa, inclinándose hacia adelante.
Su perfume, algo floral y caro, me invadió.)-Y no una cualquiera.
Una en sus mazmorras.
A las 9:30 de la noche.
Muy…
íntimo, ¿no te parece?- Su tono era extraño.
Antes de que pudiera responder, continuó, bajando aún más la voz hasta que fue un susurro que solo yo podía escuchar sobre el bullicio del comedor.
-Mira, Michelle, seamos claras.
Lo que hiciste fue estúpido, pero lo que va a pasar esta noche es un castigo.
Nada mas-( Sus ojos se endurecieron)-El profesor Snape es un hombre severo, dedicado a su trabajo y a esta casa.
No le interesa…
entretenerse con alumnas problemáticas, por muy atrevidas que sean- -No sé a qué te refieres-(dije, frunciendo el ceño, aunque un nudo de comprensión y repulsión comenzaba a formarse en mi estómago) Alexa sonrió, una expresión fría y perfecta.
-Claro que lo sabes.
He visto cómo algunas chicas ingenuas llegan aquí con…
ideas.
Con fantasías tontas sobre hombres poderosos y peligrosos.
Es patético-(Hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran)-El profesor Snape no es un trofeo para que lo persiga una recién llegada que cree que insultarlo es una forma de flirteo.
Es nuestro Jefe de Casa.
Es…
Mi profesor…tu profesor, el profesor de todos aqui ,es respetado sabes?- La manera en que dijo «Mi profesor» sonó más a «propiedad»….
-Yo no…-(comencé, pero ella me interrumpió con un gesto despectivo de su mano) -Solo te estoy dando un consejo de compañera de casa, por tu propio bien-(dijo, su voz recuperando un falso tono de preocupación)-Cumple tu detención, agacha la cabeza, soporta lo que tengas que soportar y sigue con tu vida.
No interpretes su…
atención como algo especial.
No lo es.
Él está haciendo su trabajo, poniendo en su lugar a una niña maleducada- Se levantó entonces, alisando su impecable túnica.
Me miró desde arriba, y en sus ojos ya no había ni siquiera la falsa dulzura.
Solo advertencia, mezclada con una envidia tan profunda que casi podía tocarse.
-No me malinterpretes pero el profesor Snape-(dijo, articulando cada palabra con claridad) -tiene asuntos más importantes que ocuparse de ti.
No se te ocurra, por un segundo, pensar algo distinto.
Su paciencia, te aseguro, no es infinita…solo te lo digo como…consejo- Sin esperar respuesta, giró sobre sus talones y se alejó, mezclándose de inmediato con su grupo de amigas, que lanzaron miradas burlonas y susurrantes hacia mí antes de reírse entre ellas “Ya ni porque yo soy mayor que ellas me respetan…tal vez asi se sienta snape conmigo jajajaja son el tipico grupito de chicas presumidas y cobardes que no pueden decirte las cosas a la cara y solo se rien y chismean de ti a lo lejos…que pateticas se han vuelto las adolescentes” Me quedé allí, helada, el puré enfriándose en mi plato.
La amenaza de Snape era una cosa: era oficial, fría, académica.
Esto…
esto era distinto.
Era personal Alexa no solo envidiaba la notoriedad; envidiaba, con una intensidad enfermiza, la misma atención que yo había recibido, por horrible que fuera.
“Asi que pansy tenia razón despues de todo….Al parecer alguien sigue suspirando por ese anciano idiota y ahora me ve a mi como rival , alexa esta celosa de que snape me este dando la atención que ella siempre busco en el y el …le negó” De repente, la detención de las 9:30 parecía aún más siniestra.
No solo sería un castigo físico y humillante administrado por un hombre que me despreciaba.
Sería un campo de batalla donde, sin saberlo, yo era una intrusa en un terreno marcado por alguien más.
El susurro de Alexa resonaba en mis oídos: No se te ocurra pensar algo distinto.
Apreté el tenedor con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos.
El miedo se mezcló con una rabia hirviente.
Primero Snape, ahora sus…
¿admiradoras?
¿Sus guardianas?
Miré hacia la mesa de los profesores.
Allí, en su lugar habitual, apartado y sombrío, estaba Severus Snape.
No miraba hacia las mesas.
Estaba absorto en su plato, o tal vez en sus pensamientos, una figura de oscuridad y autoridad incuestionable.
Inaccesible.
O eso creía él.
O eso creía Alexa.
Tomé un sorbo de agua, tratando de calmar la ansiedad .Las 9:30 se acercaban.
Y ahora, además de enfrentar al hombre más temido del castillo, llevaría conmigo el peso de una envidia silenciosa y peligrosa de una chica que cree que le van a robar a su futuro esposo ,que asco.
Hogwarts, pensé amargamente, era mucho más complicado de lo que había imaginado.
Y la guerra, al parecer, se libraba en varios frentes a la vez.
Sala Común de Slytherin, Mazmorras Hora: 9:15 PM La sala común de Slytherin, sumergida en la luz verdosa y temblorosa que filtraba a través de las ventanas del lago negro, estaba casi vacía.
Un par de estudiantes de séptimo año repasaban runas antiguas junto a la chimenea, y unos pocos de quinto charlaban en voz baja en un sofá de cuero.
El silencio era relativo, roto por el crepitar del fuego y el lejano murmullo del agua contra los cristales.
Yo estaba sentada en un rincón oscuro, junto a una estantería de libros antiguos, mirando fijamente el suelo de piedra.
Mi bolso con el pergamino maldito dentro, estaba a mis pies.
El reloj de arena gigante de la pared marcaba el paso implacable de los minutos.
9:15.
Quedaban quince minutos.
Quince minutos para tomar la decisión más estúpida o la más cobarde de mi vida.
-¿Qué es lo peor que puede pasar si no voy?-( susurré para mis adentros, jugueteando con el borde de mi túnica) La idea había germinado durante la cena, después del desagradable encuentro con Alexa, y había crecido como una enredadera venenosa en mi mente durante las últimas horas de estudio Podría esconderme.
Hogwarts era gigantesco.
Había cientos de habitaciones desocupadas, pasadizos secretos (había oído rumores), los confines de la biblioteca restringida, los invernaderos por la noche…
Incluso podría refugiarme en la famosa Sala que escuche a unos alumnos buscar, la sala de los Menesteres, si lograba encontrarla claro.
Snape me buscaría, claro.
Pero si no me encontraba…
-Descuento de más puntos-(musité, contando las consecuencias en mis dedos.)-Probablemente todos los que le quedan a Slytherin.
Otra detención, más larga.
Tal vez una semana de limpieza de letrinas con un cepillo de dientes…
Eso me hizo estremecer.
Pero comparado con la perspectiva de estar encerrada durante horas en su despacho, sola con él, con esos calderos hediondos y esas vísceras de sapo…
¿No era un castigo desconocido preferible a una tortura conocida y segura?
“Podría decir que me enfermé ,Un malestar repentino” Pero Snape no era tonto.
Vería a través de cualquier excusa.
Y la humillación de ser arrastrada desde la enfermería, o peor, de mi escondite, sería aún mayor.
Mi mente me traicionó, recordando sus palabras en el pasillo: «No se tolérerán retrasos, ni excusas, ni más…
arranques » Y luego, el tono de Alexa: «Cumple tu detención, agacha la cabeza, soporta lo que tengas que soportar…» La rabia volvió a brotar, caliente y amarga.
¿De verdad iba a darles el gusto?
¿A él, con su sadismo disfrazado de disciplina, y a ella, con su envidia posesiva?
¿Iba a confirmar que era solo una «niña malcriada» que huía de sus actos?
Pero el instinto de supervivencia era más fuerte.
Cada fibra de mi ser gritaba para alejarme de las mazmorras, de su presencia, de esa oscuridad que parecía emanar de él.
Miré hacia la entrada de la sala común, la fría pared de piedra que se abriría con la contraseña.
Más allá estaba el pasillo tenuemente iluminado que conducía a su despacho.
Un camino corto.
Un camino a la perdición.
9:20.
Diez minutos menos.
Un sudor frío me recorrió por las manos Si me iba a esconder, tenía que hacerlo ya.
Ahora.
Levantarme, coger mi bolso, dirigirme no a la derecha (hacia su despacho), sino a la izquierda, perderme en las entrañas del castillo.
Respirar el aire libre (o al menos, el aire no contaminado por el olor a Severus Snape).
Mis músculos se tensaron, listos para empujarme hacia arriba.
Pero una imagen se impuso, clara : la de Snape, de pie en su despacho a las 9:30 en punto, mirando la puerta con aquel desprecio infinito, sabiendo que había acertado.
Sabiendo que yo era, efectivamente, una cobarde que no se atrevía a enfrentar las consecuencias.
Que mi valentía en el lago y en el aula había sido solo un arrebato, un accidente.
Y luego, mañana, me encontraría.
En un pasillo, en clase de Pociones.
Y lo que viniera entonces…
sería mucho peor.
Porque habría desobedecido una orden directa.
Habría desafiado su autoridad de la forma más absoluta.Y no solo la de el …la del director de hogwarts que autorizo la detencion el me habia recibido von los brazos abiertos a pesar….de mi situación , iba a enfrentarme a snape solo para…no decepcionar al director albus mas de lo que me suponia que ya estaba No huiría.
No le daría esa satisfacción a snape ,No convertiría su predicción en realidad.
Agarré mi bolso con fuerza, tan fuerte que mis uñas se clavaron en la tela.
Me levanté, sintiendo cómo las piernas me temblaban levemente.
Los pocos estudiantes que quedaban en la sala me miraron de reojo; alguno debió susurrar algo, porque una sonrisa burlona se dibujó en un rostro.
Lo ignoré.
Caminé hacia la entrada, cada paso sobre la piedra fría resonando como un latido de tambor fúnebre en mis oídos.
Pronuncié la contraseña con voz ronca, y la pared se deslizó.
El pasillo de las mazmorras estaba desierto y más frío que el interior de la sala común.
Las antorchas parpadeaban, proyectando sombras danzantes y alargadas.El aire olía a humedad, a piedra antigua y a una tenue mezcla de ingredientes de pociones: algo amargo, algo dulzón y podrido.
Apreté la correa mi bolso.
Eran las 9:28.
No había vuelta atrás.
Comencé a caminar, el eco de mis pasos siguiéndome como un presagio, hacia la puerta de roble macizo y oscuro al final del pasillo.
La puerta detrás de la cual él esperaba.
Para hacer de mi estancia, tal como había prometido, un auténtico infierno.
La cobardía había sido tentadora, pero la orgullosa rabia que ahora ardía en mi pecho, mezclada con un miedo glacial, era un motor más fuerte.
Iba a presentarme.
Iba a soportarlo.
Y, de alguna manera, iba a sobrevivir.
“Aun alcanzó a esconderme solo hay que dar la vuelta y correr ,si alcanzo…si alcanzo a esconderme” Al menos, eso me repetía, mientras alzaba una mano temblorosa para llamar a la puerta, justo cuando el reloj imaginario en mi cabeza marcaba las 9:30 en punto.
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