Ojos Del Vacío-Camino del Invencible - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 CAPÍTULO 22 LA TÉCNICA PROPIA — EL PASO DE NIEBLA
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22: CAPÍTULO 22: LA TÉCNICA PROPIA — EL PASO DE NIEBLA 22: CAPÍTULO 22: LA TÉCNICA PROPIA — EL PASO DE NIEBLA Una semana después de leer el libro del Investigador Fai, Wei Wugen creó su primera técnica espiritual.
No la copió de un manual.
No la replicó de observar a alguien más.
La construyó desde los principios que había desarrollado, informada por el conocimiento del texto de Fai, adaptada a la naturaleza específica de su Qi incoloro.
El proceso comenzó con una observación que había hecho durante el segundo combate con Fang Yisu en el torneo: cuando reducía la emisión de Qi al mínimo mientras se movía, la anticipación de Fang Yisu disminuía.
Pero la reducción era inestable, costosa en concentración, y producía un efecto inconsistente.
¿Por qué inconsistente?
Porque Wei no entendía completamente el mecanismo que estaba usando.
Lo había descubierto por intuición —la intuición de alguien que ha tenido que pensar sobre el Qi de forma diferente al resto porque el resto tenía una Raíz que hacía el trabajo automáticamente.
Ahora, con el texto de Fai como marco teórico y el libro sin portada como registro de cuatro años de observaciones propias, Wei pasó cinco días construyendo la comprensión completa del mecanismo.
El resultado fue esto: Todo cultivador emitía Qi en todo momento, incluso en reposo.
La Raíz Espiritual era como un fuego que nunca se apagaba completamente —siempre produciendo calor, siempre irradiando hacia el exterior aunque fuera mínimamente.
Esa irradiación era información.
Un cultivador con percepción espiritual suficiente podía leer esa información y usarla para anticipar movimientos antes de que ocurrieran.
El Qi incoloro de Wei funcionaba diferente.
No tenía Raíz que produjera la irradiación constante y automática.
Su emisión de Qi era activa —dependía de su intención.
Lo que significaba que podía, teóricamente, reducirla no solo “al mínimo” sino a un estado cualitativamente diferente: donde el Qi de su cuerpo no irradiara hacia afuera sino que resonara con el Qi ambiental.
No reducción.
Fusión.
La diferencia era crucial.
Un fuego reducido al mínimo todavía produce calor detectable.
Un fuego cuya temperatura iguala exactamente la temperatura del ambiente se vuelve indetectable porque no hay contraste que medir.
Wei pasó dos días probando el principio en el jardín de práctica, sin testigos.
Falló treinta y siete veces antes de que funcionara por primera vez.
Cuando funcionó, duró cuatro segundos.
El Qi de su cuerpo resonó con el Qi del jardín —los árboles, la tierra, el aire— hasta que la distinción entre “dentro” y “fuera” se volvió temporalmente borrosa para cualquier percepción espiritual que lo observara desde el exterior.
No invisibilidad.
No era ni siquiera cerca de eso.
Era la diferencia entre una sombra clara y una sombra difusa: la posición de Wei seguía siendo percibible, pero con menor precisión de la normal.
El efecto era análogo a escuchar una voz en una habitación con eco —sabes que alguien está hablando pero no puedes localizar exactamente de dónde.
Lo llamó, en el libro sin portada, Paso de Niebla (雾步 — Wù Bù).
Cuatro segundos la primera vez.
Ocho la segunda.
Quince la tercera.
En diez días de práctica constante, podía mantenerlo durante dos minutos.
La limitación más importante que identificó: el Paso de Niebla funcionaba mejor cuando había suficiente Qi ambiental para resonar.
En zonas con poco Qi —los territorios mortales donde el Qi era escaso— el efecto sería menor.
En zonas de alta densidad como las Colinas de la Niebla Perpetua donde estaba la sede del Lago Oscuro, el efecto era máximo.
Fang Yisu, que estaba de visita en la secta por tres días como parte de un programa de intercambio del Pico Eterno, fue su primera prueba involuntaria.
Estaba cruzando el jardín central cuando Wei activó el Paso de Niebla y caminó desde un extremo al otro a diez metros de ella.
Fang Yisu giró la cabeza hacia donde Wei había estado un segundo antes de que llegara ahí.
—¿Ahí?
—dijo, mirando el espacio vacío.
—No ya.
—Wei llegó al extremo opuesto—.
¿Puedes sentir dónde estoy ahora?
Fang Yisu extendió la percepción.
Cinco segundos.
—Ese lado.
—Señaló en dirección correcta pero con un margen de error de cuatro metros—.
¿Qué acabas de hacer?
—Versión sistematizada del principio del torneo.
Fang Yisu lo miró con la expresión que Wei había aprendido a reconocer en ella: el reajuste continuo de sus calibraciones sobre lo que era posible.
—¿Cuánto tiempo llevas en el Cuarto Estadio?
—Tres semanas.
—Lo que acabas de hacer —dijo Fang Yisu lentamente— corresponde a una técnica del Séptimo Estadio.
En condiciones normales.
—Mis condiciones no son normales.
—No.
—Asintió—.
Definitivamente no.
Esa noche, Wei sistematizó el Paso de Niebla completo en el libro sin portada: el principio base, las condiciones óptimas de uso, las limitaciones actuales, el potencial proyectado conforme aumentara el nivel.
Doce páginas.
Era la primera técnica completamente suya.
Construida desde cero, sin maestro, sin manual de referencia.
Solo la comprensión del mecanismo y la práctica hasta que funcionó.
No era la técnica más poderosa que un cultivador del Cuarto Estadio podía tener.
Era probablemente la más inusual.
Y tenía una propiedad que ningún manual le habría dado porque ningún manual tenía el marco teórico del Qi primario para describirla: cuando usaba el Paso de Niebla, sus propios Ojos de Comprensión permanecían completamente funcionales.
La resonancia de Qi no afectaba su percepción interna —solo afectaba lo que proyectaba hacia el exterior.
Podía ver perfectamente mientras se volvía más difícil de ver.
Eso, reconoció al escribirlo, era la razón específica por la que el linaje había desarrollado los Ojos junto con el sistema de Qi primario.
No como capacidades separadas —como partes de un mismo sistema donde cada elemento potenciaba al otro.
Fai tenía razón: no era un cultivador defectuoso.
Era un tipo diferente de cultivador.
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