Ojos Místicos: Mis Ojos Roban las Leyes del Cultivo - Capítulo 159
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Capítulo 159: Torneo Quinquenal (4)
El silencio de la primera pelea aún resonaba en la arena mientras Li Fen y Gao Jin tomaban sus posiciones. El contraste era impactante. La imponente solidez de Gao Jin contra la ligereza de Li Fen.
Dong Zhen no dio tiempo para vacilaciones y dijo:
—Comiencen.
Gao Jin fue directo al grano. No era tonto, había visto la aplastante ventaja de poseer intención de sangre. Su única oportunidad era aplastar a Li Fen rápidamente, antes de que el control de sangre entrara en juego.
Con un gruñido, avanzó, su martillo de guerra de piedra negra balanceándose en un poderoso arco que hizo vibrar el aire.
—¡Caída de la Montaña Sangrienta! —bramó, canalizando su Qi de sangre, una energía roja opaca y pesada, hacia la cabeza del martillo, que brilló con una luz siniestra.
Li Fen no retrocedió. Pero fue como si se hubiera deslizado. Su cuerpo pareció difuminarse por un instante, retorciéndose de una manera imposible junto al devastador martillo.
El arma pasó a meros centímetros de su torso pero no lo tocó. Mientras tanto, su mano derecha, con dedos largos y delgados, rozó como una sombra la pierna expuesta de Gao Jin.
No hubo contacto visible. Ni corte, ni impacto audible.
Pero Gao Jin se estremeció. Un repentino escalofrío, como si un hilo de hielo hubiera sido insertado en su vena, subió por su pierna.
Dio un paso atrás, su rostro mostrando confusión. El ataque no dolía, pero definitivamente algo estaba mal.
Li Fen reapareció a pocos metros de distancia, sus ojos estrechos fijos en el punto donde su mano había pasado. No sonrió.
—¿Qué me hiciste? —gruñó Gao Jin, sacudiendo su pierna. La sensación helada persistía.
—Solo un pequeño truco —respondió Li Fen, su voz un susurro casi inaudible que, sin embargo, llegó a los oídos de todos—. Tu sangre es espesa y lenta. Como barro. Solo estoy… limpiando los canales.
Gao Jin sintió un nudo frío en el estómago. Miró su pierna. Nada. Pero entonces una leve decoloración comenzó a aparecer bajo la piel de su tobillo. Una palidez anormal, como si la sangre se estuviera retirando de esa área.
Enfurecido, atacó de nuevo, los golpes de su martillo formando una tormenta de Qi rojo destructivo.
—Voy a aplastarte los huesos, rata.
Li Fen bailó por la arena. No era una evasión ordinaria, sus pies apenas parecían tocar el suelo. No usaba movimientos amplios, solo ajustes mínimos, deslizamientos que lo mantenían siempre al borde del impacto, en las sombras de los ataques de Gao Jin.
Cada vez que el martillo fallaba, la mano de Li Fen, o a veces solo las yemas de sus dedos, tocaban a Gao Jin. En el brazo, el costado, el muslo.
Kyrian observaba la pelea atentamente. Sus ojos podían ver lo que otros no. Kyrian veía el flujo sanguíneo de ambos combatientes.
Li Fen, cada vez que esquivaba un ataque, hacía que su flujo sanguíneo se acelerara salvajemente por una fracción de segundo. Tenía que ser algún tipo de técnica de movimiento.
Una técnica interesante que Kyrian no podía usar. Sentía un mal presentimiento sobre forzar su cuerpo de esa manera.
También vio algo más. Gao Jin parecía cultivar una técnica similar a la de Bai Zhu, sus venas eran más gruesas, y también su sangre. También reforzaba su cuerpo, pero a menor escala.
Probablemente porque no poseía una afinidad natural innata con la sangre. Su Qi sanguíneo provenía únicamente de la cultivación.
Y así continuó la pelea. Tras cada toque de Li Fen, la palidez se extendía.
Una mancha aquí, otra allá. Gao Jin comenzó a tener dificultades para respirar. No era agotamiento, sino como si partes de su cuerpo se estuvieran quedando dormidas, desconectándose.
Su Qi sanguíneo, que dependía de la circulación sanguínea para moverse, comenzó a volverse errático y débil.
—¿Estás… deteniendo mi sangre? —gritó Gao Jin, con pánico tiñendo su voz.
—Detener es una palabra muy fuerte —murmuró Li Fen, reapareciendo a su izquierda después de evitar otro golpe—. Solo estoy… persuadiéndola para que se quede quieta un momento.
Kyrian podía ver y se dio cuenta de algo. Parecía que Li Fen necesitaba tocar a Gao Jin para controlar su sangre, eso solo era posible debido a su intención de sangre.
Si Gao Jin también poseyera intención, esto no sería posible. Pero Kyrian notó un detalle. Parecía que ninguno de ellos hasta ahora era como él, que podía controlar la sangre de otros directamente.
Dong Zhen, desde la plataforma, observaba con renovado interés.
«La Rama de las Sombras siempre ha sido sutil», pensó.
«No dominan con fuerza bruta. Sino con precisión absoluta».
La técnica que Li Fen usaba era terriblemente eficiente contra oponentes que dependían de la fuerza bruta.
Gao Jin, ahora con la mitad de su brazo derecho pálido y pesado, intentó un último ataque. Levantó el martillo con su brazo izquierdo, pero el movimiento era lento, descoordinado.
Li Fen vio la apertura. Esta vez, no tocó y retrocedió. Avanzó.
Su cuerpo se aceleró y se fundió en una sombra de energía carmesí, reapareciendo dentro de la guardia desequilibrada de Gao Jin.
La mano derecha de Li Fen, ahora con dedos manchados de un rojo tan oscuro que parecía negro, tocó suavemente el centro del pecho de Gao Jin, sobre el corazón.
—¡Descanso Sombrío! —susurró Li Fen.
Gao Jin se congeló. Sus ojos se ensancharon. No sintió dolor. Sintió vacío.
Un silencio repentino donde debería haber estado el latido constante de la vida. Su corazón no se detuvo para siempre, pero era como si la orden para que latiera hubiera sido momentáneamente cortada. Como un susurro lejano.
Gao Jin se encontró perdido en la neblina que Li Fen había inyectado en su sistema.
El martillo cayó de sus dedos entumecidos, golpeando el suelo con un ruido sordo. Gao Jin permaneció de pie por un segundo, una estatua de confusión y terror, antes de que sus rodillas cedieran y se desplomara hacia un lado, inconsciente, su piel marcada por grandes manchas de palidez mortal.
La pelea había durado quizás un minuto. No hubo sangre salpicando, ni huesos destrozados con fuerza atronadora. Solo un silencio progresivo, una parálisis de adentro hacia afuera.
Li Fen dio un paso atrás, limpiando sus dedos en un paño oscuro que sacó de dentro de sus túnicas. Su rostro estaba tan impasible como al principio.
—Ganador, Li Fen de la Rama de las Sombras —anunció Dong Zhen. Había un ligero respeto en su voz. El arte de Li Fen era cruel pero, usado con precisión y control, digno de la corte.
Mientras los sirvientes retiraban a Gao Jin, las gradas susurraban. El método de Li Fen era aterradoramente diferente del brutal aplastamiento de Bai Zhu, pero no menos efectivo.
Kyrian observaba, sus ojos carmesí capturando cada pequeño detalle. Vio cómo Li Fen usaba la intención de sangre no para dominar con fuerza, sino para sugerir a la sangre del oponente que creara fallas.
Era un ángulo diferente del mismo poder. Kyrian archivó la información.
Dong Zhen miró a los participantes restantes y habló.
—Tercer combate. Kai, de la Rama de Misiones Externas, contra Chen Lu, de la Rama de las Sombras.
Ambos descendieron a la arena. Kai, con su rostro curtido y postura encorvada. Chen Lu, más joven y afilado, tenía los ojos estrechos de su rama, pero carecía de la profunda frialdad de Li Fen. Tomó una postura defensiva, dagas cortas listas.
Dong Zhen apenas había terminado de decir:
—Comiencen.
Cuando Kai actuó.
Sin ceremonia, llevó su pulgar a la boca y mordió con fuerza, abriendo un corte profundo.
Un chorro de sangre oscura y espesa brotó. En lugar de dejarla caer, extendió su brazo hacia Chen Lu, como si señalara.
La línea de sangre salió disparada. No era un chorro continuo sino un proyectil sólido, alargado, extremadamente rápido y absolutamente silencioso.
Kai no anunció nada, su expresión permaneció aburrida mientras su sangre actuaba.
Chen Lu, entrenado por la Rama de las Sombras, reaccionó instantáneamente. Su cuerpo se volvió más rápido, casi como una mancha oscura, intentando esquivar con un movimiento de alta velocidad.
Pero el dardo de sangre, controlado por la feroz y practicada intención de Kai, no voló en línea recta. Se curvó en el aire, ajustando su trayectoria.
Chen Lu se tambaleó, horrorizado por la velocidad, e intentó levantar una barrera de Qi. Una pared roja opaca y estable apareció frente a él.
Pero fue inútil.
En el momento antes del impacto, el dardo de sangre se dividió en dos. Un proyectil atravesó la barrera como si fuera tela, disipándola con un siseo.
El otro dardo, aprovechando la apertura, pasó por el espacio expuesto.
Entonces surgió un sonido húmedo y agudo.
Chen Lu se congeló en medio de su movimiento evasivo. Un pequeño agujero, casi imperceptible, apareció en su hombro.
No era una herida grave por sí misma. Pero la sangre de Kai no solo estaba dentro de él, también lo estaba la infección.
Kai cerró la mano que había lanzado el dardo.
Dentro de Chen Lu, la sangre invasora se agitó. Luego se disolvió, mezclándose en el torrente sanguíneo de Chen Lu, y guiada por la intención de Kai, se precipitó directamente hacia puntos cruciales de circulación cerca del corazón.
Chen Lu dejó escapar un grito ahogado. Un dolor agudo y paralizante, como si una aguja de fuego estuviera siendo retorcida dentro de su pecho.
Su visión se oscureció en los bordes, sintió que sus piernas cedían, su control sobre su propio Qi desvaneciéndose mientras la sangre extraña saboteaba sus canales de Qi.
Cayó de rodillas, las dagas deslizándose de sus dedos entumecidos.
Su respiración era irregular y llena de pánico. Intentó levantar su mano, pero el brazo no respondía correctamente.
Kai observaba sin acercarse.
—Ríndete —dijo, con voz plana y aburrida.
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