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Ojos Místicos: Mis Ojos Roban las Leyes del Cultivo - Capítulo 186

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Capítulo 186: Imperio de las Nubes (6)

El sonido del cerrojo en la puerta de Kyrian resonó por el silencioso pasillo.

Mei Li dejó escapar un suave suspiro y volvió a dirigir su sonrisa diplomática hacia Liang Wei.

—Tendrás que perdonar a nuestro líder. El viaje fue largo. Creo que tiene sus razones para tener prisa…

Luego comenzó a hacer preguntas corteses sobre la ciudad, sobre los establos y sobre posibles noticias del territorio que tenían por delante, manteniendo la atención del joven.

Yan Ling intercambió una mirada con Kai.

—¿Qué te parece ir a examinar las murallas defensivas de la ciudad y el mercado principal? Tal vez encontremos algo útil.

Kai simplemente asintió. Li Fen, sin decir palabra, se deslizó entre las sombras del patio.

Bai Zhu refunfuñó algo sobre “comida decente”. Y siguió a un sirviente hacia lo que parecía ser la cocina principal de la mansión.

Dentro de la habitación, Kyrian, sin perder un solo segundo, se sentó en el suelo de tatami.

De su anillo espacial, con un pensamiento, extrajo una montaña de piedras espirituales. Cientos de ellas, la mayoría de grado medio, un deslumbrante tesoro que llenó la habitación con un suave resplandor y una densa y vibrante energía.

Kyrian actuó rápidamente sin vacilación, colocando las piedras espirituales una a una en sus ojos carmesí.

En un proceso tan rápido como la última vez. Sus dos dantians, ya expandidos y solidificados en la 5° etapa de Liberación de Qi, vibraban como copas a punto de desbordarse.

La energía los inundaba, comprimiendo y expandiendo los dantians aún más.

No hubo una barrera dramática. Fue una conclusión inevitable.

Un calor repentino y profundo, una ola de poder puro, explotó desde sus ojos y recorrió cada fibra de su ser.

Sus huesos crujieron suavemente, sus músculos se ajustaron, y sus otros sentidos se volvieron aún más agudos.

Pero el cambio principal estaba en sus ojos, los dos dantians estaban completamente llenos de energía.

«6° etapa del Reino de Liberación de Qi.»

El salto se consolidó en apenas treinta minutos. El montón de piedras había disminuido en un tercio.

Kyrian permaneció sentado por un momento, respirando profundamente, sintiendo la nueva fuerza circulando dentro de sus ojos. Ahora el combustible para sus ojos era mayor que nunca.

Se evaluó a sí mismo. Antes, enfrentarse a alguien del Reino de Formación del Núcleo era un riesgo calculado. Ahora, sentía una fría confianza.

Contra un oponente en las primeras etapas de Formación de Núcleo. La 1ª o quizás incluso la 2º etapa. Sus ojos definitivamente serían una amenaza.

Entonces, como un cubo de agua helada, llegó la sensación familiar. Un nuevo límite se impuso en su percepción. Más grueso y más resistente que el anterior.

Calculó instintivamente. Cuarenta días. Cuarenta días antes de que pudiera usar sus ojos para devorar Qi espiritual de esa manera nuevamente.

No estaba decepcionado. Era el precio. Y la ganancia en cada etapa era absurdamente alta. Cuarenta días era tiempo.

Tiempo que pasaría durante la misión, durante la subasta. Quizás después de eso otra masa negra emergiese para alimentar el libro y acelerar el proceso.

En ese momento, el recuerdo de la mujer raíz surgió en su mente. Su paradero ahora era desconocido para Kyrian.

Con un gesto, reunió las piedras espirituales restantes de vuelta en el anillo.

Se puso de pie, estirando su cuerpo. Afuera, el sonido de la ciudad llegaba amortiguado.

El tañido distante de una campana, el murmullo de la multitud. Mañana, al amanecer, partirían hacia el Imperio de las Nubes.

Pero, por esta noche, había logrado su objetivo privado.

Salió de la habitación. El salón común estaba vacío. Los demás estaban explorando la ciudad.

Kyrian caminó hasta el balcón que daba a los jardines interiores de la mansión, sus manos apoyadas en la madera pulida, sus ojos carmesí observando las linternas que se encendían en la ciudad preparándose para la noche.

La campana de hierro sonó nuevamente, marcando la hora. Un sonido profundo y solemne que resonaba sobre los tejados.

—¿Debería encontrar un buen restaurante? —murmuró de repente Kyrian, preguntándose a sí mismo.

La carne de bestia en el bosque había satisfecho su hambre, pero no su paladar. Si iba a pasar la noche en una ciudad, bien podría tener una comida adecuada.

Sin dudar, Kyrian dejó el balcón, cruzó el silencioso salón común, y salió del pabellón de invitados.

Los jardines de la mansión estaban tranquilos, solo algunos sirvientes apresurados moviéndose con linternas. Pasó junto a ellos sin ser notado hasta que llegó a una puerta lateral que se abría a una calle secundaria.

La Ciudad de la Campana de Hierro era diferente por la noche. Durante el día, era un bullicio de trabajo y comercio.

Por la noche, se convertía en un lugar de luces parpadeantes, voces ebrias y el persistente olor a aceite y carbón ardiendo.

Kyrian caminaba con pasos firmes, sus ojos carmesí captando cada detalle, ignorando las miradas curiosas o temerosas dirigidas a él y a sus ojos.

El centro comercial de la ciudad, visto desde arriba anteriormente, no estaba muy lejos de la mansión.

No vio señal de Yan Ling, Kai, Li Fen o Bai Zhu. Probablemente estaban inmersos en sus propios asuntos dispersos por la ciudad. En el caso de Bai Zhu, probablemente estaría devorando una comida en alguna parte.

Mei Li, supuso, seguía entreteniendo al joven Liang Wei.

Fue cuando dobló la esquina hacia una avenida más amplia que conducía a la plaza central cuando el aire cambió.

Primero, una oleada de presión proveniente de arriba. No energía hostil, sino la mera presencia de fuerza concentrada, pesada y sin disimulo.

Una presión de cultivación hizo que muchos de los cultivadores comunes de la ciudad miraran inmediatamente hacia el cielo.

Kyrian levantó los ojos.

Contra el oscuro cielo nocturno, se destacaban siluetas de bestias voladoras. No eran los Cuervos de Guerra Carmesí, robustos y siniestros. Estos eran elegantes, ágiles, con largas alas emplumadas que brillaban con un tenue matiz plateado bajo las luces de la ciudad.

Halcones de Alas Plateadas, bestias conocidas por su velocidad y nobleza, también todas en el reino inicial de Formación de Núcleo.

Eran cinco. Y montados, cinco jóvenes.

Incluso a esa distancia, los agudos ojos de Kyrian lo captaron todo. Los rostros eran jóvenes, pero llevaban una confianza afilada, una arrogancia cultivada desde el nacimiento.

Sus ropas eran de colores claros, azul celeste, con inmaculados detalles blancos. Hechas de fina seda que parecía resistir la suciedad del aire de la ciudad.

La presión de cada uno era distinta. Pero todos estaban firmemente en el pico del reino de Liberación de Qi. Eran, sin duda, discípulos de alguna fuerza rica y poderosa dirigiéndose hacia el mismo destino que Kyrian.

En ese mismo instante, una bestia con plumas de color óxido despegó apresuradamente de la mansión Liang. Liang Wei, su rostro serio y respetuoso, voló para encontrarse con el grupo.

La conversación fue breve, inaudible desde aquí, pero la postura de Liang era la misma que antes. La de un anfitrión profesional recibiendo invitados importantes.

Kyrian observó durante exactamente tres segundos. Sus ojos, con una memoria perfecta, registraron cada rostro.

El joven de cabello plateado a la cabeza, con una larga espada en la espalda. La chica con elaboradas trenzas y penetrantes ojos verdes. El joven robusto con un martillo de guerra en miniatura colgando de su cinturón. El otro, delgado y con ojos de halcón, sosteniendo un abanico de jade. Y la última, serena y de rostro frío, con una flauta de bambú atada a su cintura.

Rostros. Fortalezas. Posibles amenazas u obstáculos en la subasta. Kyrian archivó las imágenes en un rincón seguro de su mente, etiquetándolas mentalmente como un grupo de ligero interés.

Luego, los ignoró. No eran su preocupación inmediata.

Su enfoque volvió a la calle, al olor que ahora crecía más fuerte. Un rico olor a caldos hirviendo, carnes sazonadas con especias raras y vegetales frescos salteados en aceite aromático. Kyrian siguió el rastro olfativo, dejando atrás la escena en el cielo.

La calle se abría a la plaza central, dominada por la enorme campana de hierro que daba nombre a la ciudad.

En el lado opuesto, anidado contra la pared de un almacén de piedra, estaba el establecimiento que emanaba el olor.

No era una taberna ruidosa, sino un pabellón de dos pisos con linternas de papel rojo y un letrero de madera tallada que simplemente decía.

“Parada del Viajero.”

Kyrian entró. El interior era acogedor, iluminado por suaves linternas, con mesas de madera oscura y bancos limpios.

Algunos comerciantes más adinerados y un puñado de cultivadores de aspecto modesto conversaban en voz baja. El olor era aún más intenso aquí, definitivamente habría comida deliciosa.

Eso fue lo que pensó Kyrian.

Un asistente de mediana edad, con ojos inteligentes, se acercó rápidamente. Vio la túnica carmesí, identificándola como de alta calidad, así como la postura de Kyrian y los ojos fríos y algo intimidantes. Su expresión se volvió inmediatamente más respetuosa de lo habitual.

—Joven Maestro, bienvenido. ¿Requiere una mesa privada en el piso superior?

—Tenemos la especialidad de la casa. Estofado de Carne de Toro de Cristal con raíces plateadas, pescado lunar a la parrilla con hierbas de montaña, y nuestro vino de arroz medicinal que es famoso en la ciudad.

A Kyrian le gustó que el hombre fuera directo y asintió.

—La mesa privada. Trae el estofado y una gran porción del pescado. Y no olvides el vino.

—Perfecto, Joven Maestro. Por aquí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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