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Omni-Chat: el Administrador NPC - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Capítulo 4 Parte 1 La Fragilidad del Cristal Transparente
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4: Capítulo 4 (Parte 1): La Fragilidad del Cristal Transparente 4: Capítulo 4 (Parte 1): La Fragilidad del Cristal Transparente Para el mundo, Sato no era una persona, era un espacio vacío.

En la Universidad de Teikyo, donde cursaba el último año de administración de empresas, Sato era el tipo que ocupaba el asiento 14-B de la facultad de economía, pero si un día no iba, nadie —ni siquiera el profesor que pasaba lista— lo notaba.

La Rutina del Fantasma Su mañana comenzó como todas las demás: el sonido de un despertador que no necesitaba porque su ansiedad interna siempre lo despertaba cinco minutos antes.

Se miró al espejo.

La Mejora Genética Menor había hecho maravillas; su piel estaba limpia, sus hombros más anchos y su vista era perfecta, pero su expresión seguía siendo la de alguien que pide permiso para existir.

—Sato, ¿otra vez hablando solo?

—La voz de su madre, una mujer agotada por turnos dobles en un supermercado, llegó desde la cocina.

Sato bajó las escaleras de su pequeña casa en los suburbios.

Su padre, un hombre que alguna vez tuvo sueños de ser músico y ahora vendía seguros puerta a puerta, ni siquiera levantó la vista del periódico.

—Buenos días —dijo Sato.

—Ah, Sato.

Pensé que ya te habías ido —respondió su padre sin mirarlo—.

Por cierto, tu hermano envió fotos desde Kioto.

Él sí que está aprovechando la vida.

Deberías pedirle consejos sobre cómo…

no sé, resaltar un poco más.

Ese era el núcleo de su dolor familiar.

Su hermano mayor era el sol, y Sato era la sombra que el sol proyectaba por accidente.

Desayunó en silencio, sintiendo el peso de ser el “hijo promedio” en una familia que necesitaba desesperadamente un éxito para sentirse orgullosa.

El Corazón en el Ángulo Muerto En la universidad, la situación no era mejor.

Sato caminaba por los pasillos con los auriculares puestos, pero sin música, solo para evitar conversaciones que de todos modos nadie iniciaba.

Entonces la vio.

Rin Asakura.

Rin era la personificación de todo lo que Sato no era.

Era una estudiante de literatura, vibrante, con una risa que parecía cortar la niebla de la monotonía de Tokio.

Estaba sentada en la cafetería rodeada de gente.

Sato se detuvo a una distancia prudente, simulando revisar su teléfono.

—Es hermosa, ¿verdad?

—La voz de Tony Stark resonó de repente en su auricular derecho.

No era música, era el Chat de Voz activo—.

Sato, te lo digo como experto: ese lenguaje corporal grita que estás a un paso de convertirte en una estatua de sal.

Ve y dile algo.

—¡No puedo, Tony!

—susurró Sato, ocultando su boca con la mano—.

Ella es…

y yo soy…

bueno, me viste ayer.

Soy el tipo que limpia los errores de realidad.

—Sato-kun —intervino la voz sedosa de Gojo Satoru—.

Tienes el poder de cambiar el destino de mundos enteros.

¿Y me dices que le tienes miedo a una chica que ni siquiera sabe usar energía maldita?

Qué decepción.

—No es miedo —contestó Sato mentalmente—.

Es realismo.

En ese momento, Rin levantó la vista.

Por un microsegundo, sus ojos se cruzaron con los de Sato.

Él sintió que el mundo se detenía.

Ella le dedicó una sonrisa genérica, de esas que se le dan a un extraño simpático o a un poste de luz, y volvió a su conversación.

Ella ni siquiera registró su nombre.

Para ella, él era solo “el chico de la chaqueta gris”.

La Grieta en la Realidad Sato se sentó en la biblioteca, abrumado.

Ser el Administrador del Omni-Chat le daba una importancia cósmica, pero su realidad inmediata seguía siendo una celda de insignificancia.

Sacó su teléfono y vio la foto de Rin que había tomado discretamente hace meses (su único tesoro patético).

—Sato —la voz de Hermione sonó suave, casi maternal—.

No escuches a Tony ni a Gojo.

Ellos no entienden lo que es ser normal.

Pero recuerda algo: ya no eres el mismo de hace una semana.

Tienes algo que nadie más en ese campus tiene.

Tienes un propósito.

De repente, su teléfono vibró con una notificación diferente.

No era del chat.

Era un mensaje de texto de su jefe del trabajo a tiempo parcial: “Sato, no vengas hoy.

Hemos decidido reducir personal.

Eres un buen chico, pero…

bueno, no creo que nos afecte que no estés”.

Sato cerró los ojos.

La soledad no era el problema; el problema era la irrelevancia.

Pero entonces, sintió el cristal del Fragmento de Realidad que había guardado en su bolsillo desde la misión de Hogwarts.

El cristal emitía un calor reconfortante.

—Ya basta —dijo Sato en voz alta, atrayendo las miradas confusas de dos estudiantes cercanos—.

Si el mundo no me ve, haré que tenga que mirarme.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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