One Piece: El Hada de la Justicia - Capítulo 23
- Inicio
- Todas las novelas
- One Piece: El Hada de la Justicia
- Capítulo 23 - 23 23-Historia del pasado p1
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
23: 23-“Historia del pasado p1” 23: 23-“Historia del pasado p1” Quería hacer un capitulo o 2 de especial.
pero exagere y termine con 4 asi que de todas formas lo dejare como un arco pequeños de la historia del pasado de Kara en fairy tail.
espero les guste.
Historia del pasado —Kara, mamá se va a enojar si sabe que estás revisando sus cosas —dijo una pequeña Cana mientras veía a su hermana desparramar las pertenencias de su madre.
—No te preocupes.
Si dejamos que mamá siga enferma, puede estar en problemas.
Tenemos que buscar una manera —respondió Kara, mirando a su hermana.
Ambas estaban preocupadas, ya que su madre llevaba tiempo debilitándose y cayendo en cama cada tanto.
Ningún médico pudo descubrir la causa, y, lamentablemente, no tenían tanto dinero como para enviarla a un curandero mágico.
—Aquí está —dijo Kara, sacando un sobre con una carta que parecía haber sido escrita por su madre hace tiempo.
Kara la leyó rápidamente, aunque ya tenía una idea de lo que decía.
Básicamente, era una despedida de Cornelia, quien sabía que no le quedaba mucho tiempo.
En la carta, les pedía a sus hijas que, tras su muerte, buscaran a su padre, Gildarts Clive, un mago de Fairy Tail.
Kara no tenía una buena opinión de Gildarts.
Después de todo, nunca estuvo presente mientras su madre las criaba a ambas, trabajando como panadera todos los días hasta que enfermó.
Sabía la historia de cómo su madre lo dejó porque él siempre viajaba por sus misiones.
—Cana, iremos a la ciudad a buscar a nuestro asqueroso padre —dijo Kara, terminando de leer la carta.
—¿Tenemos un padre?
—preguntó Cana, inocente—.
Pero mamá nos dijo que no podíamos ir muy lejos…
—dijo preocupada.
Vivían en Magnolia, pero en las afueras de la ciudad, por lo que llegar no era difícil.
Sin embargo, al ser tan pequeñas, les tomaría al menos una o dos horas con sus cortas piernas.
—Está bien.
Pidámosle a la tía Karmila que cuide a mamá por unas horas.
Volveremos rápido —dijo Kara, apresurándose a juntar provisiones para su pequeño viaje.
Cana le hizo caso y también recogió algunas cosas para llevar.
Se mostraba bastante animada de conocer a su padre, ya que desde pequeña siempre había sentido un poco de envidia por las familias de sus amigos.
—Me pregunto cómo será nuestro papá —dijo Cana con una sonrisa.
—No te emociones mucho.
Los hombres son asquerosos —respondió Kara, pero eso no cambió el ánimo de su hermana.
Tras prepararse y avisarle a la vecina, a quien llamaban tía Karmila, que cuidara de su madre, quien aún estaba descansando, ambas partieron.
Cana llevó a su pequeño perro llamado Pico, quien las acompañaría en su viaje, mientras tomaba la mano de su hermana con una sonrisa.
Mientras caminaban, Cana recogía pequeñas flores del borde del camino para regalárselas a su hermana, quien, al verla feliz, también sonreía alegremente.
Al llegar a la entrada de la ciudad, ambas se sorprendieron, pues la ciudad se había dividido en un enorme pasillo central, mientras que las casas se encontraban elevadas en altura.
—¿Aquí está nuestro padre?
—preguntó Cana, emocionada.
—Tsk.
Sí, ese viejo debería estar aquí —dijo Kara, mirando a su alrededor en busca de Gildarts.
—Hola, pequeñas.
¿Están perdidas o vienen a hacer un encargo?
—dijo una voz detrás de ellas.
Eran Macao y Wakaba, aún jóvenes, quienes las saludaron amigablemente.
—Estamos buscando a nuestro padre —respondió Cana rápidamente.
Macao y Wakaba quedaron congelados, señalándose el uno al otro.
—N-No seré yo, ¿verdad?
—preguntó Macao, nervioso.
—No, no, no, yo no tengo esposa —respondió Wakaba, rascándose la cabeza confundido.
—Ustedes no, idiotas.
Nuestro padre se llama Gildarts Clive.
¿Lo conocen?
—dijo Kara con fastidio, sacándolos de su confusión y susto.
Sin embargo, al escuchar el nombre de Gildarts, volvieron a quedarse congelados y sorprendidos.
—¿Lo conocen o no?
—insistió Kara, molesta.
Le preocupaba que su madre despertara y no las viera, lo que podría preocuparla.
—Ah, sí, lo siento.
Sí, Gildarts debería estar dentro del gremio —dijo Macao, saliendo de su sorpresa, mientras empujaba a Wakaba para que reaccionara.
—Vengan, las llevaremos con él —dijo Wakaba, abriendo la puerta del gremio para dejarlas entrar.
Cuando ingresaron, Cana y Kara se sorprendieron por el caos del interior.
Había personas peleando, otras animando y apostando, algunos bebiendo despreocupadamente.
Kara frunció el ceño al ver semejante espectáculo.
—Oh, Wakaba y Macao, llegaron justo a tiempo.
¡Tengamos una competencia de bebidas!
—gritó un miembro del gremio, saludándolos.
—Más tarde.
Tenemos visita —respondió Macao rápidamente, llamando la atención de todos hacia las dos niñas.
—Oigan, muchachos, llevarse niñas pequeñas de la calle es un delito —bromeó otro miembro.
—¡Cállate!
Ellas vinieron a buscar a alguien —respondió Wakaba, molesto.
—Wakaba, Macao, ¿terminaron su misión?
Espero que no hayan destruido nada en el camino —dijo un anciano pequeño, sentado sobre la barra.
—Hola, maestro.
Bueno…
puede que hayamos enloquecido un poco, pero eso no es importante.
Trajimos unas visitantes —dijo Macao, rascándose la cabeza con vergüenza.
—¡Claro que es importante!
—exclamó Makarov, furioso.
Ya le había llegado el aviso de la destrucción causada por ellos, por lo que estaba a punto de regañarlos, pero al ver a las dos pequeñas mirándolo, una con intriga y la otra con molestia, decidió dejarlo para después.
—¿Qué buscan, pequeñas?
—preguntó con una sonrisa amable.
—Bueno, maestro…
ellas dicen que están buscando a Gildarts —dijo Macao, sin saber cómo describir exactamente la situación.
—¿Gildarts?
Está en el segundo piso buscando otra misión —respondió Makarov, señalando arriba—.
¿Para qué lo buscan?
No me digan que se metió en problemas…
—Bueno…
puedes decirlo de esa manera —dijo Wakaba con una sonrisa incómoda.
—Somos sus hijas —dijo Kara sin rodeos.
El gremio entero quedó en silencio por unos segundos.
—¡¿QUÉ?!
—gritaron todos al unísono, mirando con sorpresa a las niñas.
Cana se sintió asustada por la reacción y se escondió detrás de su hermana, quien frunció el ceño aún más.
—¡Basta, no las miren así!
—ordenó Makarov, espantando a los curiosos.
—¿Por qué tanto ruido?
—preguntó una voz mientras bajaba las escaleras.
Era un hombre pelirrojo con un abrigo negro y un bolso en la espalda.
Se sintió extraño al notar que todos lo miraban de manera extraña—.
¿Qué pasa?
—preguntó Gildarts, mirando a su alrededor.
De repente, sintió un pequeño golpe en la pantorrilla.
Para él, fue como un piquete de mosquito, pero al bajar la mirada, se encontró con dos niñas: una con una expresión de asco y otra con emoción.
—Hermana Kara, ¿él es nuestro padre?
—preguntó Cana con estrellas en los ojos.
—Tsk.
Lamentablemente, sí, Cana —respondió Kara, molesta.
—¡¿AAAAAH?!
—gritó Gildarts, sorprendido, mientras los demás seguían bebiendo y disfrutando el espectáculo.
—¿De quién son hijas?
¿Sara?
¿Naomi?
¿Claire?
¿Feena?
¿Mary?
¿Eliza?
—preguntó Gildarts, mirando sorprendido a ambas.
—No, no… el color de cabello es diferente… ¿Emma, Lyra, Jean, Sydney, Kate, Yuko, Françoise…?
—¿¡Cuántos amoríos tuviste!?
—gritaron todos en el gremio, deteniendo a Gildarts.
—¡Y-ya sé!
¡Eres la viva imagen de Sylvia!…
Son del mismo sexo —dijo rápidamente Gildarts, mirando a las dos niñas.
—Gildarts, no parece el momento para bromear —dijo Makarov, señalando a Kara, quien ahora miraba a Gildarts con asco.
Cana ya no tenía tanta emoción como al principio.
—Cana, no te acerques, puede tener gérmenes —dijo Kara, alejándose unos pasos junto a su hermana.
—Esperen —dijo Gildarts rápidamente, acercándose a ellas.
Se arrodilló sobre una pierna y las abrazó a ambas—.
Son hijas de Cornelia… estoy seguro de ello.
—Suéltame, me repugnas —dijo Kara con frialdad, aunque sus brazos no tenían fuerzas para empujarlo, como si siquiera levantar los brazos fuera imposible.
Mientras tanto, Cana miraba a su hermana con una sonrisa.
—Cornelia es la única mujer que he amado y la única con la que me casé —dijo Gildarts, sosteniendo a las dos pequeñas con suavidad, como si fueran a romperse—.
Hace seis años, cuando me dejó por salir en misiones, quedé devastado… Nunca pensé que hubiera tenido dos hijas para mí… —se lamentó, sintiendo el peso de su ausencia.
—Lo siento… por no estar allí para ustedes.
Incluso tuvieron que venir a buscarme siendo tan pequeñas… —murmuró con el rostro compungido.
Los demás en el gremio los miraban con ternura, algunos incluso con lágrimas en los ojos.
Entonces, Kara levantó su bracito y se separó del abrazo de Gildarts.
—No vinimos para que tomes responsabilidad por nosotras ni nada… pero mamá está enferma y queremos que la ayudes —dijo con rapidez.
—Papá, tienes que ayudar a mamá —añadió Cana con urgencia, recordando el verdadero motivo de su visita.
Las palabras de ambas dejaron a Gildarts completamente en shock.
Las miró fijamente mientras lágrimas comenzaban a caer por su rostro.
Sin decir más, volvió a abrazarlas con fuerza.
—Incluso si tengo que partirme en pedazos… iré a ayudar a su madre —declaró con determinación.
——————————- Gracias por Leer Queridos lectores, Gracias por acompañarme en este viaje literario.
Si disfrutan de mi novela y desean seguir leyendo, los invito a apoyar mi trabajo a través de Patreon y Ko-fi.
Su contribución me permitirá continuar creando y compartiendo más capítulos emocionantes.
¡Espero contar con su apoyo y seguir brindándoles historias inolvidables!
patreon.com/c/YoDarki ko-fi.com/yodarki
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com