One Piece: El Hada de la Justicia - Capítulo 24
- Inicio
- Todas las novelas
- One Piece: El Hada de la Justicia
- Capítulo 24 - 24 24- historia del pasado p2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
24: 24- “historia del pasado p2” 24: 24- “historia del pasado p2” —Karmila, tengo que ir a buscarlas —dijo Cornelia, apenas pudiendo mantenerse en pie mientras intentaba salir de la casa.
Una señora mayor trataba de detenerla.
—Tranquilízate, Cornelia.
Con ese cuerpo no llegarás a ninguna parte.
No te preocupes, envié al idiota de mi hijo para que las vigile mientras se oculta —dijo rápidamente Karmila, sujetándola del brazo.
—¡Mamá, llegamos!
—se escuchó de pronto mientras la puerta de la casa se abría y Cana gritaba con emoción.
Cornelia se dirigió de inmediato a la entrada, ansiosa por ver si sus hijas estaban bien.
—Cana, Kara, ¿cómo se atre…?
—Su voz se apagó al ver a la persona que ambas habían traído.
Gildarts sostenía a Cana en brazos, mientras que Kara estaba de pie a su lado.
—Hola, Cornelia.
Tanto tiempo… —dijo Gildarts con evidente culpa en su voz.
—Gildarts… —susurró Cornelia, mirando con asombro a la última persona que pensó volver a ver en su casa.
De repente, Cornelia se desmayó.
Por suerte, Karmila aún la sostenía, evitando que cayera al suelo.
Gildarts dejó a Cana con su hermana y rápidamente tomó a Cornelia en brazos.
Luego la llevó al coche mágico que había alquilado para traer a las pequeñas.
Sin perder tiempo, Cana y Kara subieron con él, y Gildarts condujo directamente hacia el gremio… o, más precisamente, al bosque detrás del gremio, donde vivía Porlyusica.
Después de un tiempo de espera, mientras Porlyusica revisaba a Cornelia, Cana, preocupada, se había quedado dormida en el regazo de Kara.
Después de todo, el viaje había sido agotador y estresante para una niña.
Entonces, la puerta de la habitación se abrió, y de ella salió una mujer de cabello rosado con una gran capa roja, con su característico semblante molesto.
—¿Cómo está Cornelia?
—preguntó rápidamente Gildarts, sujetando los hombros de Porlyusica, quien, molesta, le dio un golpe para que la soltara.
—Está a salvo por ahora.
Llegaron justo a tiempo —respondió mientras fingía limpiarse donde Gildarts la había tocado—.
Descubrí cuál es su enfermedad.
Parece que su cuerpo no soportó dar a luz a dos fuentes tan altas de maná, por lo que padece algo llamado “fuga de maná” —explicó, echando un vistazo a Kara y Cana—.
Si son hijas de Gildarts, tiene sentido.
Al escuchar eso, Kara se sintió culpable.
—¿Tiene cura?
—preguntó rápidamente.
—Sí, existe un tratamiento.
Pero con él perderá todo su maná y no podrá volver a tener hijos —respondió Porlyusica.
—No importa, mientras Cornelia esté bien —dijo Gildarts sin dudarlo.
—Entonces tendrás que ir a buscar una planta llamada Despertar de la Luna.
Mientras tanto, la pondré en coma para evitar que su cuerpo se siga debilitando —informó Porlyusica, observando la seriedad de Kara y Gildarts—.
Ella estará aquí hasta entonces.
Tienes una semana.
Ahora, desaparezcan de mi vista… odio a los humanos —finalizó, echándolos fuera de su casa.
Cana despertó en ese momento y se frotó los ojos.
—¿Mamá está bien?
—preguntó con voz adormilada.
—Sí, estará bien.
Solo necesita descansar —respondió Gildarts con rapidez—.
Por ahora, pueden quedarse en mi casa mientras yo busco la planta.
Los llevó a su hogar, que quedaba cerca del gremio.
—Si tienen hambre, aquí les dejo dinero.
También pueden comprar ropa o lo que necesiten —dijo, dejando un enorme bolso lleno de billetes, una cantidad exagerada para unas niñas.
Luego de mostrarles dónde podían dejar sus cosas y dormir, las llevó de nuevo al gremio, donde le pidió al maestro que las vigilara mientras él investigaba sobre la planta.
No tardó en descubrir su ubicación, pues había una misión de rango S vigente desde hacía diez años cuyo objetivo era encontrar dicha planta.
Sin pensarlo dos veces, tomó la misión y se despidió con pesar de sus hijas recién encontradas.
Pero salvar a Cornelia era su prioridad.
Durante la semana, Cana visitó el gremio constantemente, ya que las personas allí eran muy amigables y le agradaban.
Kara, por su parte, pasó todo su tiempo leyendo libros de magia.
Cuando llegó el último día de la semana, ambas esperaban frente a la casa de Porlyusica, ansiosas por el regreso de Gildarts, de quien no tenían noticias.
—Espero que llegue rápido… quiero ver a mamá despertar —dijo Cana, mirando fijamente el camino por el que Gildarts debía aparecer.
—Tsk.
Espero que esa estupidez de que el destino no se puede cambiar no sea cierta… —murmuró Kara con preocupación, mirando en la misma dirección.
Entonces, ambas abrieron los ojos con sorpresa al ver a alguien acercarse corriendo a toda velocidad.
Cuando la persona se acercó más, se dieron cuenta de que era Gildarts… y estaba en muy mal estado.
Tenía varios cortes en el pecho, algunos de los cuales aún sangraban.
—Llegué a tiempo… —dijo Gildarts con dificultad, alcanzando la entrada de la casa de Porlyusica con las plantas en sus manos.
Al ver a sus hijas, les dedicó una sonrisa… y luego se desplomó, desmayado por la pérdida de sangre.
—Suspiro… supongo que no es tan mal padre… tal vez —murmuró Kara mientras llamaba a Porlyusica y le entregaba las plantas.
Luego, se puso a revisar las heridas de Gildarts para aplicarles medicina.
Parecía que las heridas no eran profundas, pero el cansancio en su rostro era evidente.
Seguramente había estado usando todas sus fuerzas durante toda la semana para encontrar esas plantas.
Kara y Cana rápidamente le pusieron medicina y lo vendaron como pudieron.
Cana incluso le armó una almohada con hojas para que estuviera más cómodo.
—Tener a papá es genial, ¿verdad?
—dijo Cana con una sonrisa, mirando a su hermana.
—Tal vez… —respondió Kara, mirándola con ternura mientras le acariciaba la cabeza.
Después de un rato, Porlyusica salió de la habitación y les avisó que Cornelia ya había despertado.
Sin perder un segundo, Kara y Cana entraron rápidamente, dejando a Gildarts tirado afuera.
—¡Mamá!
—gritaron ambas al ver a su madre con los ojos abiertos.
—Suspiro… ustedes sí que son unas diablillas —dijo Cornelia con una sonrisa mientras miraba a sus hijas.
Cana sonrió y se lanzó a abrazar a su madre con cariño, mientras que Kara sostenía su mano con fuerza.
—Lo siento por preocuparlas.
Estaré bien —dijo Cornelia con dulzura—.
¿Dónde está…?
—preguntó de repente, recordando a la persona que le había salvado la vida.
—Está tirado en la entrada —respondió Kara con total tranquilidad.
—Jaja… parece que también le debo mucho entonces —dijo Cornelia con una suave sonrisa.
—Es mejor que descanses un poco.
Dentro de tres días podrás volver a tu casa.
El tratamiento durará unos meses —explicó Porlyusica con rapidez.
—Yo… no sé cómo pagarte —dijo Cornelia, un poco avergonzada.
—El idiota ya me pagó.
Solo tienes que seguir el tratamiento —respondió Porlyusica de inmediato.
Luego, expulsó a las dos pequeñas, ya que Cornelia aún estaba demasiado débil para recibir visitas.
Justo cuando salieron, Gildarts despertó y se levantó de golpe.
—¿Cornelia está bien?
¿Llegué a tiempo?
—preguntó apresurado, con preocupación en su voz.
Porlyusica lo miró con fastidio.
—Está bien.
Dentro de tres días puedes llevártela.
Ahora desaparece… odio a los humanos —dijo, cerrándole la puerta en la cara.
Gildarts suspiró aliviado al saber que Cornelia estaría bien.
—¿Mis niñas extrañaron a papá?
—preguntó con entusiasmo, abrazando a Kara y Cana contra su pecho.
—¡Ugh, suéltame!
¡Apestas!
—protestó Kara, intentando empujarlo.
—¡Jajaja!
Tu barba pica —dijo Cana, riendo.
Gildarts continuó molestándolas juguetonamente mientras las llevaba de regreso a casa.
Sin embargo, al llegar, se dio cuenta de que el lugar era demasiado pequeño para sus hijas.
—Tendré que comprar una casa más grande… Sin perder el tiempo, durante los tres días en los que Cornelia permaneció en la casa de Porlyusica, llevó a las niñas a buscar una nueva vivienda.
Sin embargo, encontrar una no fue fácil.
Apenas los vendedores veían a Gildarts, lo rechazaban de inmediato.
Tenerlo como vecino podía hacer que el valor de las casas subiera… o bajara drásticamente.
Afortunadamente, había una casa justo enfrente del gremio, lo suficientemente grande para una familia.
Además, los vecinos eran fanáticos de Fairy Tail, por lo que tener a Gildarts de vecino los hacía felices.
Así fue como Gildarts compró la casa, dándole a Cana y Kara su propio espacio.
Ambas decoraron sus habitaciones a su estilo, disfrutando del nuevo hogar.
Cuando pasaron los tres días, Gildarts fue a buscar a Cornelia.
—Gracias por toda la ayuda, Gildarts —dijo Cornelia, sentada en una silla de ruedas que él empujaba con paciencia, mientras Cana revoloteaba a su alrededor.
Kara, en cambio, caminaba tranquilamente a su lado.
—No te preocupes… Te debo tanto que no sé cuándo podré pagarte todo —respondió Gildarts, mirando de reojo a sus hijas.
——————————- Gracias por Leer Queridos lectores, Gracias por acompañarme en este viaje literario.
Si disfrutan de mi novela y desean seguir leyendo, los invito a apoyar mi trabajo a través de Patreon y Ko-fi.
Su contribución me permitirá continuar creando y compartiendo más capítulos emocionantes.
¡Espero contar con su apoyo y seguir brindándoles historias inolvidables!
patreon.com/c/YoDarki ko-fi.com/yodarki
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com