One Piece: El Hada de la Justicia - Capítulo 31
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- Capítulo 31 - 31 31- Caos en Marineford Kara esta aqui”
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31: 31- “Caos en Marineford: Kara esta aqui” 31: 31- “Caos en Marineford: Kara esta aqui” amigos hasta yo me rei mientras corregía este capitulo.
no es por nada pero siento que es bastante bueno jaja.
espero lo disfruten..
Les dejé este súper pack de más de 10 capítulos espero los disfruten.
——- 31- “Caos en Marineford: Kara esta aqui” —Al fin llegaron —dijo Tsuru mientras se acercaba a ella con una sonrisa tranquila.
—¡Abuela Tsuru!
—dijo Kara mientras veía llegar a la anciana y rápidamente corrió hacia ella, abrazándola y levantándola del suelo.
—Suspiro… Te dije que dejaras de hacer eso —dijo Tsuru mientras miraba a Kara como a una niña que no se puede controlar.
—Perdón, es la costumbre —dijo Kara con una sonrisa, aunque su disculpa era poco sincera.
Luego bajó a Tsuru rápidamente.
—Así que este es el lindo doctor del que escuché —dijo Tsuru mirando a Chopper, quien se escondió detrás de Tashigi con un poco de vergüenza—.
Parece que el doctor Filma estará bastante alegre.
—¡Escuché que esa idiota trajo un doctor mejor que yo!
¿Dónde está?
—dijo una voz furiosa a lo lejos.
—Parece que ya está aquí —dijo Tsuru mientras miraba a un anciano con un traje de marine y una bata de doctor que se acercaba casi corriendo.
Entonces se paró frente a todos, mirando a Kara con molestia, y rápidamente preguntó: —¿Dónde está el doctor genio que me superará en solo un año?
—dijo el anciano llamado Filma.
—Allí —dijo Kara apuntando a los pies de Tashigi, donde Chopper estaba escondido… pero mal.
—… ¿No es al revés?
—preguntó Filma, un poco confundido.
Chopper rápidamente cambió de posición.
—Hmph… No importa que seas adorable, sígueme y te haré un examen.
Si no pasas, deberás ir a la escuela de medicina de la base —dijo Filma con un poco de sonrojo antes de llevarse a Chopper.
Después de todo, aunque Filma era un anciano malhumorado, le gustaban los peluches.
Su hija solía regalarle muchos cuando venía de visita y, en algún punto, terminó encariñándose con ellos.
Por eso, aunque era un doctor temido en la base, siempre que tenía algo parecido a un peluche delante, se tranquilizaba bastante.
—Qué raro que no vino el anciano violento —dijo Kara mientras miraba alrededor.
—Si tu sensei te escucha llamarlo así, seguro te golpeará —dijo Tsuru con una sonrisa.
—Tsk.
Ese viejo no me enseñó nada… Solo me llevaba a ser golpeada por él y por el anciano que se hace llamar mi abuelo hasta que aprendí haki de observación y pude esquivar sus ataques —dijo Kara con molestia.
—Aprender haki de observación en solo un par de meses es gracias a esos golpes.
Y por lo que veo, tu haki de armadura todavía no tiene un buen nivel para hacerte sentir orgullosa.
¿Por qué no vuelves con ese anciano violento para que te enseñe a entrenarlo correctamente?
—dijo una voz apareciendo detrás de Kara.
—¡Mierda…!
Sensei… ¡Tanto tiempo!
Te traje un espadachín para que golpees —dijo Kara, poniendo a Zoro frente a ella mientras se escondía de Zephyr.
—Hmph… Así que tú quieres superar el récord de ascenso de Kara.
¿Cuántos días quedan?
—preguntó, observando a Zoro fijamente.
O, más precisamente, midiendo su nivel y quedando un poco conforme.
—Una semana —dijo Kara detrás de Zoro, todavía escondiéndose de la mirada de Zephyr.
—Bien.
Muchacho, sígueme.
Esta semana te entrenaré mientras buscamos algún pirata para que atrapes —dijo Zephyr, llevándose a Zoro, quien todavía estaba bastante confundido, esperando que Kara le explicara algo… pero ella solo lo saludó alegremente.
—Suspiro… Me salvé.
Ese anciano sigue queriendo que mejore mi haki de armadura… pero es seguro que quiere golpearme hasta que pueda defenderme con este —dijo Kara mientras se secaba el sudor inexistente.
—Tu habilidad es bastante poderosa, pero si no mejoras tu haki de armadura, será difícil dañar a personas que lo dominen mejor que tú —dijo Tsuru, conociendo el pensamiento de Kara.
Después de todo, la habilidad de Kara de destruir todo era increíblemente fuerte, al nivel de poder cortar incluso el diamante.
El problema era que parecía debilitarse cuando intentaba cortar cosas orgánicas.
Y si una persona se defendía con haki… Bueno, el haki era un poder que funcionaba con la vitalidad de una persona, lo que debilitaba aún más la habilidad de Kara al intentar destruirlo.
Por eso, necesitaba un nivel de haki más alto para poder romperlo con mayor facilidad.
La realidad era que, si Kara tuviera un nivel de haki al mismo nivel que Garp, muchos pensaban que podría convertir incluso a Kaido y Big Mom en cubos de carne.
Y ellos eran conocidos por ser los más duros del mar.
—Lo sé… pero el haki de armadura se me hace más complicado, específicamente a mí —dijo Kara con molestia mientras hacía un puchero.
Después de todo, usar haki era como mover su energía vital.
El problema era la existencia de la energía mágica, ya que parecía que ambas energías se movían igual, por lo que a Kara le costaba más del doble controlarlas sin mezclarlas.
—Está bien.
Solo vine a ver si llegaron bien.
Deberías ir a ver a Sengoku más tarde.
Por cierto, Gion parece estar buscándote desde que te fuiste —dijo Tsuru mientras se daba la vuelta y empezaba a caminar.
Al escuchar que Gion la buscaba, Kara rápidamente miró hacia Hina, quien sacudió la cabeza para indicarle que ella no le había dicho nada.
—Mierda… ¿Esa psicópata se habrá dado cuenta de que fui yo?
—murmuró Kara mientras empezaba a sudar, considerando seriamente si debería dejarse tragar nuevamente por un rey marino para huir.
Todavía estaba parada en el muelle, sumida en sus pensamientos, cuando algunos vicealmirantes la vieron desde lejos y comenzaron a empujar a otro en su dirección.
—¡Suéltenme, idiotas!
¡No quiero estar cerca de esa tipa!
—se quejó el vicealmirante Onigumo, forcejeando mientras algunos de sus compañeros lo llevaban hacia Kara.
La facción de Akainu odiaba y temía a Kara.
A pesar de ser parte de la facción de Aokiji, cuando la facción de la Justicia Absoluta hacía algo que ponía en peligro a los civiles, a Kara no le importaba aparecer y desafiarlos a un duelo, dejándolos internados por días.
Onigumo, por ejemplo, había disparado a un marine que intentó salvar a un niño convertido en pirata a la fuerza.
Como resultado, Kara lo retó a un duelo y le rompió treinta y dos huesos durante la pelea, dejándolo fuera de combate por tres meses.
Este tipo de acciones hicieron que Kara se volviera muy popular entre los marines comunes, pero también provocaron que la facción de Akainu pensara dos veces antes de atacar a sus propios compañeros.
Después de todo, Onigumo no fue el único; otros que hicieron lo mismo terminaron con el mismo destino.
Incluso un vicealmirante de la facción de Akainu tuvo que ser retirado del servicio debido a las heridas que Kara le había causado.
Muchos se preguntaban por qué Kara nunca recibía sanciones o quejas formales, y la respuesta era simple: los duelos eran a muerte y estaban aprobados por toda Marineford.
El adversario podía aceptar o rechazar la invitación al combate.
Sin embargo, todos en la facción de Akainu veían esto como una oportunidad para derrotar a la mujer que los humilló junto con su líder.
Pero hasta el momento, nadie había logrado vencerla.
Aunque Kara también terminó herida varias veces, después de su décimo duelo, comenzó a ganar cada vez con más facilidad.
—No digas eso, Onigumo.
Kara detesta las arañas, si estás cerca de ella, seguro se alejará.
Tal vez logremos que se vaya de Marineford por otro mes —dijo Tokikake, intentando convencer a Onigumo.
—Vamos, ya estamos aquí —dijo otro vicealmirante.
—¿Qué están haciendo?
—preguntó Kara con el ceño fruncido al verlos acercarse.
—Vamos, Onigumo… —susurró Tokikake, alentándolo a sacar sus patas traseras de araña para asustar a Kara.
Onigumo, aunque molesto, obedeció.
Después de todo, mantener a Kara lejos era beneficioso para su facción.
Entonces, sacó sus patas de araña y las extendió detrás de él.
—… Kara miró fijamente y sin emoción las patas de Onigumo.
Luego, metió la mano en su bolsillo y sacó algo.
Era una lata de veneno para insectos.
Sin pensarlo dos veces, apuntó a la cara de Onigumo y roció el insecticida.
—¡¡Aaaah!!
—gritó Onigumo mientras el veneno le entraba en los ojos, retorciéndose de dolor.
—Parece que no funcionó —comentó Tokikake, observando a su compañero revolcarse en el suelo.
—¿¡Dónde está Kara!?
—se escuchó la voz furiosa de una mujer acercándose a toda velocidad desde el cielo.
—Mierda, la loca… —susurró Kara antes de girarse y echar a correr.
—¡Espere, vicealmirante Kara, por aquí no…!
—gritaron algunos soldados, que intentaban hacer de barrera frente a un edificio.
Pero Kara no hizo caso y los mandó a volar, atravesando el edificio y dejando un enorme agujero en su estructura.
Una hermosa mujer con una espada en mano cayó justo frente a Tokikake, mirándolo fijamente.
—¿Dónde se fue?
—preguntó con el ceño fruncido.
Tokikake, sin decir una palabra, simplemente señaló el agujero en el edificio.
Gion apretó los dientes y, con una expresión llena de furia, siguió el rastro de destrucción.
—Bueno… parece que traer a Gion fue la mejor idea —dijo Tokikake mientras su compañero ayudaba a Onigumo a lavarse los ojos con una botella de agua.
Mientras tanto, en su oficina, Sengoku observaba la escena desde la ventana, sosteniéndose la frente con una expresión de fastidio.
—Parece que cuando Kara está en la base, la inteligencia de estos tipos se desploma… ¡se olvidan de que son los poderes más fuertes de la Marina!
—dijo molesto, sintiendo un fuerte dolor de cabeza.
—Volvió Kara… qué miedo… —comentó Kizaru con su tono perezoso, limándose las uñas sin mostrar el menor interés.
Sengoku le lanzó una mirada de advertencia, suspiró y volvió a su trabajo.
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