One Piece: El Hada de la Justicia - Capítulo 63
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63: 63 63: 63 Kara llegó arrastrando a Moria por una pierna mientras observaba el buque de Kizaru con una ceja arqueada y algo de sorpresa en el rostro.
Lo mismo ocurrió con los demás que llegaron detrás de ella.
“¿Qué rayos pasó aquí?
“preguntó Chopper, boquiabierto, mirando el buque medio destrozado.
La nave, que hasta hace poco Kara tenía estrictamente prohibido dañar por órdenes de Momousagi, ahora estaba cubierta de cortes, partes quebradas…
y grandes zonas transformadas en piedra.
“Sigh…
“Kara se llevó la mano a la frente, claramente agotada, y suspiró antes de soltar a Moria sin mucho cuidado”.
Que alguien más se encargue de este saco de huesos…
Saltó de inmediato hacia el buque, dejando al Shichibukai inconsciente en el suelo.
Cuando aterrizó dentro de la nave, se encontró con una escena tan absurda como peligrosa: Hancock y Momousagi estaban en posición de combate, respirando agitadas, con parte de sus ropas rasgadas, cortes y moretones por todo el cuerpo.
Se miraban con tanta intensidad que parecía que el aire entre ellas ardía.
“…
¿Se puede saber qué están haciendo ustedes dos?
“preguntó Kara, con un tono de inusual seriedad que hizo que ambas mujeres giraran la cabeza con sorpresa.
Desde las esquinas del buque, marines escondidos observaban la escena con los ojos como platos, como si acabaran de sobrevivir a un desastre natural.
Al ver a Kara, no pudieron evitar mirarla como su salvadora.
“¡Kara!
Tienes que hacer algo con esta perra de la Marina “dijo Hancock, acercándose rápidamente con una expresión suplicante tan conmovedora que cualquier hombre caería rendido a sus pies…
o tal vez ya lo habían hecho.
“Hmph.
Solo una víbora manipuladora “respondió Momousagi con frialdad, envainando su espada con un golpe seco mientras lanzaba una mirada llena de veneno a Hancock.
Kara se las quedó mirando en silencio unos segundos, como evaluando a dos niñas que acababan de pelear por un muñeco.
“Síganme…
ustedes dos “dijo con voz firme y algo de molestia en su tono.
Ambas parpadearon, desconcertadas por su actitud, pero la siguieron sin chistar.
“Vamos…
“añadió Kara, en un tono tan autoritario que ni la orgullosa Momousagi se atrevió a replicar.
Mientras tanto, los marines colocaban una tabla para que Uta y los demás subieran al buque, cargando al desmayado Gecko Moria.
Aunque, más que cargar, Zoro lo arrastraba como si fuera un costal de papas.
“¿Deberíamos seguirlas?
“preguntó Chopper, imaginándose a Kara reprendiéndolas como una madre severa.
“Jajaja, mejor no…
“rió Uta, con una sonrisa traviesa en los labios.
“¿Qué hacemos con este tipo?
Si se despierta seguro empieza a gritar como loco “dijo Zoro, sin mucho interés en lo que Kara estaba haciendo.
“Simplemente enciérrenlo en una celda con cadenas de kairoseki “ordenó Uta con naturalidad mientras hacía señas a los marines”.
Hay que aprender a delegar, ¿no?
Eres un capitán, después de todo.
“Tienes razón…
“asintió Chopper con admiración.
De repente, unos golpecitos sordos se escucharon desde el interior del buque.
Todos se quedaron en silencio, mirando hacia la dirección por donde Kara y las otras dos mujeres habían desaparecido.
“…
¿Qué tal si canto una canción?
“sugirió Uta con una sonrisa nerviosa.
“¡Claro!
“exclamó Chopper con entusiasmo.
Rápidamente, organizaron un escenario improvisado.
Los marines se pusieron a tocar música, y el ambiente se llenó de risas y alegría.
Uta dio un pequeño concierto mientras el barco seguía navegando bajo el sol, calmando los ánimos.
Un par de horas después, Kara salió del interior del buque con una gran sonrisa en el rostro y caminó tranquilamente hacia su lugar habitual, tomando asiento como si nada hubiera pasado.
Todos quisieron preguntar qué había sucedido, pero nadie se atrevía.
Menos aún cuando vieron a Hancock salir poco después, radiante como una reina en desfile, y justo detrás de ella a Momousagi… con las mejillas totalmente rojas, la mirada esquiva y los labios apretados como si temiera decir algo.
Volvieron inmediatamente a sus tareas, fingiendo no haber visto nada.
Uta, en cambio, le dio un pulgar arriba a su hermana mayor.
Kara, por supuesto, le guiñó un ojo.
…………… Kara y su equipo llegaron a Marineford mientras los marines en el muelle observaban con asombro el buque medio destruido de Kizaru.
Sin embargo, Kara ni se molestó en explicar.
Para ella, si no destruía ese barco en represalia, lo harían las otras dos alborotadoras por gusto.
Hancock quiso seguirla, pero Kara debía presentarse ante Sengoku, así que Momousagi la condujo hacia la zona de descanso, donde esperaría la llegada de los demás Shichibukai o podría quedarse en casa de kara.
Aunque Kara tenía su propia casa en Marineford, solía dormir en los dormitorios de las oficiales solo para fastidiarlas.
Irónicamente, su casa solo servía como escondite ocasional…
de su propio abuelo.
Bajo las órdenes de Uta, los marines descendieron a Gecko Moria, aún inconsciente.
Técnicamente, se había despertado durante el viaje, pero bastó un puñetazo de Kara para que volviera a dormir tras gritar que lo liberaran.
Mientras caminaba rumbo a la oficina del almirante en jefe, Kara tarareaba una de las canciones de su hermana.
Justo cuando levantó el brazo para destruir el muro junto a la puerta, una voz firme se escuchó desde adentro: “Si rompes una vez más la pared de mi oficina, te mandaré a trabajar medio año con tu abuelo “advirtió Sengoku con tono severo.
Kara se detuvo en seco.
Dio un par de pasos más, abrió la puerta de una patada…
y entró con una sonrisa burlona.
“¡Hola, Sengoku!
¿Me extrañaste?
Ya cumplí tu ridícula misión.
Notó la presencia de Garp sentado en una esquina, comiendo tranquilamente galletas.
“Ah… viejo apestoso, también estás aquí.
“¡Idiota!
¡Respétame, soy tu abuelo!
“gruñó Garp, levantándose de golpe.
“Bleh, no quiero “respondió Kara con tono infantil mientras se dejaba caer en un asiento y le robaba una galleta.
“¡Basta los dos!
¡Dejen sus estupideces fuera de mi oficina!
“estalló Sengoku, golpeando la mesa con frustración.
Luego fijó su mirada en Kara”.
Y tú…
¿por qué demonios no capturaste a los Sombrero de Paja?
¡Kuma tenía órdenes directas de apoyar esa captura!
Kara alzó una ceja, tranquila.
“Mi misión era reunir a los Shichibukai, ¿no?
¿No es eso lo que siempre te molesta, cuando no cumplo mis misiones?
“¡Esa misión no era para ti!
“replicó Sengoku, cada vez más furioso.
“¿¡Qué!?
“Kara frunció el ceño, sorprendida”.
¡Ese maldito caracol con patas me la dio!
¡Otra vez me engañó!
“Kizaru fue enviado a Eddhead.
Debe estar de camino de vuelta “respondió Sengoku, antes de que Kara decidiera destruir media base buscándolo”.
Quédate aquí.
Espera la llegada de los demás Shichibukai…
y no causes más problemas.
Por cierto, ¿por qué traes a Gecko Moria esposado?
¿Se negó a presentarse?
“No.
Solo me cae mal “dijo Kara, encogiéndose de hombros mientras se ponía de pie para salir.
Sengoku suspiró profundamente.
Al menos había traído dos Shichibukai.
Justo cuando Kara abría la puerta, una alarma resonó en el escritorio.
Un Den Den Mushi especial comenzó a vibrar con urgencia.
Kara se detuvo, interesada.
“Aquí Sengoku “contestó el almirante jefe con rostro serio.
La llamada venía de los Ancianos.
“Uno de los Tenryuubito fue secuestrado en el Archipiélago Sabaody.
Envía de inmediato a un almirante.
El culpable es Eustass Kid y su tripulación “dijo una voz cargada de ira antes de cortar sin esperar respuesta.
Un segundo después, varios marines irrumpieron en la oficina para entregar más informes.
“¡Maldita sea!
No hay almirantes cerca.
Y si Kizaru llega, Kid ya habrá escapado…
“masculló Sengoku con rabia.
Entonces, sus ojos se posaron en Kara, que estaba a punto de escabullirse por la puerta.
“¡Ni lo pienses!
Kara, eres la más rápida en Marineford ahora mismo.
Ve tras Kid.
Captura a su tripulación y rescata al Tenryuubito.
Kizaru irá detrás de ti.
“¿¡Aaah!?
¿Y por qué tendría que hacerlo yo?
“protestó Kara con fastidio.
“¡Solo hazlo de una vez!
“tronó Sengoku, con tono irrefutable.
“¡Bien, bien!
¡Qué gruñón!
“murmuró Kara.
En lugar de tomar la puerta, abrió la ventana y se lanzó al vacío.
Un segundo después, desapareció en el cielo como una sombra veloz.
Un marine entró corriendo y entregó más información: “¡Señor!
Los piratas de Kid exigen un rescate.
Quieren un barco y dinero para llegar al Nuevo Mundo.
El Tenryuubito está herido pero vivo.
“Desplieguen varios buques de apoyo para la vicealmirante Kara “ordenó Sengoku rápidamente”.
Notifiquen a Kizaru.
Que Aokiji y Akainu vuelvan desde Impel Down con el prisionero por precaución.
Y pongan la base en alerta.
Quiero exploradores vigilando cada punto cardinal.
“¡Sí, señor!
“respondió el marine, saliendo al instante.
Garp dejó de comer galletas por un momento y levantó la mirada.
“¿Por qué la necesidad de ponernos a la defensiva?
Sengoku entrecerró los ojos, pensativo.
“No creo que esto sea tan simple como parece…
Garp, ve al muelle.
Hazte ver.
“Entendido “respondió Garp con seriedad, levantándose con una galleta en la boca.
Mientras tanto, en Marineford, el estruendo de las alarmas activó de inmediato el protocolo de defensa.
Los marines se movilizaron con rapidez y precisión, ocupando sus puestos en los cañones, buques de guerra y murallas.
Escuadrones completos se desplegaron para proteger el muelle, mientras en lo alto de los muros, soldados armados esperaban con seriedad, listos para cualquier amenaza.
A la distancia, sobre un pequeño bote oculto entre las olas, un hombre observaba el movimiento con un largavista.
Su expresión era severa, la mandíbula tensa.
El Den Den Mushi a su lado comenzó a sonar con urgencia.
“¿Qué ocurrió?
“preguntó con voz baja, pero firme.
“Vimos a Aokiji y Akainu salir de Impel Down… pero no están solos.
Parece que transportan a alguien “informó la voz del otro lado de la línea.
El hombre chasqueó la lengua, visiblemente irritado.
“Tch… Maldición.
Parece que se dieron cuenta.
Solo era un intento para debilitar la seguridad en Impel Down… “hizo una pausa breve”.
No hay opción.
Tendremos que informar a Padre.
La guerra es inevitable.
Sin decir más, colgó con brusquedad.
En silencio, giró el timón.
El pequeño bote comenzó a alejarse, fundiéndose con la niebla mientras regresaba a su punto de origen.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES YoDarki Gracias por Leer Queridos lectores, Gracias por acompañarme en este viaje literario.
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