One Piece: El Hada de la Justicia - Capítulo 67
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- Capítulo 67 - 67 El Ejército de Mini Karas Un Caos Prebélico
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67: “El Ejército de Mini Karas: Un Caos Prebélico” 67: “El Ejército de Mini Karas: Un Caos Prebélico” “El Ejército de Mini Karas: Un Caos Prebélico” Sengoku caminó con paso firme hacia la sala de juntas, seguido de cerca por Tsuru.
Al entrar, todos los altos mandos de la Marina ya estaban reunidos, incluidos los tres almirantes.
Cada uno ocupaba su lugar correspondiente en la mesa central, dejando dos asientos vacíos al frente para Sengoku y Tsuru.
Garp, como era costumbre, estaba despreocupadamente sentado con los pies cruzados sobre la mesa, comiendo galletas de arroz sin el menor respeto por la formalidad del momento.
Kara estaba en su asiento, justo entre Tokikake y Momousagi, con los brazos cruzados y la mirada clavada en el suelo, respirando tranquila como si no tuviera interés alguno en la reunión.
Sengoku la observó con cierta sorpresa, pensando que ya habría escapado del cuartel general, después del caos que armó la semana pasada para evitar el papeleo.
“Es bueno que Kara esté aquí.
Así nos evitamos tener que enviar a alguien a buscarla “dijo con una ceja arqueada mientras lanzaba una mirada a Garp, que respondió simplemente con un saludo alegre, como si no entendiera la indirecta.
“Sí… pero creo que lleva dormida desde que llegó “comentó Tokikake, señalándola con el dedo mientras sudaba ligeramente.
Kara comenzó a roncar suavemente, confirmando su punto.
“¡Despiértenla!
“ordenó Sengoku, con una vena marcándose en su frente.
Tokikake abrió los ojos con horror, como si le hubieran pedido ir al infierno a robarle un diente a Cerbero.
Miró a Momousagi en busca de ayuda.
Momousagi suspiró con resignación, sacudió la cabeza y le tocó suavemente el hombro a Kara.
“Kara… Sengoku ya está aquí.
Pero Kara no reaccionó.
Momousagi se lo pensó un segundo y luego, con una sonrisa juguetona, sacó un pequeño paquete de su chaqueta.
“Kara… traje algunos chocolates nuevos para ti.
De esos suizos que tanto te gustan.
Kara abrió los ojos de inmediato, brillante de emoción, y tomó las barras como si fueran tesoros.
“¡¡Gracias!!
Eres la mejor, Momo “dijo con la boca llena.
“Dejemos de perder el tiempo y empecemos de una vez “interrumpió Akainu, con su voz áspera y el ceño fruncido, claramente molesto mientras miraba a Kara con desdén.
“Bien.
Es hora de comenzar con los planes de guerra y las posiciones de todos.
Como sabrán, esto se dejó para último momento precisamente para evitar infiltraciones “anunció Sengoku, retomando el control con voz autoritaria.
Todos asintieron con seriedad.
“Si de verdad te preocupa la seguridad… ¿por qué ella sigue aquí?
“soltó Akainu, señalando a Kara con frialdad.
Kara se detuvo un segundo, aún masticando chocolate, y lo miró sin emoción.
“¿A qué te refieres, cabeza de magma?
“Todos saben que tienes relaciones estrechas con ciertos Shichibukai y piratas que “según tú” son inocentes.
No eres alguien de confianza para la Marina “espetó Akainu con desprecio.
Kara dejó el chocolate a un lado y lo miró fijamente, su tono cambiando sutilmente.
“Oh, claro… pero creo recordar que ninguno de esos “piratas” ha matado civiles inocentes.
Mientras tanto tú, uno de los almirantes más poderosos de la Marina… ¿cuántos mataste esta semana?
¿Trescientos?
¿Cuatrocientos?
“Todo fue en nombre de la justicia.
Si sus muertes fueron necesarias, serán recordados como mártires “gruñó Akainu, alzando la voz.
“¿Ah, sí?
Entonces dime sus nombres.
Nombres, Sakazuki.
¿De los pobres civiles que murieron porque tú no puedes enfrentar a un pirata sin destruir media ciudad en el proceso?
“preguntó Kara, con un filo de rabia en su voz.
El aire a su alrededor tembló levemente.
Muchos vicealmirantes se tensaron.
La tensión entre ambos era palpable.
Algunos comenzaron a prepararse por si debían intervenir.
“¡Ya basta!
“gritó Sengoku, golpeando la mesa con un puño.
Pero Kara no retrocedió.
“No, Sengoku.
Esto tiene que decirse.
Este imbécil de traje rojo cree que su rango le da derecho a matar inocentes.
¡No merece portar el símbolo de la justicia!
Si se cambiara de bando, nadie se sorprendería.
Es peor que muchos piratas.
¿O todos ya olvidaron cómo uno de sus subordinados vendía a nuestros propios marines como esclavos?
¡Y él no dudó en atacarme a muerte sin siquiera investigar!
La sala quedó en silencio.
Incluso Garp había dejado de masticar.
Los marines del bando de Akainu desviaron la mirada con incomodidad.
Algunos sabían que Kara decía la verdad.
Del cuerpo de Akainu comenzó a emanar un calor abrasador.
El magma se filtraba por sus guantes, que comenzaron a chamuscarse.
Kara lo miró sin miedo.
Su maná se desbordó como una ola invisible, provocando una presión tan intensa que algunos vicealmirantes sintieron que el aire mismo los aplastaba.
En Marineford, muchos marines cayeron de rodillas, sin entender lo que sentían.
“¡Dije basta!
“repitió Sengoku, aún más molesto.
“Tsk… “Kara cerró los ojos y respiró profundo.
Su poder se replegó como si nunca hubiera estado allí.
Se sentó con expresión molesta, mientras Akainu resoplaba de ira y volvía a endurecer sus manos.
“Qué miedo… “dijo Kizaru, con su habitual tono arrastrado, mirando a ambos como si nada importante hubiera pasado.
Aokiji, que hasta ahora había permanecido callado, cruzó los brazos y habló con calma.
“Tiene razón.
Akainu… a veces cruzas la línea.
Eso nos pone a todos en peligro.
“Continuemos la reunión “intervino Sengoku, mientras un secretario colocaba un gran mapa detrás de él.
“El ejército se posicionará al frente junto a los vicealmirantes gigantes.
Los Shichibukai cubrirán el flanco izquierdo, y el derecho quedará en manos de las tropas de apoyo, junto con el punto central… “comenzó a explicar, señalando cada ubicación.
“¿Y si usan burbujas para aparecer justo en el centro?
“preguntó Kara, completamente seria.
Sengoku se quedó pensativo unos segundos.
“En teoría, sería favorable para nosotros.
Estarían rodeados.
Pero aún así, prepararemos un ataque específico en esa zona.
No dejaremos cabos sueltos.
“Entonces el único problema será la capacidad de ataque “dijo Tsuru, llamando la atención de todos.
“Es poco probable que Barbablanca libere todo su poder para salvar a un solo subordinado.
Sería peligroso incluso para su tripulación “añadió con lógica, recibiendo asentimientos.
“Lo mismo vale para nosotros “intervino Aokiji”.
Si usamos todo desde el inicio… dañaremos a nuestros propios aliados.
“Si es para vencer a un pirata como él, las bajas serán necesarias “sentenció Akainu.
Kara rodó los ojos con fastidio, pero Momousagi se adelantó antes de que ella replicara.
“Intentaremos mantener las bajas al mínimo, Akainu “dijo rápidamente Sengoku, mirándolo con dureza.
Akainu apretó los labios y no respondió.
La reunión continuó por varias horas más, detallando formaciones, puntos de refuerzo, y tácticas específicas.
Finalmente, Kara fue liberada y pudo salir a tomar un respiro antes del inicio de la guerra.
…………………….
Chopper estaba recibiendo las instrucciones sobre su posición y la estrategia que debía seguir.
Aunque había demostrado ser un buen luchador durante las pruebas, su verdadero valor en la guerra estaría en su habilidad como doctor.
Y con la cantidad de heridos que se preveía… sí, mejor que no soltara la bata.
Uta también había sido asignada a la sección de apoyo por decisión de Kara, supuestamente para “cuidar” a Chopper.
En realidad, todos los altos mandos estaban tan encariñados con ella que les daba urticaria pensar en verla en medio del campo de batalla.
“Demasiado joven… “decían.
“Demasiado mona… “decían.
“Demasiado probable que rompa a todos los enemigos si canta una nota” no lo decían, pero lo sabían.
A pesar de su enorme potencial, la mantenían como respaldo… por ahora.
Ambos salieron de sus respectivas salas de reunión justo cuando Zoro apareció caminando al lado de Tashigi y Smoker, ya que compartirían zona defensiva.
“Parece que solo queda un día más “dijo Zoro con seriedad, tocando el mango de sus tres espadas.
Desde que recibió la espada negra de Gin, había entrenado con ella junto al Ojo de Halcón… el gorila.
Obviamente, se acostumbró en tiempo récord.
Aunque todavía no vencía al simio, ya podía empatar con él.
Lo cual era un logro impresionante… si no olvidamos que hablamos de un gorila que blandía una espada y estilos copiados de el original, y el cual entrenaba junto a los espadachines de la marina todo el tiempo.
“Espero que todo salga bien… “dijo Tashigi, temblando levemente.
Era natural.
No todos los días se enfrentaban a una leyenda viviente.
“¡Tashigi!
¡Smoker!
¡Cuánto tiempo!
“saludó Chopper, acercándose junto a Uta, que asintió alegremente.
“Parece que se están acostumbrando a ser marines “respondió Tashigi con una sonrisa, saludando con energía.
“Bueno… aunque seguir a Kara no se parece en nada a cuando entrené en el buque del profesor Zephyr “dijo Uta riendo.
Porque seguir a Kara, en la práctica, era como participar en un reality show: mucho correr, molestar a la gente, y cero respeto por los rangos.
“Mientras no se les pegue su tontería… “bufó Smoker, cruzado de brazos.
“¡Oye!
No es como si la hermana Kara hiciera locuras todo el tiempo “intentó defenderla Uta… justo antes de ver la cara confundida de Smoker mirando detrás de ella.
“¿De serio?
“murmuró el vicealmirante con el ceño fruncido.
Uta se giró lentamente… y ahí estaban.
Un pequeño ejército de Mini Karas marchaba hacia ellos, liderado por una con silbato que claramente había asumido el mando.
“¿Mini… Karas?
“dijo Chopper, parpadeando confundido.
Él había visto una durante la batalla en Enies Lobby, ¡pero ahora había toda una legión!
“¿Qué estás haciendo?
“preguntó Zoro, igual de confundido.
“Estaba probando un hechizo… y funcionó diferente a lo que quería “respondió la Mini Kara líder, con una sonrisa orgullosa.
“Ahora estoy atrapada así “añadió, como si hablara del clima.
“¡Idiota!
¡Mañana tenemos cosas importantes que hacer!
“se quejó Smoker, llevándose la mano a la cara con cansancio.
“No te preocupes, Cabeza Blanca “respondió la Mini Kara con una sonrisa desafiante”.
Incluso así puedo patearte el trasero.
El ejército de mini Karas empezó a burlarse de Smoker.
Algunas incluso le sacaban la lengua.
Una le tiró de la capa.
Otra le robó un cigarro.
“¡CALLATE, IDIOTA!
¡Y SOLUCIONA TU PROBLEMA!
“gritó Smoker, rojo de furia, dándose la vuelta para irse antes de cometer un crimen de guerra.
Tashigi, buena alma como siempre, decidió quedarse.
“¿Qué necesitas para volver a la normalidad?
“preguntó con rapidez.
“Primero… encontrar a las que escaparon “dijo la Mini Kara líder.
Se giró de golpe.
“¡USTEDES!
¡Vuelvan a la fila!
“gritó.
Varias mini Karas estaban gateando en dirección opuesta.
Al verse descubiertas, protestaron.
“¡Buuu!
¡Aburrida!
¡Queremos ir a jugar!
Y sí, todas tenían la personalidad de Kara.
Y sí, eso significaba que incluso Kara tenía problemas controlándose a sí misma.
En medio del caos, apareció Momousagi con un par de mini Karas acurrucadas en sus brazos.
“¿Alguien ha visto a Kara?
Encontré estas pequeñas que dicen ser ella… “dijo Gion dulcemente, abrazándolas mientras ellas ronroneaban contra su pecho como gatitos satisfechos.
Así fue como se organizó una búsqueda oficial de Mini Karas fugitivas por todo Marineford.
Encontraron un grupo en la cocina, haciendo un motin para exigir postres.
Otra estaba peleando con Garp y Sengoku en el patio como si fuera parte del entrenamiento.
Y un par más estaban en la casa de Kara… siendo mimadas por Hancock, que las abrazaba como si fueran muñecas mágicas recién salidas del cielo.
Finalmente, tras recuperar a todas, Kara volvió a su forma normal, estirándose con alegría.
“¡Eso fue divertido!
Todos la miraron con una mezcla de cansancio y resignación.
“Por favor… no vuelvas a hacer esa tontería “murmuró Momousagi mientras una de las mini Karas todavía le colgaba de la pierna.
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