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One Piece: El Hada de la Justicia - Capítulo 75

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75: 75 75: 75 Laxus observó el cielo con atención mientras su mirada se dirigía a Kara, quien se encontraba enfrentándose al anciano de imponente tamaño, una figura que irradiaba una fuerza abrumadora.

El suelo bajo sus pies vibraba con cada movimiento de la batalla, y el aire estaba cargado de tensión.

“Parece que esta tipa se vuelve más fuerte cada vez que la dejamos sola unos días… y cada vez más desquiciada que antes”, dijo Laxus, su tono reflejando tanto curiosidad como cierto grado de diversión, mientras sus ojos se volvían hacia King.

“Entonces, supongo que debo capturarte para el anciano.

Terminemos de una vez por todas”, agregó con una sonrisa desafiante, mientras la electricidad comenzaba a recorrer su cuerpo con fuerza.

King, quien ya sabía del poder de Laxus por la pelea previa, también había sentido el impacto de ese golpe anterior.

Aunque no había usado su haki, la sensación de daño había sido clara.

Sin embargo, no dejó que eso lo detuviera.

Con una mirada fija en Laxus, abrió sus enormes alas de fuego, dispuestas a darlo todo.

“Andon”, murmuró King, apareciendo de repente frente a Laxus, moviéndose a una velocidad que solo sus alas de fuego podían proporcionarle.

Con un rápido movimiento, lanzó un puño envuelto en llamas hacia él, el impacto derrumbando el suelo bajo sus pies y creando grietas profundas.

“¿Otro idiota de fuego?”, dijo Laxus con una mueca burlona, antes de que sus puños se llenaran de rayos dorados.

Con un rápido movimiento, absorbió el impacto de King sin inmutarse, cargando su puño contrario con la misma energía eléctrica.

“Puño del Relámpago”, declaró Laxus, generando una esfera de electricidad alrededor de su puño, que al impactar con el cuerpo de su oponente liberaba una descarga masiva.

El ataque estaba diseñado para amplificar el daño al concentrar toda la magia de rayos en la mano.

King bloqueó el ataque con su brazo, reforzando su defensa con haki de armadura, pero Laxus pudo sentir cómo su golpe había impactado contra algo tan duro como el acero.

Su mirada se volvió aún más interesada.

“Interesante”, murmuró mientras observaba con atención a King, quien, aunque había resistido el impacto, no se veía del todo ileso.

Rápidamente, Laxus infló su pecho y pronunció el siguiente ataque.

“Rairyū no Hokou”, exclamó, generando una corriente eléctrica que salió disparada de su boca en una explosión que iluminó el campo de batalla.

El rayo era tan intenso que paralizó momentáneamente a King, dejándolo vulnerable para el siguiente asalto.

King, ligeramente ralentizado por el rayo dorado que recorría su cuerpo, no perdió el tiempo.

A pesar de la parálisis momentánea, se repuso rápidamente y, con un rugido de furia, generó una poderosa respuesta.

Karyudon.

Sus alas de fuego se abrieron con furia, y su espada brilló intensamente.

Desde la punta de su hoja, desató un dragón de fuego, una serpiente ígnea que rugió al avanzar, devorando el aire a su paso.

La llama parecía un magma abrasador, y Zoro lo había descrito como algo parecido a la furia misma de un volcán.

El dragón de fuego avanzó hacia Laxus, con la promesa de destruirlo.

“¡Tienes que ser más rápido que eso!”, murmuró Laxus, con un destello de determinación en sus ojos.

De repente, canalizó su magia de rayos, concentrándola en sus manos, y creó una lanza electrificada que lanzó directamente hacia el dragón en un movimiento fluido.

“Alabarda del Dragón del Rayo”, dijo con firmeza, viendo cómo la lanza de energía destrozaba al dragón de fuego en un estallido de electricidad y llamas.

El ataque de King había sido increíblemente poderoso, pero Laxus estaba listo para enfrentarlo.

Pero entonces, Laxus sintió cómo la temperatura a su alrededor aumentaba y, al mirar a King, notó algo diferente.

El fuego que lo rodeaba parecía más fuerte, más concentrado.

Laxus sabía que debía acabar con eso rápido.

“Esto tiene que terminar rápido”, dijo, su tono serio.

Con un grito, su poder comenzó a desbordarse.

“Dragon Force”, declaró, y su cuerpo comenzó a crecer ligeramente, mientras escamas doradas se materializaban sobre sus brazos, y su ropa estallaba por la electricidad generada por su transformación.

En su forma de dragón, Laxus se lanzó hacia King, convertido en pura energía dorada, apareciendo frente a él con una velocidad que desbordaba todo.

Con un feroz rugido, Laxus realizó su siguiente movimiento.

“Mordisco del Dragón del Rayo”, gritó, concentrando toda su fuerza en un golpe devastador.

Juntó sus manos como un martillo y las dejó caer hacia abajo con toda su potencia, impactando contra el suelo con un destello cegador.

King, reaccionando rápidamente, se protegió con su espadas cubierta en haki negro.

A pesar de la velocidad y el poder de Laxus, King lanzó varios cortes rápidos con su espadas, intentando atravesar la barrera de rayos dorados.

Sin embargo, Laxus se sorprendió al sentir que los cortes de King lograban tocarlo, aunque no con la misma fuerza.

No fue una gran sorpresa, después de todo, Kara lo había derrotado con poder mágico en el pasado.

Mientras tanto, los marines observaban la pelea con asombro.

No solo porque Laxus era un total desconocido para ellos, sino porque el propio King, el brazo derecho de Kaido, estaba siendo empujado al límite.

Nadie esperaba ver un combate tan impresionante entre esos dos guerreros.

Sin embargo, no podían distraerse demasiado.

La batalla entre los hombres de Barbablanca seguía en pie, con la isla comenzando a cambiar de forma por la magnitud de los poderes que se desplegaban.

Mientras tanto, Kara, luchando ferozmente contra Barbablanca, observaba la isla a su alrededor, que comenzaba a transformarse bajo el poder de ambos combatientes.

“¡Vamos, anciano!” gritó Kara, dejando que su emoción se desbordara mientras se sumergía en la furia de la batalla.

Con un rugido desafiante, lanzó un puñetazo cargado de poder, pero Barbablanca, con su veterana agilidad, esquivó ligeramente al mover su cabeza.

Sin embargo, el impacto del puño hizo que un pedazo de su bigote fuera cortado y su oreja se viera dañada, desafiando la imbatible naturaleza del Yonkou.

A pesar de esto, Barbablanca no titubeó ni un segundo y, con furia, desató otro corte hacia Kara, canalizando todo su poder.

Kara, sin perder la compostura, observó cómo el corte se acercaba a una velocidad mortal.

Con una sonrisa burlona, su cuerpo comenzó a desintegrarse, separándose en múltiples cubos, tal como si se tratara de un hechizo que muy pocos podrían imaginar, similar a los que usaría August en el futuro.

Los cubos se desplazaron con rapidez quirúrgica hacia un costado de Barbablanca, y en un abrir y cerrar de ojos, el cuerpo de Kara se reconstruyó al otro lado de su enemigo.

Aprovechando la distracción, lanzó un puñetazo directo al estómago de Barbablanca, que hizo temblar el aire.

“Parece que funcionó,” murmuró Kara mientras sonreía con confianza.

Pero Barbablanca, ignorando las cuadrículas que aparecieron en su pecho, reaccionó con una brutalidad inhumana.

Con un gruñido, desató un puñetazo cargado de su poder que lanzó a Kara hacia atrás, el impacto arrasó con la distancia entre ellos.

Kara, aunque mostrando una resistencia impresionante, no estaba completamente intacta.

Por cada diez golpes que ella lograba infligirle a Barbablanca, el Yonkou devolvía un único golpe con el poder suficiente para igualar el daño de todos los golpes de Kara.

A pesar de su asombroso poder, Kara estaba agotada.

Su energía mágica comenzaba a menguar nuevamente, y Wendy solo podía restaurar su poder una vez cada cierto tiempo.

Su respiración se entrecortaba mientras se levantaba, su estómago ardiendo de dolor y las costillas posiblemente rotas de nuevo.

“Ugh, eres más duro de lo que pensaba, anciano,” murmuró Kara, mientras se ponía de pie, con la mirada fija en su adversario.

Mientras tanto, en la distancia, alguien observaba con atención tanto a Barbablanca como a Kara.

Era Akainu, el almirante que ansiaba la oportunidad de ganar reputación en medio de la guerra.

La orden de los ancianos era clara: él debía ser quien acabara con Barbablanca, y estaba esperando el momento oportuno para lanzar su ataque y reclamar la victoria.

Lo que le sorprendió fue el crecimiento inesperado de Kara.

La joven guerrera ahora parecía tener el poder y la habilidad de un almirante, una fuerza impresionante que superaba incluso las expectativas de muchos.

De repente, Kara se lanzó nuevamente hacia Barbablanca, utilizando ambas manos para crear múltiples vallas de energía que flotaban en el aire, apuntando directamente al Yonkou, como si quisiera pulverizarlo.

Barbablanca, sin titubear, cubrió su cuerpo con Haki a su máximo nivel, desatando la presión de su habilidad para resistir los ataques que se le venían.

“Tu habilidad ya no me afecta.

¡Soy Barbablanca!” rugió mientras su Haki volvía a envolverlo con un aura de poder.

Y con un movimiento demoledor, Barbablanca desató un corte hacia Kara, cargado de todo su poder, su Haki y su habilidad Gura Gura no Mi.

Kara, sin embargo, también estaba lista, pues si esquivaba ese ataque, su siguiente movimiento iría directo a los marines.

En ese instante, Akainu, oculto en la sombra, vio su oportunidad.

“¡Ahora!” dijo, mientras emergía detrás de Kara, utilizando su figura como cobertura para su mortal ataque.

Sus puños, convertidos en lava, se dirigieron hacia Kara a una velocidad infernal, con el único propósito de aprovechar su posición estratégica y ocultar su verdadero objetivo: acabar con Barbablanca.

Sin embargo, para su sorpresa, Kara se desintegró nuevamente en cubos, desapareciendo de su línea de visión.

En un abrir y cerrar de ojos, apareció detrás de Akainu, lanzando un ataque hacia el suelo que convirtió todo en cubos que saltaron hacia arriba, creando una muralla improvisada.

El corte de Barbablanca, que ya se dirigía hacia Kara, se estaba acercando peligrosamente a Akainu.

Sin tiempo para esquivar, Akainu respondió transformando rápidamente todo su cuerpo en magma, usando su habilidad para resistir el golpe.

Pero algo extraño sucedió.

Un destello de energía brilló mágicamente en Barbablanca, un resplandor fugaz que lo hizo más rápido y fuerte.

En ese instante, su corte, que antes parecía un simple ataque, adquirió una fuerza devastadora.

Se movió con una velocidad y precisión tan letales que Akainu no pudo hacer nada para evitarlo.

El golpe cortó uno de sus brazos y parte de su torso, atravesando sus órganos internos, antes de que el ataque fuera detenido gracias a la fuerza del magma de Akainu, que invadió el pecho de Barbablanca, llenándolo de lava hiriente.

Mientras tanto, Kara, con una sonrisa oscura, detuvo lo que quedaba del ataque de Barbablanca, casi como si todo formara parte de un plan.

Con un guiño a Wendy, que estaba siendo levantada por Carla mientras apuntaba sus manos hacia Barbablanca, nadie reparó en el ligero aumento de poder que había recibido el Yonkou.

Sólo un par de ancianos, como Sengoku, Garp y Makarov, quienes conocían bien la naturaleza vengativa de Kara, decidieron ignorarlo, viendo cómo la joven avanzaba.

“Ugh…” gruñó Akainu, sintiendo el dolor de su cuerpo destrozado, escupiendo sangre mientras luchaba por mantenerse consciente.

La herida de Barbablanca había casi partido su cuerpo en dos, atravesando órganos vitales.

A pesar de estar gravemente herido, Barbablanca permaneció de pie, desafiando la muerte una vez más.

Con los órganos calcinados por el ataque de Akainu, el Yonkou ignoró el daño y levantó su puño para atacar de nuevo, dirigido hacia el almirante herido, un golpe que probablemente significara la muerte para Akainu en su estado actual.

“Kara, ¡no lo dejes morir!” gritó Sengoku, sabiendo que no podía permitir la muerte de un almirante durante la guerra, especialmente cuando Akainu había intentado matar a Kara en el pasado.

Sería un golpe devastador para la moral de los marines.

“Tsk…” Kara se movió a una velocidad asombrosa, interceptando el puño de Barbablanca y amortiguándolo con su propio Haki.

Fue enviada hacia atrás con la fuerza del golpe, pero aprovechó el momento para tomar a Akainu, quien estaba al borde de la muerte, usándolo como almohada para evitar que cayera.

El impacto probablemente agravó aún más las heridas de Akainu, pero al menos seguiría vivo…

aunque tendrían que pasar varios meses en cuidados intensivos.

“me rindo.

aokiji te toca” dijo kara mientras patena a akainu a un costado y se quedaba sentada para descansar.

“alala.

tan pronto te das por vencida” dijo aokiji detrás de ella arnes de desaparecer kara lo ignoro mientras su mirada se dirige a otros combates.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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