One Piece: El Hada de la Justicia - Capítulo 78
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78: 78 78: 78 Barbablanca observó a sus hijos, maltrechos, caídos, peleando hasta el último aliento.
El campo de batalla, teñido de sangre, le hablaba de una verdad que no podía ignorar: esa guerra ya estaba perdida.
Incluso con la irrupción inesperada de Kaido, quien luego escapó llevándose a parte de sus hombres, la derrota era clara.
La mayoría de su familia había caído.
Y cuando alzó las manos para lanzar un último ataque desesperado “el rugido de la tierra temblando en sus puños”, algo lo detuvo.
Una punzada ardiente atravesó su pecho desde la espalda.
Con la vista nublada por el dolor, bajó lentamente la mirada…
Tres hojas oscuras asomaban donde latía su corazón.
“…Teach “susurró, la voz grave apagándose con cada latido menguante.
“¡Teach, maldito bastardo!
“rugió Marco al ver a su padre caer.
Barbablanca, un hombre que jamás había recibido una herida en la espalda, ahora tenía la más profunda de todas.
Aprovechando el caos del ataque de Kara, Barbanegra apareció por detrás, como una sombra acechante.
Su risa rompió el aire.
“¡Zehahahaha!
Al final, ¡yo fui el primero en dañar ese orgulloso tatuaje en tu espalda, viejo!
“dijo con burla, mientras a su lado aparecían Lafitte, Burgess, Doc Q, Van Augur y cinco piratas desconocidos que había reunido a falta de los de Impel Down.
Barbanegra se burlaba, pero el anciano no había caído aún.
“¡Teach!
“bramó Barbablanca, cargando su puño con el poder del Gura Gura no Mi.
Pero un agujero negro se tragó su ataque, absorbiéndolo completamente.
La sorpresa cruzó los rostros de todos.
Sin embargo, Barbablanca no se detuvo.
Movió su naginata con furia, lanzando un tajo que voló a Barbanegra por los aires.
“¡AAAAH, MALDICIÓN!
“gritó Teach, revolcándose por el suelo.
Sus hombres abrieron fuego, pero Barbablanca los recibió de frente, endureciendo su cuerpo con Haki de armadura.
A pesar de su corazón atravesado, seguía siendo un monstruo.
Otro tajo cortó el aire, haciendo temblar el campo.
Teach no lo podía creer.
“¡Marines, maldita sea, necesito refuerzos!
¡Le atravesé el corazón, no puede seguir!
“gritó desesperado.
Pero Sengoku no dio la orden.
La Marina observaba.
“¿De qué hablas?
Huiste durante la guerra “dijo Kara con una sonrisa afilada”.
Tu título de Shichibukai se fue con el viento.
“¡Estoy aquí para ayudarlos!
¡Para derrotar a Barbablanca con ustedes!
“soltó Teach, sintiendo cómo su plan, meticulosamente preparado, se desmoronaba.
Había renunciado a Impel Down, había confiado en la confusión…
pero ahora todo parecía premeditado.
Se había escondido para evitar ser el blanco de los hijos de Barbablanca.
La Espada Negra aún debilitaba su cuerpo.
Y entonces…
“¿Cuánto vale Barbanegra?
“preguntó Kara con calma a Koki, que flotaba en lo alto.
“Después de derrotar a Vista…
unos 400 millones “respondió élla con una sonrisa tranquila.
“Cabeza de pájaro.
Hazlo.
“¿Qué…
qué dijis” Dos espadas atravesaron el pecho de Barbanegra, por el mismo lugar donde él había apuñalado a Barbablanca.
“Los búhos son aves silenciosas “dijo Pale, batiendo sus alas detrás de él”.
Perfectos para ataques furtivos…
y espiar.
“¡Capitán!
“gritó Van Augur, levantando su rifle.
Pale giró en el aire y lanzó una lluvia de plumas recubiertas de Haki, afiladas como cuchillas, que atravesaron a varios de los subordinados de Teach.
“¡Aaaagh!
“gritaron al sentir el veneno correr por sus venas, la piel tornándose púrpura.
“Oh, cierto…
también son venenosas “añadió Pale antes de retirarse con calma.
“Maldito…
“murmuró Teach, cayendo de rodillas.
Su visión ya era un torbellino oscuro.
“¡Doctor Q!
“gritó, pero no hubo respuesta.
Sus compañeros intentaron huir con su cuerpo.
Pero una sombra cayó sobre ellos.
Un golpe invisible, colosal, los aplastó con violencia, rompiendo el suelo.
Desde el barco flotante de Fairy Tail, Issho envainó su espada lentamente.
“Lo siento, capitán “murmuró Burgess, apenas en pie.
Agarró a sus compañeros y huyó como pudo, dejando atrás a Barbanegra, que se desplomó.
Su mirada se apagó mientras observaba las siluetas de sus hombres desaparecer.
“Se comporta como una payasa “comentó Tokikae, observando a Kara”.
Pero sus planes…
son incluso más oscuros que los de Sengoku.
Kara, como si lo hubiera oído, se giró y lo saludó con una sonrisa brillante.
Como si nada de esto hubiera sido idea suya.
Como si no fuera ella quien había previsto todo: la caída de Barbablanca, el juego sucio de Teach…
e incluso el fracaso de Impel Down.
Barbablanca escupió sangre.
Apenas le quedaban unos segundos de vida, pero aún le quedaba algo más importante por hacer: proteger a sus hijos.
Aunque fuera el último aliento que le quedaba, lo usaría para que escaparan.
Para que vivieran.
“¡EL ONE PIECE…!
Pero justo antes de terminar su frase, el hielo bajo sus pies se alzó como una lanza gigantesca que lo atravesó por completo, de pecho a espalda.
Aokiji apareció frente a él, frío e implacable, rodeado por los propios comandantes del Yonkō, como si nada pudiese tocarlo.
“¡NO EXISTE!
La voz retumbó en todo Marineford.
Todos los que seguían la transmisión la oyeron, como un eco imposible de ignorar.
Barbablanca abrió los ojos con desconcierto.
No… Él no había dicho eso.
Bajó la mirada.
Aokiji tenía un gran caracol de sonido bajo el brazo.
Lejos de allí, detrás de Sengoku, una figura sostenía un micrófono conectado al mismo caracol.
Era Uta.
“Estoy usando un sintetizador “explicó rápidamente, mientras Chopper la miraba con mezcla de sorpresa y temor.
Mostraba un equipo mecánico extraño, con el sello de Vegapunk.
“Qué miedo… Es como si pudiera ver el futuro “murmuró Kizaru, apareciendo junto a Sengoku con su sonrisa constante, pero con los ojos entrecerrados de atención.
Sengoku, por su parte, seguía sin poder sacarse de la cabeza una idea incómoda: no permitir que Kara ascendiera a almirante sería el peor error de la Marina.
Ella no solo era poderosa, sino que había ideado más planes de contingencia que él mismo, el estratega legendario.
Makarov, que escuchaba con atención desde el barco, sonrió con orgullo.
“Después de todo, Kara siempre fue brillante… Se desvió del camino, sí, pero nunca dejó de ser esa niña que volvió loco al Consejo Mágico cada vez que la arrestaban.
“¡¡Papá!!
“gritaron los comandantes de Barbablanca al unísono, lanzándose sobre Aokiji con furia desatada.
“¡¡Ahora!!
“gritó Kara hacia Uta.
De la nada, Brock apareció a su lado, violín en mano.
Gajeel llegó con su guitarra, como si hubiesen sentido que Uta preparaba un escenario.
En medio del campo de batalla, la voz de Uta empezó a sonar con una calma hipnótica, como si el mundo mismo se hubiera detenido.
Parecía un concierto en el corazón del infierno.
Los piratas más débiles comenzaron a tambalearse, cayendo lentamente en un sueño profundo.
“¡Tápense los oídos!
“gritó Marco, entendiendo el peligro demasiado tarde.
Incluso los marines comenzaron a caer de rodillas, los párpados pesados, las conciencias escapando.
Esa era la razón por la que Uta no se usaba en combate directo.
Sus melodías no distinguían aliados de enemigos.
Pero como jugada desesperada… fue perfecta.
Aokiji aprovechó el desconcierto general para deslizarse hacia un lugar seguro como una sombra entre la nieve.
Los marines, alertados, comenzaron a cubrirse los oídos como podían.
“¡Ríndanse!
“rugió Sengoku”.
¡Barbablanca ha caído!
¡Si lanzamos un ataque masivo, ninguno de ustedes sobrevivirá!
Uta cayó de rodillas.
El uso masivo de su habilidad la había dejado completamente exhausta.
Y entonces… los barcos del gremio de cazarrecompensas volvieron, rodeando la isla y bloqueando toda ruta de escape.
“¡Malditos marines…!
“gruñó Marco, con lágrimas en los ojos”.
¡Incluso si morimos aquí, vengaremos a nuestro padre!
Barbablanca cerró los ojos.
Silencio.
Había muerto.
“¡¡DETÉNGANSE!!
“una voz resonó como un trueno en medio del caos.
Kara frunció el ceño.
Reconocía esa voz.
Desde la niebla del combate, apareció Shanks, rodeado por toda su tripulación.
Entraron al campo de batalla como si fueran dueños del mundo, sin miedo, con paso firme.
“Esta guerra ya ha cobrado demasiadas vidas… ¿Qué tal si se detienen?
Háganlo por mí… “dijo Shanks, sonriendo con falsa amabilidad.
“Pelirrojo… “gruñó Garp con furia, su puño temblando.
Sengoku le hizo una seña para que se detuviera.
Ambos sabían.
Sabían lo que había hecho.
Garp sabía que Shanks había usado a todo su pueblo natal como rehenes para forzar a Kara.
Sabía que manipuló a Uta para atacar islas enteras.
“Shanks… “susurró Uta, temblando.
Soltó el micrófono, que cayó al suelo con un ruido hueco.
Retrocedió un paso.
“¿Oye, estás bien?
“le preguntó Wendy con preocupación.
Shanks la vio.
Su sonrisa se ensanchó, cruel tras el disfraz de ternura.
“Pero si es mi hermosa hija… Uta.
Ven a saludar a tu padre.
Abrió los brazos, como si fuera un padre amoroso recibiendo a su hija perdida.
“No… “susurró Uta, dando un paso más hacia atrás, temblando.
Los marines que escucharon comenzaron a mirarla con ojos abiertos de par en par.
Sorpresa.
Duda.
“Deja de intentar sembrar discordia entre nuestros oficiales “dijo Kara, sonriendo con burla”.
¿Qué pasa?
¿Te dolió que la capitana Uta te hiciera huir del East Blue cuando solo era una niña?
El murmullo creció.
Era cierto.
Uta había revelado los crímenes de Shanks.
Gracias a ella, se había puesto precio a su cabeza.
Y todos entendieron: Shanks quería que desconfiaran de Uta.
Tal vez incluso entregársela.
Tal vez matarla.
La tensión explotó.
Shanks miró a Kara y sonrió, como si no le afectara en lo más mínimo.
“Vicealmirante Kara… Aún recuerdo nuestro encuentro.
Qué lástima que fueras tan débil como para… No pudo terminar la frase.
Un puño lo impactó desde un ángulo imposible.
Shanks giró en cámara lenta, su rostro deformado por la sorpresa.
Su haki de observación no lo había visto venir.
Solo alcanzó a levantar el brazo antes de salir volando como una bala de cañón.
El suelo se deshizo en cubos a su paso, revelando el mar bajo Marineford.
“Perdón… “dijo una voz profunda”.
Pero me gustaría que no insultaras a mi hija frente a mí.
Gildarts apareció entre el humo, con la mirada más seria que se le había visto jamás.
Los Piratas del Pelirrojo alzaron sus armas con rapidez, apuntando directamente a Gildarts.
Sus rostros reflejaban sorpresa: nadie había sentido su presencia, ni siquiera con el Haki de Observación activado.
Pero antes de que pudieran actuar, una presión abrumadora cayó sobre ellos.
El suelo tembló.
El aire se volvió denso.
El poder mágico de Gildarts emanaba con una intensidad descomunal, distorsionando el espacio a su alrededor.
A su lado, Makarov emergió con el rostro severo.
Laxus descendió entre truenos, su cuerpo chispeando con relámpagos, su mirada fija en los enemigos como si deseara una excusa para desatar su furia.
Kara no se quedó atrás.
Sus auras diferentes al haki parecía crecer en conjunto, densa como una tormenta.
El ambiente se tornó irrespirable.
La tensión era tan gruesa que casi podía cortarse con una espada.
incluso parecía convertirse en una lluvia ligera.
la cual al tocar la piel de los demás se deshacía en el aire.
“¡Está bien, deténganse!
“La voz de Shanks resonó de pronto, mientras se acercaba con paso tranquilo, su ropa rasgada y sucia, como si el golpe recibido no hubiera tenido importancia alguna”.
Vinimos a detener una guerra… pero si quieren seguir, no puedo garantizar que no haya más bajas “añadió con una sonrisa oscura, cargada de amenaza.
Sengoku frunció el ceño, con el rostro endurecido por la rabia contenida.
“Kara… “murmuró con voz baja pero clara.
Ella asintió, entendiendo al instante.
“Está bien, papá… Ven aquí.
Ese tipo asqueroso no habría venido sin prepararse.
Seguramente tiene varias islas llenas de inocentes como rehenes “espetó con desdén, su mirada clavada en Shanks.
Las palabras de Kara estremecieron a los miembros de Fairy Tail.
Incluso Gildarts entrecerró los ojos.
“Oye, oye… Eso me hace ver como el villano “dijo Shanks con una risa ligera”.
Pero tienes razón.
Nunca piso un campo de batalla sin asegurar una vía de escape.
Una ola de silenciosa indignación recorrió el lado de la Marina y los gremios.
“Esta guerra ha terminado.
Simplemente… desaparezcan antes de que cambie de opinión “sentenció Sengoku con dureza.
“Eso es bueno “respondió Shanks, dándose la vuelta con tranquilidad.
Sus hombres se replegaron, aunque seguían lanzando miradas llenas de rabia a Gildarts mientras retrocedían hacia su barco.
Incluso cuando zarparon, las armas seguían alzadas, los dedos tensos sobre los gatillos, como si cualquier provocación pudiera reiniciar la batalla.
“Kara… Destrúyelo “ordenó Sengoku en voz baja.
Kara miró el cuerpo caído de Barbablanca.
Con solemnidad, se quitó el guante de una mano y levantó la palma hacia él.
En un suspiro de viento… Barbablanca se convirtió en polvo, desintegrado completamente.
Sengoku sabía por qué lo hacía: no podían permitir que el Gobierno Mundial obtuviera siquiera una célula del cuerpo del Yonkō.
Un clon de Barbablanca en sus manos sería un monstruo incontrolable.
“¡La Marina ha ganado la guerra!
“declaró Sengoku en voz alta.
Un rugido de euforia se elevó en Marineford.
… Mientras tanto, a kilómetros de distancia, a bordo del navío insignia de los Piratas del Pelirrojo… “Ya estamos lejos.
Puedes soltarlo “dijo Benn Beckman sin voltear la vista.
Shanks sonrió… y escupió un chorro de sangre.
Su cuerpo se tambaleó.
“Ese bastardo sí que pega fuerte… Y pensar que mi Haki de Observación no detectó ni una chispa… “dijo con una sonrisa torcida, el dolor clavado en cada palabra”.
A mí… al que llaman El Destructor del Haki.
“Parece que las piezas en el tablero se están moviendo antes de lo planeado “comentó Benn, su rostro serio.
“Dile a Rockstar que regrese al Archipiélago y retire los explosivos.
No quiero enemistarme aún con ese viejo conocido que vive allí… “ordenó Shanks mientras Hongo se le acercaba con vendas y medicinas.
“Si no querías pelear con él, no deberías haber elegido ese lugar “soltó Yasopp con sorna.
“Había un par de mujeres con los mismos tatuajes que esos nuevos jugadores… “dijo Benn con la mirada fija en Shanks”.
Las hubiéramos usado como rehenes para presionar a ambos bandos.
“Tsk… Qué lástima… “murmuró Shanks mientras se recostaba, apretando los dientes por el dolor”.
Quería que Kaido y Barbablanca me debieran un favor.
Pero llegamos tarde por ese maldito tifón.
Kaido escapó… y Barbablanca murió.
Sus ojos brillaron con una chispa siniestra.
“Aún quedan algunos con vida.
Quizá… podamos convencerlos de unirse a nuestra causa.
“Y si no… “añadió Benn Beckman, encendiendo un cigarro”.
Siempre podemos hacerles una oferta que no puedan rechazar.
Shanks rió bajo, oscura y peligrosamente.
“El mundo acaba de cambiar.
Y yo… no pienso quedarme atrás.
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