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One Piece: El Hada de la Justicia - Capítulo 81

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  4. Capítulo 81 - 81 La loca travesía de Kara y Kuzan
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81: “La loca travesía de Kara y Kuzan” 81: “La loca travesía de Kara y Kuzan” “La loca travesía de Kara y Kuzan” “Qué raro ver gente del Mar Azul por aquí arriba… “comentó Gan Fall, con su bastón en mano y su fiel pájaro Pierre a su lado”.

¿Qué los trae a Skypea, si se puede saber?

Frente a él estaban Kara “con una sonrisa astuta” y Kuzan, sujetándola despreocupadamente por la parte trasera del cuello como si evitara que su compañera saliera corriendo.

“Digamos que somos algo así como…

exploradores “dijo Kuzan con su usual tono tranquilo y adormilado”.

Llegamos por casualidad y” “¡Bah, deja de dar tantas vueltas!

“lo interrumpió Kara, zafándose con facilidad”.

Viejo, ¿dónde está el oro?

Ustedes ni lo usan, ¿verdad?

¡Tengo un trato que no vas a poder rechazar!

“¿Oro?

“repitió Gan Fall, con una ceja arqueada.

“Esto “dijo Kara, sacando un lingote dorado y dejándolo caer con fuerza frente a él.

Gan Fall lo observó con curiosidad por un momento, pero luego negó con calma.

“No sé qué es eso que llamas “oro”, pero aquí en Skypea no tenemos nada así.

Y francamente, no le veo ninguna utilidad.

“Ugh… claro, ustedes no deberían saber la historia todavía… y para su estilo de vida, esto no sirve de mucho “murmuró Kara para sí, pensativa”.

Ni siquiera deberían conocer las ruinas… ¿eso de allá son ruinas?

“¿Ruinas?

“preguntó Gan Fall con una expresión más seria.

“¡Sí!

¡Upper Yard!

Las antiguas ruinas doradas están allí, ¿no?

Gan Fall la miró con cautela, luego miró a Kuzan, quien se encogió de hombros sin darle importancia.

“Bueno…

si prometen no causar problemas, puedo guiarlos.

Esa tierra… es especial.

Gracias a ella, la isla tiene alimento y recursos.

No quisiera que se alterara nada allí.

“Tranquilo, viejo.

Puedes venir con nosotros si quieres.

Y si el oro sigue ahí… te aseguro que tengo un trato que te va a interesar “dijo Kara con una sonrisa confiada.

……….

Horas más tarde, gracias a la ayuda de los soldados de Gan Fall y los conocimientos específicos de Kara, encontraron lo que buscaban: las ruinas perdidas de Shandora, una ciudad casi completamente hecha de oro.

No había nadie.

Solo estructuras antiguas, columnas caídas, piedras brillantes recubiertas de musgo y la historia grabada en los muros… olvidada por siglos.

“Impresionante… “murmuró Gan Fall al ver la ciudad dorada.

“Una fortuna enterrada, sin que nadie la reclame “añadió Kara, con los ojos brillando de emoción.

“Pero… “añadió Gan Fall, pensativo”.

Esa tierra no pertenece a los cielopianos.

Técnicamente, es territorio sagrado, y usarla para beneficio propio podría causar conflicto con los shandianos… “¡Por eso mismo tengo la solución perfecta!

“exclamó Kara, alzando un dedo”.

¿Y si les vendo una isla?

“¿Una isla?

“repitió Gan Fall, perplejo.

“Sí.

Esta isla de arriba no les pertenece, ¿cierto?

Pero si los shandianos tuvieran su propia tierra, podrían dejar de pelear.

Incluso tendrían más recursos de los que jamás imaginaron.

“¿Tú puedes…

traer vearth?

“preguntó Gan Fall, incrédulo.

“Bueno, necesitaré la ayuda de un viejo para subirla hasta aquí, pero…

“Kara movió su mano con confianza, y un bloque de nubes y tierra a un lado se fragmentó en cubos flotantes”.

Convertir una montaña en una isla es cosa fácil con mi habilidad.

Gan Fall abrió los ojos como platos.

“¿Estás… estás segura?

“Por supuesto.

Tú encárgate de preparar todo aquí arriba, hablar con los tuyos y con los shandianos.

Yo bajaré y volveré con una isla.

Y entonces cerramos el trato.

Gan Fall respiró hondo, con una mezcla de emoción y esperanza.

“Esto… podría cambiar todo.

Acabar la guerra.

Asegurar recursos, alimentos… Skypea tendría un futuro.

Kara le entregó un pequeño dispositivo.

“Toma.

Nos mantendremos en contacto con esto.

“¿Un dial?

Pero cuando el “dial” sacó una cabecita de caracol de la concha, Gan Fall dio un paso atrás sorprendido.

“¡¿Qué es esta criatura?!

¿Con… vida?

“Es un Denden Mushi, viejo.

Relájate.

Es como magia, pero más simpático “rió Kara.

“Vamos, Kuzan.

Tenemos a alguien que encontrar “gritó mientras comenzaba a correr como un torbellino.

Kuzan suspiró con cansancio.

“Tch… esto va a tomar más tiempo del que pensaba… ……….

Momentos después, Kuzan caía desde el cielo como un cometa, mientras Kara gritaba sobre su espalda como si estuviera en una atracción de feria.

“¡Wooooo!

¡Esto es lo mejor de estar en las alturas!

Kuzan ni se inmutó, con el rostro relajado mientras descendía en caída libre.

Subir fue difícil, pero bajar era simple: dejarse caer… y luego usar Sky Walk.

“Entonces “preguntó con voz monótona, cortando la emoción de Kara”.

¿Qué es lo que estás planeando exactamente?

Kara dejó de gritar y sonrió con picardía.

“Traer al primer ayudante para el gremio de cazarrecompensas…

y con ello, un gran aliado para nosotros luego.

“¿Quién?

“preguntó Kuzan.

“La Marina tiene datos de personas poderosas en los Cinco Mares, ¿cierto?

Incluso si no son una amenaza “dijo Kara sin responder aún la pregunta.

“Sí “respondió Kuzan.

“Entonces pide que busquen a un anciano ciego llamado Issho.

Tiene la fruta del diablo de la gravedad “dijo Kara con una sonrisa.

Kuzan entendió rápidamente lo que Kara tenía en mente.

“Ya veo…

“musitó, sacando un Den Den Mushi”.

Habla Kuzan.

Dame información sobre…

Mientras él hablaba, Kara miraba al cielo con alegría.

Los planes que tenía comenzaban a tomar forma.

Pero una voz al otro lado del caracol la sacó de sus pensamientos.

“¡¡¡Kuzan, bastardo!

¿Dónde te llevaste a mi preciosa nieta!?

“gritó Garp con furia.

“Yo no me la llevé…

ella básicamente me está arrastrando a mí “respondió Kuzan, tranquilo como siempre.

“¡Cállate, novato!

¡Y tráela de vuelta para que siga con su entrenamiento o iré yo mismo y les daré un puñetazo a cada uno!

“bramó Garp.

“Cállate, anciano.

Estamos en una misión importante “dijo Kara, tomando el Den Den Mushi.

“¿¡Ah!?

¿Y qué misión puede ser tan importante como para que te saltees tu entrenamiento?

“preguntó Garp, molesto.

“Esto…

Estamos buscando las mejores galletas de arroz del mundo.

Conseguir las de los Cinco Mares para comparar sería lo óptimo “respondió Kara, inventando rápidamente una excusa.

Hubo un silencio al otro lado.

“…¿Y cómo va la misión?

¿Encontraron alguna buena?

“preguntó Garp con repentino interés.

“Bueno…

sí, algunas muestras.

¿Qué tal si te llevamos algunas cuando volvamos?

Pero necesitamos más tiempo, porque tenemos que ir a buscar a alguien más “dijo Kara.

“Mmm…

está bien.

¡Pero tendrán que traer todas las galletas de arroz que puedan!

Si Sengoku los molesta, díganle que están en una misión bajo mi mando “dijo Garp antes de cortar con alegría.

Kuzan y Kara se miraron.

“Parece que tendremos que pasar por alguna tienda y comprar todas las galletas de arroz que tengan “dijo Kara con una sonrisa.

Ya en tierra firme, en una isla cercana, debían esperar la información.

Kara decidió salir a pasear, y por coincidencia encontró una tienda llamada Galletas de arroz de todo el mundo.

Parecía una broma, pero Kara simplemente compró todas las que había en la tienda y las guardó en su inventario.

Así podría dárselas al anciano más adelante.

Pasado un rato, el Den Den Mushi de Kuzan sonó.

“Señor, encontramos al hombre que busca…

Al escuchar eso, Kara esbozó una sonrisa.

Ambos se subieron a la bicicleta de hielo de Kuzan y partieron en busca del espadachín ciego errante.

Al día siguiente llegaron a una isla conocida por sus juegos de azar.

Había muchos lugares de entretenimiento, y aunque Kara no encajaba en el ambiente, no parecía importarle.

Entraron a un casino donde se jugaba “mayor o menor” con dados.

Un anciano de bastón de madera ganaba bastante dinero, mientras el crupier lloraba, suplicando que dejara de apostar.

De pronto, Issho se detuvo, se levantó, tomó su dinero y caminó lentamente hacia la salida.

“Oye, ¿ya estás huyendo apenas nos sientes?

“dijo Kara con una sonrisa burlona, apareciendo frente a él.

“Lo siento, pero no creo haberme metido en problemas con la Marina “respondió Issho con una leve sonrisa.

Kuzan lo observó con atención.

Podía sentir la fuerza de aquel hombre.

No era tan fuerte como él, pero se acercaba peligrosamente.

Y él estaba a punto de ser ascendido a almirante.

“No estamos aquí como marines.

Y yo ni siquiera lo soy “intervino Kara, sonriendo”.

Vine a proponerte un trato.

¿Quieres cambiar el mundo conmigo?

“Pareces una estafadora “murmuró Kuzan.

“¡Cállate!

“le gritó Kara, molesta.

“¿Cambiar el mundo?

“preguntó Issho, confundido.

“Quiero formar un gremio.

Y tú, amigo ciego, eres mi primer invitado “dijo Kara con una gran sonrisa.

…………..

“Ya veo…

Tu idea es buena.

Podría ayudar a los ciudadanos con sus problemas, no solo capturando criminales, sino también ofreciendo apoyo real.

A cambio de una recompensa, los miembros aceptarían encargos.

Incluso quienes no sepan pelear podrían encontrar trabajo digno en esto.

Daría esperanza a mucha gente necesitada “dijo Issho, reflexivo, tras escuchar el plan de Kara.

“Por supuesto.

Mi plan no es tan simple como solo crear un gremio.

Pero es el comienzo de una justicia real.

Y no solo eso…

Como probablemente acabaré en la Marina, se podrán hacer ajustes para que ambos caminos, el gremio y la justicia institucional, convivan “respondió Kara rápidamente con una sonrisa”.

Además, tenemos al cabeza de hielo con nosotros.

Aunque siga negándolo, es obvio que terminará uniéndose.

“Un mundo donde incluso el más débil pueda ganarse la vida con dignidad…

suena como un sueño noble.

Issho sonrió levemente, bajando la cabeza en señal de respeto.

“Si tus intenciones son sinceras, señorita…

entonces no veo razón para negarme a ayudarte.

Se giró hacia Kara y alzó su bastón con firmeza, como sellando su decisión.

“Mi espada estará al servicio de la justicia que deseas construir.

Solo te pido una cosa.

Hizo una pausa.

“No permitas que este gremio se convierta en lo mismo que juramos cambiar.

Si alguna vez llegamos a desviarnos de ese camino…

yo mismo nos detendré “dijo con seriedad.

“Por supuesto “respondió Kara con orgullo, sin apartar la mirada.

“Nuestra primera misión de gremio para traer dinero es mover una isla al cielo” dijo kara dejando atónito a issho.

…………………….

“¿Cuánto de la isla crees poder levantar?

“preguntó Kara con curiosidad mientras flotaba sobre un pequeño bote de madera suspendido en el aire gracias al poder gravitatorio de Issho.

Debajo de ellos se extendía una isla abandonada, marcada por el silencio de una tragedia pasada.

En otro tiempo fue un hogar, pero tras una masacre provocada por piratas, no quedaba más que tierra desierta.

No planeaban llevársela toda, pero sí la mayor parte posible… al menos lo suficiente para cambiar el destino de otros.

“Aproximadamente un sexto del total, si la elevo a unos diez mil metros “respondió Issho con calma, midiendo sus palabras”.

Pero irá subiendo muy lentamente.

Para trasladar todo lo que deseas, necesitaremos al menos cinco viajes.

Kuzan, completamente recostado sobre el bote tras ellos, apenas bostezó sin siquiera abrir los ojos.

“Tal vez tardemos varias horas por cada uno “añadió Issho con seriedad, girando un poco el rostro hacia Kara.

“Y lo que yo tardo en destruir una sexta parte…

también son un par de horas “contestó ella tras hacer un cálculo mental.

Su expresión se endureció”.

Entonces, si todo sale bien, lo tendríamos en aproximadamente una semana.

“Mmm…

Bien.

Creo que ese tiempo es suficiente antes de que Sengoku se entere de que nuestra “misión especial” fue una completa invención “dijo Kara con una sonrisa astuta mientras estiraba brazos y hombros, preparándose para hacer pedazos la isla.

Y así comenzó el trabajo conjunto: ella reducía la isla en grandes fragmentos con su devastador poder, e Issho los elevaba hacia el cielo con precisión quirúrgica.

Al final del primer viaje, alcanzaron Skypiea.

Para entonces, Gan Fall y los shandianos, que llevaban tiempo trabajando en reconciliarse, se quedaron sin palabras al ver cómo enormes porciones de tierra eran transportadas desde el Blue Sea.

Al principio dudaron.

Pero cuando vieron la tierra firme suspendida sobre las nubes, la tensión se disipó como el humo.

Kara no estaba mintiendo.

Estaba cumpliendo una promesa.

Durante siete días trabajaron sin descanso.

Siete días de esfuerzo agotador, sudor y coordinación precisa.

Issho, silencioso pero constante, y Kara, imparable como una tormenta controlada.

Mientras tanto, Kuzan… simplemente dormía.

Una semana completa de lo que él mismo describió como “meditación pasiva”.

Hasta que, el último día, Kara lo pateó con fuerza fuera del bote, obligándolo a incorporarse.

“¡¡Una semana sin mover un dedo!!

¡¡Te vas a quedar oxidado, cabeza de hielo!!

“gritó con fastidio, aunque con una pequeña sonrisa escondida.

Finalmente, con el trabajo terminado, Kara se giró hacia los habitantes del cielo.

“Aquí tienen su nueva isla “anunció con orgullo”.

Es incluso más grande que Upper Yard.

Gan Fall cayó de rodillas, lágrimas desbordando sus ojos.

“Gracias… de verdad, muchas gracias “dijo con voz temblorosa.

Los shandianos también estaban conmovidos.

Por fin recuperarían su hogar.

Aunque técnicamente la mitad de la isla fue “comprada”, ya que ellos la habían financiado con su oro, a nadie le importaba realmente ese detalle.

Gan Fall ofreció pagar con las reservas de Skypiea, pero Kara no mostró ningún interés.

Ese tipo de riqueza no le servía.

Aunque, para los shandianos, acostumbrados al comercio con la moneda del cielo, era más que suficiente.

El oro de su antigua tierra… les dolía perderlo.

Pero no tanto como lo que habían perdido hacía siglos: sus raíces, su historia, su tierra sagrada.

Lo único que no había sido recuperado era la campana dorada.

Kara decidió entonces darles un último regalo.

Voló hasta la enorme rama central que sobresalía de la isla flotante, y la destruyó con un único golpe.

Desde lo alto, una gigantesca campana dorada cayó del cielo.

Issho la atrapó suavemente con su poder, impidiendo que se dañara siquiera una grieta.

Kuzan, aún recostado, entreabrió los ojos al sentir el peso del poneglyph que descansaba cerca de la campana.

Lo observó por unos segundos, con una seriedad inusitada…

y luego los volvió a cerrar, como si no quisiera adelantarse a un destino que aún no comprendía del todo.

Y así, sin aún haber sido oficialmente fundado, el gremio realizó su primera misión.

Con ayuda de Kara, todo el oro reunido fue moldeado en un gigantesco cubo que Issho descendió hasta una isla vacía cerca del Archipiélago Sabaody.

Allí, en secreto, comenzaría a levantarse la base del futuro gremio.

Pero la calma no duró demasiado.

Sengoku, furioso, contactó a Kuzan a gritos.

Al parecer, Garp no había podido contener su emoción y terminó soltando la historia de su “misión especial”.

Sengoku, por supuesto, no era tan ingenuo como Garp para tragarse semejante excusa.

Kara y Kuzan fueron llamados de inmediato a rendir cuentas.

Issho, en cambio, se quedó atrás, custodiando el oro.

Antes de partir, Kara le lanzó una mirada confiada.

“En una semana, tal vez dos, enviaré a los primeros miembros del gremio.

Ya tengo en mente a quiénes reclutar…

Y así, la rueda del cambio comenzó a girar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES YoDarki https://www.patreon.com/c/yodarki

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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