One Piece: El Hada de la Justicia - Capítulo 88
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88: 88 88: 88 En el Archipiélago Sabaody, un lugar que antaño fue un paraíso para criminales, piratas y nobles arrogantes que caminaban como si fueran los dueños del mundo, algo había cambiado.
Sus calles, antes plagadas de miradas sospechosas y cuchicheos llenos de amenazas veladas, ahora estaban llenas de risas, puestos de comida, y turistas que se sacaban selfies con burbujas gigantes flotando de fondo.
¿La razón?
Dos colosos del orden habían levantado sus bases en esquinas opuestas del archipiélago: la Marina y el Gremio de Cazarrecompensas.
Cuando Marineford fue trasladada al Nuevo Mundo, muchos pensaron que Sabaody caería en el caos.
Pero la Marina no estaba dispuesta a regalar territorio.
Construyeron una base más grande y moderna en una de las esquinas del archipiélago.
El Gremio, no queriendo quedarse atrás “ni dejar el negocio”, construyó su cuartel en la otra punta.
¿El resultado?
Piratas, bandidos y ladronzuelos quedaban atrapados entre la espada y la…
otra espada.
En cuestión de minutos, cualquier alboroto era sofocado.
Incluso los más temidos piratas preferían pasar desapercibidos.
Y no solo por la vigilancia.
En la base de la marina incluso un vicealmirante fue desplegado allí.
uno muy conocido que se dio a la fama no hace mucho.
pero demostró que tiene el poder para respaldarlo.
y En la base del gremio vivía un anciano con la fama de haberle dado un puñetazo a Kaido y haberlo mandado a volar como si fuera un globo de feria.
Y claro, los miembros de Fairy Tail eran visitantes frecuentes.
Su base estaba convenientemente cerca de la entrada al Nuevo Mundo…
o al menos eso creían todos.
La verdad era un poco más misteriosa: estaban allí por órdenes encubiertas de una almirante con planes a futuro.
Mientras tanto, en el centro del archipiélago, un joven de cabello verde, con tres espadas al cinto y una capa con la palabra “JUSTICIA” en la espalda, caminaba con expresión molesta.
Su rostro, serio como si le debieran dinero, llevaba la marca de una cicatriz sobre un ojo.
Y la gente, al ver el rango en su hombro, tragaba saliva: Vicealmirante.
Era Roronoa Zoro.
Todo el mundo lo conocía.
Hacía unos meses, se había enfrentado al legendario Shiki el León Dorado, y aunque la pelea fue dura, Zoro había salido victorioso…
con un ojo menos, pero con una reputación que subía como espuma.
Ya lo catalogaban como uno de los diez mejores espadachines del mundo, y muchos decían que solo era cuestión de tiempo para que alcanzara al mismísimo Ojo de Halcón.
¿Lo más curioso?
Tenía solo 21 años.
Y, como muchos recordaban, la actual almirante Shironeko también había sido una promesa imparable en su juventud.
Fue ella quien reclutó a Zoro personalmente.
“Otra vez se perdió esta tipa…
“gruñó Zoro entre dientes.
Claro, cualquiera que lo conociera sabía que el perdido, una vez más, era él.
¡Buruburuburu…
Gacha!
“¿Qué?
“respondió, levantando el Den Den Mushi con la paciencia de una piedra.
“¡¿Zoro?!
¿Dónde demonios estás?
¡Se supone que ibas a la base de Sabaody!
“gritó una voz femenina al otro lado de la línea.
“Hacia allá voy “dijo él con seguridad.
“¿Ah sí?
¿Hay alguien cerca?
“Sí…
¡oye, tú!
Ven acá.
“Zoro hizo señas a un civil al azar.
El hombre se acercó con el terror reflejado en los ojos.
“Hola, amable ciudadano “dijo la voz femenina por el caracol”.
Mi esclavo puede ser algo…
especial.
¿Podrías decirnos dónde está parado ahora mismo?
“Esto…
estamos en el centro comercial.
En el centro de la isla…
“respondió el hombre con un sudor frío.
“¡Lo sabía!
¡Eres un idiota, Zoro!
¡Te dijimos que siguieras al sol!
¿Acaso te caíste de niño?
“se burló Kara desde el otro lado.
“¡Estoy siguiendo al sol!
“gruñó Zoro, levantando la vista con orgullo.
Un segundo después, la brillante esfera “solar” explotó en mil colores.
No era el sol.
Era una burbuja gigante cubierta de pintura.
“¿Era una burbuja, verdad?
“preguntó Kara, conteniendo la risa.
“No.
“Zoro mintió con toda la dignidad de un mentiroso profesional.
“¿Ciudadano?
“S-sí…
sí lo era “dijo el pobre hombre antes de salir corriendo al sentir la mirada asesina de Zoro.
“Eres tan tonto que no sé cómo sigues siendo vicealmirante.
Eres un esclavo de la dirección equivocada.
Si no…
¡Gacha!
Zoro colgó de golpe con fastidio y empezó a caminar de nuevo, mirando el sol (el de verdad esta vez).
Muchos en el archipiélago dicen que la base de la Marina fue construida donde se pone el sol, y la del gremio donde sale, solo para ayudar a Zoro a orientarse durante sus misiones en la isla.
Aun así… siempre se pierde.
…………… Mientras tanto, en el Sunny Go… La escena era tan pacífica que rozaba lo deprimente.
Los Sombrero de Paja, famosos por causar caos en cada isla que tocaban, estaban simplemente sentados.
Sí, sin explosiones, sin gritos, sin enemigos volando por los aires.
Nada.
“Esto es aburrido… “dijo Luffy, tirado boca arriba en la cubierta del barco, balanceando perezosamente una pierna”.
Pensé que pelearíamos más antes de zarpar… “¿¡Pelear!?
¿¡Con quién quieres pelear ahora!?
¿¡Con la marina!?
¡¿Acaso ya olvidaste que somos sus espías?!
“le gritó Nami con la vena de la frente a punto de estallar.
“¡Si lo sigues gritando así, seremos los espías más inútiles del Grand Line!
“susurró Rab mientras se cubría la cara.
Ahora vestía una bata médica similar a la de Chopper, con una mochilita que decía “Dr.
Rana”.
Era su forma simbólica de despedirse de su hermanito de estudios… aunque le duraría poco: ya tenía preparado su sombrero de rana para volver a ser él mismo en cuanto se bajara del barco.
“Fui… engañado… “murmuró Sanji, tirado en el suelo, bañado en sangre (de nariz), con los ojos en espiral.
“¿Otra vez?
“preguntó Gin, rascándose la cabeza.
“La señorita Kara… dijo que me mandaría a un paraíso de mujeres… ¡Y terminé en una isla donde todos eran luchadoras de sumo!
¡Con bigotes!
¡BIGOTES!
“gimió Sanji, con lágrimas existenciales”.
Nunca más… confiaré… “¡Pero si tú rogaste ir!
“gruñó Gin, que empezaba a arrepentirse de haberse reunido con esta banda de lunáticos.
“¡Gin, déjame ver esas tonfas brillantes!
“exclamó Nami, acercándose con ojos de estrella hacia él.
Sanji, al verla, explotó de nuevo en un géiser de sangre que salpicó incluso las velas del barco.
Rab corrió a asistirlo como si fuera parte del protocolo médico habitual.
Gin suspiró y sacó lentamente las tonfas de su espalda.
Brillaban como si acabaran de salir de un tesoro enterrado.
“¿Esto… esto es oro puro!?
“gritó Nami, hiperventilando.
“Técnicamente es una aleación con adamantina.
El oro solo está al exterior para darle peso extra.
Así puedo usar tonfas más pequeñas pero igual de letales que”…
Olvídalo “dijo Gin, dándose cuenta de que Nami ya estaba acariciando las armas como si fueran lingotes bancarios.
“¡GENIAL, FRANKY!
¡HAZLO DE NUEVOOO!
“gritó Usopp mientras corría en círculos alrededor del nuevo Franky, ahora un coloso metálico cuadrado con hombros tan grandes que podrían servir de pista de aterrizaje.
Franky cambiaba su peinado apretándose la nariz, lo que hacía que Usopp y Luffy saltaran de emoción como niños frente a una máquina de algodón de azúcar.
Rab resistió… durante tres segundos, antes de lanzarse a jugar con ellos.
“Es bueno ver que siguen igual”dijo Robin, sonriendo cálidamente.
“¡ROOOOOCK!
“gritó una voz desde el cielo.
Todos miraron hacia arriba.
Brook descendía con una guitarra eléctrica colgada al cuello, vestido con una chaqueta de estrellas, gafas de sol y una bufanda rosa chillona.
“¿Cómo están mis preciados nakamas?
“preguntó mientras tocaba una nota tan potente que las gaviotas se desmayaron en el aire.
“¡Ya era hora, calavérico!
“dijo Franky”.
Te estábamos esperando.
“Disculpen la tardanza, tuve que despedirme de mi banda.
¡El último concierto fue fuego!
Ah, y Luffy, Uta te manda saludos.
Dijo que ahora que será marine de nuevo, te atrapará fácil.
“¡Shishishi, eso quiero verlo!
“dijo Luffy, levantándose de golpe con los puños listos para la acción.
“¡Bueno, entonces zarpa…!
“empezó a decir Nami, pero fue interrumpida por un estruendo tremendo.
¡BOOOOM!
Una onda cortante atravesó la isla desde el centro, partiendo árboles como si fueran palillos.
“¿Qué fue eso?
“preguntó Nami con los ojos abiertos como platos.
“Ese estilo de corte me suena… “dijo Luffy con una sonrisa peligrosa.
Los usuarios de Haki de observación se tensaron al instante.
Robin entrecerró los ojos.
“Esto huele a pelea buena… “¡No, no, no!
¡Luffy, no!
¡Podemos irnos directo a la Isla Gyojin sin quemar nada por el camino!
¡Por una vez!
“gritó Nami desesperada.
Otro golpe cortó el cielo, ¡literalmente!
Una nube fue rebanada como si fuera papel.
“¡Decidido, vamos a ver qué pasa!
“gritó Luffy, ya saltando del barco como si fuera una cama elástica.
“¡Yo voy también!
“gritó Gin, siguiéndolo.
“¿¡De verdad!?
¡Podríamos habernos ido sin hacer rabiar a medio gobierno mundial!
“gritó Nami, tirándose de los pelos mientras los demás comenzaban a descender también.
“Resígnate.
Es Luffy.
“dijo Rab mientras se subía a los hombros de Franky como un rey rana.
“¡Eh!
¡Esto no es un taxi!
¡SUPER cobro por servicio especial!
“se quejó Franky, activando sus jets para bajar al grupo al suelo.
“Solo espero que no sea otro asesino serial buscando cabezas de piratas… “murmuró Robin con calma poética.
“¡NO DIGAS ESO!
“gritó Usopp, ya empacando su kit de primeros auxilios y un cartel que decía “¡Solo paso por aquí!”.
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