One Piece: El Hada de la Justicia - Capítulo 94
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94: 94 94: 94 Todos en la isla vieron cómo Kara enviaba volando a uno de los agentes del CP0 con un solo golpe antes de desaparecer en el aire para perseguirlo.
La imagen de su silueta disipándose como una sombra aceleró el pulso de todos los presentes.
Instintivamente, los combatientes restantes se pusieron en guardia, tensando los músculos, empuñando armas y preparando hechizos.
Sabían que, en cualquier momento, la batalla podría explotar de nuevo… y lo haría con furia.
Rob Lucci y Kaku no dijeron una palabra.
Sus rostros mostraban una seriedad gélida.
La aparición de Kara lo cambiaba todo.
Tenían que terminar su misión lo antes posible para ayudar a Guernica, aunque los rivales frente a ellos no eran oponentes que se pudiera subestimar.
Zoro sonrió con su característico aire confiado, desenvainando dos de sus espadas lentamente.
Su mirada era la de un guerrero que ansiaba un buen duelo.
“¿Estás un poco nervioso, tal vez?” preguntó con una sonrisa torcida.
“Para nada”, respondió Lucci con frialdad.
En un instante, su cuerpo comenzó a mutar, músculos hinchándose, garras extendiéndose y su rostro tomando la forma de su híbrido letal.
La verdadera lucha estaba a punto de comenzar.
… Mientras tanto, Guernica volaba por los aires tras el brutal impacto de Kara.
Sin embargo, no todo era lo que parecía.
Él mismo había permitido que lo expulsara.
Aprovechando ese momento, sacó un Den Den Mushi especial, oculto en su ropa, y lo activó de inmediato para contactar a los Cinco Ancianos.
“Señores, la Marina nos ha traicionado”, dijo con voz tensa y rápida.
“Y parece que solo estaban esperando el momento adecuado para moverse.” “¿Estás seguro?”, preguntó una voz anciana desde el otro lado de la línea.
“La almirante Kara apareció en la isla.
Me tienen en la mira.
Lo confirmo”, aseguró Guernica.
Técnicamente no era una mentira, aunque había interpretado los hechos a su favor.
“Entendido.
Intenta sobrevivir… pero si puedes, asesina a Monkey D.
Kara”, ordenó la voz antes de colgar sin más.
Pero Kara no era ingenua.
Se acercaba caminando lentamente, su aura pesaba como una tormenta.
En su mano también tenía un Den Den Mushi, de diseño similar, uno de uso exclusivo.
“Kuzan.
Es hora”, dijo con una calma peligrosa en su voz.
“¿Qué hiciste ahora…?”, preguntó Kuzan al otro lado, con tono cansado y ligeramente irritado.
“Silencio.
El CP0 quiere borrar sus huellas.
Acelera la estrategia”, ordenó Kara antes de cortar la comunicación sin esperar respuesta.
Ambos caracoles eran modelos especiales, resistentes a las interferencias, capaces de funcionar incluso en zonas donde las señales estaban bloqueadas.
… En la oficina de la Marina, Kuzan dejó escapar un suspiro antes de adoptar una expresión implacable.
Con una lentitud medida, presionó un botón sobre un Den Den Mushi dorado modificado.
Este no convocaba refuerzos comunes.
Su señal iba destinada a una red mucho más restringida.
A unos pasos de él, Sengoku y Garp observaban en silencio.
Vieron cómo Kuzan tomaba el caracol especial con solemnidad.
“No pudo esperar, ¿eh?”, dijo Sengoku, ajustando sus gafas.
“Después de todo… es mi nieta”, replicó Garp con una sonrisa feroz, poniéndose de pie junto a su viejo camarada.
Ambos salieron de la oficina caminando con pasos decididos, como si fueran a enfrentar una guerra que ya conocían demasiado bien.
… Baltigo.
En el corazón de la base revolucionaria, Dragon miraba fijamente un Den Den Mushi cuyo ojo rojo parpadeaba con intensidad.
Al verlo, supo que el tiempo se había acabado.
“Es hora de mover la base”, declaró con voz firme.
“Quiero todo cargado en los buques en una hora.
En dos horas, entregaremos Baltigo al Gobierno Mundial… y en tres, nos atacarán.
Que Sabo y los generales comiencen las maniobras.” “¡Sí, señor!”, respondieron los soldados antes de lanzarse al trabajo con eficiencia casi militar.
… Archipiélago Sabaody – Base de Fairy Tail.
“Maestro, el caracol se ha activado”, dijo Mirajane mientras le entregaba el Den Den Mushi de alerta a Makarov, quien estaba sentado bebiendo sake con los miembros del gremio cazarrecompensas de la sucursal.
“¿Tan pronto?
Tsk… Supongo que debo ponerme sobrio”, gruñó Makarov antes de ponerse serio, saltar desde la barra con agilidad sorprendente y salir corriendo con una mezcla de urgencia y torpeza casi infantil.
Mirajane se llevó la mano a la frente con resignación.
“Solo espero que no arruine nada…
o Kara se enojará”, murmuró con una sonrisa divertida.
Al mismo tiempo, en diferentes islas del mundo, decenas de personas observaban caracoles idénticos encenderse con el mismo foco rojo.
Como si estuvieran siguiendo un guion ensayado miles de veces, comenzaron a moverse con velocidad, precisión y una coordinación que hablaba de años de preparación silenciosa.
… En una isla lejana, donde una batalla legendaria ardía desde hacía cinco días… “Uf… Eres un monstruo”, dijo Shanks entre jadeos.
Su ropa estaba hecha jirones, y marcas profundas de cubos y sangre recorrían todo su cuerpo.
“Puedo decir lo mismo de ti”, respondió Gildarts, el brazo postizo colgando nuevamente, aunque lo volvía a unir con indiferencia.
Tenía decenas de cortes de Haki en el cuerpo, pero seguía de pie, imperturbable.
Ambos llevaban luchando cinco días sin descanso.
Los Piratas del Pelirrojo habían sido evacuados por órdenes del propio Shanks.
En esta clase de batalla, eran solo un estorbo.
Yasopp había perdido un brazo.
Otro miembro había perdido una pierna.
Shanks y Gildarts se observaban con respeto y tensión.
Estaban a punto de lanzarse otra vez a matar… cuando un temblor imperceptible en el suelo los detuvo.
Ambos giraron la cabeza lentamente hacia el bosque.
Un hombre caminaba hacia ellos, cada pisada dejando una marca quemada en el suelo, como si la tierra no pudiera soportar su rabia.
“Esto se está complicando más de lo que pensaba”, murmuró Shanks con gravedad, reconociendo la silueta que emergía entre los árboles.
Sus ojos se cruzaron con una mirada de odio ardiente, inflexible.
Sakazuki.
El ex Almirante Akainu había llegado al campo de batalla.
… Mientras tanto, en Mariejois…
“Señores, al fin hemos localizado la base principal del Ejército Revolucionario,” informó un agente del CP0, arrodillado frente a los Cinco Ancianos.
Un silencio ominoso precedió a una reacción inmediata: los rostros de los Ancianos se iluminaron con una mezcla de satisfacción y sed de sangre.
Era una victoria táctica largamente esperada.
“Por fin…” murmuró Saturn, acariciando su bastón.
“Ahora podemos mover nuestras piezas con libertad.
Sin esa sombra constante, no habrá sorpresas en la próxima jugada.” “Es hora de iniciar el ataque contra el Gremio de Cazarrecompensas,” dijo Saint Marcus con frialdad.
“Debemos debilitar a la Marina y tomar control directo.
No fallaremos ante Imu-sama.
Yo, Saturn y Shepherd iremos personalmente tras Kuzan.
Si se resiste, le arrebataremos el mando de la Marina.
Hasta que encontremos un reemplazo, uno de nosotros tomará el control.” “Entonces, yo me encargaré de Tesoro,” intervino Nusjuro, con tono grave.
“Esa rata dorada tiene demasiado control financiero.
Ha estado financiando en secreto tanto a la Marina como al Gremio.
Su influencia debe extinguirse.” “Fairy Tail y el Gremio no necesitan más de uno,” gruñó Warcury con desprecio.
“Ese montón de insubordinados será borrado por mis propias manos.” “¿Llamamos a los Caballeros Sagrados?” preguntó Saturn.
“No será necesario,” respondió Marcus.
“Ellos ya están ocupados con asuntos más delicados.
Que Figarland custodie Mariejois en nuestra ausencia.
Esto no tomará más de unos minutos.” … Nuevo Marineford, Nuevo Mundo.
La base marina entera estaba rodeada por un océano congelado, preparado como defensa natural.
En su centro, un inmenso círculo mágico ardía con luz púrpura y negra, tallado con runas que parecían susurrar blasfemias.
De él, emergieron tres figuras.
Saint Saturn, Saint Marcus y Saint Shepherd cruzaron el umbral del círculo con la elegancia mortal de dioses encarnados.
Sus ojos brillaban con poder ancestral.
Pero antes de que pudieran orientarse o abrir la boca, una gigantesca mano los embistió, arrojándolos como muñecos de trapo al hielo.
“¡PUAHAHAHA!
Parece que no esperaban una bienvenida tan calurosa,” rugió Garp, de pie sobre la muralla, riendo como si fuera un chiste.
“Eso les pasa a los idiotas que creen que el enemigo esperará educadamente su primer movimiento,” añadió Makarov, cuyo brazo volvía lentamente a su tamaño normal tras golpear con magia de gigante.
Sengoku, serio, soltó un suspiro mientras se ajustaba su abrigo.
“Ambos están locos…
pero los necesito así.” Los tres veteranos descendieron al campo de batalla, listos para enfrentarse sobre el hielo eterno.
El choque entre leyendas y divinidades estaba por comenzar.
… Archipiélago Sabaody – Sucursal de Fairy Tail.
Un nuevo círculo mágico se encendió frente a la base de Fairy Tail, tallado con la misma energía negra de Mariejois.
Mirajane salió tranquilamente del edificio, su expresión serena pero concentrada.
A su lado, dos figuras la acompañaban: el almirante Fujitora, y un hombre con capa de justicia y rango de vicealmirante en los hombros: Gajeel.
“Te mandaron a ti…” murmuró Gajeel con desdén, observando la silueta que emergía del círculo.
“¿Lo conoces?” preguntó Fujitora, sin abrir los ojos.
“Para nada.
Pero no me gusta su cara,” respondió Gajeel sin cambiar el tono.
Mirajane observaba el círculo con interés.
El patrón mágico era perturbadoramente similar al de su magia Satan Soul, pero más oscuro…
más ancestral.
… Gran Tesoro – El Barco Dorado.
Una isla flotante de lujo, apuestas y decadencia navegaba por el Nuevo Mundo.
Oro, luces y música decoraban la cubierta como si fuera una eterna fiesta.
En medio del palacio principal, un círculo mágico se formó repentinamente.
“¡Al fin algo interesante!” exclamó Laxus, relámpagos danzando por sus hombros mientras observaba el círculo con ojos feroces.
A su lado, Gild Tesoro, cubierto de joyas, sonreía con desdén.
“¿Aburrido?
Podrías haber apostado algo…” “¿Y que me estafes?
Paso,” dijo Laxus cruzado de brazos.
“¡Aquí no hay estafas!
¡Solo suerte!” respondió Tesoro con una risa chillona.
Detrás de ellos, el escuadrón Raijinshuu observaba el portal con temor.
El poder que emergía del círculo no era natural… era una amenaza que eclipsaba incluso la codicia de Tesoro.
… Mazmorra oculta – Mariejois.
En una cámara subterránea, oculta a ojos del mundo, un hombre estaba encadenado.
Su cuerpo estaba cubierto de cicatrices, sangre seca y heridas abiertas.
Le faltaba un brazo.
Había sido torturado por años.
Y sin embargo, sus ojos no mostraban dolor… sino una chispa de esperanza.
Los cinco Ancianos no estaban en Mariejois.
Estaban fuera.
Y por primera vez en décadas…
eso significaba una oportunidad.
El prisionero alzó la cabeza, jadeante.
Una risa temblorosa escapó de sus labios, rota por el sufrimiento, pero cargada de convicción.
Entonces, el suelo comenzó a temblar.
Desde las profundidades del mundo, una bola de fuego avanzaba a toda velocidad.
En su interior, una figura gigantesca, parecida a un minero infernal, rompía la roca sin esfuerzo.
El rescate había comenzado.
Y el mundo, una vez más, se preparaba para arder.
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