One piece : Soy Trafalgar D. Water law - Capítulo 76
- Inicio
- Todas las novelas
- One piece : Soy Trafalgar D. Water law
- Capítulo 76 - 76 75
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
76: 75 76: 75 [hola a todo, espero pasen unas excelentes fiestas, no había podido actualizar a falta de inspiración, pero aquí estamos para continuar con esta historia, por cierto también comencé otra nueva llamada Naruto : Uchiha Kenzo el ninja maldito.
Para que le den una leída y si les gusta la sigan, los quiero mis lectores gracias por el apoyo] 75 El submarino emergió con un suave burbujeo, rompiendo la superficie cristalina del océano.
Desde lo alto de la visión del catalejo, Law observaba la isla que se alzaba ante ellos, sus ojos ámbar reflejando una mezcla de curiosidad y cautela.
A su alrededor, la tripulación comenzaba a salir por la escotilla, aún acostumbrándose a la luz del sol después de días sumergidos en las profundidades marinas.
—¡Capitán, mira eso!
—exclamó Sachi, apuntando emocionado hacia las montañas que se extendían imponentes en el horizonte.
Los picos estaban cubiertos de nubes esponjosas, mientras abajo se divisaban densos bosques que parecían ocultar secretos milenarios.
Bepo, siempre a su lado, miraba la isla con una expresión de asombro.
—Es enorme… nunca eh escuchado que mencionen un lugar como este —dijo, con las orejas ligeramente alzadas.
—Es normal, después de todo el mar es tan grande que hay islas a las que es muy difícil llegar o de las cuales incluso hay pocos o ningún registro, no se diga de las islas que desaparecen y reaparecen como la famosa isla fantasma.— dijo jonny masterson al tiempo que estaba ajustando su chaqueta Law entrecerró los ojos, atento a cada detalle del paisaje.
—Exacto, Es mejor mantenernos alerta, no sabemos qué podríamos encontrar aquí, ¡tal vez llegamos a una isla de caníbales y nos comerán a todos en un banquete!— dijo law despreocupado, pero sachi, penguin y bepo palidecieron un poco y gritaron en unísono — ¡No digas eso!— A lo que law solo respondió con unas cuantas risas.
Cuando toda la tripulación estuvo en cubierta, Luigui encendió un cigarrillo, dejando que la brisa fresca del océano despeinara su cabello oscuro.
Inhaló profundamente y dejó escapar el humo con un suspiro.
—Es grato observar un lugar tan hermoso —dijo con voz calmada, casi poética.
Law, menos impresionado por la vista, estiró los brazos hacia el cielo y bostezó.
—Sí, es bonito.
Pero preferiría encontrar un lugar para dormir.
Estar tanto tiempo en el fondo del mar me pone los nervios de punta —confesó.
Su tono era despreocupado, pero aquellos que lo conocían bien sabían que estaba aludiendo a su condición de usuario de una fruta del diablo.
Si algo saliera mal, el océano sería su mayor enemigo.
Jonny Masterson, siempre pragmático, ajustó sus guantes negros.
—Entonces no perdamos tiempo.
Si esta isla tiene habitantes, lo más probable es que encontremos un pueblo en el corazón de ese bosque.— La tripulación descendió del submarino y comenzó a adentrarse en el espeso follaje.
A medida que caminaban, los árboles se alzaban como titanes a su alrededor, con raíces que parecían serpientes enroscándose en el suelo.
El canto de aves desconocidas resonaba entre las ramas, mezclándose con el murmullo del viento.
—¿Alguien más siente que estamos siendo observados?
—preguntó Rossetta, rompiendo el silencio.
Su tono era ligero, pero sus ojos estaban atentos a cada sombra.
—Es normal en un lugar como este —respondió Enzo, desenfundando su espada con un movimiento ágil.
—Un bosque así siempre guarda sorpresas.
—Relájense, chicos —interrumpió Bruno, ajustando su sombrero con una sonrisa confiada.
—Si algo nos atacará , lo detectaremos, después de todo tenemos a Bepo para que los detecte por su olor.
¿Verdad, Bepo?— El mink blanco resopló, pero no pudo evitar sonreír.
—Claro, cuenta conmigo… aunque hace tiempo que no suelo guiarme mucho por mis instintos animales.— Tras horas de caminata, el grupo finalmente llegó a un claro.
Ante ellos, un pueblo apareció como por arte de magia, escondido entre las montañas.
Las casas, construidas completamente de madera, seguían un estilo que recordaba a la arquitectura tradicional medieval.
Los techos curvados y las linternas colgantes iluminaban las estrechas calles, mientras el humo de chimeneas ascendía perezosamente hacia el cielo.
—Esto es increíble… —dijo Luca, casi en un susurro.
—Todo aquí parece salido de un cuento.
—Sí, un cuento en el que algo podría devorarnos en cualquier momento —murmuró Scarletta, cruzándose de brazos.
Law caminó al frente, estudiando cada detalle del pueblo con ojos analíticos.
—Es impresionante cómo han utilizado la madera para construir todo esto.
Pero lo más extraño es que parece estar habitado, y aun así, no hay nadie a la vista.
De repente, una voz anciana se alzó desde las sombras.
—¿Qué hacen forasteros en un lugar tan apartado como este?
La tripulación giró de inmediato, sus manos listas para desenvainar armas.
Desde la penumbra, un hombre mayor salió cojeando, apoyado en un bastón tallado con intrincados detalles.
—Buscamos refugio —respondió Law con calma, aunque su postura seguía siendo tensa.
—¿Este pueblo nos lo puede ofrecer?
El anciano los observó detenidamente, como si pudiera leer sus intenciones.
Finalmente, asintió.
—Pueden quedarse… pero aquí, todo tiene un precio…— dijo misteriosamente el anciano El grupo intercambió miradas antes de que Law diera un paso hacia delante frente al anciano, preguntando.
— y podrías decirnos ¿Cual es ese precio?— El anciano asintió y de su cintura sacó una pequeña bolsa de cuero, de la cual sacó pequeñas piedras verdes, con cuidado puso una en sus dedos y la mostró.
—Esmeraldas —murmuró Law, sus ojos ámbar brillando a la luz de las linternas.
Extendió una mano para inspeccionar la piedra más de cerca.
—No es común encontrar tantas concentraciones de este mineral en un solo lugar, menos en la superficie.
— El anciano dejó escapar una risa áspera, que resonó en el aire como una advertencia.
—Este lugar, forasteros, es una isla minera.
Todo aquí gira en torno a estas gemas.
Cada piedra que encuentran nuestras manos está manchada de sudor y esfuerzo… y, a veces, algo más.— La tripulación escuchaba en silencio, cada uno procesando la información a su manera.
Sachi, siempre el curioso, dio un paso adelante.
—¿”Algo más”?
¿A qué te refieres?— El viejo levantó la vista, su expresión endurecida por años de trabajo y secretos.
—Esta isla no es un lugar fácil para vivir.
Las esmeraldas son nuestra vida y nuestra condena.
Los poderosos allá afuera nos descubrieron hace mucho tiempo, generaciones diría yo, Desde mi abuelo hasta mi padre y posteriormente los hijos de mis hijos….entonces, trabajamos día y noche, obligados por aquellos que desean llenar sus bolsillos.— —¿Minería forzada?
—preguntó Penguin, con un tono entre incredulidad y furia.
El anciano asintió, apoyándose más en su bastón.
—Sí.
Por generaciones, se podría decir que hemos sido esclavos, a pesar de ser vasallos en teoría.
Si intentamos abandonar este lugar, nuestros “dueños” se aseguran de que no lleguemos muy lejos.
Y las esmeraldas… bueno, se dice que son tan valiosas que incluso podrían traer maldiciones a quienes las codician demasiado.— Law frunció el ceño, su mirada calculadora.
—Entonces, ¿por qué nos permites quedarnos?
Si somos desconocidos, podríamos traerles problemas.— El anciano esbozó una sonrisa triste.
—Porque muchacho, nadie llega a esta isla por accidente.
El mar, como la vida, tiene formas de atraer a quienes deben estar aquí, tal vez el naufragio que los trajo aquí tuvo sus razones y ustedes tengan un destino aquí, pero por el momento.— dijo el anciano alejándose hacia un árbol donde tomó un par de mochilas.
Al tomar las mochilas se las lanzó de inmediato a Law y Bepo.
— por el momento ya están atrapados aquí al igual que yo, y dudo que puedan escapar así que ayuden a este viejo a minar, verán que si consiguen grandes cantidades de esmeraldas podremos conseguir buenas comidas.
—O tal vez somos simplemente piratas buscando descansar —replicó Law con un tono irónico, pero sus ojos reflejaban un destello de interés.
El anciano se detuvo en seco, girándose para mirar a la tripulación.
Su rostro, marcado por los años y el sufrimiento, reflejaba una mezcla de advertencia y resignación.
—Ah… piratas.
Ya hemos visto a otros como ustedes antes.
Valientes, audaces con gran esperanza de liberarse y salir… pero ninguno logró salir de aquí, pero para que asustarlos, ustedes son recién llegados y el viejo Willy los tratará bien.— dijo, con su voz impregnada de un cansancio que no podía ocultar.
Sus ojos se detuvieron en Law, como si tratara de medir su carácter.
Law lo miró con calma, pero en sus ojos brillaba una chispa decuriosidad .
—¿Y qué les pasó a aquellos piratas?
— El anciano apretó los labios y bajó la mirada por un momento, como si recordara algo que preferiría olvidar.
—Los que vinieron antes… trataron de enfrentarlos, se aliaron con algunos mineros que creyeron que sus habilidades y armas serían suficientes.
Pero esta isla tiene su propia ley, y quienes la gobiernan incluso tienen infiltrados entre nosotros… —su voz tembló un poco, y su mano se aferró con más fuerza al bastón — no son humanos comunes, son animales.
Bestias con poderes del diablo.
— La tripulación intercambió miradas, sus rostros una mezcla de incredulidad y tensión.
—¿Animales?
—preguntó Sachi, tratando de confirmar si había escuchado bien.
—Sí —respondió el anciano, alzando la vista nuevamente, con una expresión grave.
—Tigres que pueden tomar una forma humanoide, lobos con colmillos y garras de acero, y un águila que controla las tormentas y nos vigila desde los cielos, Todos ellos bajo las órdenes del amo de esta isla.
No importa cuán fuerte seas, chico, enfrentarlos es firmar tu sentencia de muerte.— Bepo, que había permanecido en silencio, levantó las orejas con nerviosismo.
—Animales con poderes… Eso suena como algo que podría ser incluso a un mink como yo, pero suena más a una fruta del diablo.— —¿Quién es el que los controla?
—preguntó Law, ignorando la creciente inquietud de su tripulación.
El anciano respiró hondo antes de responder.
—Lo llaman *Kairon*, el Rey de las esmeraldas.
Se dice que consumió una fruta del diablo tan poderosa que lo convirtió en algo más que humano, algo más que animal.
Él gobierna esta isla con un puño de hierro, y sus secuaces son leales hasta la muerte.
No le importa quién seas, pirata o comerciante; si entras en su territorio, o te sometes o pereces, yo nací en esta isla por lo que nunca tuve opción.— Penguin chasqueó la lengua, claramente frustrado.
—¿Y qué quieren?
Si ya los controlan a todos, ¿por qué seguir con esto?— El anciano lo miró, con una tristeza que parecía pesar en el aire.
— Por qué somos un país reconocido por el Gobierno mundial, Cada esmeralda que extraemos les sirve para comerciar con el gobierno mundial y el exterior, para alimentar su dominio, Nosotros somos solo herramientas.— Law dejó escapar un suspiro, sus manos en los bolsillos de su abrigo.
—Interesante.
Pero dime, viejo… si ya sabes que nadie ha podido salir, ¿por qué no te escondes?
¿Por qué arriesgarte a hablar con nosotros?— El anciano lo miró directamente a los ojos, con una intensidad inesperada.
—Porque ustedes aún tienen algo que nosotros perdimos hace mucho tiempo, esperanza.
Tal vez no pueda luchar, pero si hay una mínima posibilidad de que ustedes vayan a hacerlo, es mejor que desistan en sus intenciones, hacer lo que otros no pudieron los llevará al camino de la muerte… entonces estoy dispuesto a correr ese riesgo y darles asilo en mi casa, después de todo solo somos este viejo y su nieto en una casa muy grande.— Law esbozó una ligera sonrisa, apenas visible y dijo desistiendo.
—Interesante perspectiva, y no se preocupe viejo Willy, no tomaremos ninguna acción estúpida.— —Eso es bueno joven, ahora síganme les mostraré el lugar.— El anciano los guió por las estrechas calles del pueblo, donde poco a poco los habitantes comenzaron a aparecer, observando a los forasteros con una mezcla de temor y curiosidad.
La arquitectura del lugar, aunque hermosa, mostraba señales de desgaste.
Las casas de madera, aunque intrincadamente talladas, tenían techos que se desmoronaban y paredes manchadas por el tiempo y la humedad.
—Este es nuestro hogar… aunque, para muchos de nosotros, sería más justo llamarlo prisión —dijo el anciano, deteniéndose frente a una casa grande donde un par de niños descalzos cargaban cubos de agua sucia, de inmediato los niños dejaron los botes de agua y corrieron hacia el anciano dándole un abrazo — ¡abuelo!— La tripulación se detuvo, observando en silencio.
Las calles estaban llenas de personas que parecían fantasmas de sí mismas.
Sus ropas, hechas de telas ásperas y maltratadas, estaban llenas de agujeros, remiendos y manchas oscuras de hollín.
Sus manos, ennegrecidas por el carbón, parecían más viejas de lo que deberían ser.
Los rostros de los habitantes contaban historias de sufrimiento.
Pieles pálidas y enfermizas, ojos hundidos por la fatiga, y cuerpos frágiles que apenas podían mantenerse erguidos.
Entre ellos, los más jóvenes y los más viejos destacaban.
Niños pequeños, algunos no mayores de cinco años, corrían de un lado a otro con carretillas de madera cargadas de piedras y escombros.
Sus rostros, cubiertos de suciedad, apenas dejaban entrever miradas inocentes que habían sido reemplazadas por la resignación.
Ancianos, demasiado débiles para moverse con rapidez, trabajaban encorvados, golpeando herramientas oxidadas contra el suelo, mientras sus pulmones dejaban escapar toses secas y profundas, como si el carbón hubiera invadido hasta su alma.
—¿Así es como viven?
—preguntó Sachi en voz baja, sus ojos abiertos de par en par.
El anciano asintió, sin siquiera intentar suavizar la realidad.
—Sí.
Esta es la vida que Kairon y sus bestias nos han impuesto.
No importa si eres un niño o un anciano; mientras tengas fuerzas para mover un dedo, serás útil para ellos.— Bepo, que caminaba detrás, miraba a los niños con una mezcla de tristeza y rabia dijo —Esto es inhumano…— —¿Cuánto tiempo llevan viviendo así?
—preguntó Penguin, mirando a un hombre que, con el rostro cubierto de hollín, intentaba encender una lámpara de aceite con manos temblorosas.
—Demasiado —respondió el anciano.
—Algunos no recuerdan un tiempo antes de esto.
Es una existencia que se transmite de generación en generación.
Si un padre muere, su hijo toma su lugar en las minas.
Y si el hijo falla, la madre paga las consecuencias, llevamos generaciones gobernados por una dinastía de tiranos.— Law, que había permanecido en silencio, dejó escapar un suspiro.
—Todo esto… por esmeraldas.— Mientras la tripulación estaba sumida en sus pensamientos el anciano junto a sus nietos les observó eh hizo un poco de ruido para llamar su atención.
— ejem, jóvenes estos son mis nietos Robert y Susana.— Los niños saludaron enérgicamente a la tripulación y entraron a la casa del viejo Willy, pero al ponerse cómodos en ese momento, un rugido resonó a lo lejos, profundo y ensordecedor, como si la misma isla rugiera en respuesta a la conversación.
La tripulación se tensó al instante, pero el viejo levantó la mano en señal de que se detuvieran.
—No pasa nada, Parece que ya serán recogidas las esmeraldas de la semana, esos tipos están aquí, pero no se preocupen, yo las llevaré, ustedes acostúmbrense un poco chicos.— susurró el anciano, con su rostro pálido entrando en una habitación para sacar dos costales llenos de esmeraldas.
Law con sus ojos brillando con determinación rápidamente arrebató los costales al anciano y dijo.
—Perfecto, yo le acompañaré viejo Willy, que los chicos se queden cuidando a su familia.— —Gracias por aliviar la carga de este anciano.— dijo el viejo Willy tomando su chaqueta y retomando unas palabras dijo.
— entonces es momento de irse.— Bepo dio un paso adelante, notando la tensión en el ambiente y dijo .
—Capitán, esto no se siente bien.
Si hay opresores, podrían estar vigilándonos incluso ahora y si no te conocen puedes estar en riesgo.— —Por eso debemos actuar con cuidado —murmuró Law, cruzándose de brazos.
Luego se dirigió al anciano.
—Si vamos a quedarnos, necesitamos saber más sobre esta isla.
Sus habitantes, su historia, y la forma en la que sobreviviremos, no queremos romper La Paz que nuestros nuevos gobernantes han construido.— El anciano suspiró aliviado, —Es Bueno que pienses así joven, verás que te adaptas rápido.— por su parte law asintió y se giró para guiñarle el ojo a su tripulación y salir detrás del anciano.
Mientras seguían al anciano, la tripulación intercambiaba miradas.
Law, siempre un paso adelante, apretó los puños y se dijo así mismo en su mente .
—Parece que encontramos algo interesante en este lugar.—
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com